SOBRE LA VOCACIÓN Y LA VIDA.-
Como bien nos ha enseñado Osvaldo Loudet (1890-1983), maestro de la Medicina argentina, Vocación y Vida están íntimamente unidos y el éxito de la segunda depende de la primera.
“Si respondemos con amor y perseverancia a esta inclinación de nuestro espíritu que llamamos Vocación, no habremos errado nuestro camino”, escribe el autor de “Vida y espíritu del Médico”.
La Vocación esencializa nuestra existencia. La hace plena y rica. Por ello podemos decir que hay existencias auténticas, ejemplares, e inauténticas, que transcurren sin entusiasmo, sin alegría, sin estímulos, ni emociones.
Albert Einstein, Baruch Spinoza, Beethoven, Miguel Ángel, Leonardo,..., en ellos, la Vocación del maestro, del artista y del sabio, se acerca por su pureza de entrega a la religiosa.
Loudet:
“Es la inspiración que llama a algún estado, a una tarea específica, a una acción determinada. Es una voz interior que mueve nuestro espíritu para dirigirse en un sentido, hacia un horizonte inmediato o lejano. No es la voz que llama sólo a Dios; es la voz que también llama a otras tareas nobles y elevadas. Es una voz que nos alienta, nos incita y nos empuja”.
“La vocación es nuestro escudo y nuestra arma y no hay que dejarla morir por pereza, por falta de ejercicio o por automatismo. Descubierta la vocación hay que prepararse para vencer con ella los obstáculos y sinsabores que nos presenta la vida”.
“El que posee, descubre y ejercita vocación y estudio es un triunfador alegre y feliz.. ..”.
1.- Enfoque Bíblico.
La Gracia de Dios, según la Epístola de San Pablo de Tarso (ca. 6-10 / 67 d.C.) a los Corintios (1°, 12: 8-28), concede a cada ser humano creyente un “Don Espiritual”. Le es dada la capacidad para el desempeño de una actividad específica que debe ser gobernada por el Amor.
En su carta a los Efesios (4) el Santo-Teólogo exhorta a cada miembro de la comunidad, al que enseña, al que profetiza, al que sana, para ejercer este don precioso con perspectiva moral y con humildad:
“Os ruego que andeis como es digno de la vocación con fuisteis llamados, con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la Paz”.
Es un “Llamado” (del latín “Vocare”: llamar), al que debemos responder con voluntad de Acción, reflexiva y caritativamente.
Por la finalidad y basamento de su labor, constituye un “sacerdocio”, un “servicio”. Un deber de sacrificio, de virtud y de conocimiento.
Practicaremos la Vocación por medio del desarrollo de nuestra profesión, paralelamente al desenvolvimiento de nuestra Personalidad y procurando el ejercicio de las virtudes de la tolerancia fraternal, del conocimiento perfectible, del dominio propio.
Advierte Pedro, el Apóstol (nacim. ¿ – muerte, 67. C. C.) , en su Segunda Epístola (I: 9 y ss.):
“Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección, porque haciendo estas cosas no caeréis jamás”.
Otorgar consistencia y fundamento a nuestra Vocación significa, consecuentemente, avanzar en el crecimiento y despliegue de nuestra propia Persona.
Reflexiona el “Eclesiastés” (2: 21) y Pablo en “Filipenses” (3: 12-16), respectivamente:
“Debemos vivir según y desde nuestra Vocación”.
“Sigamos adelante en la misma línea”.
2.- En la vida médica.
“En la lucha por la vida –escribe el Dr. Loudet- el que posee, descubre y ejercita Vocación y Estudio es un triunfador alegre y feliz. Los que estudian sin vocación pueden triunfar con resignación y tristeza. Los que carecen de vocación y de estudios están condenados al fracaso o se pierden en oficios de mejor jerarquía.
Estos dos últimos casos forman el ejército de los resentidos intelectuales y sociales, y muchas veces son los ambiciosos sin escrúpulos”.
Asevera nuestro Médico-Escritor sobre la Vocación por la Medicina:
“Unos siguen Medicina por curiosidad científica, por conocer armonías y desarmonías de la máquina humana, con la satisfacción de componer las desarmonías.
Otros van a la Medicina por razones de orden moral: aliviar el dolor humano, curar y consolar, luchar contra el dolor físico y el dolor moral.
