viernes, 18 de diciembre de 2009

        DIARIO  DE  MIS  LECTURAS: 20.-

 

                                                                       Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

1.- “Este viento que se atarda” de Elytis.-

 

 

Odysseas Alepudeli de Panayoti, seud. de Odiseo Elytis (1911-1996). Griego, de Heraklion.

 

                        “Este viento que se atarda en los membrillos

                        este insecto que chupa de las vides

                        esta piedra que lleva el escorpión cerca de la piel

                        y estas parvas en el suelo que se trilla

                        vueltas gigantes para los chiquitos de pies desnudos.

 

                        Las imágenes de la Resurrección

                        en paredes que los pinos rascaron con sus dedos

                        este encalado que el mediodía acarrea en su lomo

y las cigarras, las cigarras en los brotes de los árboles.

 

                        Pleno verano de tiza

                        pleno verano de corcho

                        el rojo navega oblicuo en golpes de viento

                        sobre los blancos seres del fondo del mar, esponjas

                        acordeones de las rocas

                        penden de manos hasta de malos pescadores

                        despeñaderos orgullosos en la línea de pesca del sol.

 

                        Ninguno dirá nuestro destino, y eso es todo.

                        Nosotros diremos el sino del sol, y eso es todo”.

 

                                   (traducción indirecta de Basilio Uribe).

 

 

2.- Jaime Balmes: lucidez y anticipación.

 

“El Criterio” del teólogo español Jaime Balmes  (1810-1848):

 

“¿Qué sabemos nosotros de los arcanos de la Divinidad? El Eterno ha pronunciado algunas palabras misteriosas  para ejercitar nuestra obediencia y humillar nuestro orgullo; pero no ha querido levantar el denso velo que separa esta vida mortal del océano de verdad y de luz”.

 

“Cuando la Naturaleza habla en el fondo de nuestra alma con voz tan clara y tono tan decisivo, es necedad el no escucharla. Sólo algunos hombres apellidados filósofos se obstinan a veces en este empeño, no recordando que no hay filosofía que excuse la falta de sentido común, y que mal llegará a ser sabio quien comienza por ser insensato”.

 

Agrega el sacerdote y pensador, siempre dando lección: “en el orden físico como en el moral son muy escasas e incompletas las ideas que poseemos sobre los principios constitutivos de los seres”.

 

Esta obrita, de 1843,  es un semillero de buenas reflexiones, de ideas útiles, de expresiones profundas, de anticipaciones epistemológicas muy serias:

 

“Entre los que han estudiado por principios una ciencia y los que, por decirlo así, han cogido sus nociones al vuelo, en enciclopedias y en diccionarios, hay siempre una diferencia que no se escapa a un ojo ejercitado.

Los primeros se distinguen por la precisión de ideas y propiedad de lenguaje; los otros se lucen tal vez con abundantes y selectas noticias, pero a la menor ocasión dan un solemne tropiezo que manifiesta su ignorante superficialidad”.

 

Advierte, extremo siempre en su lucidez y  precisión,  desde la claridad de sus observaciones y la limpidez de su método expositivo y su incitación a la mirada clara y distintiva:

 

“Si a causa de la debilidad de nuestras luces estamos precisados a valernos de las ajenas, no las recibamos tampoco con innoble sumisión, no abdiquemos el derecho de examinar las cosas por nosotros mismos, no consintamos que nuestro entusiasmo por ningún hombre llegue a tan alto punto que, sin advertirlo, le reconozcamos como oráculo infalible. No atribuyamos a la criatura lo que es propio del Creador”.

 

Pues, aclara y asienta fundadamente, deslinda, distingue con solidez significativa:

 

“El hombre, en todas las condiciones sociales, en todas las circunstancias de la vida, es siempre hombre, es decir, una cosa muy pequeña. Poco conocedor de sí mismo, sin formarse por lo común ideas bastante claras, ni de la cualidad ni del alcance de sus fuerzas, creyéndose a veces más poderoso, a veces más débil de lo que es en realidad, encuéntrase con mucha frecuencia dudoso, perplejo, sin saber ni adónde va ni adónde ha de ir”.

