martes, 16 de febrero de 2010

                          NACIÓN  Y  LITERATURA  EN JOAQUÍN V. GONZÁLEZ.-

 

                                                                                    Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

“Fue un maestro de virtudes, predicadas con el ejemplo, un republicano confiado en el imperio de la ley, los beneficios de la igualdad y lo ineludible de la justicia; un demócrata alejado del rumoroso concurso de la plaza para ahondar en el estudio y la meditación. Logró mantenerse en la actitud republicana, la sencillez de los sabios”.

 

Fue “la síntesis de los hombres llamados del 80. De ellos tenía la amplitud espiritual, la curiosidad informativa, el equilibrio de las ideas, el culto de la belleza, el amor a la libertad, todas las excelencias que pueden hacer placentera la estancia entre los mortales”.

 

“Tenía mucho de Sarmiento en su afán de enseñar; algo de Alberdi en el estudio y aplicación de la ley, y una buena parte de Belgrano por su patriotismo callado y su bondad inacabable, su dedicación a la República y su desinterés sorprendente”.

                                         

                                               Bernardo González Arrili.

 

Joaquín Víctor González, 1863-1923.  Político, Ministro, Gobernador de su provincia natal, La Rioja, , Fundador de la Universidad Nacional de La Plata y del Instituto Superior del Profesorado de Bs. As., Profesor, Diputado, Senador. Escritor. Constitucionalista. Académico de la Lengua Española.

 

Cultivó el  amor de los filósofos y poetas de India, el primero en Argentina, que los conoció y difundió. El misticismo oriental, el panteísmo, su dedicación a la amorosa comprensión de toda la Creación: Kabir, siglo XIII, Omar al Jayam, del siglo XI.

 

Vivió sus últimos años en “Samay Huasi”, en su provincia, “Casa de descanso”.

 

Estudió detenidamente las causas  de las tiranías y los despotismos desde sus profundas raíces.

Fue autor del Primer “Código de Trabajo”, durante la Presidencia de Julio A. Roca, en 1904, de  un tratado de “Derecho Constitucional”, “Legislación Minera” (desempeñó la primera cátedra universitaria de esta materia en nuestro país).

También escribió “La tradición nacional” 1888, con Carta Prólogo de Bartolomé Mitre, “Problemas escolares” 1901, “El juicio del siglo” 1910,  “Política Espiritual” 1910,  “Hombres e ideas educadoras” 1912, “Bronce y lienzo” 1916, “Patria y Democracia” 1920, “Fábulas nativas” de 1924, “La patria blanca” de 1931. En 1934 se publicaron sus “Obras Completas”, en 25 tomos.

 

Un orientador sarmientino de la Juventud nacional.

 

“fue uno de los cerebros más lúcidos que fructificaron en la tierra de los argentinos, y uno de los hombres más modestos que habitaron en ella”.

 

 “Hay que releer a González. Es el mejor aporte de La Rioja a la cultura argentina”.

León Rebollo Paz.

 

Legó a los argentinos una obra de Verdad, de Belleza y de Bien.:

 

No me avergüenzo, ni escondo, por tanto, mi culto por la poesía, el arte, la belleza, aun en las más prosaicas y rudas tareas de la vida combativa, política, docente y profesional”.

 

Representa la más alta expresión del pensamiento argentino.

Advirtió el problema naciente de la demagogia en nuestra nación y sobre el estancamiento y la decadencia que sobrevendrían

 

Ha sido un representante cabal de la sociedad tradicional argentina.

 

Un Arquetipo que hoy resulta vitalmente necesario, fundamentalmente fue un Educador en todas las expresiones de su vida pública y privada.

Ricardo Rojas (1882-1957), otro maestro de Argentinidad,  lo juzga “la más alta expresión intelectual de la Generación del 80”....

 

El historiador Leoncio Gianello  lo estima “Hombre de ideas y de ideales, defendió siempre la primacía de los valores del Espíritu”.

 

Asombrosa Cultura, capacidad para el estudio, espíritu meditativo, profundamente observador.

