ARCIPRESTE DE HITA: “LIBRO DE BUEN AMOR”. PARTE 2.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
El “Mester de Clerecía” comprende:
El Libro quiere ser un Arte, “Ars Amandi”.
Contiene materia Lírica: es un Cancionero.
Didáctico – Narrativo.
Su intención: solazar, como los Juglares. Es un Clérigo ajuglarado. Quiere aprovechar, solaza para enseñar.
Siempre va a distinguir la apariencia, de la realidad.
Hacer un Arte: 1.- Buen Amor: Dios, nombre de Trotaconventos.
2.- Loco Amor: el amor terreno.
I.- Pecados Capitales (coplas 217-387). Armas del Cristiano (1579-1605). Nexo entre los dos trozos: 1583 a.
Creencia en la Astrología (libre albedrío / astrología, creencia acendrada).
Dios puede modificar sus leyes por intermediarios (c. 123-154).
Sermón de la Confesión (es lo que se predica a Don Carnal cuando está preso),
c. 1128-1160.
Imprecaciones contra la Muerte.
“Ars Amandi”: en boca de Don Amor (423-574) / en boca de Doña Venus
(c. 607 d – 648).
El Arcipreste no se mantiene fiel a ovidio (poeta romano, 43 a. C.- 17 d. C.), pues cambió ya la Sociedad.
Trotaconventos: ese oficio es limpio mientras sepa ejercerlo: tienen vida movediza, son hechiceras, curanderas, andariegas, quejosas.
Concepto Tradicional del Amor.
Clérigos: los que estudiaron las ciencias Liberales. Eran ellos los que integraban ese grupo.
Deriva de “Golias”, gran bebedor, gran amador. Era literatura en latín que se mezclaba con la lengua nacional.
El Arcipreste no era un goliardo, pero su espíritu vivaz le permitió incluir esos temas:
Parodia de pregones y cartas.
Comilona medieval.
Sátira de la penitencia de Don Carnal.
Sátira de la entrada de Don Amor.
Sátira de las órdenes Religiosas.
Sátira de la Disputa de los adoradores del Amor.
Descripción de la Tienda de Don Amor (c. 1264-1302).
4.- Cantiga de los clérigos de Talavera (se debiera llamar “Concilio&rdquo
, c. 1690-
-1709.
R. Mz. Pidal lo considera un vasto Cancionero, engastado en una biografía humorística, “adiós satírico a la biografía moral”.
L. Spitzer piensa que el “Libro...” se hizo recitando, cantando y dramatizando. “A su vez se engasta en un tratado ascético-moral”.
Parte lírica: cancionero. Parte narrativa ejemplar: biografía humorística y abarcadoramente, “Ars”, parte doctrinal, tratado ético.
v. 1626-1634: parte final.
Queda abierto. Dice que el libro es de “naturaleza mágica”.
El que sabe “trovar” puede enmendarlo o añadir.
“Gran prosa”. Se dan muchas lecciones sobre ejemplos de la santidad.
Libro de Doctrina: pequeño. Libro de Glosa: grande.
“De juego y de burla es chico”. Habla como un juglar.
La última copla suena a algo agregado.
“Libro de solaz y libro de lecciones”.
/Sigo las inolvidables lecciones del Maestro Prof. Dr. Germán Orduna (1926-1999), en el curso de Literatura Española Medieval , Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta (Cap. Fed.), 1970.-
a). Manuscritos conocidos, son 3.
M. (S) o de Salamanca: tiene 7 trozos que no se conservan, c- 1-1709, copiado por el escolar Alfonso de Paradinas (1417). Manuscrito del Colegio Mayor de San Bartolomé, hoy en la Biblioteca del Palacio Real. Es el más cuidado y completo. Representa otra redacción del Texto.
105 folios, el último no está destinado a Juan Ruiz.. Debe ser de principios del siglo XV, estuvo allí hasta 1807 figurando en el Catálogo como “Coplas del Arcipreste”. De allí sacó una copia Tomás Antonio Sánchez para su edición de “Poesías anteriores al siglo XV”.
Presenta 7 lagunas, las cuatro primeras son cubiertas por Gayoso, la 5ª parte, 6 y 7 irremediables.
b). M. (G) de Gayoso. Está en la Real Academia Española, c. 11-1154. Fechado el
jueves 23 de julio de 1389. 87 folios, desordenados, y ofrece sólo una parte del texto. El primer folio está en blanco, excepto un título moderno (1748) y una nota indicando que el manuscrito, después de haber pertenecido a Gayoso, fue comprado por Francisco Javier de Palomares y regalado a sánchez el 12 de mayo de 1787.
