LA VIDA Y LAS INSTITUCIONES DE ROMA CLÁSICA.
Por Guillermo R. Gagliardi.
En el siglo IV d. C. había 11 termas, 856 baños privados, 23 barrios, 29 calles grandes, 8 puentes, 2 Capitolios, 28 Bibliotecas, 1052 fuentes, 11 Foros, 10 Basílicas, según informa Ugo Enrico Paoli (historiador y filólogo, 1884-1963) en su “Urbs” (Iberia, Barcelona, 4ª ed., 1973, cap. I).
El Foro era el centro de la vida pública y un gran mercado. En las cercanías, se abrían numerosas tiendas.
El Velabrum era el “vientre de Roma”, espacio del dinero y las especulaciones.
En el Capitolio era donde más se sentían presentes las Divinidades. En
Su cumbre estaba el templo de Júpiter Capitolino, Estatuas de los Grandes, epígrafes en mármol o bronce sobre tratados con pueblos extranjeros.
Hasta Augusto existía una región deshabitada y lúgubre, el Esquilino: allí se cumplían las sentencias de muerte. Luego será un lugar señorial y hermoso.
Roma fue entonces saqueada por los vándalos. Derruida, sucia, abandonada…(ob. cit., cap. XXVII).
Muchos funcionarios dedicados al culto y nombrados personalmente por el Rey le asistían en la ejecución de aquel deber: los “flamines” (sacerdotes peculiares de diversos dioses), los doce “salii” (brincadores), los “luperci” (lobeznos), las “virgines vestales” (sacerdotisas de Vesta) y el Colegio técnico de los peritos: Augures, Pontífices y Heraldos.
Para poder desempeñar un cargo se debía poseer plenamente el “derecho de ciudadanía”. El aspirante debía anunciar su candidatura al funcionario encargado de los asuntos electorales, éste decidía después de examinar su honorabilidad, si tal candidatura podía ser aceptada.
El pretendiente se presentaba al pueblo vestido con un traje embadurnado en tiza (“toga candida&rdquo
y procuraba congraciarse personalmente con los ciudadanos. Saludaba ceremoniosamente a los que encontraba por la calle, llamándoles por su nombre. Existía el tráfico de votos a pesar de los castigos.
La mujer era respetada, gobernaba toda la casa, no le era permitido beber vino (pena de muerte, igual que el adulterio).
Los padres de los jóvenes eran quienes acordaban la boda, atendiendo a fines prácticos. El matrimonio era indisoluble. La novia se quitaba su traje de doncella, se consultaban los “auspicios”, la madrina conducía a la mujer hasta el novio, y juntaba las manos de ambos. Se sacrificaba un animal y todo el día era de banquete.
Al anochecer la novia era aparentemente raptada de entre los brazos de la madre y conducida, con acompañamiento de antorchas, cantos a su nueva morada, el novio precedía la comitiva y repartía nueces.
o recordando pasadas ofrendas. Como “dones” se ofrecían todos aquellos objetos que pudiesen adornar un templo: hachas dobles, trípodes, imágenes en arcilla, las “primicias” de la cosecha, del ganado y la caza.
Suponían que los dioses daban a conocer su voluntad por medio de palabras y signos, como el rayo, el arco iris, etc. Cuando se creía que los dioses vivían en árboles, fuentes, columnas o piedras caídas del cielo se utilizaba como lugar de adoración, los bosquecillos con un altar o gruta, para el sacrificio.
También existían capillas particulares, en especial en los patios de las casas de los reyes. Luego se construyeron tipos de habitaciones para la Divinidad: con una sala y un pórtico.
Luego se fueron desarrollando las familias de dioses, según el modelo terrenal.
Se inició el concepto de la inmaterialidad de los espíritus: ya que se creía que el cuerpo se destruía y convertía en cenizas y el alma se difundía en el humo de la hoguera.
Se consideraba a la respiración como el fundamento de la vida, como la exhalación del último suspiro, “anima”: aliento.
Se desarrolla el concepto de un lugar subterráneo, residencia de todas las almas, que el hombre no puede alcanzar ni mediante ruegos ni sacrificios.
(Ver Leo Bloch, 1864-1920, “Instituciones Romanas”, Labor, 1942).