sábado, 27 de febrero de 2010

                        MENÉNDEZ PIDAL  Y   LA  “CHANSON DE ROLAND” (III).-

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

 

Segunda parte. “La ‘Ch. de Roland’ según los manuscritos hoy conservados”.-

 

 

  • Es imposible la agrupación genealógica de los manuscritos, ya que cada episodio o pasaje de la narración épica tiene vida propia y tiene genealogía propia fijable, ésta sí, en un esquematismo geométricos.

 

Tratamos pues, de una poesía que vive Variando. Los que la cantan, alteran a veces algún detalle de la narración, y como estas raras variaciones de contexto se producen en fechas diversas y en diversos lugares donde el poema es cantado, el episodio o detalle de la fabulación  que un refundidor varía en una versión dada, si se propaga a las versiones de otros cantores, su propagación seguirá caminos muy distintos de la propagación que logre otro episodio o detalle modificado en fecha y en lugar diferentes.

Distintas circunstancias que acompañan a la difusión de cada detalle, traen distinta derivación genealógica.

Mz. Pidal analiza dos ejemplos: el “Desafío de Ganelón” y el “Entierro de los Doce Pares”, estudiando las distintas versiones y variantes o refundiciones complejas.

 

También se ocupa de las diversas adiciones, episodios nuevos añadidos cuando en el último cuarto del siglo XII se funde el “Roland” trocando sus asonantes en rima perfecta.

 

  • La difusión de la “Ch. De Roland” en el extranjero fue inmensa. En maravilloso Pentecostés, cada pueblo oyó esa Canción en su propio idioma, el hispano, el germano, el noruego, el galés, el anglo.

 

España es el país que parece haberla recibido antes que ninguno otro, y esto por dos razones. España es el único país románico que tuvo una épica tradicional, hermana de la francesa, siempre relacionadas. Y segundo, el asunto del “Roland” es esencialmente hispánico, interesante directamente para los españoles.

 

Esta procedencia de España se funda en un pasaje de la “Crónica Silense” (es erróneo ese nombre, debe llamarse “Historia Seminense”, de León, la que nos sirve de poco para la historia del texto rolandiano, pero nos sirve de mucho como primera protesta española contra ese texto),  y en la “Nota Emilianense”.

 

Acusa el monte seminense a los franceses que aseguran haber conquistado Carlos “ciertas ciudades en España. Ante la afirmación falsa de los franceses de que Carlos liberó ‘ciudades’ del dominio pagano, durante su única entrada en España.

El monje usa como arma polémica las historias o “Gestas” de Carlos, donde se confiesa el completo fracaso de la jornada de Carlomagno sobre Zaragoza.

 

  • En el “Roland” copiado por Turoldo, la relación de las muchas conquistas de Carlomagno, nos sorprende con una notable discrepancia: las conquistas hechas en España o en África se refieren todas ellas a tierras que llevan nombres extravagantes, fantásticos. Las conquistas hechas en el resto de Europa llevan nombres reales y conocidos.

 

  • Hace referencia, Mz. Pidal, al fragmento español de Roncesavalles, donde analiza varios versos, y el “Ronsasvals” provenzal donde no hay venganza del desastre).

 

  • Se ocupa también del tema de la espada Durendal, de origen español según verso 58 del “Fragmento de Roncesvalles” y verso  1594 del “Ronsasvals” provenzal, todo lo que nos da idea de las múltiples versiones que del “Roland” circulaban.

 

  • El siglo XII es el siglo de gran comunidad de vida entre la literatura española y la del Sur de Francia, efecto de las estrechas relaciones políticas sostenidas con Francia por los tres Alfonsos: “el Batallador”, reconquistador de Zaragoza; Alfonso VII el fastuoso emperador hispano-occitánico, y Alfonso II de Aragón, el rey trovador.

 

  • La juglaría lírica de la lengua de Oc, juglaría de poesía individual, personalísima, tiene en este siglo XII una historia brillante, habiéndonos dejado multitud de textos poéticos y documentos escritos, donde consta que todos los más renombrados trovadores y juglares occitánicos viajaron por los reinos de España, propagando el arte lírico provenzal.

 

  • En cambio la juglaría anónima, apenas nos ha dejado alguno que otro texto o documento, apenas tiene historia.

 

  • España, país que antes que ningún otro recibió la “Ch. De Roland”, mantuvo relaciones íntimas con la Épica Provenzal.

 

 

Tercera parte. El testimonio de los Siglos Oscuros.-

 

Las fuentes narrativas más antiguas, esenciales para el estudio de la entrada de Carlomagno en España, son latinas o árabes.

 

a)      Fuentes latinas para la campaña de 778. Son Anales que se dividen en dos clases: (1) más extenso (refiere que Carlos entra en Pamplon,a llega a Zaragoza, recibe rehenes de varios caudillos sarracenos, y regresa después de destruir los muros de Pamplona y subyugar a los vascones hispanos). Esta noticia se ha conservado bajo dos formas: en los “Anales Mettenses” (de Metz), arcaica y original; y en los “Anales Regios”.  (2) más breve (refiere que Carlos conquista a Pamplona, recibe rehenes de los sarracenos, llega a Zaragoza, allí viene Al-Arabi, al cual lleva consigo a Francia). Se halla en los “Anales Laureshamenses” (de Lorsch, en Franconia), en los “Laurissenses”, en los “Petavianos” y en los “Moissiacenses”, que se ven refundidos, estos últimos, en los “Anales Anianenses” o “Rivipullenses”.