10 fragmentos. Comienza en la estrofa 11 y termina en la 1554. Desde allí hasta 1634 la primera redacción es conocida por T. (salvo interrupción, de 1591-1604).
Las lagunas con respecto a S. son comunes con T. en su parte conocida y podrían provenir de su comunidad de origen. Se pensaría en 2 redacciones del misma autor. La 1ª G. y T., más antigua y más corta que la 2ª S. Esta es opinión de Baist, seguida por Menéndez Pelayo y confirmada por Mz. Pidal, “Romania” XXX, p. 139 y ss. La última estrofa del Poema nos da, en efecto, la fecha de la obra, y ella es diferente para cada redacción.
1330-1368: para Gayoso y Toledo (queda el testimonio en T.).
1343-1381: para S.
T.: 6 fragmentos. Desde estrofa 901 discontinuos hasta 1634. Completa G. desde 1554 hasta 1634.
c). M. de Toledo. T. No tiene fecha, fines siglo XV. 6 fragmentos, c. 901-1634.
n Valor relativo de los Manuscritos: toda edición del Libro debe estar basada sobre el M. S. Las lecciones de G. y T., sobre todo cuando ellas concuerdan, pueden ser, no obstante, utilizadas en el mejoramiento del manuscrito base.
La concordancia de G. y T tiene apenas un mayor valor que el testimonio único de S.; pero, por el contrario la concordancia de S. G. o de S.-T. es una fuerte presunción a favor de la autenticidad de las lecciones. Pero el valor de G.-T. depende de que podamos reunir el testimonio de ambos; aisladamente, no pueden oponerse a S. Si G. y T. no concuerdan, la lección buena es de T.
Uno de los defectos de la edición de Cejador es haber seguido G. de preferencia a S., y T. de preferencia a S. y a G.
n Conocimiento de la obra hasta nuestros días: muy en boga en los siglos XIV y XV, lo dicen por sí los 3 manuscritos conocidos, cayó luego en olvido, excepto para algunos eruditos, hasta que T. A. Sánchez lo publica en el tomo IV de su “Colección...” en 1790.
Existió una traducción portuguesa anterior a los ms. conocidos, de la cual sólo nos llegaron 2 fragmentos y uno muy mutilado. Fueron publicados por Solalinde en Revista de Filología Española, 1, 1914, quien cree ver en ellos restos de la traducción “O A. de Hita” que está atestiguada por el antiguo catálogo de la Biblioteca de Don Duarte.
En el siglo XV, los testimonios son aún numerosos.
Martínez de Toledo lo cita dos veces en su “Corbacho” 1438, cap. IV: 1ª parte, cap. VIII: 3ª parte. Santillana (1398-1458) lo menciona en su “Carta Proemio” entre 1445-1449. Número 362 del “Cancionero de Baena” contiene una alusión evidente al cuento de Pitas Payas que revela su popularidad.
Mz. Pidal en 1898 descubrió un m. del siglo XV, que publicó en “Poesía juglaresca y juglares”, donde nos revela qué lugar de honor en esa época esta reservado a los versos de Juan Ruiz en las exhibiciones populares.
En los siglos siguientes, los cambios en el gusto literario y en la lengua hicieron que el texto cayera en el olvido.
No es cierto que el autor de “La Celestina” haya conocido directamente al “L. de B. A.”, a pesar de los numerosos puntos de contacto. Perteneciente al siglo XVI, Sánchez Cantón ha descubierto en las notas del erudito Alvar Gómez de Castro, treinta versos de J. Ruiz, sacados sin duda de un m. de T., patria del compilador: de los cuales 7 no figuran en los ms. conocidos.
Sabemos además que el historiógrafo andaluz Gonzalo Argote de Molina poesía un m. “Cancionero del Arcipreste del tiempo de Alfonso XI”, que parece haber sido un m. de nuestro poeta.
En el siglo XVIII, Luis José Velásquez (1722-1772) es el primero en testimoniar un conocimiento más concreto del “L. de B. A.”; en sus “Orígenes de la poesía castellana” 1754, llama al Arcipreste, el Petronio de la poesía española, juicio rápido y un poco simplista.
El Padre Fr. Martín Sarmiento (erudito benedictino, 1695-1772), no parece conocer al Arcipreste, sino tardíamente, después de 1745, en “Memorias para la historia de la poesía y de los poetas españoles”, Madrid, 1775, donde escribe que Berceo es el único que él conoce que haya escrito en alejandrinos, por eso le atribuye el “Alexandre” y el “Fernán González”; sin embargo en 1750 leyó y anotó el m. G. y no pudo dejar de ver los alejandrinos. Es decir, que hasta 1750 no conoció a Juan Ruiz.