Los primeros son realistas, los segundos son románticos. Existe un tercer grupo, los investigadores, que se aproximan a los románticos .
Hay un cuarto grupo, despreciable e inferior: los negociantes, que comercian con lo más respetable y doloroso del hombre, la enfermedad y la muerte”.
La Vocación Médica fluye rica en el ejercicio de una profesión humanizada, sensible al Sufrimiento del prójimo y siempre ansiosa de estudio científico y comprensión moral, abominadora del simplismo charlatán o el tecnicismo dogmático.
3.- Visión ética y antropológica.
Cada individuo posee una variedad de Vocaciones, que debe desenvolver, pero ahondando una, principal, que lo lleva a lo más profundo de su condición de Hombre:
“Es misión de la Educación descubrir para qué es buena una persona y prepararla para dominar aquel género de excelencia propia..., porque tal desarrollo asegura también la satisfacción de las necesidades sociales del modo más armonioso”.
“Debe hacer más perceptibles los lazos de unión entre las personas, los intereses personales encuentran su realización inteligente y se cumplen los fines sociales”.
Define a una Vocación como una dirección de las actividades de la vida de la naturaleza que las hace perceptiblemente significativas a una Persona, por las consecuencias que producen, y también útiles a sus asociados.
Procura que evitemos el concepto de que la Vocación es una Ocupación que produce objetos inmediatamente tangibles, o de que hay sólo una Vocación para cada persona.
Este especialismo restringido es imposible y absurdo. Cada Individuo tiene una variedad de vocaciones.
No debe apartarse ni oponerse del Ocio o de la Cultura. Toda ocupación pierde su significado si se aísla de otros intereses.
Todas las vocaciones deben subordinarse a una principal: la de Ser Hombre. Así como la vocación de un hombre como artista no es sino la fase acentuadamente especializada de sus diversas y variadas actividades vocacionales, así su eficiencia en ella, en el sentido humano de la palabra, está determinada por su variación en otras reacciones.
Una Persona debe tener Experiencia, tiene que Vivir, si su arte ha de ser más que una realización técnica. No puede encontrar la materia de su actividad artística dentro de su arte; éste tiene que ser una expresión de lo que sufre y goza en otras relaciones.
La Educación, precisamente, no debe fomentar la tendencia a Una Vocación demasiado absorbente y exclusiva en su aspecto especializado.
El hombre ha de descubrir que uno tiene aptitud para hacer y lograr; una oportunidad para hacerlo es la llave de la Felicidad.
Nada es más trágico que el fracaso en descubrir la verdadera Misión de uno en la vida o encontrar que uno ha derivado o ha sido forzado por las circunstancias hacia una Profesión que no congeniaba con él.
Una ocupación acertada significa simplemente que las aptitudes de una persona están en un juego adecuado, actuando con el mínimo de fricción y el máximo de satisfacción.
Con referencia a los otros miembros de una Comunidad, esta adecuación de la acción significa, naturalmente, que éstos obtienen el mejor servicio que la persona puede prestar.
Ocupación con fines de desarrollo, abierta, no caprichosa ni rutinaria. Debe hacer la vida más digna de ser vivida, debe hacer más perceptibles los lazos de unión entre las personas; los intereses personales encuentran su realización inteligente y se cumplen los Fines Sociales.
Es misión de la Educación, descubrir para qué es buena una persona; y prepararla para dominar aquel género de excelencia propia, porque tal desarrollo asegura también la satisfacción de las necesidades sociales del modo más armonioso.
El mal mayor de la vida moderna se encuentra en el hecho de que tantas personas ejerzan profesiones que no les atraen, que se realizan simplemente por la recompensa económica que proporcionan.
Tales profesiones provocan constantemente aversión, mala voluntad y un deseo de desatenderlas y eludirlas. Ni el corazón ni el espíritu de los hombres se entregan a ellas.
Una Vocación significa toda forma de actividad continua que preste servicio a los demás y dedique las capacidades personales a la obtención de resultados.
“Nuestra obra propende a contribuir al despliegue integral de la interioridad espiritual del ser humano” prologa el autor.
La “región del peligro”, sostiene Mandrioni, en la que la Humanidad entra en esta hora, cada vez con un paso más acelerado, no es tanto el espacio donde es posible la catástrofe atómica, cuanto aquella zona donde sólo impera el “pensar exclusivamente calculador”.
