lunes, 08 de marzo de 2010

                          ALGUNAS LECTURAS  SOBRE   MEDICINA.-

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

 

I.-  Cómo se logra un Buen Médico.-

 

 

En 1928 un estudiante de medicina, argentino, le hace un reportaje por carta a Paul Albert  Grawitz, 1852-1932, eminente anatomopatólogo alemán (nacido en territorio de la actual Polonia), profesor universitario, discípulo de Rudolf Virchow.

 

La pregunta fundamental: “Cuáles son las pruebas a que se debe someter a los estudiantes al ingresar en la Facultad de Medicina, para lograr de ellos buenos médicos”.

 

La respuesta del profesional fue la que transcribo, según se reproduce en la  “Enciclopedia de Conocimientos Médicos” El Ateneo, tomo I, p. 362-363:

 

                                   

“La Medicina debe seguir siendo una disciplina de estudios y de atención a la Humanidad con las más elevadas miras; la pongo por encima de cualquier sacerdocio, pues no se aferra a ningún dogma o sistema conceptual; la considero más humana que un apostolado, porque exige muchas más condiciones que las de un simple renunciamiento material y una sacrificada dedicación espiritual.

 

 Para lograr mantenerla en su elevada posición es indispensable que al ejercicio de la Medicina sólo tengan acceso ejemplares de la excelsitud humana, porque sólo ellos pueden reunir tantas condiciones como son necesarias para ser Médico”.

 

Admira el supremo concepto, espiritual, ético, formativo, axiológico, que abriga el Dr. Grawitz sobre la profesión galénica...

 

“Casi medio siglo de contacto con las aulas y con el hospital me animan a afirmar que la selección vocacional rígida, imprescindible, debe ser la primera exigencia que rija la posibilidad de entrada en las escuelas de Medicina; haciendo extensiva, por supuesto, idéntica premisa para la selección docente.

 

Hombres especializados en la selección humana, no sé si psicólogos o fisiólogos, y quizá también comerciantes o grandes organizadores, así como sagaces y sencillos hombres del pueblo, e incluso  militares, deberían formar un tribunal severísimo para exigir a quien quiera ser Médico, por lo menos, lo siguiente:

En lo concerniente al especto técnico: un claro entendimiento y una buena memoria para fijar los conocimientos de anatomía, fisiología y patología, sin los cuales no es posible que el estudiante se acerque al enfermo.

 Una buena organización sensorial para aprender a observar, auscultar, percutir y palpar a los enfermos, mirar al microscopio, estudiar radiografías y otros registros y asistir a los cursos de enseñanza audiovisual.

 Habilidad artesana en la rama que quiera cultivar. Inquietud perpetua de estudio fundado en el criterio de la medicina experimental con facilidad para adquirir nuevos conocimientos y capacidad de discriminar entre lo plausible y lo que debe mirarse con prevención, expectación y repulsa.

 

En lo que concierne a la personalidad: un espíritu samaritano, capaz de soportar a los semejantes y dedicarse a prestarles auxilio médico sin distinciones por su condición social, raza, color, religión o cualquier otro  atributo, con real aprecio por su condición humana, con respeto de sus puntos de vista mientras no interfieran la acción médica, y, sobre todo, apreciando sus vidas como la propia.

Una sinceridad absoluta con respecto a la verdad científica y a sus actos mismos, debe dar la medida justa del alcance y de la limitación de los propios conocimientos, además de la condición de saber reconocer siempre el propio error.

Conciencia de la responsabilidad que se afronta al tener entre las manos la vida de sus semejantes. Decisión para jugarse entero cuando sea menester decidirse entre vida y muerte, conservar o escindir, intervenir o abstenerse, hablar o callar.

 

Suficiente ambición como para sostener el deseo de progresar, de mejorar su condición técnica, intelectual y social, pero bastante resignación, si las contingencias de la vida no lo favorecen en otro sentido, como para llevar una vida modesta y sobria, sabiendo que la dignidad profesional es un premio y un galardón que supera en mucho a la riqueza, con la cual puede comprarse cualquier cosa menos  su dignidad profesional.

 

 Un verdadero médico debe tener el valor y el temple, para que en aprietos económicos o en la amargura de la comparación el destino de otros, no sienta la necesidad de trocar el consultorio en tienda de mercader aviniéndose a cualquier manejo que rinda dinero.

 

 Que encuentre amplia satisfacción espiritual en el ejercicio de la Medicina y no sienta la necesidad de buscar válvulas de escape al agobio profesional. Ello no es contrario a la sana y racional dedicación a las Letras, las Artes, los Deportes, y aun a sostener una granja; sé que sabéis entender bien el alcance de este precepto.

 

 Amigos míos, ¡cuántas excelsas virtudes humanas! ¿Es que las reunimos quienes posamos nuestra vista sobre este escrito? ¡No sé!

 Os confieso que hace muchos años he elaborado este molde espiritual para ser médico, y sobre todo patólogo, y me ha sido grato; diré más, me ha sido leve acercarme al mismo; cada año que pasa siento más la necesidad de tenerlo presente y regirme por él”.

 

 

2.- René Favaloro, “Recuerdos de un médico rural”.-

 

Médico Cirujano, Maestro de la Medicina Argentina, ejemplo ético en lo personal y científico, (1923-2000).-

 

Modélico en su vocación humanista, su dedicación profesional y amor al país, honestidad y eficiencia.

