EL ESTADISTA-ESCRITOR Y SU APOLOGÍA DEL TREN: Bartolomé Mitre.
Por Guillermo R. Gagliardi.
Bartolomé Mitre (de ascendencia griega, Mitropoulos) 1821-1906.
Militar, escritor, periodista, hombre público, fue Presidente constitucional de la República Argentina 1862-1868.
Bibliófilo, poeta, traductor, narrador, historiador ilustre.
La complementa otra pieza oratoria: “Prolongación del Ferrocarril de San Fernando” (“Arengas”, XXIX), de febrero de 1864, en el ejercicio de su Presidencia (p. 261-266, edición citada).
En un año terrible, con la muerte del caudillo Peñaloza y otros acontecimientos de esos días. Contra la Barbarie montonera de esos años, Mitre esgrime el arma que considera la más útil y prometedora, el Ferrocarril.
Constituye su Filosofía y la Filosofía Universal de todos los tiempos, su propia idea y la de toda su generación de la Organización Nacional.
Dirección productiva del esfuerzo del hombre, trabajo y energía aprovechados, dirigidos racionalmente al adelanto económico, político y cultural de la Comunidad nacional.
Formidable herramienta que combate positivamente el Desierto, la soledad, la ignorancia...
Pensamiento claramente Iluminista es el que profesa, respecto del poder Transformador del Tren en la vida de los Pueblos.
Factor primordial de constitución, de formación de una Nación y del Gobierno Republicano, “esta grande y difícil obra”.
El Ferrocarril como vector de educación política, de solidificación demográfica, de organización y mejora integral de la vida concreta del ciudadano.
Remedio impar de recuperación colectiva, luego del maligno incendio, del fantasma omnipresente, de la anarquía, de la tiranía, de la guerra militar y civil...
Contribución sin igual, reflexiona:
“...en pro del progreso moral y material de los pueblos, redimiéndolos del cautiverio, de la ignorancia y la miseria, que son los peores tiranos de la especie humana”.
Este énfasis conceptual, esa pasión, ese estilo terso y pleno, de línea “clásica”, habitual en la escritura mitrista, invitan a la adhesión pública, al aplauso general, confirma la ideología Liberal imperante, el empuje civilizatorio de la incipiente América del Norte, ya próspera p. ej.
“Ayer el pueblo de Buenos Aires hacía rodar al campo de batalla, el cañón de la guerra para sostener su dignidad y sus derechos, a la par de la libertad y los derechos de las provincias hermanas; y hoy me ha tocado como su primer magistrado hacer rodar la carretilla del trabajador que conducía la primera palada de tierra del ferrocarril cuyos trabajos hemos inaugurado, para recordarnos que el gobernante de un pueblo libre, no es sino su primer jornalero, su primer servidor, y que la carretilla del jornalero es en los países civilizados el carro de triunfo del trabajo y del adelanto moral y material”.
El levantamiento del antiguo Fuerte de Buenos Aires en el pasado, su presente en la formación de los terraplenes, marcan dos etapas decisivas como “baluarte de la Civilización en el Río de la Plata”.
“...los rieles del ferrocarril de San Fernando, que irradia en torno nuestro como las luces de una estrella (...), y la llama divina de la inmortalidad que alumbra su camino”.
Divide esta historia de Buenos Aires desde la óptica de la civilización Romana, semejante a la era de la República latina:
“Ayer el pueblo de Buenos Aires poseído de un generoso entusiasmo, y decidido al triunfo o al sacrificio, convertía en espadas las rejas de los arados; y hoy los guerreros, coronados con el laurel de la victoria, y con la oliva de la paz que han conquistado para los pueblos, convierten sus espadas en rieles de ferrocarril, como verdaderos campeones de la causa de la civilización y del progreso”.
Su “ratio” fundamentadora del Ferrocarril se asienta en una metafísica del Progreso global.
