AUGUSTO WILHELM SCHLEGEL, crítico y comparatista.
Por Guillermo R. Gagliardi.
Crítico y teórico de la Literatura. Alemán, 1767-1845.
René Wellek en su “Historia de la Crítica Moderna” lo califica como un culto hombre de mundo, que poseía un tolerante espíritu histórico y una juiciosa objetividad.
Tuvo formación clásica. Emprendió la tarea de la Traducción, con un marcado interés por el Verso y la Filología.
Acuciado por la necesidad del Conocimiento, “der universellen Geschichte der Poesie”.
Es guía fundamental de su vida, la idea de una Literatura Universal, “Universalität des Geistes”, por su profesión permanente de Cosmopolitismo literario.
(Cons. “Euripide et Racine” Philarète Chasles, en ‘Études sur l’antiquité’, Paris, 1847, p. 245-253).
Sostiene en esta obra que la obra de arte genuina posee “Einheit und Unteilbarkeit”, unidad e indivisibilidad, cada parte está armoniosamente integrada. Y le interesa primordialmente la Tragedia: Grecia, Shakespeare, España.
La Crítica Literaria ha de tener como basamento la idea de “Kunstgeist”, de “espíritu artístico”:
“Hay que mirar a cada obra de arte desde su propio punto de
vista (...).
Será perfecta si llega a la cima de su género, de su esfera, de
su mundo”.
(1798).
La obra artística es, en esencia, “autónoma”, se rige por leyes propias, pero, el criterio perspectivista histórico nos ayuda a comprenderla en sus antecedentes, en los orígenes e influencia.
Importancia de la “intuición”, del puro sentir.
Exalta a Sófocles (496-406 a. C.) y Aristófanes (444=385 a. C.), ataca a Eurípides por desnaturalizar el sentido del drama helénico: la idea del Destino y el fondo Religioso.
Por su parte, el Teatro Francés Neoclásico lo considera no Nacional. Los franceses del siglo XVII profesaban “una idea abstracta de la tragedia”: “Fedra” de Racine, pinta la pasión desnuda, en abstracto, sin referencias locales.
En su “comparación” se contradice posteriormente, alabando a Eurípides y olvidando la decadencia que significó en el teatro clásico.
Marcelino Menéndez y Pelayo, en su “Historia de las ideas estéticas” (tomo IV, p. 136 y ss.) afirma que
“La disertación sobre las dos ´Fedras´ es una fecha memorable
en la evolución de las ideas dramáticas”;
“la ciencia de las Literaturas Comparadas nació en gran parte
por sus esfuerzos”.
Llama a la famosa “comparación” schlegeliana como el “primero e inolvidable manifiesto Romántico”.
Y analizándolo, el genial crítico español establece sólidamente que falsifica el asunto Euripídeo, “aberración extraordinaria en cuanto al carácter de ´Hipólito”. Olvido “absoluto e irreverente” de la parte Divina del argumento. Mayor evalúa la influencia de Séneca (4 a. C.-65) que de Eurípides, éste compone un melodrama, lleno de sentencias y patetismo según el juicio del bibliógrafo de Santander:
“Las dos ´Fedras´ nada tienen de común sino el esqueleto de la
fábula y algunos trozos imitados o traducidos por el poeta
francés”.
“Si Racine es infiel al espíritu de la Antigüedad, también
Eurípides era un poeta de decadencia respecto de Esquilo y
Sófocles y respecto del helenismo puro”.
“nada hay en el fondo más diametralmente opuesto que la
tragedia griega y la tragedia francesa”.
En la tragedia Griega predomina, según el juicio del literato germano:
“el sentimiento de la dignidad de la naturaleza humana,
que se despierta en nosotros cuando contemplamos los
tipos ideales o los vestigios de un orden de cosas,
sobrenatural”.
De acuerdo con el influjo de Kant, Schiller y Hegel, el alemán tiene en cuenta la integridad e independencia de la moral humana respecto de la Religión.
La Dignidad del Hombre enfrentada a la Fatalidad Trágica:
“la dignidad del hombre se mantiene como a despecho del orden
sobrenatural de las cosas”.
Y compara la Belleza de la Escultura griega con su Tragedia:
“Para sentir dignamente el ´Hipólito´ de Eurípides es preciso
estar iniciado en los misterios de la hermosura y haber
respirado el aire de Grecia”.
Imagen de juventud, hermosa y pura, sublime: Hipólito, tergiversado en la débil imagen presentada por Racine.
Asimismo Friedrich Schlegel (1772-1829) en su “Historia de la literatura Antigua y Moderna” había atacado a Eurípides y por iguales razones que su hermano. (E. R. Curtius: “Schlegel y Francia”, en su “Ensayos críticos acerca de la literatura europea”, Seix Barral, 1972, p. 109-124).
“La celebridad del señor Schlegel aumentó aún cuando se lanzó a atacar a las autoridades literarias de los franceses.
Con orgullosa satisfacción contemplamos cómo nuestro compatriota mostraba a los franceses que toda su literatura clásica no valía un comino”.
Reconoce el poeta de “Buch der Lieder” la incomprensión injusta de Schlegel por el arte poético de Racine, quien
“fue una fuente viva de amor y de sentimiento del honor, y que
con su bebida embriagó, encantó y entusiasmó a un pueblo
entero”.
“Racine ha sido el primer poeta moderno”.
“Schlegel fue lo suficientemente zafio como para (...) juzgar los
griegos de Versalles según el criterio de los griegos de Atenas”.
Según el agudo juicio heiniano cometió el error “de medir el presente con los criterios del pasado”.
Los héroes racinianos son franceses, disfrazados con antiguas túnicas. Azota Schlegel a un Poeta Moderno, con las ramas de laurel de uno Antiguo.
Tampoco Eurípides debe ser rebajado en comparación con Sófocles o Esquilo.
El odio del germano al autor de “Hipólito”, se debe, en opinión juiciosa de Heine, a que le olía a Democracia, Modernidad y a Protestantismo, como a Aristófanes:
“Aristófanes, aunque él mismo se burlaba de los dioses, odió
a los filósofos que estaban enterrando el Olimpo” (Sócrates-
-Eurípides).
Bibliografía:
H. Heine: “La Escuela Romántica. Libro Segundo. I.”(“Obras”, Vergara, Barcelona, p. 501-509).
Marcelino Menéndez y Pelayo: “Antología General”(Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1956, t. 2, p. 201-206).
René Wellek: “Historia de la crítica moderna” (Gredos, t. 2, 1962, p. 47-88)
(Ver también mi “Fedra en Rousseau y en A. G. Schlegel” en mi blog “sarmientisimo”, 7-1-2009).