viernes, 22 de enero de 2010

                                   LA VIDA Y LAS   INSTITUCIONES DE ROMA  CLÁSICA.

                                                                      

                                                                                  Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

  • De pequeño arrabal sobre el Palatino, Roma se convirtió en la más grande metrópoli de la Antigüedad. De allí partió su historia y en él se resume. Sobre esa cima se convirtió Roma en ciudad, en los límites del “pomerium”, y surgieron los primitivos santuarios.

       

      En el siglo IV d. C. había 11 termas, 856 baños privados, 23 barrios, 29            calles grandes, 8 puentes, 2 Capitolios, 28 Bibliotecas, 1052 fuentes, 11     Foros, 10 Basílicas, según informa Ugo Enrico Paoli (historiador y filólogo,     1884-1963) en su “Urbs” (Iberia,    Barcelona, 4ª ed., 1973, cap. I).

 

  • La densidad de su creciente población alcanzó su máximo en el siglo II d. C. Su vida más intensa Roma la vivió a los pies del Capitolio y del Palatino: Política, negocios, comercio, el Foro, el Circo Máximo.

      El Foro era el centro de la vida pública y un gran mercado. En las          cercanías, se abrían numerosas tiendas.

 

  • Entre los barrios populares estaba el de la Suburra: plebeyo, bajo, equívoco.   Las zonas más espléndidas de la Roma Imperial eran el Foro, el Palatino, el Capitolio,  el Templum Urbis y el Campus Martius (aire y sol, deportes).

      El Velabrum era el “vientre de Roma”, espacio del dinero y las                  especulaciones.

 

  • Nerón edificó las “Domus Áurea”. Los Flavios, por su parte, reinstalaron la sede Imperial: el Coliseo.

      En el Capitolio era donde más se sentían presentes las Divinidades. En

       Su cumbre estaba el templo de Júpiter Capitolino, Estatuas de los             Grandes, epígrafes en mármol o bronce sobre tratados con pueblos         extranjeros.

 

       Hasta Augusto existía una región deshabitada y lúgubre, el Esquilino:     allí se cumplían las sentencias de muerte. Luego será un lugar señorial y hermoso.

 

  • Con el traslado de la Capital a Constantinopla, comenzó la decadencia edilicia de Roma. El traslado de la capital a Bizancio, la despobló.

      Roma fue entonces saqueada por los vándalos. Derruida, sucia, abandonada…(ob. cit., cap. XXVII).

 

  • Los  Reyes romanos tenían como más importante obligación, el ministerio Divino. Antes de comenzar cualquier empresa se solicitaba el consentimiento de los dioses.

      

      Muchos funcionarios dedicados al culto y nombrados personalmente por el Rey le asistían en la ejecución de aquel deber: los “flamines” (sacerdotes peculiares de diversos dioses), los doce “salii” (brincadores), los “luperci”  (lobeznos), las “virgines vestales” (sacerdotisas de Vesta) y el Colegio técnico de los peritos: Augures, Pontífices y Heraldos.

 

  • Cada “gens” (o grupo de estirpe) poseía su propio tribunal, sus dioses y cultos particulares. La transición del Estado basado sobre los clanes, al Estado fundado en la familia, se efectuó instituyendo el  cultivo colectivo de la campiña, por la concesión de lotes  de terreno entre las diferentes familias: así, pues, ahora las atribuciones jurídicas, religiosas y económicas de las parentelas pasaron al “pater familias”.

 

  • Tres autoridades se repartían la dirección de los asuntos públicos: “magistratus” (dignatarios del Estado), que poseían sólo ellos el Poder Ejecutivo. Los “mayores”: dictador, cónsules, pretor, “interés” y los “minores”: ediles, el cuestor y otros.

 

       Para poder desempeñar un cargo se debía poseer plenamente el “derecho de ciudadanía”. El aspirante debía anunciar su candidatura al funcionario encargado de los asuntos electorales, éste decidía después de examinar su honorabilidad, si tal candidatura podía ser aceptada.

 

El pretendiente se presentaba al pueblo vestido con un traje embadurnado en tiza (“toga candida&rdquoGuiño y procuraba congraciarse personalmente con los ciudadanos. Saludaba ceremoniosamente a los que encontraba por la calle, llamándoles por su nombre. Existía el tráfico de votos a pesar de los castigos.

 

  • El “census” era el cálculo de la fortuna de los contribuyentes. Los “censores” determinaban las contribuciones y la aptitud para el servicio militar.

 

  • Cada familia era como un pequeño Estado autónomo  monárquicamente regido por su jefe en cualidad de Sacerdote, juez y único propietario del patrimonio.

       La mujer era respetada, gobernaba toda la casa, no le era permitido beber vino (pena de muerte, igual que el adulterio).

 

      Los padres de los jóvenes eran quienes acordaban la boda, atendiendo a fines prácticos. El matrimonio era indisoluble. La novia se quitaba su traje de doncella, se consultaban los “auspicios”, la madrina conducía a la mujer hasta el novio, y juntaba las manos de ambos. Se sacrificaba un animal y todo el día era de banquete.

 

Al anochecer la novia era aparentemente raptada de entre los brazos de la madre y conducida, con acompañamiento de antorchas, cantos a su nueva morada, el novio precedía la comitiva y repartía nueces.

 

  • La oración, plegaria, procedía  del simple ruego, cuya eficacia se aumentaba añadiendo a los ruegos, alguna promesa (“votum&rdquoGuiño o recordando pasadas ofrendas. Como “dones” se ofrecían todos aquellos objetos que pudiesen adornar un templo: hachas dobles, trípodes, imágenes en arcilla, las “primicias” de la cosecha, del ganado y la caza.

 

      Suponían que los dioses daban a conocer su voluntad por medio de palabras y signos, como el rayo, el arco iris, etc. Cuando se creía que los dioses vivían en árboles, fuentes, columnas o piedras caídas del cielo se utilizaba como lugar de adoración, los bosquecillos con un altar o gruta, para el sacrificio.

 

También existían capillas particulares, en especial en los patios de las casas de los reyes. Luego se construyeron tipos de habitaciones para la Divinidad: con una sala y un pórtico.

Luego se fueron desarrollando las familias de dioses, según el modelo terrenal.

 

  • Al emigrar las razas griegas, al sur de Egeo, se produjo una transformación de las concepciones religiosas. Surgió la costumbre de la cremación de los cadáveres.

      Se inició el concepto de la inmaterialidad de los espíritus: ya que se creía que el cuerpo se destruía  y convertía en cenizas y el alma se difundía en el humo de la hoguera.

 

Se consideraba a la respiración como el fundamento de la vida, como la exhalación del último suspiro, “anima”: aliento.

Se desarrolla el concepto de un lugar subterráneo, residencia de todas las almas, que el hombre no puede alcanzar ni mediante ruegos ni sacrificios.

 

(Ver Leo Bloch, 1864-1920, “Instituciones Romanas”, Labor, 1942).


Publicado por Desconocido @ 15:39
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