 

El libro que estamos leyendo  tiene un carácter autobiográfico, testimonial, realista.

Escrito en prosa sencilla, casi coloquial.

 

Documento directo sobre la historia de nuestra nación y su geografía (pueblo de Jacinto Aráuz en La Pampa), sobre la medicina rural y sobre las poblaciones, sentimientos, formas de vida, cultura, enfermedades. La época de su experiencia: 1950-1962.

 

Enseña a reflexionar acerca de la relación médico-paciente en general y particularmente en el área rural, y sobre las técnicas quirúrgicas de diagnóstico y de tratamiento y su evolución.

 

Trasunta honda sinceridad, bondad y experiencia valiosa, ideas democráticas y  profundo Humanismo.

 

Reflexiona con seriedad sobre la formación profesional, los avatares políticos y el destino nacional.

 

Es obra de maestro, de sabio, de hombre entero...

 

 

3.- Medicina, discurso y subjetividad.-

 

 

Sigo el trabajo citado como título de este  capítulo, perteneciente al psicoanalista y docente, argentino,   Lic. Raúl Courel (autor de “Obama el griego”, “Una cuestión pendiente: psicoanálisis y teología”, etc.).

 

Jean Clavreul (1923-2006, psicoanalista, discípulo destacado de Jacques Lacan) en su “L’ordre médical”, Le Seuil, 1978, “El orden médico” (ed. española, Barcelona, Argot, 1983), cuestiona la concepción de la Medicina Humanizante.

 

El Saber Médico es un Saber sobre la Enfermedad afirma, no sobre el Hombre.

René Leriche (1879-1955), el famoso cirujano francés, autor, entre otros textos, de “La Cirugía del Dolor” estableció que si queremos definir la Enfermedad, tenemos que  Des-humanizarla.

 

Cuando el  médico escucha al paciente no apunta al modo en que el sujeto está involucrado en lo que dice, sino a detectar los Signos de una Enfermedad.

 

El profesional, selecciona, de lo que le comunica el paciente, aquello que le es útil para llegar al Diagnóstico y a la indicación del Tratamiento.

 

En la medida en que la eficacia médica se sostiene cada vez más firmemente en las Ciencias y en que el desarrollo científico –tecnológico pone en manos del médico instrumentos cada vez más poderosos, el sujeto sufriente encuentra menos lugar en la atención médica para hacerse oír.

 

La relación Médico / Paciente es una “no relación”. Todo el dispositivo de la práctica médica hace obstáculo a esa relación.

 

La  Subjetividad en el médico perjudica la necesaria Objetividad para el diagnóstico y para que en las decisiones a adoptar cuenten sólo los Imperativos Terapéuticos...

 

 

4.- La Palabra en la Medicina.-

 

Leo el preciso trabajo de  la Dra. María Teresa Maldonado, “Iatrogenia de la palabra” (en “Ars Curandi”, nº 11, nov. 1979).-

 

Las “transiciones existenciales” son situaciones vitales críticas para las personas. Son cambios a nivel intrapsíquico  e interpersonal. Verdaderas “encrucijadas emocionales”, que ocasionan una mayor vulnerabilidad personal.

Pueden ser previsibles (menarca, climaterio, embarazo) o accidentales (aborto, parto prematuro, cirugía mutiladora, etc.).

 

De esta transición una persona puede emerger más madura, más integrada, con una visión diferente del mundo y de la vida,  o puede salir más confundida, más perturbada y emocionalmente enferma. De allí la enorme influencia de la Relación Médico-Paciente.

 

En esta Relación influyen lo que el paciente busca en el profesional (dependencia, rebeldía, confianza, idealización), cómo lo ve al enfermo (si desea dominarlo, subyugarlo, crítica, igualdad...), el ambiente donde se establece el vínculo (institucional, privado) y el grado de encaje de esta relación, la sintonía o su ausencia.

 

Por ello se encarece el valor de la Palabra. En los diversos tipos de Comunicación: crítica, consejos, falso apoyo, ignorancia de la dificultad del otro, mensajes contradictorios entre lo verbal y  lo no verbal, la palabra fría, impersonal: el paciente visto como objeto y no como persona necesaria de atención.

 

La comunicación, la palabra, entonces, puede transmitir enfermedad, ser iatrogénica, cuando bloquea la apertura a la relación. No ha de desperdiciarse el enorme potencial de la acción psicoterapéutica del agente de salud como productor de Salud Emocional.

 

Ha de ampliarse lo que entendemos por Actitud Clínica: mayor sensibilidad para atender al otro, en lo técnico y en lo humano; aprender las formas terapéuticas de comunicación; Ver la Persona y no sólo la Enfermedad o el Diagnóstico, o la Técnica.

 

El desarrollo de esta imprescindible Actitud supone capacidad para ver, oír, sintonizar, responder al Paciente desde Su Perspectiva.

 

Fundamental actitud de Cuidar, estar Disponible, un Modo de Ser y de Ubicarse ante los demás.

 

De tal manera, en un clima de libertad de expresión, la persona se siente genuinamente comprendida y respetada.

 

La Atención Médica, consecuentemente, debe integrar Tecnología más Humanismo, Inteligencia , junto con Arte y Sensibilidad, Comprensión y Madurez, Atención, Disponibilidad, Fe en el Ser Humano y en la Ciencia y la Técnica, Preocupación Social y Humanitaria...

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 6:31
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