DIARIO DE MIS LECTURAS, nº 37: Memorias de Baroja, algunos textos.
Por Guillermo R. Gagliardi.
“Desde la última vuelta del camino. Memorias. El escritor según él y según los críticos” (Biblioteca Nueva, Madrid, 1944).
- “¿Quién tiene la culpa de que el público de mi tiempo empezara a ser incomprensivo, de que no hubiera crítica inteligente y de que el mundo fuera mediocre?. Nadie. La literatura evolucionaba hacia el oficio, y el público se iba haciendo indiferente y de ideas colectivistas” (loc. cit., p. 6).
- “En un autor ilustre su obra es más importante siempre que su vida. En Dickens, Balzac y Tolstoi, más bien desilusiona su vida que otra cosa...” (íd., p. 7).
- “Yo no tengo afición a falsificar...Yo creo, como digo, que casi nunca miento.”...
Recuerda sus días veraniegos en Vera: leer y escribir.
- “Yo no he tenido nunca el culto de los cuerpos de los muertos y preferiría siempre la cremación a la inhumación”.
- Abunda en hermosas y sencillas descripciones de paisajes de pueblo:
“Al ver enfrente el pueblo con su iglesia, en la beatitud tranquila de la tarde, al oír el rumor del arroyo que corre a pocos pasos y los humos de las hogueras, que desaparecen arrastrados por el viento, pienso en la vida estática de los pueblos” (íd., p. 19).
- “Soy un hombre de pocas necesidades. El invierno, tener un sillón viejo, mirar un fuego que arde; el verano, contemplar algo verde desde la ventana, me basta y me sobra”.
Ideal literario de la Claridad y la Sinceridad.
- “Se ve que todo lo exterior es lo que interesa” (íd., p. 24).
- José Ortega y Gasset (1883-1955) dice de Baroja en “El Espectador:
“un hombre libre y puro, que no quiere servir a nadie ni pedir a nadie nada”.
- “Yo no he podido nunca pensar en el presente ni en el porvenir de una manera segura y tranquila. Siempre he vivido preocupado por alguna cuestión de salud o de dinero, de mi familia mía; así, naturalmente, no soy optimista. No hay en lo que he escrito ni serenidad ni confianza” (íd., p. 27).
- “He vivido en tono menor, y casi todo lo que he escrito está en ese tono” (íd., p. 28).
- “Yo no cuento lo que he visto y los sucesos en que he tomado alguna parte como si valieran la pena de ser fijados para el porvenir en la historia, no; sabe uno muy bien que no es uno nada y que su época no valía nada. Mi objeto, por lo tanto, no es enseñar al lector ninguna verdad trascendental; no guardo ni una partícula de verdad absoluta en la mano, pero tengo una filosofía de poca importancia, filosofía relativista, que puede tener el valor de una canción de café concierto que divierta un rato. Esto ya me parece mucho” (p. 36).
- “Hay dos maneras de escribir principales: una es la Clásica: que consiste en componer los libros y escribirlos a base de la lectura de los Antiguos, siguiendo ciertas reglas; la otra es la Anárquica, la Romántica, que estriba en imitar la naturaleza y la vida sin preocupación de regla fija alguna, pensando que la naturaleza tiene en sí sus leyes y que no hay más que seguirlas” (íd., p. 38).
Expone sencillamente, su arte de escribir, romántico y realista a la vez.
- “A mí no me gusta nada llamar la atención de la gente que no me interesa”... (p. 43).
- “La gente de la calle no me interesa nada. Ese aura callejera no me ha hecho nunca gracia. Me gusta pasar inadvertido, y de tener alguna vez un poco de éxito, tenerlo en una casa entre pocas personas conocidas, pero no ante un público grande y desconocido.
Soy un hombre que ha escapado a las clasificaciones”. (loc. cit., p. 50).
