sábado, 10 de octubre de 2009

                 DERISI :  Esencia y  Decadencia de la  Cultura o Humanismo Cristiano.

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

1.- Qué es la Cultura.-

 

Los seres inorgánicos, los animales y vegetales (mundo de la Naturaleza) son entes materiales que implican un principio superior a la Materia que da razón de su vida propia: todos estos entes son, pero no saben que son. Están determinados por leyes físicas, químicas y biológicas.

 

Frente a ellos, el Hombre, sin dejar de pertenecer al mundo material (necesidades e instintos), posee un principio superior, independiente de la materia, en su ser y obrar específico.

 

Por su actividad intelectiva el hombre aprehende el ser trascendente: conoce las cosas, su ser y lo que las cosas son. Sabe que él es y que es distinto de las cosas. No está exclusivamente sujeto a un determinismo causal, tiene y goza de la Libertad, actos Voluntarios: posee autodominio de su propia actividad.

 

El Hombre es Persona por este doble dominio que ejerce sobre  el ser propio y ajeno.

 

La Persona está abierta para el Ser Infinito de Dios: para la Belleza y la Verdad, para la Bondad: es un Ser Esencialmente Religioso, que crea su propio mundo: la Cultura o Humanismo.

 

Hombre: Inteligencia más Libertad.

Un ente cultural es un ente natural transformado por el hombre.

 

La Cultura está originada en la actividad espiritual de la Inteligencia y de la Voluntad. Así, una piedra transformada por el hombre en flecha, es un Ente Cultural (ente natural transformado, con una intención humana).

 

Desde el hombre y para el hombre, el mundo de la Cultura es realizado, comprendido y aprovechado por el hombre; se ordena a la perfección del Hombre.

 

 

2.- Ámbito de la Cultura.-

 

Los sectores de la Cultura, actividad humana, están delimitados por los objetos o por el tipo de Bienes o Valores sobre los que incide la acción del Espíritu Humano: en las cosas materiales= hacer técnico, valores de utilidad, actividades manuales, elaboración de instrumentos, adquisición de hábitos; hacer artístico, valores de belleza. En el propio espíritu: obrar moral (voluntad) y Sabiduría científica-filosófica y teológica (inteligencia), aspiración a la verdad, estudio y ejercicio de la Lógica.

La cultura técnica reside en la adquisición de hábitos para realizar bien su actividad. La cultura artística supone poseer un don superior, que Dios da a quien Él quiere. La cultura moral enriquece la voluntad (que está inclinada a los goces materiales, y a rehuir el bien moral o propiamente humano: es el Pecado), con las virtudes (dominio sobre la concupiscencia), el egoísmo, prudencia, orientación hacia la Bondad. La voluntad guiada por la inteligencia.

 

La cultura intelectiva o teorética consiste no en una variada información o posesión pasiva de verdades, sino en una formación de hábitos para razonar con rectitud y llegar por propio esfuerzo a la verdad.

 

Intelectualmente culto es el hombre que sabe pensar bien.

 

 

3.- Orden jerárquico de la Cultura.

 

La Cultura tiende a la realización de Valores (utilidad, belleza, bondad y verdad), que son trascendentes al hombre, quien los aprehende en un orden jerárquico (valores hedónicos y útiles se subordinan a valores vitales, éstos a los espirituales: morales e intelectuales: y todos, a los religiosos). Es un Orden Ascendente.

 

Los diferentes sectores de la Cultura deben realizarse de acuerdo con ese orden jerárquico de los valores: así , un instrumento técnicamente perfecto (bomba atómica) es moralmente malo pues se opone al Bien Integral del Hombre, y deja de ser un Bien cultural.

Cultura es Humanismo, no hay cultura sin perfeccionamiento humano, capacidad de auto-determinación, don de Libertad.

 

Para algunos filósofos, la Técnica no es cultura, pues ésta tiende a la concreción de valores fines en sí mismos, mientras aquélla realiza medios: utilidad.

 

Por otra parte, la actividad religiosa es la culminación de la Cultura. Todos los valores culturales tienden a la posesión de ese Bien Infinito, aspiran a la Divinidad.

