MENÉNDEZ PIDAL Y LA “CHANSON DE ROLAND” (III).-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Segunda parte. “La ‘Ch. de Roland’ según los manuscritos hoy conservados”.-
Tratamos pues, de una poesía que vive Variando. Los que la cantan, alteran a veces algún detalle de la narración, y como estas raras variaciones de contexto se producen en fechas diversas y en diversos lugares donde el poema es cantado, el episodio o detalle de la fabulación que un refundidor varía en una versión dada, si se propaga a las versiones de otros cantores, su propagación seguirá caminos muy distintos de la propagación que logre otro episodio o detalle modificado en fecha y en lugar diferentes.
Distintas circunstancias que acompañan a la difusión de cada detalle, traen distinta derivación genealógica.
Mz. Pidal analiza dos ejemplos: el “Desafío de Ganelón” y el “Entierro de los Doce Pares”, estudiando las distintas versiones y variantes o refundiciones complejas.
También se ocupa de las diversas adiciones, episodios nuevos añadidos cuando en el último cuarto del siglo XII se funde el “Roland” trocando sus asonantes en rima perfecta.
España es el país que parece haberla recibido antes que ninguno otro, y esto por dos razones. España es el único país románico que tuvo una épica tradicional, hermana de la francesa, siempre relacionadas. Y segundo, el asunto del “Roland” es esencialmente hispánico, interesante directamente para los españoles.
Esta procedencia de España se funda en un pasaje de la “Crónica Silense” (es erróneo ese nombre, debe llamarse “Historia Seminense”, de León, la que nos sirve de poco para la historia del texto rolandiano, pero nos sirve de mucho como primera protesta española contra ese texto), y en la “Nota Emilianense”.
Acusa el monte seminense a los franceses que aseguran haber conquistado Carlos “ciertas ciudades en España. Ante la afirmación falsa de los franceses de que Carlos liberó ‘ciudades’ del dominio pagano, durante su única entrada en España.
El monje usa como arma polémica las historias o “Gestas” de Carlos, donde se confiesa el completo fracaso de la jornada de Carlomagno sobre Zaragoza.
Tercera parte. El testimonio de los Siglos Oscuros.-
Las fuentes narrativas más antiguas, esenciales para el estudio de la entrada de Carlomagno en España, son latinas o árabes.
a) Fuentes latinas para la campaña de 778. Son Anales que se dividen en dos clases: (1) más extenso (refiere que Carlos entra en Pamplon,a llega a Zaragoza, recibe rehenes de varios caudillos sarracenos, y regresa después de destruir los muros de Pamplona y subyugar a los vascones hispanos). Esta noticia se ha conservado bajo dos formas: en los “Anales Mettenses” (de Metz), arcaica y original; y en los “Anales Regios”. (2) más breve (refiere que Carlos conquista a Pamplona, recibe rehenes de los sarracenos, llega a Zaragoza, allí viene Al-Arabi, al cual lleva consigo a Francia). Se halla en los “Anales Laureshamenses” (de Lorsch, en Franconia), en los “Laurissenses”, en los “Petavianos” y en los “Moissiacenses”, que se ven refundidos, estos últimos, en los “Anales Anianenses” o “Rivipullenses”.
b) Los historiadores árabes: tratan de la venida de Carlos a España, en dos ocasiones: (1) con motivo de haberle sido entregado el prisionero Thalaba, general de Abderrahman de Córdoba. De esto tratan el “Ajbar Machmua” del siglo XI, Ibn Al-Athir, del siglo XIII, Ibn Jaldún, del siglo XIV y otros. (2) para contar cómo el Rey franco hace prisionero a Ibn Al-Arabí y cómo los hijos de éste le liberta, relato que sólo se halla en otro pasaje que Ibn Al-Athir coloca antes del pasaje que trata de Thalaba.
El uno y el otro pueblo se hallaban tenzmente empeñados en la mortal contienda entre la Cristiandad y el Islam: Francia, ejerciendo una hegemonía política en el Occidente amenazado por la expansión sarracénica. España, decidida a recobrar su suelo ocupado por la prepotente fuerza musulmana; Francia, llevando a todos los campos de pelea el “Francorum exercitus”, “Deo dilectus”, ese ejército bendecido por los Papas de los siglos VIII y IX; España, sosteniendo guerras perpetuas, como señala Alfonso III hacia 880, “die noctuque bella iniunt et quotidie confligunt”, hasta cumplir el decreto divino que mandaba explulsar a los sarracenos.
(Sobre la atención que Francia prestaba al movimiento religioso en España, hay que añadir la fama del Sepulcro de Santiago, difundida ya en la alejada Borgoña Cisjurana, como lo dicen el Martirologio de Floro de Lijón, 830 y el de Adón, 859. En este doble texto, después de consignar en el 25 de julio la fiesta de Santiago, degollado en Jerusalén, añade: “Los sacros huesos de este beatísimo apóstol, trasladados a las Españas y conservados en el último confín, hacia el Mar Británico, son por aquellas gentes honrados con la más célebre veneración”. España poseía una de las más insignes reliquias de la Cristiandad, el cuerpo de un Apóstol, no siendo Roma la única en disfrutar ese sacro privilegio. Y ese Apóstol, además de ser el Evangelizador de España, era el que guiaba la guerra de Cristiandad, misión perpetua de España, y aliento permanente de la Poesía Épica).