MARCEL PROUST.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Caracteriza a nuestro escritor (1871-1922) como un dandy, un snob, enfermizo, refinado, mundano, susceptible, semi-judío como Montaigne, como Bergson…
“A la recherche du temps perdu” (1913-1927) apareció primero en la literatura como una obra inesperada e inclasificable, como una ruptura, una aventura. Retrato del mundo parisiense, de las clases altas, el “mundo de la vacación, de la gratuidad y del dinero”. Novela-ciclo, centrada sobre la vida individual.
Fundamental exploración del mundo del Subconsciente, disminuye el valor de la novela histórica y la costumbrista.
1913: “Du côté de chez Swann”; 1918: “A l’ombre des jeunes filles en fleurs”; 1920-21: “Du côté de Germantes”; 1921-22: “Sodome et Gomorrhe”; 1923: “La prisonnière”; 1925: “Albertine disparue”; 1927: “Le temps retrouvé”.
Escribió el francés, también, “Les plaisirs et les jours” 1896, “Pastiches et Mélanges” 1919, “Chroniques” 1927 y la inconclusa “Jean Santeuil”.
“Leer a Proust exige una férrea disciplina: esfuerzo, atención concentrada, constancia y voluntad”. “Uno advierte que lo mejor de los fundamentos de la cultura francesa está en él”.
Sondeo introspectivo, complejidad elocutiva, de difícil lectura, incidentales y oraciones largas (cadencia de la frase: ritmo de sus crisis asmática, véase George Rivans: ‘Influénce de l’asthme sur l’oeuvre de M. P.’ Paris, 1945).
Asimismo las captaciones sinestésicas exquisitas. Pinta un mundo de Aristócratas Decadentes.
En “El tiempo recobrado” el mismo autor reflexiona críticamente sobre su propia empresa literaria.
Desde su “Contre Sainte-Beuve” publicado en 1954 sabemos que la novela proustiana tiene su fuente en un proyecto de estudio Literario. Antes de transformarse en novelista, es lector, es crítico.
“Al comienzo mismo de ‘Jean Santeuil’, percibimos, en efecto, un lector que participa con apasionamiento en la vida de las obras en cuya lectura se sumerge” (loc. Cit., p. 37).
Llama Poulet, “crítica de identificación” al “ajustarse uno mismo al tempo del autor que se lee”. Leer es “tratar de recrear en sí mismo lo que ha sentido un maestro”.
El primer paso de este acto crítico es el “pastiche”, la imitación.
“El acto crítico por excelencia es aquel por el que, a través de la totalidad de una obra releída, se descubren retrospectivamente las frecuencias significativas y las obsesiones reveladoras”.
Descubrir los temas comunes a toda su obra, desde el aparente desorden del conjunto. Es el fundador de la crítica temática.
Sensible, intuitivo e imaginativo en extremo, la memoria revive intensamente una sociedad en sus detalles de vida, personajes y motivos de las conductas.
Su maestría descriptiva, es impresionista, presenta a sus personajes eligiendo rasgos. En su actitud imaginativa, deforma la realidad.. Utiliza metáforas vertiginosas. Esa realidad se encuentra interiorizada, subjetivada.
Intentó “desgarrar los velos superficiales de las cosas para hallarme a mí mismo”…
Ama el Arte, único valor absoluto, al modo de John Ruskin (1819-1900), a quien consideraba un religioso de la Belleza, un idólatra de la Estética. Simbolismo y Virtuosismo aunados.
Desde el estilo, afirmamos bergsonianamente que la frase proustiana aparece hinchada desmesuradamente, con el objetivo de captar todos los elementos simultáneos de la ‘duración’ viviente, de la perpetua transformación del tiempo en Evolución Creadora (ver “Bergson et Proust” de Floris Delattre, 1948).
Detrás de su estilo hay una Psicología de su Alma y una Teoría del Arte…
Los temas de esta grandiosa obra: la existencia como temporalidad, el amor que acelera la carrera de las cosas, la memoria que retiene los espectros de esa carrera, y la imposibilidad de la Felicidad.
Toda esa infinita riqueza de sus recuerdos se esfuerza en cifrarla en Símbolos.
Busca en el Pasado, la unidad de su Yo, el sentido de su existencia. El Presente es un Pasado resucitado., por la Introspección y el Autoanálisis.
Anderson Imbert, Enrique: “M.P.” (en su ‘La flecha en el aire’, Gure, 1972, p. 68-69) y “El taller de M. P.” (en su ‘Los domingos del profesor’, íd., p. 226-233).
Bianco, José: “M. P.” (en su “Ficción y realidad”, Monte Ávila, 1977).
Bullrich, Silvina: “¿Es verdad la verdad?. Intimidades de M. P.” (La Nación, 28-7-1974).
Castro, Carmen: “M. P. o el vivir escribiendo” (Revista de Occidente, Madrid, 1952).
Maurois, André: “En busca de M. P.” (Austral/ Espasa-Calpe-1255).
Painter, George D.: “M. P.” (Lumen, 2 ts.).
Quennell, Peter: selecc., “En torno a M. P.” (Alianza, Madrid).
Ramos, Juan P.: “M. P.” (“Verbum”, Bs. As., 1926).