sábado, 27 de febrero de 2010

                        MENÉNDEZ PIDAL Y LA “CHANSON DE ROLAND” (V) Final.

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

 

Tercera parte (continuación). Cap. XI: Bases del Neotradicionalismo.-

 

  • Al mito romántico que miraba la antigua Épica como  poesía creada por el “espíritu del pueblo”, por el alma de un pueblo en estado natural, sucedió una reacción que volvía por los fueros del poeta individual, reacción necesaria y benéfica que, rechazando el concepto de una poesía arcana elaborada misteriosamente por toda una nación, vio en esa épica no más que la poesía de cualquier otra edad, y se aplicó a comprender el valor estético de cada obra como creación de un individuo.

 

  • Al mito romántico de la arcana Poesía Natural, la reacción individualista opone el anti-mito, la creencia anacrónica de que la vida cultural del siglo XI o del X es perfectamente equiparable a la del siglo XVII o del XX, y este anti-mito arrastra tras de sí toda una serie de afirmaciones tan irreales como las románticas, pero más erróneas que éstas, porque son menos explicativas.

 

Con su mito, el romanticismo quería explicar un hecho real: la existencia de una poesía colectiva.

Con sus errores el Individualismo suprime ese hecho real, importante en la creación estética.

 

  • El espíritu que alienta en la “Ch. de Roland”, se dice, sólo es concebible a partir del extremo final del siglo XI, a partir del la  Primera Cruzada.

 

Frente a esta afirmación, ya hemos visto que el Carlomagno y los Doce Pares de la “Ch.” no tienen sentimientos o porte que les asemeje al Godofredo o al Balduino o al Tancredo del siglo XI, sino que su parecido es con el Carlomagno y con los “áulicos” del siglo VIII.

 

El “Aula Regia”, la Corte del Rey, “Regis Comitatus”, que residía en Aquisgrán, se componía de nobles, empleados en el servicio de la persona y del palacio del Rey; los cuatro intendentes principales eran el “camerarius”, mayordomo y tesorero, a las órdenes inmediatas de la Reina; el “senescalus” o maestresala, el “butticularius”, botillero o despensero, y el “comes stabuli”, condestable  o caballerizo; a las órdenes de éstos había otros varios nobles subalternos.

 

Después tenían alto puesto en la Corte diversos “comites palatii”, condes palatinos, que entendían en las causas judiciales reservadas al Rey, los cuales despachaban con él en la intimidad, desde cuando se levantaba del lecho y se aviaba.

Los “áulicos” eran los condes adscriptos al servicio personal del Rey.

 

  • Turoldo no infundió espíritu de cruzada a una leyenda incolora, pues esa leyenda venía informada por el alto espíritu que en el siglo VIII animaba el ejército de los francos, amparo  de la Cristiandad.

 

Que Roland muera luchando contra los sarracenos y no contra los vascos, es, según los Individualistas, obra del Poeta imbuido del espíritu de las Cruzadas.

 

Pero ya mucho antes de la Primera Cruzada, en el “Cantar de Rodlane”, eran los sarracenos los que daban la muerte al Héroe, y según los “Anales Mettenses” y los “Anianenses” son los sarracenos los enemigos contra quienes Carlos  combate.

 

El Rey defensor de la Cristiandad, el Rey Bíblico que detiene el sol para vengar la muerte de Roland, se dice ser invención del Poeta único, exaltador de un ideario de Guerra Santa, propio de las Cruzadas.

 

Pero los “Anales Anianenses” nos aseguran que el sol parado por Carlos formaba parte del relato poético dos siglos antes, y tenemos que privar a Turoldo de la originalidad de esta concepción.

 

  • Según Bédier, a ese Rey sacerdote, Rey de la Guerra Santa, acompañan los Doce Pares como a Jesucristo acompañan los Doce Apóstoles, concepción propia de los tiempos de las Cruzadas.

 

Pero tampoco ésta es invención  de Turoldo, pues los Doce Pares compañeros  están ya en la “Nota Emilianense”.

 

El poner la muerte de Roland, no en las angosturas del puerto de Sícera, sino en el campo abierto de Roncesvalles, para poder describir una gran batalla de caballería al uso de las “chansons” del siglo XII, es idea del poeta tardío, se dice.

Pero la “Nota Emilianense” nos advierte también que la batalla en el rellano de Roncesvalles es muy anterior a Turoldo.

 

Para que naciese la “Ch. de  R.” - expresa el Individualismo-, no fueron precisos unos cuantos siglos ni cantores innumerables: bastó el momento en que un poeta de genio, el único Turoldo, concibió la idea del conflicto entre Roland y Olivier, dedicándose después a explorar en su mesa de trabajo esa idea nuclearia.

 

Pero también es forzoso despojar a Turoldo de esta idea feliz, porque la habia concebido ya, un siglo antes, otro poeta anónimo, según lo atestiguan múltiples documentos notariales.