Su base radica en una idea religiosa, una axiología bíblica: el Evangelio ordena, desde la fraternidad que predica, que los unos
“se ayuden a los otros, en vez de destruirse entre sí”.
Enfoca antropológicamente la marcha del adelanto universal: desde el desbrozamiento de la tierra para siembra, hasta llegar al vencimiento maravilloso de
“el tiempo y el espacio, rémoras del progreso, por medio del vapor y del ferrocarril”.
Traza entonces una Apología del Tren como “Arma de la humanidad”.
Afirma, convencido y enérgico, sobrio y equilibrado a la vez:
“De todas las armas que la humanidad ha forjado para sostener ese combate gigantesco, ninguna más eficaz ni más bien templada que el ferrocarril, el ferrocarril, señores, que es el conquistador del mundo, el glorioso vencedor del tiempo y del espacio, que suprimiendo en cierto modo las distancias, armonizando los intereses encontrados del productor y del consumidor, atando a los pueblos con vínculos indisolubles de fraternidad, consultando recíprocas ventajas, es la glorificación más alta del poder y de la inteligencia ...”.
para levantar la Condición de Hombre, vigorizarla y eternizarla en sus cualidades más señaladas.
Enarbola Mitre en su ático discurso, desde sus extensos períodos oracionales, su retórica al modo de la Antigüedad, sus exclamaciones retóricas y sus exhortaciones más encendidas, una Imagen Trascendentalista, dinámica, humanista, Escrituraria, vétero y neo testamentaria, y también romana clásica, una exégesis positiva, ejemplarizante, apologética del Ferrocarril:
“...el ferrocarril (...) monta un caballo de fuego con nervios de acero, que no se fatiga jamás, y que, donde quiera que enarbole su estandarte de llamas y de humo, anuncia a los pueblos que visita, el triunfo de la civilización...”.
Proclama Mitre la necesidad de una proyección nacional, creciente y progresiva del accionar ferroviario, asentado en su proverbial amplitud de mirada y criterio abarcador:
“Que no se detengan los ferrocarriles en las fronteras provinciales. Intervengamos de distinto modo en las provincia del Interior (...) y saluden en el ferrocarril el precursor de tiempos mejores, y la garantía más eficaz de la paz y del engrandecimiento del pueblo argentino a la sombra de la libertad”.
Así construye Mitre su sueño teológico-político de una “Civilización Argentina”, y según los mandatos divinos:
“..una época de reorganización de libertad y de paz, que desenvuelva los ricos gérmenes que la mano de Dios ha depositado en su fecundo seno desgarrado por la mano de los tiranos o esterilizados por la acción funesta de sus malos gobiernos...”.
Tarea magna, de Bendición, de colaboración con el Creador: es la fecunda labor de propaganda y construcción del ferrocarril, en un país que aspira a su perfeccionamiento ético y realización política y social.
Teoría épico-dramática del Ferrocarril es la de Mitre: hazaña práctica también, actividad agonal, pugnativa,
“la grande obra de la organización nacional que me ha tocado el honor de presidir”.
Compara en la Arenga XXIX a los Gobernantes con los deportistas helénicos, en marcha con sus antorchas, para levantar
“en alto la luz confiada a sus manos”.
Concibe ‘ferroviariamente’ a la función oratoria:
“cuando se habla al público el orador es al mismo tiempo la máquina y el maquinista”,
es decir, simbólicamente, el instrumento y el acto.
El Tren es “esa llama sagrada que ilumina el camino de todos!”.
Ley Natural y Ley Providencial, ambas, configuran la vida del Hombre: labor de cultura del suelo y acatamiento de la Ley moral divina, fortalecen la Voluntad y el deseo de felicidad en la tierra.
Son “las bendiciones del presente”. Aprecia espiritualistamente el avance humano como sumatoria de evolución material y del alma, del individuo y la colectividad.
“...este vasto piélago que atravesamos (...),este viaje de largo curso que tiene sus peligros...”.