domingo, 07 de marzo de 2010

            DIARIO DE MIS LECTURAS, nº 34.  “La vida es misión” de G. Mazzini.-

 

                                                                                    Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

Otro fragmento de mis lecturas. Ahora, del pensador, patriota y revolucionario italiano Giuseppe Mazzini (1805-1872).

 

En su país y en otros centros europeos donde vivió desterrado, siempre sirvió a la Idea de la Unidad Nacional y de la República.

 

Había fundado la “Joven Italia”, entidad difusora de esos ideales fuertemente concebidos y tenazmente defendidos y practicados. Junto con ello  desarrolló una labor escrita de Organizador y Propagandista político, siempre, por supuesto, en defensa de la Libertad y el Derecho de los Hombres.

 

Rescato un escrito de los  muchos que escribió, discursos,  cartas,  alegatos, reflexiones filosófico-políticas, etc., “La Vida es Misión”. Que me interesa destacar por la validez ética de sus proposiciones, la claridad de su meditación, y el influjo, moral, que pueda tener... para sus lectores.

 

Insta  valerosamente al seguimiento de la vocación, el cumplimiento, contra vientos y mareas, de nuestros propósitos, desde una perspectiva humanista, sólida y profundamente  sentida. Escribe como maestro de la experiencia, del pensamiento, de la acción...

 

 

La Vida es Misión; cualquiera otra definición es falsa y extravía a quien la acepta. La Religión, la Ciencia, la Filosofía, dispares todavía en muchos puntos, están de acuerdo hoy en uno: en el que toda existencia es un fin. De no ser así, ¿para qué moverse?. Y ese fin es uno: desenvolver, levantar lo más posible las facultades que constituyen la naturaleza humana, la Humanidad, y duermen en ellas, y hacer que converjan armonizadas hacia el descubrimiento y la aplicación práctica de la Ley.

 

Ahora bien: los individuos tienen, según el tiempo y el espacio en que viven y la suma de facultades concedidas a cada uno, fines secundarios diversos, pero que tienden en la dirección del principal, que tratan de desenvolver y asociar cada vez más las fuerzas y las facultades colectivas.

 Para unos es procurar el mejoramiento moral e intelectual de aquellos pocos que los rodean: para otros, dotados de facultades más potentes o colocados en más favorables circunstancias, es promover la formación de una nacionalidad, la modificación de las condiciones sociales de un pueblo, la resolución de una cuestión política o religiosa.

 

Nuestro Dante lo entendía así hace más de cinco siglos, cuando hablaba del Gran Mar del Ser, en el cual todas las existencias eran guiadas por la virtud divina a diversos puertos.

 

 Todavía somos jóvenes en ciencia y virtud, y una tremenda inseguridad pende aún sobre la determinación de los fines particulares hacia los cuales debemos dirigirnos.

 Basta al menos la seguridad lógica de su existencia, y basta saber qué parte de cada uno de nosotros debe transformar más o menos  o intentar transformar en los años que vivimos sobre la Tierra, el elemento, el medio en que vivimos, hacia aquel único fin, es decir, que la vida sea tal y no una simple existencia vegetativa o animal.

 

La vida es misión y por lo tanto, el deber es su ley suprema ....Cada uno de nosotros debe purificar la propia alma, como un templo, de todo egoísmo; enfrentar, con sentido religioso de la decisiva importancia de la investigación, el problema de la propia vida; estudiar cuál es la más importante, la más urgente necesidad de los hombres que le rodean, y luego interrogar a las propias facultades y adaptarlas resueltamente, incesantemente, con el pensamiento, con la acción en todas las vías que pueda seguir, para la satisfacción de esa necesidad.

 

Y ese examen no debe emprenderse con el análisis, que jamás puede revelar la vida y es impotente para todo lo que no sea la preparación de una síntesis, sino escuchando las voces del propio corazón, concentrando todas las facultades de la mente sobre el problema planteado, en fin, con la intuición del alma amante que comprende la solemnidad de la vida.

 

Cuando vuestra alma, jóvenes hermanos míos, haya entrevisto su propia misión, seguidla y no os detengáis; seguidla hasta donde vuestras fuerzas lo permitan, seguidla asistidos por vuestros contemporáneos o incomprendidos por ellos, bendecidos por el amor o atacados por el odio, asociados con otros o en la tristísima  soledad que casi siempre se extiende en torno a los mártires del pensamiento.

 

 El camino aparece ante vosotros; seréis cobardes o traidores a vuestro futuro si no sabéis, presas del desaliento y de la desilusión, llegar hasta el fin”.

 


Publicado por Desconocido @ 11:05
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