Poesía y lo Americano en “AMÉRICA INICIAL” DE LUIS FRANCO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Luis Leopoldo Franco, catamarqueño universal, Poeta y Ensayista, Narrador, Historiador, 1898-1988 editó en 1921, en la legendaria editorial B.A.B.E.L., de Buenos Aires, su libro ensayístico “América Inicial”.
Juvenil obra de doctrina, sobre la Poesía, sobre América, el Poeta y su función redentora en el territorio hispanoamericano. Fundamenta su posterior escritura, en poesía y prosa, que cumplió hermosamente estos postulados primicios.
El Arte es “esencial profundidad, la expresión total de la vida”, “noticia apenas sospechada por algún zahorí”. Por ello expresa que uno de los “más trajinados errores” en cualquier tiempo y lugar es el concepto Ornamental de la Cultura y el Arte:
“En ninguna parte, empero, esa ingenuidad feroz acampó tanto como en nuestra América”.
“El arte es otro modo de Conocimiento, otra Sabiduría”.-
“sólo cuando coloree nuestra sangre y nuestro espíritu. América tiene que dolernos como un recuerdo y alegrarnos como una esperanza. Dolor y Alegría: los dos mensajeros de toda creación”.-
“que nos enseñen de nuevo la belleza del lirio de los campos y la dulzura de mirar la luz del sol; y que una calandria es tan interesante como un grafófono, un árbol como un rascacielos, el olor de la rosa silvestre como el de la nafta...”.
Preciso es “que en las almas, como en los campos, queden rincones de recogimiento silencioso y de soledad virgen”.
“Lo que define al verso como tal es el ritmo (Y al decir ritmo o cadencia, digo medida). No es su alma, sin duda, pero sí el latido de su sangre, la armonía de su respiración. Elemento dinámico que se acuerda con el galope del caballo, el pulso de la estrella o el mar, el crecer de la hierba. La rima es accesoria, ornamental, aunque no niego su coqueta gracia”.
Los poetas son los verdaderos, los totales sentidores de Lo Humano, “íntimos exploradores del mundo”. Son los auténticos “modeladores de almas”.
El Poeta se categoríza en su valoración como el Niño-Creador, lo guía el asombro, “ese exaltado y virgíneo asombro ante las cosas”: suma de Innovación y Espontaneidad, no de falsa sencillez, insignificante, ni de oscurantismo o “vidriera de metáforas”:
“Y el poeta es todo el hombre, el purificador del mundo, y el maestro de todos los amores, esta criatura de ingenuidad y profundidad, sabiamente armoniosa y auténticamente salvaje”.
El artista, opina shelleyanamente, es tal en cuanto abriga una visión de Futuro y un Juicio crítico del pasado y el presente, un sentido del “milagro” y un odio demoníaco a la “vulgaridad que en arte significa, modestamente, imbecilidad”.
Porque “la palabra más mágica del idioma, el sésame ábrete, se llama ‘mañana”.
El Artista, Supremo Hacedor, concluye, no ha de imitar la Naturaleza, ha de modificarla, ha de Redimirla. Ha de cautivarla, ha de oficiar de Mago, de Reformista...:
“El arte no es un testaferro de la naturaleza, sino el príncipe encantador que la cautiva y redime. No el realismo de feria, sino el realismo psicológico es lo único que debe contar para el artista. Todo arte esencial es lirismo, que no declara cosa de ornato, ni de énfasis sino la versión de estremecidas y nobles peripecias íntimas” .