 

Para él:

 

“...los derrotados en este mundo son los que no creen en nada, los que no conciben  un ideal, los que no ven más camino que el de su casa o de su negocio”.

 

“el sincero amor de saber más, un deseo innato de reposo y de confianza interiores, bastan para acercarnos a la fuente de la Sabiduría, que sólo es camino de perfección y de paz”.

 

“los únicos desgraciados son los que nada ven ni esperan ver más allá del horizonte que miran sus ojos...”.

 

Observa perspicazmente que los Jóvenes de hoy han perdido el concepto de Belleza Moral, para entregarse sólo al de “belleza sensual”.

 

  • Considera al Patriotismo como

 

“germen de perfección moral, móvil eterno de heroísmos individuales...”.

 

“Es una virtud, y como todas las virtudes, debe ser un sentimiento educado y dirigido por la inteligencia”.

 

Patriotismo sin exhibicionismo y con auténtica virtud.

 

Observó Julio V. González que “La Ciencia y la Patria fueron los dos grandes amores que inspiraron a González toda su acción y su obra de Civilizador”.

Por la Ciencia a la Patria, por la Verdad al Amor. El más grande amor que lo reconfortaba en la vida era el de su Patria.

 

“la pasión de partido, las querellas domésticas, los odios de facción, la ambición de gobierno o de predominio personal, constituyen unas de las fuerzas más permanentes y decisivas en el dinamismo general de todo el país”.

 

 

Por ello entiende fervientemente y sin grandilocuencia que la Escuela debe inculcar en el pueblo el respeto por la práctica de la auténtica Democracia, el reconocimiento de los verdaderos valores y la Virtud Ciudadana.

 

El mantenimiento del sentimiento patriótico requiere gran espíritu de sacrificio individual y colectivo y la posesión de un firme y recto carácter para la acción.

 

“Nuestro principal defecto sudamericano consiste en la falta absoluta de crítica propia, mejor dicho, la creencia preexistente de que somos los mejores seres del mundo. Esto nos conduce a una inercia mortal de la barbarie originaria, que se nos antoja la suma perfección. Llamamos patriotismo a esta ciega alabanza de nosotros mismos...Esta es la peor y la más dañosa de las formas de patriotismo posible”.

 

  • La vocación poética ha sido siempre otro centro de radiación activa en González.

 

Dotado de una  afectividad finamente receptiva y sutil.

 

Amplia cultura clásica y moderna, era el íntimo artista atento a las vibraciones más sutiles.

 

Para él, Filosofía y Belleza, Pensamiento y Poesía son valores coexistentes.

Tuvo el privilegio de los verdaderos y los Puros Poetas: estar en el alma y en el corazón del hombre, “ser su misma voz”.

 

Nuevamente cito a González Arrili (1892-1987) destacado educador, escritor e historiador, maestro de sarmientistas: “don Joaquín” fue “un demócrata alejado del rumoroso concurso de la plaza para ahondar en el estudio y la meditación”.

 

Maestro  de virtudes,  tuvo la sencillez de los Sabios.

 

Su obra es un tesoro que todo argentino ha de leer y meditar:

 

“La multitud lo ignora porque las democracias derrochan las riquezas enjoyadas por sus mejores hijos, pero el día en que sus compatriotas lo descubran, advertirán la incalculable fortuna mal valorada hasta el presente por diversos motivos, siendo acaso el principal ese afán de marchar con tanta prisa que se abandona el equipaje y se olvidan los adioses.

                                                                        B. G. Arrili.-

 

  • Leemos su “Ideales y Caracteres”, 1903:

 

“La vida del universo es un poema interminable de renovaciones y desgarramientos siempre dolorosos. Toda existencia nueva se alza sobre las ruinas de otra antigua, y toda generación humana, al aparecer sobre la tierra, entona el canto secular de la aurora, mientras contempla a lo lejos el sol poniente de la generación que se va. Sólo la inteligencia es inmortal...”.

 

“El estudio al dejarnos ver cada vez más las propias imperfecciones..., ennoblece  y dignifica la conducta privada...”.

