sábado, 06 de febrero de 2010

            Poesía  y lo Americano en “AMÉRICA INICIAL”  DE LUIS FRANCO.-

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

Luis Leopoldo Franco, catamarqueño universal, Poeta y Ensayista, Narrador, Historiador, 1898-1988  editó en 1921, en la legendaria editorial B.A.B.E.L., de Buenos Aires, su libro ensayístico “América Inicial”.

 

Juvenil obra de doctrina, sobre la Poesía, sobre América, el Poeta y su función redentora en el territorio hispanoamericano. Fundamenta su posterior  escritura, en poesía y prosa, que cumplió hermosamente estos postulados primicios.

 

 

  • Nota  el autor la sabia advertencia  de D. F. Sarmiento (de quien Franco escribió mucho y de lo mejor) respecto de que “El arte es la realización del hombre, es todo el hombre”.

 

 El Arte es “esencial profundidad, la expresión total de la vida”, “noticia apenas sospechada por algún zahorí”. Por ello   expresa que uno de los “más trajinados errores” en cualquier tiempo y lugar es el concepto Ornamental de la Cultura y el Arte:

“En ninguna parte, empero, esa ingenuidad feroz acampó tanto como en nuestra América”.

 

“El arte es otro modo de Conocimiento, otra Sabiduría”.-

 

  • Defino a Lo Americano, como no “sólo cacharrería folklórica. Es otra cosa: es un sentimiento; un sentirlo como nuestro”.  Será nuestro

 

sólo cuando coloree nuestra sangre y nuestro espíritu. América tiene que dolernos como un recuerdo y alegrarnos como una esperanza. Dolor y Alegría: los dos mensajeros de toda creación”.-

 

  • Aboga, en musculosa  prosa, que hace prever el vigor de sus ideas, su ensayística relevante,  por

 

que nos enseñen de nuevo la belleza del lirio de los campos y la dulzura de mirar la luz del sol; y que una calandria es tan interesante como un grafófono, un árbol como un rascacielos, el olor de la rosa silvestre como el de la nafta...”.

    

Preciso es “que en las almas, como en los campos, queden rincones de recogimiento silencioso y de soledad virgen”.

 

  • Su concepción adánica de la Poesía, absolutamente Vital, entre helénica y whitmaniana, como lo demostró crecientemente en  “Suma”, “Pan”, “Constelación”, emoción insurrección, pensamiento, belleza:

 

“Lo que define al verso como tal es el ritmo (Y al decir ritmo o cadencia, digo medida). No es su alma, sin duda, pero sí el latido de su sangre, la armonía de su respiración. Elemento dinámico que se acuerda con el galope del caballo, el pulso de la estrella o el mar, el crecer de la hierba. La rima es accesoria, ornamental, aunque no niego su coqueta gracia”.

 

Los poetas son los verdaderos, los totales  sentidores de Lo Humano, “íntimos exploradores del mundo”. Son los auténticos “modeladores de almas”.

 

El Poeta se categoríza en su valoración como el Niño-Creador, lo guía el asombro, “ese exaltado y virgíneo asombro ante las cosas”: suma de Innovación y Espontaneidad, no de falsa sencillez, insignificante, ni de oscurantismo o “vidriera de metáforas”:

 

“Y el poeta es todo el hombre, el purificador del mundo, y el maestro de todos los amores, esta criatura de ingenuidad y profundidad, sabiamente armoniosa y auténticamente salvaje”.

 

  • “Cada vez más se impone al artista el cultivo de todos sus sentidos, hasta lo sobreagudo. Necesita un ojo como el del insecto compuesto de un montón de ojillos minúsculos que captan minuciosamente el detalle y captan todo el paisaje; un órgano acústico como el del murciélago que persigue a oído su presa; unas manos eruditamente táctiles como la de un ciego; un olfato como el del lebrel que sigue a la carrera un rastro no ya fresco; un paladar como el de don Juan Manuel de Rosas, que conocía por el gusto el pasto de cada  estancia del sur de Buenos Aires. Pero de nada sirve todo eso, si detrás no está el innombrable demonio”...

 

El artista, opina shelleyanamente, es tal en cuanto abriga una visión de Futuro y un  Juicio crítico del pasado y el presente, un sentido del “milagro” y un odio demoníaco a la “vulgaridad que en arte significa, modestamente, imbecilidad”.

Porque “la palabra más mágica del idioma, el sésame ábrete, se llama ‘mañana”.

 

El Artista, Supremo Hacedor, concluye,  no ha de imitar la Naturaleza, ha de modificarla, ha de Redimirla. Ha de cautivarla, ha de oficiar de Mago, de Reformista...:

 

“El arte no es un testaferro de la naturaleza, sino el príncipe encantador que la cautiva y redime. No el realismo de feria, sino el realismo psicológico es lo único que debe contar para el artista. Todo arte esencial es lirismo, que no declara cosa de ornato, ni de énfasis sino la versión  de estremecidas y nobles peripecias íntimas”      .


Publicado por Desconocido @ 20:49
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