 

 

4.-  Persona y Cultura.-

 

Por la cultura el hombre trasciende el mundo fenoménico, inmanente y de-vela, aprehende, el ser trascendente o trans-subjetivo.

 

Por el acto intelectivo,  el ser del objeto se hace presente en el Ser del Sujeto, el Hombre se adueña del Ser de las cosas y simultáneamente del propio ser.

 

Por ser Persona, el Hombre posee ser y su actividad (auto-determinación, voluntad) lúcidamente y el ser y actividad de las cosas.

 

Únicamente por el Espíritu (Inteligencia y Libertad) del Hombre el ser puede ser de-velado y acrecentado, puede llegar a ser cultura.

La persona es la Imagen de Dios, pues puede conocer y amar al mismo Ser de Dios y ampliar y continuar su obra con la cultura, participa de la Inteligencia y Libertad Divinas.

 

El hombre es el único ser que, por la Cultura, puede superar lo fenoménico-sensible y crear ese mundo nuevo.

Más allá del ser naturalmente dado (circunstancias histórico-geográficas en que se halla inmerso) el hombre, por la actividad del Espíritu, se enriquece y perfecciona.

 

La Cultura es el vehículo con que las Personas son capaces de comunicarse y enriquecerse, a través de los seres naturales intencionalmente modificados por el hombre (creador de cultura).

 

El hombre es el destinatario de la cultura, pues es el único capaz de comprenderla con su inteligencia (descifra su mensaje, significación y finalidad y es el único capaz de aprovecharla con su libertad).

 

Con su espíritu el hombre ha recibido de Dios la capacidad de añadir algo, de enriquecer y perfeccionar lo que Dios ha hecho en él y en el mundo.

 

 

5.- Cultura y Valor.-

 

La Actividad cultural se debe proponer y llevar a la realidad el Bien o Valor.

No es posible la cultura sin valor, ni es posible tampoco la develación y realización del valor formalmente tal sin actividad cultural.

 

l bien del hombre se obtiene por el desarrollo armónico de las diferentes zonas de su ser y actividad, por el perfeccionamiento espiritual de la inteligencia y de la voluntad, el hombre se perfecciona en su unidad integral.

 

 

6.- Cultura o Humanismo Cristiano.

 

La cultura es el desarrollo impreso por el espíritu humano en los seres del mundo y, sobre todo, en el ser del propio hombre.

 

La cultura implica esencialmente dos términos: el ser del hombre tal cual es, y el ser de las cosas materiales (en cuanto a él se subordinan y sirven) y el ser del hombre tal cual debe ser (de acuerdo con las exigencias del Bien o Fin trascendente).

 

El hombre, por la cultura, participa del Bien, la Vida y la Felicidad Divina.

 

Una auténtica cultura humana debe comenzar por el desarrollo armónico en este orden jerárquico: el cuerpo, de la sensibilidad, del buen gusto y creación estética, de las cualidades técnicas, de las ciencias y en un orden supremo, de la Filosofía, que confiere una visión cabal de la realidad: mundo, hombre y Dios, y la actividad moral y religiosa que informe y dé sentido humano a la vida entera.

Ello se logra por el cultivo de la Inteligencia, ordenada por la Verdad,  y un dominio permanente., voluntad ordenada por la Virtud.  de las pasiones.

 

En su prosa lógica, densa, precisa concluye Derisi su proteico  ensayo “Esencia y ámbito de la Cultura” (Columba, Bs. As., 1975) que la Cultura es el perfeccionamiento del propio ser, del hombre en las diversas zonas de su realidad y actividad, de una manera jerárquica, que culmina en la perfección de su espíritu, por la aprehensión, por la realización de los valores subordinándose a lo sobrenatural, a la comunión con Dios.

De tal modo que podemos    establecer que la Cultura Cristiana está integrada por la Filosofía, más la Teología, Inteligencia y Fe  definen la sumatoria de la Sabiduría Cristiana.

