“LOS GRIEGOS” de H. D. F. Kitto.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Humphrey Davey Findley Kitto (1897-1982), crítico y helenista inglés. Autor difundido de “The Greeks” 1952, traductor de Sófocles. También escribió “In the Mountains of Greece” 1933, “Greek Tragedy” 1938, etc.
Utilizo para este comentario la edición de EUDEBA, 1975, versión al castellano de D. L. Garasa.
La grandeza de su arte residía en que conciliaba el dominio, la claridad y la seriedad, con el esplendor, la imaginación y la pasión. Lógica y Certidumbre en la construcción. Energía + Pasión + Inteligencia
Variedad de suelo y clima: el estado se bastaba a sí mismo, y podía disfrutar una equilibrada vida social. Autarquía (autosuficiencia). Clima muy agradable y estable.
La verdadera educación del ateniense era al aire libre: charla en plaza
del mercado, en gimnasio, teatro, recitales, procesiones religiosas,
asambleas políticas.
La intelectualidad del arte griego no implica aridez o abstracción. En todo el arte clásico griego se advierte una notable ausencia de marco natural.
El Griego acusaba un sesgo trágico del Pensamiento. Sentía la más vehemente atracción por toda actividad: física, emocional y mental. Gozo casi feroz de vivir. Orgullosa fe en la Personalidad Humana.
Destácase la nota Trágica en la Literatura Griega: la tensión entre un apasionado deleite por la vida y una clara comprensión de su estructura inalterable.
La tarea de gobernar era confiada a un monarca (quien actuaba en
Nombre de todos), a los jefes de familias nobles, a un consejo de
Ciudadanos. (En la monarquía oriental el monarca no era responsable ante la ley ni depositario del poder por gracia de un dios, sino que él
mismo se consideraba un dios). Si el gobierno no estaba obligado a
responder de sus actos, la “polis”, la ciudadela, no existía. Ésta pudo tener origen en un deseo de Justicia. Polis es un modo de vida, una cosa activa y formativa, que educaba la mente y el carácter de los ciudadanos.
“Agamenón”: el castigo debe seguir al crimen: Ley Moral del Universo; un crimen exige otro crimen para vengarlo, en la forma más cruel posible, con la sanción de Zeus.
“Coéforas”: esta serie de crímenes, llega a su culminación cuando Orestes venga a su padre, matando a su madre. Comete el matricidio con repugnancia, orden de Apolo. Clitemnestra, al matar a su marido, el Rey, cometió un crimen, que quebrantó el edificio social. Por lo cual los dioses olímpicos defienden el orden. El delito de Orestes defiende los instintos humanos, por lo cual será perseguido por las Furias, otras deidades. Las Furias, implacables, no pueden permitir que se afrente la santidad del vínculo consanguíneo, aunque no tienen interés en el orden social.
“Euménides”: conflicto sobre el desdichado Orestes, entre las Furias y los olímpicos más jóvenes. Se elige un jurado de atenienses (Consejo del Areópago) para juzgar a Orestes, que había huido a la Acrópolis. En la votación hay empate y es absuelto. Las Furias amenazan destruir al Ático, pero Atenea las persuade para que se establezcan en Atenas, para vengar la violencia, no sólo familiar, sino la de la Polis.
La trilogía termina con una imponente escena de alegoría: las Furias cambian en Euménides, diosas benévolas, se despojan de trajes negros y usan rojos. La Ley ha sido satisfecha, la Justicia Pública venció a la venganza privada, los derechos de la autoridad se concilian con los instintos de humanidad.
Esta trilogía exaltaba la concepción de la vida helénica, que había visto surgir a la Polis como dechado de Justicia y Orden.
El ateniense estaba habituado a ocuparse de cosas trascendentes. El arte popular de Atenas fue la tragedia de Esquilo o Sófocles y la comedia de Aristófanes.
La Polis era una especie de super-familia.
El Mundo Griego estaba ya dividido en Atenas: dominio del mar Jónico, Democráticos. Y Esparta: Liga del Peloponeso, estados simpatizantes, dominio en tierra. Dórico. Oligárquicos.
La Guerra del Peloponeso significó virtualmente el fin de la ciudad-estado como una fuerza creadora que adaptaba y conformaba la vida de todos sus miembros.
Prudentes, no fanáticos, ni excesivos como en Oriente o Medioevo.
Alaban la profundidad, la “areté” (excelencia física, moral e intelectual del deportista).
El vencedor en los grandes juegos era un Hombre y un Héroe. Los Juegos eran parte de la religión griega. Los juegos se realizaban en recinto sagrado y servían para estimular y desarrollar la “areté” humana, y era una ofrenda al dios.
Firme creencia en la Razón: Tales de Mileto, Anaximandro. Parménides, Zenón, Platón. Politeísmo, Antropomorfismo. Sentido del Mito: religioso y filosófico, explican el origen de las cosas.