Conocimiento reflexivo y meditativo, ideal de vida, encuentro intersubjetivo personal, valores y autodecisión, sólo cobran sentido desde la Interioridad Espiritual.
Advierte sobre la fascinación exclusiva y unilateral de lo mecánico, la cifra o número operativo convertido en el “logos” de la actual voluntad de Poder, y el intento de querer crear un destino historial sobre la base de una hegemonía del lenguaje científico-técnico, constituyen, hoy, la dimensión más peligrosa de la Humanidad.
La Misión de ser Hombre es alcanzar un nuevo ascenso en su ser, a través de su choque “contra la adusta roca”. La Vocación representa lo más singular, lo más libre y lo más íntimo del Ser Humano.
Desde su Vocación, el Hombre está llamado a “elegir” su puesto dentro del horizonte de sus posibilidades. Más honda que la simple profesión u oficio, la Vocación radica en el Espíritu.
Sólo desde allí podrá configurarse con Sentido, la tarea que el Hombre ocupará dentro de la Sociedad.
El animal vive sumergido en las exigencias perentorias del Instinto. El Hombre, puede planear su Futuro, con sentido,y adjudicándole Valores.
El Hombre es capaz de formar proyectos conforme con Normas y Fines claramente percibidos y aceptados.
Necesita construir su existencia concreta y partir de las posibilidades que le ofrece la “reflexión”.
Para que su existencia no se frustre, la Acción Personal debe ser reflexiva.
De esta forma, planea la Figura total de su Existir, la forma esencial que deberá asumir su Ser Personal: su Vocación.
En primer lugar, pues, en el proceso vocacional humano, el Hombre “toma conciencia” de aquello que espera llegar a ser= es la categoría “Conocimiento”.
Toda vocación implica un factor cognoscitivo a través del cual el hombre discierne y aprehende aquel contenido Axiológico que deberá cumplir en su vida.
Es decir, no se deja arrastrar por los acontecimientos, sino que “atiende”, selecciona lo que le acontece, confiriéndole carácter de “índice”, de “signo”.
Y también “espera”, el momento de intervenir; el saber esperar y actuar a tiempo, con prudencia, intuición y con osadía y decisión.
Otra constante en la Vocación, es la Disposición Moral, un estado de ánimo abierto al ámbito de los Valores.
Y luego el “contento”: sosiego e íntima tranquilidad ante un justo encuadre de nuestras propias posibilidades; la existencia adquiere un fondo de Alegría, cobra total sentido gracias al Ideal de Vida.
Para que germine una Vocación son imprescindibles un mínimo de Vida Interior y un mínimo de posibilidades exteriores.
La vocación es un hecho psicológico, pero a la vez, esencialmente Moral: no sólo una mera capacitación para una tarea “exterior”, sino un Conocimiento Libre, una toma de conciencia lúcida del contenido ideal por parte de individuo, por propio esfuerzo, no como Coacción.
Si desconectamos la vocación de la Interioridad Espiritual, declina hacia la mera Profesión, el quehacer exterior, sin fundamento, sin raíz en nuestro ser, en nuestro “espacio cósmico interior”, sin sentido profundo, sin encontrarnos con nosotros mismos.
Siempre el conocimiento de la vocación, pues, implica un encuentro íntimo, un ponerse el hombre ante su Porvenir, un cotejar posibilidades de existencia y tareas.
En la Vocación se suman Conocimiento y Amor. Es el llamado que experimenta el Hombre en el fondo de su Interioridad y que le exige como respuesta la asunción de una tarea en la vida.
Se apoya en la Verdad y la Realidad: nuestras posibilidades y las circunstancias histórico-sociales.
El ideal de vida, la “imagen ideal”, configura la vocación; unifica la Personalidad, se transforma en móvil más poderoso de nuestra actividad.
Desde el Yo indiferenciado, anónimo, arrojado en lo cotidiano (existencia inauténtica), la vocación es un llamado a nuestro propio centro, a la conciencia moral (existencia auténtica); gracias a este giro interior, el hombre adviene a la presencia de su propio Ser y de sus verdaderas posibilidades.
La auténtica realización de sí, implica la aceptación del propio ser y de sus propias posibilidades.