 

 

7.-  La Declinación del Espíritu y la Cultura”.-

 

En este  escrito, lección, meditación, diagnóstico y advertencia,  incluido en su  “Vida del Espíritu” (Huemul, 1979) sostiene que la vida y los goces de los sentidos, los bienes que los proporcionan, parecen dominar las preocupaciones  y esfuerzos  humanos.

 

Se ha estrechado progresivamente el ideal  de la Humanidad en el ámbito del Bienestar Material, “logrado a cualquier precio y sin cortapisas morales”.

 

Se ocupan de acrecentar el Conocimiento, no por el motivo de mejorar la investigación y transmisión del Saber, sino  para procurarse con él “una mayor cantidad de bienes materiales cada vez mejor elaborados, para conseguir un mejor nivel de vida y una mayor abundancia de goces”.

 

Sólo un grupo muy minúsculo se ocupa del perfeccionamiento y placer que proporciona el ejercicio de la Inteligencia y la búsqueda de la Verdad pura.

Mucho mayor es el círculo de aquellos que se dedican a la investigación de las Ciencias Aplicadas y de las Técnicas.

 

“De una manera especial la Filosofía y la Teología puras (...) son consideradas poco menos que inútiles, en contraste con el esplendor y el avance científico y técnico”.

 

Pareciera que el Ser Humano ha perdido de vista el rico Mundo Interior y su propia Realidad Espiritual con sus Bienes Meta-físicos, que son precisamente “los que le confieren su Dignidad y Grandeza de Persona” (Enajenación  y encadenamiento al mundo de la materia).

 

Como triste y alarmante consecuencia, ha decrecido vertiginosamente el  interés  por la Cultura, por elevarse a través de la adquisición de los Bienes del Espíritu: la búsqueda de la Verdad, la Contemplación de la Belleza en sus múltiples formas naturales y su acrecentamiento humano por la ejecución de las Obras de Arte.

 

“Pero donde más se advierte el descenso y la declinación del Espíritu es en lo referente al Bien y conducta Morales”.

 Gran porción de la Humanidad navega en este  gris descenso  espiritual, en la Amoralidad y la pérdida del  Sentido Ético de la Vida. 

La literatura, por ejemplo, y es sintomática al respecto...,  abunda en esta exaltación de la ausencia de Bienes Morales, la pornografía, la promiscuidad, la sensualidad exclusiva, la perversidad en los  hábitos de vida, la burla de las   conductas  de  bondad, del sacrificio, del esfuerzo productivo de bienes morales y culturales, de la nobleza de los ideales....

 

“La pureza y la castidad, la modestia y el pudor, la sobriedad y la mortificación, el cuidado de la inocencia de los niños y las buenas costumbres de los adolescentes, el respeto a los padres y a los mayores, el cumplimiento de la Justicia en sus múltiples formas, la humildad y la sencillez, el trabajo y el deber abnegado y silenciosamente cumplido y otras virtudes y valores morales, no cuentan ya mucho...”.

 

Se  corresponde, angustiosamente, lamentablemente, con una evidente atrofia de la Actividad Espiritual, del Fin Trascendente y Divino de la Vida y Cultura Humanas.

 

 Se ha perdido la conciencia de Grandeza, Deberes y Derechos de la Persona , el Sentido de la Vida Humana y Cristiana...

 

Hemos descendido alarmantemente en lo que constituye  la Persona, en lo que atañe al perfeccionamiento de la Vida de la Inteligencia y de la Libertad, en el reconocimiento soberano de la Cultura Humana, en el Orden Moral y Jurídico, el Arte como tal y el cultivo de las Ciencias Puras, “en lo que hace a una Verdadera Alegría y Paz Interior”...

 

“Una espesa niebla obscurece las Cimas del Espíritu y los Grandes Valores” en nuestra época.

 

Definitivamente, concreta Derisi, siempre exacto en la expresión de su pensamiento, claro y clarificador, sustancialmente luminoso y magistral,  nuestra Vida Espiritual se ha sumido “en la contradicción y aniquilamiento, para vivir puramente de la vida animal de los sentidos, una vida enteramente exterior, vaciada de la Interioridad  y Soledad Personal”.

 

 


Publicado por leonino1950 @ 16:36
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