- “Valle-Inclán tenía una aspiración a la gloria, como ninguno de sus compañeros. Tenía una voluntad tensa y firme que contrastaba con la de los demás, floja y desmayada” (loc. cit., p. 59).
“Lo único que encontraba extraordinario en este escritor era el anhelo que tenía de perfección en su obra” (íd., p. 61).
“Yo reconozco que tenía un fondo de antipatía, física y moral por Valle-Inclán”... “Además de la antipatía física, había entre nosotros una antipatía intelectual”.
- “Por los perros tengo, más que nada, compasión. Ese entusiasmo que tienen por un animal tan dañino como el hombre me da la impresión de poca inteligencia y de poco instinto” (p. 62).
- “Es la mala intención de la tertulia de café, que es lo que yo más desprecio” (p. 64).
- “Y Miró (Gabriel) es de los más clásicos; parece salido de la Biblia con el amor a los perfumes, a los dolores, a la queja y a la resignación.
Antiguamente existió un ejemplar, el más extraordinario, de afición semítica: Fray Luis de León. Quizá el mayor poeta de España” (p. 66).
- “He hecho pocas cosas en la vida y me he pasado mucho tiempo paseando divagando, sentándome en los bancos y mirando el paisaje y las nubes.
Soy un fauno reumático que ha leído un poco a Kant” (p. 72).
- “Clásico ya sé que no lo soy, ni pretendo serlo; algo romántico sí y algo realista también.
Yo no soy un hombre clasificador de teorías estéticas; no me interesan....y menos que nada la preceptiva literaria.
No sé si se me puede catalogar como escritor romántico o como realista...Lo que sí comprendo, es que no soy clásico, al menos en el sentido francés”.
- “Con relación a la moral más bien soy pesimista. Respecto a las Leyes, creo que son en general, malas, porque el hombre no es bastante inteligente y se deja llevar por fórmulas conceptuosas y vacías. Ya de viejo, considero las revoluciones generalmente perjudiciales, y creo que todo lo sistemático es estúpido y calamitoso. La experiencia, y aun si se quiere la rutina, cuando no es de una injusticia evidente, es lo mejor”.
- “Soy, aunque parezca jactancioso, antimatón y antichulo por excelencia. He sido siempre un hombre independiente... mucha plebe que se considera inteligente desearía que hubiera en la literatura libros tabú, de los cuales no se pudiera hablar más que con genuflexiones y con inclinaciones de cabeza.
Yo no digo que no tenga egotismo,...pero creo que mi egotismo es más orgánico que social” (p. 77).
- “Prefiero la ley del talión a la hipocresía...Por instinto y por experiencia, creo que el hombre es un animal dañino, envidioso, cruel, pérfido, lleno de malas pasiones, sobre todo de egoísmos y de vanidades” (p. 79).
- “Yo soy partidario de un sistema de gobierno muy contrario al anarquismo. Para mí la base de la vida social sería: nada de dogma político o por lo menos el mínimum, y en vez de esto, crítica, libre examen, experiencia y dictadura. Yo creo que un país habría que ser dirigido casi como se dirige una fábrica o una Compañía Minera” (p. 80).
- “Que no soy muy sensible a la vida social es cierto. ¡Qué se va a hacer!”. Prefiero vegetar como un solitario...
...Me ha gustado la vida ordenada y la exactitud en las horas (p. 81).
- “La receta para que las mujeres hagan caso de un hombre es sencillísima: consiste en ser joven, fuerte, guapo y bien plantado. Lo demás, hablar o no hablar, galantear o no galantear, es accesorio” (p. 90).
- “Sobre todos los hombres de valor reconocido puede escribir el hombre que no tiene un criterio firme con cierta seguridad. La erudición no se puede conseguir de una manera sistemática y mecánica..El hombre que lea mucho, que tome notas, que luego las vaya clasificando, aparece como un tipo literario inteligente y agudo sin serlo” (loc. cit., p. 106).
