LIBROS, LECTURA, LECTORES: OTRAS NOTAS.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
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En nuestra era “El libro pasó a ser instrumento público de Liberación y la Biblioteca, centro de Irradiación de todo Progreso”.-
La educación, según entiende exactamente Adler, se comienza en las Escuelas, pero no se completa allí.
“El arte de leer bien está íntimamente relacionado con el arte de pensar bien – claramente, críticamente, libremente”.
Este supremo arte humano, involucra agudeza de observación, memoria fácilmente disponible, alcance de imaginación y una razón adiestrada en el análisis y la reflexión. Cualidades fundamentales que desarrolla la Lectura.
La lectura se transforma en una necesidad vital, como una función orgánica.
En la Antigüedad, la Lectura Oral, consistía en un Rito (lecturas públicas, pregoneros, disertantes). Existía el “lector comunal”, el que leía en voz alta.
Con el desenvolvimiento de la Lectura Silenciosa, con la consiguiente omisión del signo sonoro, se proyecta la intuición, y con la práctica de la Lectura concentrada, gana importancia la Biblioteca Pública y el Libro como Fin, no como instrumento de un fin.
Distingue el devorador de información, el vicioso (el libro como opio), el que lee para no pensar y acallar angustias, el pervertido (que lee por sensacionalismo y oscura curiosidad), el semiculto o de medio pelo, que, p. ej., sólo recuerda nombres y títulos y el desaprensivo, que lee para “pasar el rato”, sin criterio, sin seriedad ni formalismo.
“Legere” es leer, cosechar, recoger frutos. El “devorador”, apresurado, desnaturaliza el acto de Leer. Ignora, desprecia, desvaloriza las virtudes estimulantes y reveladoras que posee la Lectura.
No debemos caer en la pasividad, la deshumanización, el desprecio por la vida cotidiana y los deberes diarios, la militancia concreta, el ejercicio del pensar original y personal, las propias ideas, la ubicación en nuestro tiempo, la situación familiar, íntima y personal.
No obstante tendremos que luchar cada vez más y con mejores armas, con el ritmo vertiginoso de la vida actual, que no permite la auténtica lectura, lenta, gustosa, placentera, creativa, crítica, activa.
(Del mismo autor, “Literatura y Evasión” 1951, “El libro y sus cuatro mundos”, íd; “Perspectivas de la lectura” 1958: “Estudiar, aprehender: Aprender a estudiar” 1956; “Hermano libro” 1972, “Fronteras del texto” 1987).