domingo, 28 de febrero de 2010

                        MIGUEL CANÉ LEÍDO POR RICARDO SÁENZ HAYES.-

 

                                                                        Poe  Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

 

Leo “Miguel Cané y su tiempo (1851-1905)” de Ricardo Sánez Hayes, editorial Kraft, 1955.-

 

 

Montaigniano cabal, Sáenz Hayes (1888-1976) confiesa que “Ante el monumento y el altar me inclino a distinguir el hombre de carne y hueso con la suma de sus virtudes y la resta de sus comprensibles y humanas deficiencias, cuidándome de restar aquéllas y de sumar éstas”.

 

Seguidor de las prescripciones críticas de Sainte-Beuve, S. Hayes elaboró biografías fundamentales sobre Montaigne, Pascal, Cané, Ramón J. Cárcano,  sutiles evocaciones de Maquiavelo, Flaubert, Juan María Gutiérrez, Alberdi, Berthelot, Renan, etc.

 

 A través de la obra atisba el hombre, desde el escritor arriba al ser humano, desde la escritura hacia la persona:

 

“’Juvenilia’ /1884, memoria de la niñez y adolescencia, la escolaridad/, desde el primer capítulo anticipa los diversos y enérgico rasgos predominantes que plasman, lucen y deslucen la personalidad de Miguel Cané: bondad, tristeza, pesimismo egocéntrico, independencia agresiva, culto del amor y de la amistad, de lo bello y de lo justo, del peligro, de lo quimérico y romántico, de los viajes y aventuras, de lo profundo, lo sutil y lo trivial...” (ob. cit., p. 22).

 

Cané, intuitivo, impetuoso, inquieto, “vive en perpetua agitación”.

Escritor, polemista, hombre público progresista.

 

“Trabaja con el ardimiento de un joven. Cumple con religiosidad el precepto: ‘nulle die sine linea’”.

 

Periodista, cronista de arte, política y literatura. Docente universitario, diplomático, Intendente de Buenos Aires, Ministro, Abogado. 

 

Empieza escribiendo en “La Tribuna” en una sección con el título de “Párrafos”: “Son comentarios rápidos, a vuela pluma...”. 

Ligereza y encanto, cuando no hondura, crítica.

 

El primer libro, agavilla sus “Ensayos” 1876. Estampa allí que “la República Argentina no tiene en la actualidad literatura nacional...”.

 

Hombre dialógico, griego, “no es hombre de los que saben escuchar sin hablar”.

 

El aire, con todos sus tonos, encantos y violencias, es su naturaleza, su misterio personal.

 

“Prívase hasta del sueño para satisfacer su apetencia de grafómano... Expansivo por naturaleza, necesita comunicar las inquietudes que le trabajan su mundo interior atormentado. Es ruda y francamente sincero. No rezan para él las máximas de mesura y economía en el uso de la palabras. Nada oculta” afirma S. Hayes.

 

De naturaleza sarmientina, socrático. 

Articulista incansable, conversador, comunicativo.

 

Su “Juvenilia” lo define: nació este clásico de nuestra Literatura, “de la embriaguez de tinta y soledad, y de la transfiguradora pasión porteña..., escrita sin tachas ni enmiendas, velozmente, en un par de meses, tal vez en menos”.

 

Ternura, recóndita emoción, veracidad, anota las principales características de la escritura de Cané.

“Notas e Impresiones”, “Prosa Ligera”, “En viaje”, “Discursos y Conferencias”, “Charlas literarias” integran sus obras.

 

Fue un “hombre del 80” de aquellos que “saben a fondo el arte de escribir; tienen erudición y chiste; la carga les es ligera. Un poco refinados, algo descontentadizos e irónicos; con el talento a flor de cutis, prefieren escribir una página que un libro –conversar un libro que escribir una página. De ahí una dispersión, un despilfarro enorme de talento a los cuatro vientos del periodismo o de la conversación”, según precisa Paul Groussac.

 

En carta a Carlos Pellegrini, de 1887 confiesa el escritor:

 

“...cuando se trata de rapiñas y hurtos bajos, contra lo que estalla mi naturaleza; estoy mal organizado para político, si ser político consiste en cohonestar con pillos, ladrones y manos sucias”...

 

A la estética  del desencanto, la melancolía episódica, anuda Cané  su hermoso culto de los libros y la cultura (léase su discurso “El espíritu clásico&rdquoGuiño, de la amistad enriquecedora de los mejores hombres de su época (Mitre y Vedia, Wilde, Sarmiento, Pellegrini, etc.).

 

“En los últimos años se le han venido  desarrollando sus cualidades de vidente a larga distancia –agrega oportunamente S. Hayes – es decir, un agudo sentido premonitorio del futuro acontecer histórico” (ob. cit., p. 414)...

 

En mi biblioteca:

 

Cruz, J.: “Posteridad de C.” / “El siglo de un político: M. C.” H. Sanguinetti (Boletín de la Academia Arg. de Letras, nº 277-278, p. 167-195).

 

García Mérou, M.: “M. C.” (en su “Recuerdos literarios”, EUDEBA, ed. 1973, p. 307-316).

 

Giusti, R. F.: “La prosa de 1852 a 1900” (en “Historia de la Literatura Argentina”, R. A- Arrieta, dir., edit. Peuser, t. III, p. 383-386).

 

González Arrili, B.: “M. C.” (en su “Historia Argentina”, Nobis,  1966, t. 9, p. 3135-3142). Y en su “Tiempo pasado”, Acad. Arg. de Letras, 1974, p. 77-84.

 

Noé, J.: “M. C.” (en su “Escritos de un lector”, Universidad Nacional de Buenos Aires, 1993).

 

Peltzer, F.: “Los adolescentes en la novela argentina” (en su “...En la novela argentina”, Academia Argentina de Letras, 2003, p. 74-75).

 

Ponce, A.: “M. C.” (en su “La vejez de Sarmiento”, Matera, 1958).

 

Rojas, R.: “Los prosistas fragmentarios- M. C.” (en su “Historia de la Literatura Argentina”, ed. Kraft, 1960, vol. 8, p. 439-447).

 

Victoria, M.: Prólogo y notas a “En viaje” de M. C. (Estrada, ed. 1949).

 

 


Publicado por Desconocido @ 9:52
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