- “Azorín (en su ‘Madrid&rsquo
: “La prosa de Baroja es clara, sencilla, sobria. ...Baroja vive y está cerca de las cosas. Su fuerza reside en este contacto con lo concreto”.
- “El estilo oratorio es fácil de hacer y fácil de comprender. El estilo sencillo que explique bien, que dé la impresión bien, sin afectación, sin petulancia, eso es lo que me parece más difícil”.
- Jean-Louis Sarrailh, historiador e hispanista francés, 1891-1964, en su “Prosadores españoles contemporáneos”: “Baroja es enemigo de la retórica. Tiene horror de todo lo que sea amplificación, redundancia y elocuencia. Ninguna preocupación de estilo elegante. Repudia la literatura artificial y poco natural”.
- Similitud Baroja / “Alain”, Emile Chartier, escritor, pensador y pedagogo francés, 1868-1951 (“Sistema de Bellas Artes&rdquo
: “Un buen escritor no cuenta jamás sobre una palabra; lo que le es propio es producir un gran efecto con la reunión de palabras comunes”.
- “Nunca he tenido nada de pedagogo” ((loc. cit., p. 116).
- “Las diversiones me dicen poco, y hasta en la diversión encuentro yo el aburrimiento. Sin embargo, soy partidario de la vagancia” (p. 133).
- “Soy un hombre curioso y que se aburre desde la más tierna infancia. Si hubiera sido un hombre rico, hubiera podido pasar la vida alegremente, creo que no hubiera escrito” (p. 135).
- Ernesto Giménez Caballero, escritor y diplomático español, 1899-1988, anota que en la obra barojiana hay cientificidad, precisión, un clasicismo, un helenismo, un actualismo auténticamente radicales...
- “Lo que me seduce es la exactitud, la precisión...La falta de precisión me molesta”. (p. 156-157).
- “No hay que buscar gentes completamente normales entre personas que se dedican a actividades tan poco productivas y prácticas como la literatura y la filosofía. Todos tienen su tara. Son inadaptados, antisociales, vanidosos, etc., etc.” (p. 171).
- “Todo lo colectivo me es antipático. Soy un hombre que no ha ido al teatro, ni a los toros, ni a los partidos de fútbol. Prefiero tener la moral de perro vagabundo que de perro en jauría” (p. 184).
- “Prefiero lo agradable cotidiano a lo desagradable inesperado. Entre lo desagradable, inesperado, está para mí el ir a los espectáculos. No me ilusionan ni me dejan un recuerdo grato.
Respecto al teatro, que se considera serio, a mí me parece que los mejores dramas son más atractivos leídos que vistos representar” (p. 186).
- “Si fuera pintor no seguiría las huellas de los grandes realistas: el Greco, Velásquez, Zurbarán, ni mucho menos de los que se consideran idealistas; más bien estaría influido por la pintura holandesa y flamenca, por los Brueghel, por los Vermeer y por los impresionistas ingleses y franceses...” (p.
191).
- “Yo no creo en las sendas nuevas que ha recorrido el alma humana en estos años. Por el contrario, el alma humana no ha hecho más que volver a los caminos viejos.
El siglo XX se va caracterizando por la acción y por la guerra, pero en la esfera del pensamiento, me parece un siglo mediocre” (p. 197-198).
- “Yo creo en el talento literario de Ortega, pero en su intuición artística, musical y política, no creo gran cosa.
Ortega es más culto que intuitivo, más escritor brillante que filósofo” (p. 199-200).
- “Los escritores de poco carácter político, para quienes los problemas principales son los éticos, somos descendientes, la mayoría, de Montaigne, de los enciclopedistas y de Schopenhauer” (p. 203).
Estas pocas páginas, precisas, sinceras, revelan un hombre sencillo en sus observaciones y modo de vida. Crítico y perspicaz también. Irónico, cuando no escéptico a lo Montaigne... Personalidad firme, muy definida, esencialmente ético...