MARCOS SASTRE, el maestro y el escritor.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Activo militante del Progreso. Así lo llama Héctor Adolfo Cordero en su biografía, casi elemental, de 1968.
Sastre, uruguayo, vivió y actuó en Argentina, 1809-1887.
Uno de los Mentores de la “Joven Argentina”, en la dictadura rosista (1837).
Comenzó por las vocales y luego su combinación con las consonantes.
Procuró no repetir ni acostumbrarse a memorizar por parte de los educandos.
Primero se conocen 3 vocales que se combinan con “m” y frases con esas combinaciones (a-e-o con “m” solamente: “amo a mamá” p. ej.).
Desde el primer momento el niño aprende a leer.
Presenta adecuadamente frases afectuosas que tienen interés y sentido para el niño.
Libro de numerosas ediciones. Su fin, pedagógico y moralizador.
Cuando en sus primeros escritos habló sobre educación de la Mujer, ya desde sus primeros escritos, sus ideas no suenan innovadoras, no enfoca la entidad femenina como un ser pensante que debe liberarse de prejuicios y convertirse en un elemento esencial, decisivo, en la vida personal y colectiva.
Por el contrario, enfoca a la mujer desde la perspectiva “doméstica”, casi diría de sumisión.
Pero se preocupa por la enseñanza de la Lógica en el pensar de las niñas. El discernimiento, la rectitud de juicio, la afición a la Lectura, el Dibujo, la Gramática, la educación física y científica, la historia religiosa...
“Su entusiasmo por la educación es tan grande que llega a considerarla imprescindible para ser feliz” (Cordero, ver bibl.).
Con intereses intelectuales amplios.
Su labor en la “Librería” fue importante, como precursor y como benefactor de otras destacadas inteligencias jóvenes, los futuros Proscriptos.
El Maestro y el Demócrata están siempre presentes en su noble vida.
Bibliófilo. Amante de la Naturaleza y de la vida plácida.
No demostró fibra de político. Fue un Justo, un ejemplar apasionado por la Patria. Sí consideraba trascendente la actividad de la Agricultura, amaba esas tareas. Escribió un útil “Prontuario de Agricultura”.
En 1855 publicó una “Ortografía Completa, el primero entre nosotros, en estudiar el “Idioma Nacional”, posiblemente.
En el libro referido, redactado en forma dialogada, observa las prescripciones Académicas. Señala las deficiencias e insuficiencias del Diccionario Académico para los americanos...
También da a luz “Vocabulario Ortográfico”, en 1856 y poco después “Lecciones de Gramática para la enseñanza primaria”. En 1862 un completo “Curso de Lengua Castellana”.
Fundó la Primera Sociedad de Maestros, llamada, en 1863, “Sociedad Propagadora de la Educación Primaria”.
Concedió supremo valor a la Lectura, como educación y recreo, como instrucción y placer para el hombre.
Careció del vigor prometeico de Sarmiento, nuestro Supremo Hacedor.
.No obstante fue un expositor y propagador destacado de la Educación Primaria y de la Naturaleza Americana.
Alicia Jurado, la aguda escritora, naturalista y académica, en su “Vida y Obra de W. H. Hudson” (ed. 197, p. 13) no vacila en calificarlo de “retórico y se entrega sin freno a lo que, en nuestro siglo, no vacilaríamos en llamar cursilería”...
La edición completa cuenta con 34 capítulos.
Este “Tempe”, alude a la zona de la Tesalia en Grecia, actualmente un pequeño Delta, sinónimo de bucólico y feraz desde las bellas evocaciones virgilianas en su “Geórgicas” (año 29 a. C.) hasta los escritores románticos y neoclásicos, y “un amenísimo recinto agreste y solitario... (Cap. XXXIII. “El Tempe de la Grecia&rdquo
.
“...Todo el que tenga un corazón sensible y tierno, lo sentirá inundado de las más gratas emociones al surcar sus plácidas corrientes bordadas de la más lozana vegetación; se extasiará bajo sus frondosas arboledas, veladas de bejucos, y verá con delicia serpentear los numerosos arroyuelos que van a unirse con los grandes ríos”.
Se siente “absorto y alborozado” ante aquel “sitio encantador”. Jubiloso, arrebatado.