 

b)      Los historiadores árabes: tratan de la venida de Carlos a España, en dos ocasiones: (1) con motivo de haberle sido entregado el prisionero Thalaba, general de Abderrahman de Córdoba. De esto tratan el “Ajbar Machmua” del siglo XI, Ibn Al-Athir, del siglo XIII, Ibn Jaldún, del siglo XIV y otros.   (2) para contar cómo el Rey franco hace prisionero a Ibn Al-Arabí  y  cómo los hijos de éste le liberta, relato que sólo se halla en otro pasaje que Ibn Al-Athir coloca antes del pasaje que trata de Thalaba.

 

  • El “Roland” hoy conocido no pudo, ciertamente, nacer en el siglo X, durante la gran decadencia carolingia, pero tampoco pudo nacer en el XI, bajo su ideal de Cruzada europea, puramente religiosa. Sólo pudo nacer en los siglos VIII y IX, cuando servía de inspiración a los poetas la existencia de un imperio de Cristiandad, continuación del imperio de Roma, acristianador de pueblos paganos.

 

  • Ese denso ambiente heroico, que hemos notado en Francia, existía igualmente en la España que tanto interés despertaba más allá del Pirineo, lo mismo en sus mozárabes oprimidos que en su célebre culto a Santiago, ese apóstol dispensador de la victoria en la perpetua cruzada antiislámica que los españoles sostenían.

 

El uno y el otro pueblo se hallaban tenzmente empeñados en la mortal contienda entre la Cristiandad y el Islam: Francia, ejerciendo una hegemonía política en el Occidente amenazado por la expansión sarracénica. España, decidida a recobrar su suelo ocupado por la prepotente fuerza musulmana; Francia, llevando a todos los campos de pelea el “Francorum exercitus”, “Deo dilectus”, ese ejército bendecido por los Papas de los siglos VIII y IX; España, sosteniendo guerras perpetuas, como  señala Alfonso III hacia 880, “die noctuque bella iniunt et quotidie confligunt”, hasta cumplir el decreto divino que mandaba explulsar a los sarracenos.

 

  • Estos dos pueblos románicos, conscientes de desempeñar una alta misión nacional, necesitaban más que los otros sus hermanos, divulgar una información o noticia histórica sobre los sucesos de su vida política; por eso ellos dos, cultivaron una historia épica que no fue necesaria para los otros pueblos convecinos.

 

(Sobre la atención que Francia prestaba al movimiento religioso en España, hay que añadir la fama del Sepulcro de Santiago, difundida ya en la alejada Borgoña Cisjurana, como lo dicen el Martirologio de Floro de Lijón,  830 y el de Adón, 859. En este doble texto, después de consignar en el 25 de julio la fiesta de Santiago, degollado en Jerusalén, añade: “Los sacros huesos de este beatísimo apóstol, trasladados a las Españas y conservados en el último confín, hacia el Mar Británico, son por aquellas gentes honrados con la más célebre veneración”. España poseía una de las más insignes reliquias de la Cristiandad, el cuerpo de un Apóstol, no siendo Roma la única en disfrutar ese sacro privilegio. Y ese Apóstol, además de ser el Evangelizador de España, era el que guiaba la guerra de Cristiandad, misión perpetua de España, y aliento permanente de la Poesía Épica).

 

  • Dentro de la idea Imperial Romana, que Carlomagno practica desde el comienzo de su carrera política, la finalidad religiosa era como una consecuencia indefectible de la acción político-militar, mientras que ahora la actuación  militar va arrastrada por el móvil religioso; éste es primordial; por eso necesita hacer su propaganda entre los fieles, declarando la salvación del que muere luchando con devoción y denuedo.

 

  • Tanto León IV como Juan VIII ponen la defensa de “la patria”, “la república” junto a la de la Religión Cristiana, como mérito para la salvación eterna, según siempre hace la “Ch. De Roland”.  La Cristiandad y el Estado siguen en la segunda mitad del siglo IX inseparablemente unidos como en tiempos de Constantino y de Carlomagno.

 

  • Carlos no concibe sumisión del vencido sin conversión al Cristianismo, porque él, desde sus comienzos, antes de ser Emperador, guerrea para renovar la Idea Imperial Romana. Por esto, en la concepción estatal de Carlomagno era fundamental la Unidad Cristiana. Roma unificadora de los hombres, en leyes y dioses.

 

  • Carlomagno se preocupa pues, de la Unidad de la Fe y extirpación de las Herejías. Toda guerra imperial lleva, por eso, en sí, implícita una consecuencia religiosa, es en sí misma una guerra de interés cristiano, cualquiera que sea el enemigo. Rl Arzobispo Turpin de la “Ch. De Toland” refleja exactamente la Idea Imperial Romano-Carolingia cuando coloca el interés de Cristiandad, no como un móvil primero, sino como una secuela necesaria del interés que el Rey inspira, y por eso a los que mueren en el combate les ofrece el Paraíso como “Santos Mártires” que son.

 

  • La “Ch. De Roland”, observa Bédier, aparece a comienzos del siglo XII “como un milagro” fruto del espíritu heroico y cristiano del siglo XI, siglo en el que toma cuerpo la idea de una misión de Francia como defensora de la Iglesia, y en el que Francia se pone al frente de las Cruzadas en España y en Oriente.

 


Publicado por Desconocido @ 8:18
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