 

  • Por estos y otros casos semejantes vemos que el Individualismo introdujo indebidamente su “Turoldus vindicatus” en la grey de los autores únicos, haciéndole pavonearse en ella, y que abundantes hechos vienen a expulsarle de esa grey, “Turoldus deplumatus”.

 

Pero  ese Turoldo de las plumas ajenas nunca existió más que en la mente antitradicionalista.

 

El primer poeta de la “Ch. de R.” y la legión de sus desconocidos refundidores, aunque entre ellos hubiese poetas tan geniales, tan egregios, como los de más nombradía, eran poetas esencialmente anónimos, que no pretendían apropiarse invenciones de otros, sino entregar a los otros las invenciones propias.

 

El poeta Único se ha esfumado. No hubo un Turoldo  estructurador único de la “Ch. de R.”. El poema se va elaborando a través de las edades, cosa manifiesta por lo menos durante los siglos X y XI, en que documentos indisputables (Anales, moda onomástica Olivier, Nota Emilianense) nos van poniendo ante los ojos el desarrollo de la acción completa del Poema.

 

Pero aun desvanecida la personalidad de un Turoldo, aun reconocida una continuidad tradicional, se piensa que  la misma fue rota por la intervención de un poeta excepcionalísimo.

 

  • La genialidad suprema de la “Ch. de Roland” no fue lograda por un singular Poeta, sino por varios anónimos, que en colaboración con el fervoroso interés del público, la mantuvieron en indeclinable éxito durante siglos.

 

Es notorio anacronismo el querer suprimir este hecho estético y social de la poesía colectiva anónima que vive anonadada bajo el peso sofocante del latín, único idioma del mundo culto, se ejerce en idénticas condiciones  que cuando esa Lengua Vulgar es universalmente apreciada por los doctos latinizantes.

 

 

Orígenes de la “chanson de geste”:

 

A)    según el Individualismo: Bédier expresa que  en los santuarios de la ruta peregrinada, los clérigos creaban la leyenda referente a la tumba o a la reliquia de algún personaje que interesaba a la Iglesia..

 

Pauphilet vio con claridad que la reliquia y la leyenda no son causa de que se escriba el poema, sino efecto de que el poema se hubiese escrito y señala que no hay otra “razón viviente” para que los clérigos de entonces se interesasen por los personajes antiguos y los hicieses Héroes de sus poemas o los encomendasen a los Juglares, sino el libérrimo capricho del poeta que escoge un argumento histórico y lo adorna con cuantas invenciones se le pueden ocurrir.

 

      B) según el Tradicionalismo de G. Paris: la Epopeya tiene su comienzo en “cantilenas líricas” nacidas del entusiasmo de una nación.

Cantos  de los mismos guerreros y para los guerreros que conocen los hechos, no tienen para qué referirlos; hablan de batallas, de aventuras atrevidas o maravillosas, pero no las narran, las exaltan “en forma apasionada, fragmentaria y conmovedora”.

 

Carlomagno sobreexcitó muy vivamente la imaginación popular, y aun durante su vida debió de ser objeto de estas canciones, en tudesco y en románico, “cuadros impresionantes sin enlace, diálogos ietrecortados, exclamaciones de alegría, de admiración, de dolor”.

 

A fines del siglo X las Cantinelas cesan, y los Juglares se aprovechan de ellas para componer las primeras “chanson de geste”.

 

      C) según Pío Rajna: cree que la “chanson de geste” no tiene orígenes líricos, sino plenamente narrativos. Llega a la conclusión de que la epopeya nace de los hechos, pero no inmediatamente de ellos, sino en cuanto sobreviven en la memoria y en la fantasía de los pueblos.

 

Ese trabajo de la imaginación, dando estructura poética a los recuerdos, es “epopeya potencial” o Leyenda, y en su gran actividad “puede ocurrir que del hecho originario retenga poco o nada... en un rápido alejarse de la realidad histórica”.

 

Después de la Tradición oral, surge el Poeta, que da al relato épico forma métrica para el canto, produciendo la verdadera Epopeya.

 

    D) según Menéndez Pidal: el escaso contenido histórico de las “chanson de geste” (menos que el de los cantares de gesta españoles) no se explica porque a varios poetas del siglo XI se les ocurra escribir novelas de asuntos histórico (Bédier), ni porque los juglares del siglo X trabajen sobre una tradición de cantilenas líricas, carentes de materia narrativa (G. Paris), ni porque el poeta coetáneo o casi coetáneo se apoye en una corta tradición muy inventiva y él invente libremente (Rajna).

 

Se explica porque la “ch. de geste”, aunque nace desde luego como narración coetánea y verídica de un suceso, sin intermediario especial de tradición movilizadora, sufre refundiciones continuadas (más activas que las que sufren las canciones de gesta españoles) y cada refundición va perdiendo algo de la verdad primera.