Desde mediados del siglo XVIII empezó a interesar a los eruditos. Existe un triple ejemplar, una copia de los ms. G. y T., incompletos, hecha en 1753 por Palomares.
La edición de Sánchez y los estudios anteriores lo han divulgado: el primero que vale la pena es el de F. Wolf (1832, reproducido en “Estudios para la historia de las Literaturas Nacionales Portuguesa y Española” 1859): luego Clarus, en 1846, Puibusque en Francia en 1843, G. Ticknor en 1849, Dozy en 1846 y Puymaige en 1861. La edición de Sánchez era incompleta, pues había expurgado los versos licenciosos. Amador de los Ríos en 1863 dio en el tomo IV de su “Historia crítica de la literatura española” la edición príncipe de esos trozos.
En 1864 Janer publica el texto completo en el tomo LVII de Rivadeneyra, pero aun omite u olvida dos estrofas aisladas (385 y 1656) y 16 estrofas (436-451). Ducamin, en 1901, publica una edición más diplomática que crítica.
La dificultad para conocer un poco íntimamente el Poema, es sobre todo la falta de una buena edición crítica, seriamente comentada y con un buen glosario comparativo, que permita situar la lengua y el vocabulario de Juan Ruiz en el conjunto de las obras medievales españolas.
n Juan Ruiz, fabulista=
Intercala 25 fábulas en el desarrollo de su libro, ya como ilustración de una verdad moral, ya como conclusión de una aventura del poeta, o como argumentos en las disputas (el autor y el Amor, Trotaconventos y Doña Endrina, Trotaconventos y Doña Garoza).
Ninguna fábula tiene un valor particular en sí, sino que siempre están mediata o inmediatamente unidas a la acción principal.
No aparecen distribuidas a lo largo de la obra, sino agrupadas en 2 ó 3 momentos de la trama: los reproches al Amor llevan 2 fábulas; los 7 pecados, 8; el episodio de Doña Edrina, 3; la larga discusión de Trotaconventos y Doña Garoza, 9.
Las tres restantes están al principio, mezcladas con los breves episodios amorosos iniciales.
En general se agrupan al principio, luego de los 200 primeros versos, y al final hasta los 200 últimos versos. Se unen también cuentos morales o eruditos.
Además de las 25 fábulas, el texto, en el verso 929 c, alude a otra fábula, sin desarrollarla (El gato, la comadreja y el conejillo): “la liebre del covil, sacala la comadreja”.
Los orígenes son diversos: 21 de la tradición esópica medieval, es decir, que después de figurar en Fedro han sido recogidas en las numerosas compilaciones en prosa o verso, las que a través de Fedro se remontan al apólogo griego o clásico.
Cuatro, son préstamos, ya de la tradición oriental (vulpes) (cor cervi); ya de los cuentos de animales tan esparcidos en el Medioevo (El reparto del león); también parece de este origen la fábula del lobo abad (lupo pedente). La alusión del verso 929 c es de procedencia oriental.
Fábulas esópicas: ni Fedro ni Esopo fueron conocidos en la Edad Media, pero sus temas estuvieron en boga gracias a colecciones derivadas de Fedro más o menos directamente, en verso o en prosa.
Se distinguen 2 grupos de compilaciones. En el primero se ubican las colecciones que remontan a Fedro y sólo a Fedro (ya sea las que hoy se conservan de Fedro u otras que se le pueden atribuir con certeza).
En este primer grupo las compilaciones más antiguas están en prosa. Se citan 3 principales, de éxito diverso: El Esopo de Ademar y de Leyde, El Esopo de Wissembourg y El Romulus.
Los dos primeros nos interesan por sus relaciones con el “Romulus”: gracias a ellos nos es más fácil representarnos cómo estaba constituida la tradición latina de la fábula medieval; pero para el desarrollo posterior de esta tradición, tienen poca importancia pues tuvieron poca difusión.
No queda más que un ms. de cada una. Por el contrario, el Romulus fue universalmente conocido. Es en él, especialmente que Vincent de Beauvais (dominico enciclopedista, 1190?-1264-67?) fue a buscar las 29 fábulas que reprodujo dos veces en su “Speculum historiale” (IV-2 a 8) y en su “Speculum doctrinale” (IV.114-123), obras muy difundidas en la Edad Media..-