Vocación es libre elección de valores y personal realización. El sentido de la vocación consiste en que esencializa nuestra existencia, la hace plena en la realización del Valor.
La grandeza del hombre estriba en la capacidad de llegar a ser en su vida, aquello que “decide” ser, en consonancia con sus posibilidades y con las exigencias axiológicas.
Aclara y fundamenta cristianamente el descubrimiento de la Vocación, que supone el de “nosotros mismos”: “La verdad de la Vocación “ surge como “el conocimiento de un contenido objetivo ideal”.
Los valores son y valen de acuerdo y en la medida en que en mi vida alcancen su realización, es decir, en cuanto des-cubra y concrete o realice mi Vocación.
“El salvarse y el perderse se juegan en la interioridad del hombre. Es por medio de un acto libre y consciente que decido mi porvenir...” (loc. cit.).
De la Vocación depende la configuración de nuestra Felicidad y la realización de la Persona: consecuentemente, “la existencia cobra un sentido total y una orientación perfectiva”.
Profesión es una realidad que pertenece a la Sociedad, es genérica, típica, estereotipada. Son “figuras tópicas de vida”, pre establecidas en nuestro “contorno social”.
Así se refiere José Ortega y Gasset en su Prólogo a “introducción a las Ciencias del Espíritu” de Wilhelm Dilthey.
Anota el filósofo hispano que podemos ejercer la profesión sin Vocación para ella: nos limitamos a repetir en nuestro comportamiento el repertorio de conductas que su figura tópica propone: comportamiento profesional equivalente con comportamiento vocacional.
Ejercer la profesión DESDE la Vocación, es su propuesta.
La auténtica Vocación no coincide con la Profesión: consiste en una interpretación original de ésta.
En su escrito “Intimidades” (Obras Completas, Alianza-Revista de Occidente, tomo 2, ed. 1983, p. 655-656) reflexiona:
“Hay una vieja noción que es preciso rehabilitar, dándole un lugar más importante que nunca ha tenido: es la idea de Vocación.
No hay Vida sin Vocación, sin llamada íntima. La vocación procede del resorte vital, y de ella nace, a su vez, aquel proyecto de sí misma, que en todo instante es nuestra vida”....
La Vocación Genuina es algo muy parecido al Amor. Exclusividad en el objeto amado y desinterés absoluto en servirlo son sus características nobilísimas.
Más aún, tensa su reflexión hacia una concepción metafísica : la vocación ideal es no sólo parecida al amor, sino muy parecida al Amor Religioso.
Pero la vocación auténtica no es nunca platónica, sino que implica inmediatamente el “servir” al objeto de la vocación; se necesitan dones innatos y magníficos del Alma y de la Personalidad entera.
La vocación eleva la categoría de la ocupación; ésta se rebaja irremisiblemente si la vocación no existe.
4.- Mensaje.
Es muy urgente en esta Era Informática y de Globalización, en esta etapa histórica de Cosificación , en que se procura destruir la Sacralidad de la Persona Humana, tomar conciencia debida sobre el significado de la Vocación.
Ésta representa lo más singular, lo más libre y lo más íntimo del Ser.
Desde el mundo de los Valores, el Hombre decididamente tiene que planificar su futuro, la figura completa de su existir, la forma basamental que deberá asumir como ente único e irrepetible.
Configura el Ideal de Vida, que concibe con prudencia y valentía a la vez, con sosiego íntimo pero también con deseos de actuar, de intervenir y manifestarse desde su propia interioridad espiritual, desde su Yo central.
El descubrimiento y ejercicio de la auténtica Vocación es Deber de Conciencia, sustancial imperativo de Autenticidad y de Responsabilidad.
(Pueden consultarse, básicamente:
“Sagrada Biblia”, edición de la Biblioteca de Autores Cristianos-BAC, Madrid.- Francisco Romero: “Filosofía de la Persona”, 1963, 3ª ed.- Héctor D. Mandrioni: “La vocación del hombre”, 1976.- Osvaldo Loudet: “Filosofía y Medicina”, 1977: y “Vocación y Vida”, 1979, etc.).
Nota: El presente trabajo es versión revisada y corregida de mi “Sobre la Vocación”, publicada en revista “Terapéutica Plus”, Bs. As., vol. VIII, n° 2, 1983, págs. 19-20.-