 

El cantar de gesta nace desde luego relatando gestas o hechos notables de actualidad. No le da origen siempre (aunque alguna vez se lo déGuiño el entusiasmo, la pasión que suscitan los raros grandes sucesos de un pueblo, según G. Paris, no la conmoción que en modo eventual promueve alguno que otro suceso extraordinario, sino la ordinaria y permanente necesidad sentida por un pueblo que respira un ambiente heroico, necesidad de conocer todos los acaecimientos importantes de su vida presente, y deseo de recordar los hechos del pasado que son fundamento de la vida colectiva.

 

La razón permanente del interés épico es, pues, la “apetencia historial de un pueblo” que se siente empeñado en una empresa secular.

La epopeya no es un mero poema de asunto histórico, sino un poema que cumple la elevada misión político-cultural de la historia; es un Poema Historiográfico.

 

La estrofa de muy desigual número de versos (arcaísmo que la poesía francesa y la española conservan en el género épico), lo mismo que el metro de desigual número de sílabas (arcaísmo más rudo que la poesía española mantuvo por mucho tiempo, también en la épica), indican que los cantares de gesta pertenecen a un género poético que nació y fijó su técnica en el período de orígenes de las lenguas y literaturas románicas,

 

Por otra parte, el uso de la historia cantada nos lleva también a pensar en una edad remota, de vida cultural poco especializada, cuando la poesía y la historia pueden ser una misma cosa, una edad en la que los personajes históricos pueden ser idealizados.

 

La Edad Heroica es aquella edad en que un pueblo que se halla en un grado de cultura incipiente, con escasa diferenciación entre las clases instruidas y las ignorantes, está animado de un fuerte y concorde espíritu, viéndose unido en la ejecución de una alta  empresa nacional; siente por esto con viveza la necesidad del relato histórico, que dé a conocer tanto los hechos de actualidad como los del pasado, y careciendo del uso de la escritura, fija por medio del verso y del canto sus memorias históricas. Historia poética.

 

Multitud de pueblos analfabetos tienen esta historia cantada, pero en estado embrionario, y sólo muy pocos la han cultivado, dándole un regular desarrollo historiográfico y literario..

El analfabetismo del primitivo pueblo francés y del español, dos pueblos de epopeya, era completo y consistía en que, durante los primeros siglos Medievales, la lengua hablada, el francés y el español nacientes, no se escribían, porque, efecto de su evolución, habían creado formas nuevas en abundancia, que no eran sino chocantes barbarismos de pronunciación, de sintaxis y de léxico respecto de la lengua gramatical latina, y tan monstruosas incorrecciones horripilaban a los clérigos, únicos que sabían escribir y únicos que se  preocupaban de guardar para la posteridad su ciencia.

 

Esos pueblos incipientes, que no podían entender ni leer la muerta lengua latina, necesitaban la historia, y no podían tenerla ni conservarla sino bajo la forma de canto en lengua vulgar; una incultura total del latín igualaba a nobles y plebeyos, a la vez que altos y bajos se sentían igualmente sujetos a un superior destino nacional.

 

El cuento contemporáneo nunca puede ser un poema, sino una noticia poética; y esta noticia primera sufre después muchas desviaciones al ser repetida y renovada.

En la edad heroica, como  en cualquier otra edad, los sucesos notables producen también cantos líricos, exclamaciones, elogios, invectivas, apóstrofes, pero ellos no pueden engendrar una narración ni menos un poema.

 

Pasado el interés de actualidad, el canto noticiero cae en el olvido: pero no siempre. La noticia puede seguir en el gusto del público, sea por favorecer una corriente política, sea por su mérito poético o musical.

 

Comienza a perpetuarse más allá de su actualidad y comienza a ser un canto tradicional, que crea y consagra a un héroe antes inexistente.

Al renovarse el canto, tiene que evolucionar.

 

La noticia primera, al perdurar en la tradición, sufre sucesivos arreglos que la van nutriendo de ingredientes ficticios, con merma de la veracidad, cada vez menos necesaria para los oyentes, conforme el suceso va quedando más lejos en el tiempo.

 

Se eliminan elementos narrativos auténticos que se juzgan inorgánicos o inertes para el relato del suceso famoso, y se agregan elementos nuevos que realzan una idea directriz, destinada a dar unidad artística al conjunto, y todo lo que el relato pierde en fuerte realidad histórica, lo gana en viva idealidad artística.

 

...Así se elaboran las obras colectivas de interés general, mediante una serie de actos inventivos y combinatorios debidos a varios poetas sucesivos que van heredando y desentrañando de la concepción inicial las posibilidades no previstas al comienzo.

 

En Francia la historia cantada transforma fuertemente el recuerdo del pasado, mediante una idealización fantástica de los sucesos, dentro de un ambiente fabuloso.

En España, los cantares de Gesta mantienen el recuerdo histórico en tono realista, más arcaizante, en la métrica.

    

 

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 11:05
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