sábado, 13 de febrero de 2010

                                       BLAS  PASCAL, Razón y Fe.

 

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

  1. Su tiempo.

 

El siglo XVI  es individualista y anárquico, termina y surge el  Gran Siglo, el XVII, el Espíritu Clásico, monárquico y católico.

 

Se forma en las almas un Estoicismo Cristiano: lecturas de la Biblia y la Sabiduría Antigua en lo que tienen de más fuertes, de más austero: teoría de la Voluntad (Descartes) y del Heroísmo (Corneille).

 

Triunfa el Jansenismo, áspera religión. El hombre quiere ahora paz y orden, someterse a las reglas, a la disciplina.

 

Sólo la Monarquía Absoluta puede asegurar la salvación del Estado y la protección de los intereses privados.

 

La pintura de la Humanidad eterna será el objeto propio de la Literatura. Priva un espíritu serio, práctico, sensato y burgués.

 

François de Malherbe (1555-1628), lección de paciencia y trabajo  de Gran Arte, aspira al rigor y al orden; no expresa sentimientos privados. Sino asuntos generales, de interés común, no a la emoción. Lengua con limpidez geométrica, sintaxis clara, depuración del lenguaje francés. Con sus versos rigurosos instala una reforma de la Poesía.

 

La Academia (fundada en 1635)  reina en base a sus principios incòlumes de la pureza lingüística y la vigencia de las reglas Gramaticales.

El Cardenal Richelieu (Armand-Jean du Plessis,  1585-1642) protege esas doctas tertulias.

Se prepara y edita el “Diccionario de la Lengua” 1694, para uso de la gente culta. Es el francés la lengua de la Inteligencia, por lo cual el Diccionario, la Academia, no recogen palabras pintorescas, vocablos concretos y sabrosos...

 

Guez de Balzac (1597-1654) cultiva esa disciplina en la Prosa, el ritmo y equilibrio de la frase. Enseña a domeñar la expresión del pensamiento. La elocuencia, el período amplio y sonoro (Bossuet). Y a atender al uso del lenguaje y de la razón, al encadenamiento lógico de las Ideas.

 

La clase aristocrática se organiza: sociedad mundana, reglas en las costumbres y conductas, para una minoría cerrada, selecta y noble. Influjo de la Italia renacentista y la España italianizante.

 

Después de un siglo de guerras, la sociedad era grosera y ruda, ignorante.. El Preciosismo (amaneramiento, extravagancias ingeniosas, refinamientos del vestir, hablar y comer, p. ej.; Marinismo, Culteranismo, Eufuísmo).

 

“Astreé” de Honoré d’Urfé (publicada en 1608), novela pastoril, retrata la vida cortesana.

El primer Salón literario y social fue el de la Marquesa de Rambouillet (1608). Conversaciones ingeniosas, retratos psicológicos, noticias mundanas. Lenguaje hermético refinado. Metáforas, adivinanzas. Galanterías.

Todos los asuntos son subordinados a las conveniencias de la sociedad.

 

 La Rochefaoucauld, con sus 504 Máximas, editadas por primera vez en 1665: todo se reduce al Interés, incluso la Virtud, fundamental corrupción en el hombre.

 

Madame de La Fayette, reservadamente exquisita. “La princesa de Cléves” 1678, novela, la tragedia corneliana traspuesta a la narrativa. Precisión del análisis, altiva energía de las almas. Confesión del amor virtuoso, derrota del Amor por el honor= temas de Corneille. 

También la sencillez y la verdad de la acción, la amargura contenido del tono, precisión, pureza, mesura, forma delicada y sobria= elementos de la literatura de Jean Racine.

 

Madame de Sevigné. Alegre e impetuosa. Al casarse su hija, ella sola, le escribe cartas sobre noticias grandes y pequeñas de la Corte, chismorreos y reflexiones. Son la historia de un alma y crónicas sociales:  más de 1.300 epístolas, publicadas entre 1734-37 y en 1754.

 

El siglo de Pascal se caracteriza por la incredulidad y el escepticismo que sembraron los pensadores de la anterior centuria, como Montaigne, Naudé, etc. Que también se debió a la Reforma: la duda metódica, el Panteísmo naturalista.

 

Surgen las costumbres livianas, y se considera a la vida como una pradera de goces y libertades. Licencia y libertinaje: “Memorias” de Louis de Rouvroy, duque de Sainte Simon, que abarcan la vida cortesana desde 1695 hasta 1723.

 

  1. Blas Pascal. El hombre y la obra.

 

Fue Pascal, 1623-1662, según nos dice Ricardo Sáenz Hayes (1888-1976), escritor y periodista argentino que tanto lo leyó y estudió, “el hombre más puro y de inteligencia más elevada del siglo”.