 

“¡El reinado ideal de la justicia!... Unas veces se confunde y disuelve la sencilla noción de la justicia entre las nebulosas de la metafísica; otras se la oscurece por el afán de erigirla en ciencia superior, y ocultarla a los ojos de la multitud, de los que más la necesitan, como si fuese un privilegio de sabios o sacerdotes...”. “Porque  no es una ciencia ni un secreto, ni un presente divino, ni un privilegio político; es una virtud, un sentimiento, una inclinación natural del alma...”.

 

“...la misión gloriosa del político de nuestros días es penetrar en el alma de su pueblo”.

 

“Hace falta, señores, en nuestros colegios, escuelas e institutos diversos, más lectura, mucha lectura, selecta y ordenada”.

 

“La duda es la enfermedad que aniquila y mata la energía del hombre”.

 

Jesús “llevaba una tremenda revolución en su enseñanza, y habiendo ella echado raíces en muchos hombres, amenazaba airada y terrible el orden social existente”.

 

 

  • “Mis Montañas” 1893:

 

Cap. I: “Cuadros de montaña”.

Evocación de su infancia. “Los recuerdos de infancia y la poesía de las regiones  de portentosa belleza, es el motivo.

 

Emprende un viaje en 1890 por las Sierras de Velasco, para

 

“rendir este nuevo tributo al pueblo en que he nacido.”, “quiero reflejar su naturaleza y sus sencillas costumbres”.

 

Evocación enumerativa de la soledad de las montañas y de la noche con  sus  ruidos extraños. La tarde, el día, la luz y sus juegos.-

Citas culturales: el “Infierno” dantesco, la novia de “Hamlet”. Según Rafael Obligado (1851-1920) refiriéndose al primer aspecto:  “Como llevado de la mano y  en tan graciosa compañía, he recorrido valles, altiplanicies, selvas, dantescas, ásperas quebradas, cimas y abismos, un conjunto solemne, bravío las más veces”

 

Cuadros, sensaciones cromáticas, lumínicas, auditivas; poder pictórico de su prosa.

Alusiones a sus meditaciones, filosóficas, íntimas, patrióticas.

 

Cap. II: “El Pucará”.

Es una fortificación incásica, de gran importancia estratégica militar.  Citas de personajes históricos: el Inca Garcilaso, entre otros.  “Naturaleza erizada de peligros y generadora de fenómenos imponentes”. Sensaciones auditivas. Ecos de la alarma de los guanacos, estentórea, aguda.

 

Las rocas inmensas y aparentemente silenciosas,  el eco: “No hay silencio tan inquieto como aquel solemne silencio de las montañas”. “La majestad andina, -observa Obligado, que arrebata los ojos y el alma en ascensión gloriosa y doliente”.

 

El centinela. Un indio en un paisaje solitario.

Se describe una escena aterradora.

 

Cap. III. “Costumbres campesinas”.

a-      Una escena costumbrista indígena. “Costumbres inocentes, saturadas  de una fe inofensiva y de un encanto inefable”.

b-      Conexión con otras suyas, hay una declaración de fe nacionalista:

 

“nuestra tierra tiene todas las   majestades, todos los esplendores, todas las bellezas creadas”, “”invasión desordenada de lo externo, de lo ajeno, de lo exótico, constituyendo un progreso institucional extraño a nuestra naturaleza, que no tiene nuestra savia y nuestro aliento vitales”.

 

Procesión de la Virgen en Semana Santa. “Así, gigantesca y ruda, sonriente y delicada, es la naturaleza de los Andes”.

 

c-el pueblo de Sanagasta. El “Sargento Romero”.

 

Cap. IV. “El indio Panta”.

Músico de las procesiones y bailes, héroe popular, decidor y bullanguero.

Es un personaje original y dual. Caracterización, rostro. Leyenda.

 

Obligado: “mestizos como él nos dé la tierra muchos y seremos argentinos de veras”.Ofrenda su tambor a la Virgen, muere por su Patria.

 

Cap. V: “La vidalita montañesa”.

Melancolía de la canción, en armonía con la del paisaje. Tristeza insondable.

