DIARIO DE MIS LECTURAS, nº 35.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Jorge Taverna Irigoyen, “Nuestro tiempo. Millonarios de la ficción” (en revista “Jano. Medicina y Humanidades”, mayo 1983, nº 27, p. 62)=
Excelente artículo sobre la naturaleza del ‘best seller’ y de la Literatura auténtica, el Negocio y el Arte, contraposición entre la novela moderna y el Clásico eterno.-
- “Durante siglos, ‘vivir del arte’ fue un galimatías. Tan sagrada aparecía la obra de creación que sólo pensar en retribuirla pecuniariamente equivalía a su virtual contaminación”.
- “Así es como -por encima de Mecenas y otros aprovechados – los artistas vivían de honores (generalmente tardíos), comían mal, gozaban de uno que otro favor y cuando no dormían a la intemperie lo hacían bajo techos ajenos. Entonces era posible hablar de la bohemia creadora (más bien ‘bohemia de necesidad&rsquo
; del altruismo y el desprendimiento artístico, de la mística del arte”.
- “La Literatura, como sus otras hermanas, estaba tanto o más huérfana de grandes recompensas económicas. Tanto poetas, como dramaturgos o ensayistas, quemaban sus ojos colmando cuartillas bajo la luz de las velas y candiles, horas y horas, días y días”.
- “El elogio o la diatriba eran las más de las veces, la única paga a tales desvelos y derroches de talento e imaginación. Con el invento de Edison las cosas empezaron a cambiar. Quizás los cerebros de los escritores se iluminarom mejor y -en algunos casos para bien – comenzaron a luchar por una retribución digna”.
- “Sin embargo, y ya que de escritores hablamos, todo quedaba tan sólo en medias tintas. Porque ningún literato llegaba a la riqueza, por más prolífico que fuera. Las ediciones (en tiempos en que el hábito de la lectura era casi una obligación) difícilmente superaban el millar. Salvo excepciones honrosísimas, poco se leía a autores de lengua extranjera que no hubieran subido al pináculo de la celebridad”.
- “Cuando advienen los ‘best sellers’, la comercialización del libro se introduce por caminos insospechados. El libro puede venderse como el pan, y todo es cuestión de que cada uno de los engranajes de la cadena -partiendo fundamental e inexorablemente del escritor - se pongan de acuerdo y ‘cinchen’ hacia un mismo logro; el éxito”.
- “Entonces, la carrera de los libros se desata: palabras y argumentos mediante. Carrera que, como es obvio, hay que correr dentro de ciertas fórmulas, o mejor dicho, recetas que aseguran el éxito, ‘porque el público quiere eso’”.
- “Y entonces, de estos productos condicionados, deliciosamente ‘a pedido’, salen obras muy singulares que colman los apetitos de asombro, de horror, de aventuras, de espectacularidad, de lujuria.”.
- “Trampas de lo más opuestas, para que el lector caiga, voluntariamente en ellas.”.
- “Arthur Hayley –el novelista canadiense al que sus editores y colegas llaman ‘el rey Arturo’, pero que en realidad es una especie de rey Midas – es uno de los monarcas indiscutibles del best seller. Tiene poco más de sesenta años, ha sido traducido a veintinueve idiomas y sus ocho novelas le redituaron hasta la fecha más de doce millones de dólares.
Su mujer, Sheila Haley, optó por imitarlo (a prudente y no competitiva distancia por cierto) y publicó, dentro de una casi paradoja del desparpajo, un libro con recetas para escribir best seller.
Claro está que ella habla del tema, de su investigación, de la inventiva que en torno del mismo se puede desarrollar, pero evita detenerse en el aspecto ‘ingredientes’.
Porque, como se sabe, para que uno de estos libros de consumición masiva tenga actualidad, no deben faltar en él ni los amores tempestuosos, las rupturas de los límites geográficos, apuntes del ‘jet-set’ internacional, fabulosos negociados en oro, dólar o petróleo, una espolvoreada de vicios que no hagan perder la elegancia, como tampoco el descrédito de las profesiones nobles, el juego de fortunas, algo de violencia y otro tanto de heroísmo”.
- “Así, dentro de estos resortes, la novela está en auge. Aunque no goce de buena salud. Porque los cerebros computados que hoy las elaboran tienen perseverancia, capacidad de trabajo y...equipos especializados en realizar una ‘puesta al día’ del asunto que se proponen recrear.
Cada uno de estos nuevos ricos de la literatura –llámense Harold Robbins, Sydney Sheldon, Irving Wallace, Judith Krants, Joyce Heber, Lawrence Sanders, Robert Serling – conoce bien el blanco y apunta inequívocamente al centro con cada una de sus flechas.
Como Mario Puzzo, quien percibió por su farragosa “Los tontos mueren” anticipo de derechos de autor por más de tres millones de dólares. Claro que su lugar ya estaba asegurado después del boom de ‘El Padrino’, que pasó del libro al cine y finalmente recaló en la televisión, copando audiencias...”.
- “Hace treinta años, el inolvidable Somerset Maugham escribió sobre los poderosos mercaderes del libro. ‘Nunca pueden lograr que un libro se lea masivamente, a no ser que haya algo que atraiga al público. Aunque puede estar mal construido, mal escrito, sea vulgar, pretencioso, sentimental o improbable, tiene que contener algo que sea leíble’. Ese ‘algo’ se llama sexo, poder, dinero, y entra en la mayor parte de las expresiones literarias de hoy”.
- “Por encima de las connotaciones socioculturales propias de la época, cabría preguntarse: ¿qué dirían de esta novelística actual, si pudieran volver al derecho de opinión, Gorki, Proust, Mann, Baroja, Pirandello, O’Neill?.
¿Qué vergüenzas, qué iras o qué desprecios evidenciarían Eliot, Joyce, Mauriac, Hemingway y tantos más, que no se enriquecieron con la literatura, y que jamás la tomaron como un medio sino como un armonioso fin?”.