 

Sus dos libros predilectos, la “Biblia” y los “Ensayos” de Montaigne.

 

Un ser alto, enérgico, ardiente, genial.

 

Su obra maestra: “Cartas Provinciales” 1656-57. Infl. por las ideas del Jansenismo, comandado por el Abate Saint Cyran, en Port Royal. Significó un movimiento de renacimiento religioso, de moral austera. No al libertinaje. Vida monástica, retirada, disciplina interior. Fe en la Gracia y la Predestinación, en el Cristianismo primitivo. En contra de la moral Jesuítica, blanda y endulzada, casuística, llena de privilegios y absolutamente intimista y maquiavélica.

 

Sarmientinamente, vio un peligro en la política y en los sistemas pedagógicos de los jesuitas y se puso  a combatirlos con toda su fuerza y genialidad.

 

Pascal, aúna Razonamiento Científico y Vida Mundana. Con su carácter atormentado, vigoroso y completo. Razón + Fe. “Espíritu de Geometría” + “Espíritu de Fineza”. Lógica + Pasión. Esgrime la verdad de las razones del Corazón.

 

 

  1. Los “Pensamientos”.

 

En sus “Pensamientos”, de 1670 construye una apología del Cristianismo.  Lanson, entre otros, lo denomina “uno de los mayores libros de la Humanidad”.

 

Hay que apostar por Dios. El hombre es mezcla de inanidad y grandeza. La religión Cristiana es religión verdadera de Amor.

 

Pascal es un gran Espíritu ávido de una certeza absoluta e infinita. Entiende que la Razón capta sólo las apariencias.

Su estilo era “la geometría inflamada”. Él expresó la “Poesía de la Religión”.

 

Considera que el hombre ha nacido para pensar, pero no será completo si no anida en su espíritu dos pasiones: el Amor y la Ambición.

 

Fue, al decir de Sáenz Hayes,  uno de sus principales cultores argentinos, “un Montaigne místico, y, sin embargo, el más alto exponente de la duda, porque la fe no logró paralizar en él las actividades del pensamiento” (ver bibliogr.).

“Tal como fue, amante y ascético, racionalista y místico, afirmando o dudando, nos lo representamos como la más pasmosa síntesis de humanidad” afirma definitoriamente S. Hayes.

 

Sainte-Beuve (1804-1869) escribió de Pascal: “era un gran espíritu y un gran corazón, y esto último no lo son siempre los grandes espíritus; y cuanto hizo en el orden del espíritu y en el orden del corazón, lleva un sello de inventiva y de originalidad que atestigua la fuerza, la profundidad, la persecución ardiente y como encarnizada de la verdad”. En cuanto a sus “Pensées”, los califica el gran crítico como “una lectura ennoblecedora, y que lleva de nuevo el alma a la esfera moral y religiosa de la cual demasiados intereses vulgares la hacen caer fácilmente”.

 

  • “Porque, en fin, ¿qué es el hombre en la Naturaleza?. Un nada en comparación con lo infinito, un todo en comparación con la nada: un término entre todo y nada”.

 

  • “Conozcamos, pues, nuestro alcance; somos alguna cosa y no lo somos todo”.

 

  • “He aquí nuestro estado verdadero. Esto es lo que nos hace incapaces de saber con certeza o de ignorar en absoluto. Vagamos siempre en un medio vasto, siempre inciertos y flotantes, arrastrados de uno a otro extremo”.

 

  • “No busquemos, pues, ni aseguramiento ni firmeza. Nuestra razón es siempre desengañada por la inconstancia de las apariencias”.

 

  • “He aquí una parte de las causas que hacen al hombre tan imbécil para conocer la Naturaleza. Ella es infinita de dos maneras, él es finito y limitado: ella dura y se mantiene perfectamente en su ser, él pasa y es mortal; las cosas en particular se corrompen y cambian a cada instante, y él no las ve sino de paso; ellas tienen su principio y su fin, él no conoce ni lo uno ni lo otro; ellas son simples, él está compuesto de dos naturalezas distintas”.

 

  • “Créese tocar órganos ordinarios, cuando se toca el hombre. Órganos son, en verdad, pero raros, cambiantes y variables, órganos cuyos tubos no se siguen por grados sucesivos”.

 

  • “La grandeza del hombre es mucha, porque el hombre conoce su miseria. Un árbol no conoce su miseria. Es, pues, ser miserable el hecho de sentirse miserable; pero es ser grande el hecho de conocer que se es miserable”.

 

  • Un hombre sin el pensamiento “sería como una piedra o un bruto”. “Es, pues, el pensamiento lo que hace el ser del hombre, sin lo cual no puede ser concebido”.