Evocación y caracterización de esa canción típica.

 

“Silencio de los valles, repercusión lejana del eco, arrobadora, influida de las noches solemnes”.

 

Cap. VI: “El Huaco”.

Obligado: pasión por la naturaleza, pasión religiosa (mística) y elegíaca.

Singular intensidad de la melancolía inefable: ternura, tristeza y sollozo comprimido en este capítulo.

1.- paisaje, evocación de la infancia. 2.- evocación  de la época de Rosas. 3.- Joaquín. 4.- San Isidro (capillita). 5.- recuerdos infantiles (la preceptora, las aves, el padre).

 

Alusiones íntimas, su melancolía ante su terruño.

Referencias históricas: Rosas, “las hordas sin ley y sin disciplina”. “turbas sabáticas, ebrias de sangre y de botín”.

Su familia, un personaje familiar: el negro Joaquín. “Poseía la ciencia de la vida”. Retrato físico y moral.

Los novenarios de San Isidro: descripción evocativa de la capilla pequeña, evocación emocionada.

 

Visión del paisaje que se divisa desde su casa. Intención constante de escarnecer a la Tiranía.

El Huaco es el símbolo de los tiempos de Barbarie, duelo y sangre.

 

“Es una cavidad inmensa donde todas las sierras lejanas depositan sus aguas en la estación lluviosa”, centro estratégico incásico.

 

Cap. VII: “El niño alcalde”.

El municipio, primera forma de gobierno civilizado. Costumbres populares. Reflexiones sociológicas: el criollo mantiene huellas de la antigua cultura Colonial.

Los Nina son una dinastía política, religiosa, de indios consagrados a ese culto.

 

La procesión. Rasgos de la religiosidad exterior.

“El Niño Alcalde” es Jesús niño. Conversión por San Nicolás, de los nativos del Valle: primer día del año.

 

Cap. VIII: “La misión de San Francisco Solano”.

Nuevamente enunciación de propósitos:

 

“yo quiero reflejar en estas páginas los caracteres sociológicos de mi pueblo, su fisonomía y su alma, arrancando su secreto a los despojos del tiempo y de la naturaleza...”.

 

a-      La Rioja, evocación descripción externa, templos antiguos, familias de la Colonia.

b-       San Francisco Solano, caracterización, meditaciones. El naranjo, sus sufrimientos, culto popular.

 

Cap. IX: “La vuelta al hogar”.

Libertad del padre, regreso  a la casa familiar, alegría, emoción.

 

Cap. X.: “Las cosechas”.

Las faenas, almuerzo, siesta, reuniones. Evocación activa, dinámica, cuadros realistas, pintorescos, esencia del alma popular, movimiento y alegría.

Obligado: “aplaudo sin reservas el cap. X y siguientes”.

 

Concluye meditando sobre el valor de la tierra en lo moral y los odios y pasiones negativas.

 

Cap. XI: “El Coronel Don Nicolás Dávila”.

Ya en el anterior capítulo. Caracterización de este personaje: anciano, fuerte, justo. Es su bisabuelo.

 

Cap. XII: “¡Viva la Patria!”.

Continúa la evocación del personaje militar. Meditaciones sobre la muerte, cementerio, sepulcros, elementos románticos.

Prosa a veces  declamatoria, efectista.

 

Cap. XIII: “La trilla- Los novios”.

Caracterización, rasgos del Gaucho argentino,

 

“susceptible de lo bello y de lo grande”. “Pero volvamos a los recuerdos de color sonrosado, que tienen el encanto del alba y las gracias de la niñez”.

 

Baile, el trabajo de la trilla: vigor descriptivo. En los cap. X y XIII describe y narra escenas, cuadros realistas y los concluye con pensamientos importantes.

 

Cap. XIV: “El vaticinio de un cigarro”.

Continúa con sus evocaciones familiares. Recuerdos anecdóticos. Melancolía.

 

“Cuando después de veinte años de ausencia he vuelto a visitar aquellos sitios consagrados por la poesía y los ensueños de mi infancia, lo confieso: he llorado a solas sin poderlo resistir...”.

