PENSAR Y ESCRIBIR DE KAZANTZAKIS.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
La obra de Nikos Kazantzakis (1883-1957) es cuantiosa. En escritura, en pensamientos, en ideas e imágenes, en propuestas y valoraciones. En pervivencia, influencia y eternidad...
Alma impareja. Era un ser anti-diplomático, anti-hipócrata, nada convencional.
Profeta, “dinamitero”, “de genio caliente y sacudido.
Inquieto, inquieta. Libre, libera. Mente Absolutamente Libre.
Un gran corazón y una mente poderosa y una incesante ganas de trabajo.
Traductor pasional de la letra y el pensar de Nietzsche, Dante, Tolstoi, Bergson, Homero...
Cuatro estrellas guían su mitología personal, su moralismo social, su Idealismo Militante: Jesús, Buda, Lenín y Ulises.
Torrencial en su labor, en sus ideas.
“Luchó sin tregua por todas las libertades”: las concretas de los hombres del pueblo, las del Espíritu.
Su concepción antropológica, enteramente heraclítea. Todo cambio, movimiento, energía.
Simbolismo claro de los personajes: uno es docto, fino y soñador silencioso.
El otro, Sorbás, es el gozador de la vida a fauces llenas.
Significan, por supuesto, el Espíritu y la Carne.
En realidad son dos facetas del ser de Nikos. Y también encarnan su intento valioso de aprehender la esencia del pueblo heleno.
Afirman sus mejores críticos, que Sorbás fue su maestro, de Vida y Experiencia; y Nietzsche, su Santo, de Ideales y Proyecciones intelectuales.
Alma espléndida, frenética, incandescente, casi inabarcable, en su impetuosidad, intensidad y humanidad.
Novela embriagadora. Se define no un Fausto, ni Quijote ni Hamlet, sino un Ulises, de corazón ardiente y lúcido.
Ulises, Odisseos, es el Superhombre griego.
Con su sed de aventuras legendarias y de conocimiento interior.
Personaje mítico nietzscheano en su filosofía vital, su inmoralismo, su violencia.
“¡Eh, compañeros, abrid los ojos, los oídos, las narices, la boca, las
manos; abrid el espíritu, colmad vuestras entrañas!”.
Ama la Vida y sus valores solares, de ascenso, concreción, anábasis espiritual.
El permanente “disidente” la refleja, bullente, asombrosa.
“Soy un realista. Veo claro. No pertenezco al partido comunista; no soy
tampoco, como tú, un hombre de acción. Esto me permite contemplar
la tragedia sangrienta que vivimos (nuestra época) con ojos más
desinteresados, y, por consiguiente, menos limitados. Veo más lejos
que tú...”.
Decididamente, es uno de los dueños de la Belleza:
“Y la sagrada orgía de la primavera mugía suavemente bajo los árboles
en flor”.
“Amita, apoyado en el muro, siente caer la hora como una gota de
miel”.
En su prodigioso estilo, son frecuentes las imágenes originales, luminosas y las inolvidables comparaciones.
En mi biblioteca, entre otras:
Antonio Requeni: “Encuentro con N. K.” (Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 293-294, 2007).