“...he aspirado con dulce expansión interior las puras y embalsamadas emanaciones de aquellas aguas saludables y de aquellos bosques siempre floridos”.
“Y después de la lucha de las pasiones, de los combates de la adversidad y los desengaños de la vida, en los términos de su carrera, es todavía la paz y el solaz de una mansión campestre, la última aspiración del corazón humano”.
En este primer capítulo, titulado “Introducción” se refiere a los bellos paisajes del mundo y a nuestras islas delteñas:
“...ninguno que iguale a nuestras islas en el lujo de su eterno verdor, en la pureza de su ambiente y de sus aguas, en la numerosidad y la gracia de sus canales y arroyuelos, en la fertilidad de su suelo, en la abundancia y dulzura de sus frutos”.
En el cap. II, “Un paseo por las islas”, invoca la vida eglógica, adánica, su preferencia vital, su elección espiritual:
“¡Paraná delicioso! Tú no me ofreces sino imágenes risueñas, impresiones placenteras, sublimes inspiraciones; tú me llamas a la dulce vida, la vida de la virtud y la inocencia”.
“La nueva tierra de promisión, destinada acaso por el Omnipotente, para el asilo de la libertad y de la dicha...”, según su visión mosaica, utópica, liberal. (Cap. III: “El río Paraná&rdquo
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Lo enajenan esas “¡apacibles soledades!”, las bellezas naturales que pinta y las utilidades de esa geografía para el habitar humano (caps. IV y V: “El Delta”, “Habitantes&rdquo
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Siempre en las observaciones de la vida autóctona de las islas, describe, analiza y señala las utilidades.
Así cuando se refiere con delicadeza y detalles, al picaflor, el chajá, el yacú o pava del monte, la calandria “o el ruiseñor de América”, el carpincho, el quiyá, el apereá, el ciervo, el yaguareté, el ocelote, el micuré, los peces y tortugas, el camuatí, el mamboretá “o el profeta, el religioso, el rezador, el predicador, el mendicante”, el sepulturero, el cáustico, el crepitante, la avispa solitaria, los mosquitos, las flores, la oruga de esquife, las lianas, el pitito, la nueza, la pasionaria o burucuyá, el irupé, los duraznos, los árboles, el agarrapalo, el ceibo, el ombú... (caps. VII-XXX).
El mayor encanto delteño lo percibe, delicadamente, en su paisaje festivo, por la profusión de árboles y lianas, aves hermosas y románticas flores.
Y también se arroba ante los coloridos y quietos crepúsculos y las suaves y claras noches de este agreste territorio.
Utiliza una prosa retórica, construida con períodos amplios de índole oratoria, huecos...(cap. XXXI y XXXII: “A la caída de la tarde” y “La noche en las islas&rdquo
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Sarmientinamente en esto, como, p. ej., Ricardo Rojas en su “Archipiélago” (1942), acentúa la preocupación utilitaria, socio-política-económica, respecto de las geografías que visita y describe.
Así en el cap último, el XXXIV, “Agricultura del Delta”, trata de la importancia del drenaje de las aguas de cómo evitar las aguas detenidas, el desmonte de las malezas.
Encarece inteligentemente, v.gr., no arar estas tierras, para no desmenuzar este suelo, sino consolidarlo, encareciendo el uso de un buen sistema de rotación y de abonos...
Marcos Sastre en mi biblioteca:
Pedro Luis Barcia: “M. S., un revolucionario de bajo perfil” (en Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 299-300, sept.-dic. 2008).
Raúl H. Castagnino: “Mayo, Progreso y Virgilianismo en la obra de M. S.” (en su “Milicia literaria de Mayo”, Nova, 1960, p. 106-126).
Héctor A. Cordero: “M. Sastre” (Claridad, 1968).
Juan Manuel Chavaría: “M. S.” (en su “La escuela normal y la cultura argentina”, El Ateneo, 1947).
Fermín Estrella Gutiérrez: “Homenaje a M. S.” / Ángel J. Battistessa. “M. S. en una carta” (en Boletín Academia Argentina de Letras, t. XLI, , p. 341-445).
Bernardo González Arrili: “M. S.” (en su “Historia Argentina” Nobis, 1966, tomo 6, p. 2013-2018).