 

Ahoga el sollozo al volver a Nonogasta.

 

Cap. XV: “En el Famatina”.

El nuevo hogar: Chilecito. Su paisaje. Maestría en la descripción poética de la Naturaleza. El crepúsculo, “lo grande y lo sublime en la naturaleza”. Y la Noche. Belleza, plasticidad de las imágenes.

 

Cap. XVI: “La Escuela”.

Las fiestas las clases, el amanecer.

 

Cap. XVII: “La Chaya”.

Preparativos de la fiesta. El pueblo desierto. Baile, juegos, decires, bebida.

El carnaval, preocupaciones sociológicas, ceremonias (¿regresión atávica?).

 

Cap. XVIII: “Escenas de invierno”.

El paisaje. Lo exterior. Lo interior: un hogar sencillo. Hermosa descripción.

Un personaje: Leonita, anciana.

El ocultismo, los fenómenos ocultos en la vida montañesa. Imágenes , colores, formas y tonos originales.

 

Cap. XIX: “El Cóndor”.

Obligado: “inspiración tan potente, sentimiento entrañable, soberbia y trascdente grandeza”.

 

“...esa ave soberana que tiene en las cumbres su vivienda misteriosa, y es como el espíritu errante de esas moles en apariencia mudas...”.

 

“La montaña tiene una alma sensible difundida entre sus infinitos accidentes, ella da rumor cadencioso y melódico a los árboles...”.

 

Meditaciones. “La vanidad de nuestra miserable naturaleza humana no se sacia jamás del poderío, de esplendores y de fugitivas grandezas terrenales”.

 

Cuadro realista. Cuando devoran la presa.

 

Cap. XX: “Una cacería”.

Recuerdos autobiográficos. Escenas descriptas con vigoroso realismo. Pensamientos.

 

Cap. XXI: “La flor del aire”.

“Antes de abandonar el terruño nativo”, anticipa el fin de la obra.

Tendencia a un período sintáctico amplio, acumulativo, de oratoria.

Leyendas populares. Ansias de elevación, abandono de todo lo terreno.

 

“El alma de la gente montañesa es poética, sensible”, “los pueblos de la montaña son inocentes, infantiles y amigos de símbolos poéticos...”.

 

“¡Oh vosotros los sabios y los doctores,... entregad vuestros enfermos innumerables a la sagrada, a la augusta naturaleza...”.

 

“Pero digamos ya nuestro adiós a la montaña”.

 

José Luis Lanuza expresa que la obra es una “ferviente exaltación del terruño nativo, en el que paisajes, personajes y costumbres están evocados con extraordinario fervor lírico”.

 

Advertimos sobreabundancia descriptiva en esta obra. La digresión, la perífrasis y la redundancia afectan el discurso narrativo. La forma es autobiográfica.

Pinturas impresionistas, se juntan sensaciones más que objetos, las formas que el aire hace dinámicas y fugaces. Anticipa el Modernismo (el simbolismo francés): fruición del color y el sonido, fervor por los estados indecisos de la atmósfera. Lo abismal, lo tenebroso y lo mágico.

 

Los temas: reminiscencias infantiles, anécdotas familiares, evocaciones histórico-documentales, narración de leyendas tradicionales, descripción de paisajes y monumentos arqueológicos.

 

Un cálido retorno a la infancia sumergida en la fascinación de la naturaleza. Virtudes plásticas y emocionales destacables.

 

Continuador de Sarmiento y de Alberdi. Claro talento, juicio sereno y ponderado, hondo amor a su suelo natal.

 

“El sentimiento nacional es la primera y más viril manifestación de la unidad social, de la fortaleza de los vínculos políticos y morales, de la vitalidad de un Estado.”.

 

Fermín Estrella Gutiérrez, entre otros, nota que la obra está realizada con una técnica casi de pintor. Pues ofrece cuadros llenos de vida y color, como “Cosechas”, “Una cacería”, etc.; retratos humanos, trazados como al carbón (Panta, Cnel. Dávila, etc.) y capítulos ricos en material folklórico, “La vidalita montañesa”, “La flor del aire”, etc.

