ALBALAT, “EL ARTE DE ESCRIBIR”.-
Introducción.-
Antoine Albalat (1856-1935) ha sido un completo ‘homme d’lettres’, poeta, narrador, teórico, crítico y ensayista francés, renombrado, traducido en nuestro idioma por sus importantes obras de enseñanza del arte del estilo.
Dejó escritos menos difundidos en el medio hispano- hispano, como “Comment on devient écrivain” (1925),, “La maîtresse de Jean Guérin: histoire intime d’une pasión”, “Souvenirs de la vie litteraire”, “Gustave Flaubert et ses amis”, etc.
En 1899 comenzó a publicar su obra en 4 volúmenes, cuyo primer tomo fue “L’art d’ecrire: Enseigne en vingt lecons”, seguido de “La formation du style par l’assimilation des auteurs” (1901), “Le travail du style enseigne par les corrections manuscrite des grands écrivains” (1903) y el 4º tomo: “L’Ennemis de l’art d’écrire” (1905).
Los dos primeros tomos son los más difundidos entre nosotros y objeto de repetidas ediciones.
Cito por la versión de Luis Castillo, en la didáctica Colección Oro de editorial Atlántida, 1944.
(Distinguidos maestros de la literatura argentina se han dedicado a enseñarnos este arte peculiar: Roberto F. Giusti, Carmelo Bonet, Marcos Aguinis, Arturo Marasso, Ernesto Camilli, Raúl H. Castagnino, etc.).
“Todos los grandes escritores proclaman la necesidad de leer y de leer bien. La lectura es la base del arte de escribir”.
Subraya el valor educativo, de formación del gusto literario, de crecimiento mental y de aumento de conocimientos.
En “El arte de escribir”, léase la Lección 3ra. y en su “La formación del estilo”, el cap. I: “De la lectura como procedimiento general de asimilación”.
La Lectura, explica el maestro francés, “nos es necesaria (...) a nosotros los principiantes y los mediocres que tanta necesidad tenemos de fortalecer nuestra inspiración, de ayudar nuestra cultura y de extender, de alimentar, de transformar nuestras ideas”.
La Lectura es un formidable Despertador de Vocaciones y un sublime incitante a la Escritura, a la Creación artística:
“Nunca se repetirá demasiado: hay que leer, leer siempre...”.
Supremo estímulo de nuestra fantasía creadora, , todo lo enseña, desde la ortografía hasta la sintaxis, porque
“La lectura es el gran secreto”.
“Disipa la aridez, activa las facultades, descrisalida la inteligencia...”.
El método que aconseja el maestro francés, por supuesto, es el de comenzar con la ‘sencillez de los clásicos’.
Los textos que consagran la verdad, la rectitud “de pensamiento y de sentimiento”, la claridad y pureza de la expresión y de las significaciones.
“El cuidado de la forma es lo primero que debe preocupar a los que tienen gusto en escribir, pues ella comprende también al fondo, y es la que da valor a una obra”.
Divide su hermoso estudio sobre la composición en 20 capítulos: El don de escribir-Los manuales de literatura-De la lectura-Del estilo- La originalidad del estilo – La concisión - La armonía del estilo – La armonía de las frases- La invención- La disposición- La elocución- Procedimiento de las refundiciones – De la narración- De la descripción- La observación directa - La observación indirecta- Las imágenes- La creación de las imágenes – El diálogo- Del estilo epistolar.
“Naturalidad” y “esfuerzo” definen en su concepto el privilegio de la escritura, de su arte consciente.
“La naturalidad se adquiere, y casi siempre se obtiene por el trabajo”.
Albalat no fija normas reglamentarias, amena y meridianamente, proporciona consejos, no impersonales, de un magíster distante, sino que aporta su propia experiencia de escritor y lector.
No redacta un manual de Retórica, sólo pretende “enseñar a los que no saben, pero que tienen en sí mismos lo necesario para saber”.
Por ello configura a la “originalidad” como producto del “esfuerzo”:
“Consiste en decir mejor, en decir enérgicamente, en buscar la palabra propia, en encontrar la imagen nueva” constituyen las virtudes del Estilo.
Caracteriza luego a las cualidades esenciales de un buen arte de escribir como la Concisión y sus consecuencias: la Claridad, la Sobriedad, la Propiedad, la Corrección, la Brevedad, la Armonía...
Con la Concisión adquirimos la importante virtud de “encerrar un pensamiento en el menor número de palabras posible”.
Por su parte la “difusión” es el antónimo de la condensación expresiva y pensante, por lo tanto, “una gran causa de pobreza literaria, lo que quita a un estilo su fuerza y su efecto”, un ‘embarazo’ expresivo, una dificultad para significar nuestra idea.
Lo fundamental: la “idea maestra” o central.
Lo demás, le resta energía al pensamiento y al estilo: como la verborragia, la acumulación inconexa e innecesaria de ideas secundarias, los significados secundarios.
Estos defectos sólo conllevan la mediocridad de concepción.
La originalidad, por el contrario, concede cualidades esenciales a nuestro escribir: riqueza, relieve, equilibrio (implica “el sentido musical de las palabras y las frases y el arte de combinarlas para que sean agradables al oído&rdquo
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