 

Porque opina que “La generalidad de los hombres desciende al sepulcro no sólo sin haberse conocido a sí propios, sino también sin haberlo intentado”.

 

 

 

                                   “Batallas, negociaciones, intrigas palaciegas, vidas y muertes  de                                 príncipes, cambios de dinastía, de formas políticas, a esto se                                          reduce la mayor parte de las historias; nada que nos pinte al                                              individuo con sus ideas, sus afectos, sus necesidades, sus gustos,                              sus caprichos, sus costumbres; nada que nos haga asistir a la vida                                    íntima de las familias y de los pueblos; nada que en el estudio de                                  la historia nos haga comprender la marcha de la Humanidad.                                             Siempre en la política, es decir, en la superficie; siempre en lo                                               abultado y ruidoso, nunca en las entrañas de la sociedad, en la                                  naturaleza de las cosas, en aquellos sucesos que por recónditos y                                  de poca apariencia no dejan de ser de la mayor importancia”.

 

 

Su obra es una motivación y una defensa del Buen Sentido, del              claro discernimiento, del correcto raciocinio, de la lucidez mental        permanente, de la certeza de la observación perspicaz y la asimilada experiencia.

 

La Buena Política, el Buen Gobierno, es el regido por la Razón, el Derecho y la Moral.

 

                       

3.-  Lecciones de Miguel de Unamuno.-

 

“La voluptuosidad entontece, la castidad y la sobriedad fortifican la inteligencia y el corazón”.

 

“Casi todos los borrachos,  los mujeriegos y los jugadores que conozco son gente  que carecen del vigor espiritual necesario para dedicarse a nobles empresas”.

 

“El desarrollo del juego en un país cualquiera acusa una debilitación mental”.

 

“El vicio es triste como todo lo infecundo”.

 

“La fibra moral anda muy distendida entre nosotros, y abundan los que se creen personas cultas porque se bañan a diario y tienen el alma henchida de inmundicia”.

 

“El desarrollo de la pornografía aquí se debe a la falta de altos y fecundos ideales, a la carencia de hondas inquietudes espirituales”.

 

Ataca, desnuda la amoralidad y la inmoralidad coetáneas. El vicio, la superficialidad, la “sportmanería”. ..

 

“La lujuria, el juego, la embriaguez, entontecen.  Los pueblos y acercan el hombre al bruto”.

 

“Yo he puesto en mis libros calor y vida... He puesto en mis libros pasión”.

 

Oreguiano en su filosofía, arrima Razón a la Vida, Vida a la Razón.

 

Sarmientino - socrático  temperamental: “Necesitamos guerra”, “necesito guerra, guerra en mi interior”.

“Irritar a las gentes puede llegar a ser un deber de conciencia, doloroso deber, pero deber al fin y al cabo”.

 

Personalista, estudioso, severamente asceta. Rehúye la vida tumultuosa de coro y carnaval...

 

“”Yo creo que la gran batalla es por conquistar el respeto al hombre, el respeto a la individualidad”.

 

“Dios, amigo, no me trajo al mundo como apóstol de paz ni para cosechar simpatías, sino como sembrador de inquietudes y de irritaciones y para soportar la antipatía”. El retrato de Don Domingo presidía su biblioteca, además lo leyó, estudió y difundió en tierra española, como a un hermano del alma.

 

“Hay una especie de desvío hacia lo grande y permanente, hacia lo consagrado. Y sobre todo hacia aquello cuyo conocimiento exige esfuerzo”.

 

“Cuando se les habla de libros y de estudio os salen con el estribillo de la vida, y hoy es el día en que tampoco sé qué quieren decir con eso. ¡La vida!. ¿Es que no vive el que estudia?”...


Publicado por Desconocido @ 13:54
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