 

  • “No en el espacio debo yo buscar mi dignidad, sino en el arreglo de mi entendimiento. Ni en más ni en menos lo arreglaré si poseo tierras”.

 

  • “El hombre no es más que un junco, el más débil de la Naturaleza, pero un junco que piensa”. “Toda nuestra dignidad consiste, pues, en el pensamiento”. “Esforcémonos, por consiguiente, en pensar bien: he aquí el principio de la moral”.

 

  • “El hombre está visiblemente construido para pensar: esto es toda su dignidad; y todo su mérito, y todo su deber consiste en pensar como es debido; y el orden del pensamiento en empezar por sí mismo, y por su autor y su fin”. “Pero ¿en qué piensan las gentes?. Jamás en esto; sino en danzar, tocar el laúd, cantar, hacer versos, correr sortijas, etc., construir seres, hacerse rey, sin pensar en qué consiste el ser rey y el ser hombre”.

 

  • “El hombre es débil por Naturaleza, sus conocimientos naturales son inciertos: lo engañan los sentidos y la razón”.

 

  • “La cosa más importante de la vida es la elección de una carrera”.

 

  • “El hombre en la vida juega y se divierte para no detenerse a reflexionar; prefiere pasar el tiempo, sin sentirlo, o mejor, sin sentirse uno mismo, y evitar, (...)  la amargura y disgusto interior que acompañarían...”. “La desgracia de los hombres viene de una sola cosa: de no saber estarse quietos, en su  cuarto”. “Un rey sin diversión es un hombre lleno de miserias”. Se busca el ruido para distraerse, para no pensar y alejarnos de nosotros mismos, vivimos inmersos, aturdidos, en la “apología de la externidad”... “La sola cosa que nos consuela de nuestras miserias es la diversión, y, sin embargo, ésta  es la mayor de nuestras miserias”. “La diversión nos distrae, y nos hace llegar insensiblemente a la muerte”.

 

  • “Condición del hombre: inconstancia, fastidio, inquietud”.

 

  • “Quitadles a los hombres que sólo buscan la diversión, ese bullicio y entretenimiento, y les veréis secarse de fastidio; sienten entonces la nada sin conocerla; que es ser bien desgraciado caer en una tristeza insoportable cada vez que hay que considerarse y en que no hay diversión”.

 

  • “Nada hay tan insoportable para el hombre como el permanecer en pleno reposo, sin pasión, sin negocio (...)”. “Siente entonces su nada, su abandono, su insuficiencia, (...)su impotencia, (...) su vacío. Incontinenti, saldrán del fondo de su alma el fastidio, las negruras, la tristeza, la pena, el despecho, la desesperación”.

 

  • “EL hombre no sabe en qué lugar colocarse. Está visiblemente extraviado y caído de su verdadero lugar, sin poder hallarse de nuevo. Busca por todas partes con inquietud y sin éxito, entre tinieblas impenetrables”.

 

  • “Imagínese un número de hombres encadenados y condenados a muerte todos, unos cuantos de los cuales son ejecutados cada día en presencia de los otros. Los que quedan ven su propia condición en la de sus compañeros, y, mirándose unos a otros con dolor y sin esperanza, aguardan a su vez: ésta es la imagen de la condición de los hombres”.

 

 

Algunas fuentes bibliográficas:

 

“Pensamientos” de Pascal (traducción y notas Eugenio D’Ors, Prólogo E. M. Aguilera (Barcelona, Iberia, 1955).

 

 

Jorge Luis Borges: “Pascal: ‘Pensées’” (en rev. “Sur”, nº 157, nov. 1947, p. 97-99). Y en sus “Obras Completas”, tomo 2.

 

Margarita Costa: “Grandeza y miseria del hombre” (en su “Filosofía y formación humana”, 1978, p. 41-46)

 

Hugo Friedrich: “P.” (en su “Humanismo  Occidental”, Sur, 1973, p. 100-121).

 

G. Lanson-P. Tuffrau: “P.” (en su “Manual de Historia de la Literatura Francesa”, 1956, p. 174-191).

 

Alfonso Reyes: “Pascal y la razón” (en su “Obras Completas”, t. VIII, 1958, p. 243-244).

 

Ricardo Sáenz Hayes: “Meditación de Pascal” (en su “Blas Pascal y otros ensayos” Samet, 1924, p. 19-42).

 

Ch. A. de Sainte-Beuve: “Pascal” (en su “Grandes escritores” E.M.C.A., 1944, p. 55-65).

 

(También, mi “Las ‘razones del corazón’ de Pascal y Sarmiento”, en mi blog “sarmientisimo”, 23-08-2008;  “Pascal. Pasteur. Sainte Beuve”, “Diario de mis lecturas. 17”, íd., 12-06-2009).


Publicado por Desconocido @ 16:28
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