 

Pinturas de la familia patriarcal, de las faenas agrícolas y pastoriles, de las hazañas legendarias, de las costumbres y supersticiones populares. Pasión, definitivamente, por la tierra argentina.

 

R. Obligado escribe en su “Carta-Prólogo” a la obra: “como escritor nacional,... me pongo de pie y me saco el sombrero para saludar en ‘Mis Montañas’ el advenimiento de los Andes a la literatura patria”. “¡Salud al Famnatina y al Aconcagua! Bienvenida sea la musa montañesa!”-

 

Escribe el autor de “Santos Vega”  que en “La tradición nacional”, “el patriotismo de Ud. reventó en llamarada férvida, es riquísimo estuche que salvará para los venideros el oro de más quilates del tesoro argentino”. “en ‘Mis Montañas’, pone a buen recaudo otra no escasa parte de él...”-

 

Lujo estilístico, brillantez excesiva en el estilo.

Amó las “blandicias del bien decir, cariño por la frase perfumada”. “Esa pasión por la tierra argentina es la nota predominante en las obras de Ud., y por esta sola condición, sin contar excelencias literarias, las pondría yo sobre el corazón como cosa digna de ser amada y aplaudida por todos”. “si ‘La tradición nacional’ fue equiparada por el General Mitre al ‘Facundo’ de Sarmiento, creo que Ud., por ‘Mis Montañas’ debe ser llamado el Echeverría de los Andes...”.

 

Paisaje chateaubrianano, grandioso: “¡Qué armonía tan grandiosa la de aquel conjunto de sonidos aunados en la altura en la profunda noche!”, “alma henchida de poesía y de grandeza”, “acordes estruendosos, crescendos colosales, rugidos aterradores que surgen del fondo de las tinieblas”.

 

“Encima de una cumbre solitario, sin indicio de morada humana, y como nacida de la piedra, se ve un indio sentado...”.

 

Ya en “La tradición Nacional”, anota R. F. Giusti, el rastreo histórico-social se complace en evasiones literarios, en retratos , paralelos, descripciones líricas, cuadros evocativos de aliento épico, meditaciones estéticas y filosóficas.

 

Su estilo trasciende elegancia reposada, ritmo grave y dilatado, florecido de imágenes, a veces elocuencia monótona.

Impresiones pintorescas se entrelazan con efusiones líricas y soliloquios pensativos. Innato sentimiento panteísta, se adentra en el alma de las cosas.

Elevación espiritual, altura artística, coronan su obra principal.

 

 

Mi biblioteca gonzaliana (selección):

 

 

“Homenaje a Don J. V. González” B. Gz. Arrili, J. L. Lanuza, M. A. Cárcano (en Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 149-150, tomo XXXVIII, 1973).

 

R. F. Giusti: “La prosa de 1852 a 1900” (en “Historia de la Literatura Argentina”, R. A. Arrieta, dir. Peuser, tomo III).

 

Bernardo González Arrili: “Tiempo pasado” Academia Argentina de Letras, 1974, p. 163-169). Y en su “Historia Argentina”, Nobis, 1966, tomo 9, p. 3221-3232.

 

Arturo Marasso: “J. V. González” (Emecé, 1946). “La mirada en el tiempo” (diversas ediciones).

 

R. Obligado: “Carta a Don J. V. González sobre ‘Mis Montañas’” (en su “Prosas”, Academia Arg. de Letras, 1976, p. 161-171).

 

Adolfo Prieto: “La literatura autobiográfica argentina”, Centro Editor de América Latina, 1982, p. 180-187).

 

Ricardo Rojas: “La musa de las montañas” (en su “Cosmópolis”, Garnier, Paris, ca. 1908,p . 54-61).

 

D. Sorensen: “Las raíces del patriotismo” (en su “El ‘Facundo’ y la construcción de la cultura argentina”, B. Viterbo, Rosario, 1998, p. 150-158).

 

 

 

                                   


Publicado por Desconocido @ 22:04
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