domingo, 25 de abril de 2010

                  ARCIPRESTE DE Hita. “Libro de buen amor”.   Parte 3.-

 

                                                                        Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

Lecoy. J. Ruiz, fabulista (continuación).

 

 

Hay otras redacciones del “Romulus” que no nos interesan. El de Walter l’Anglais, 60 a 62 fábulas. El de Alexandre Neckam, 42 fábulas. El primero tuvo una difusión extraordinaria, restan más de 100 ms. Y hubo 3 traducciones en francés: Isopet de Lyon, Isopet I y el Isopet III de Paris.

 

Paralelamente a esta colección que se relacionan entre sí, evidentemente, otro Isopet gozó de gran suceso en el Medioevo, es el que se acostumbra a designar bajo el nombre de “Romulus anglo-latino”, pues la compilación parece proceder de Inglaterra. 

El original está perdido, pero quedan derivados: el Isopet de Marie de France, el Romulus llamado de Robert y el derivado latino del Romulus de M.de France o fragmento de Göttingen (LBG). De los 5 ms. que quedan, los 3 más importantes están en Londres, Bruselas y Göttingen.

 

Esta colección es independiente del Romulus ordinario, pues encontramos fábulas de Fedro que no figuran en el Romulus, y que debieron venirle por otra vía, sin contar las fábulas de fuente totalmente diferente.

 

En fin, la Edad Media conoció otras compilaciones de Apólogos de un género un poco diferente: las que hacían los predicadores para ejemplificar sus Sermones. Echaron mano de cualquier fuente y así se nos conservaron versiones desaparecidas por otra parte.

Estas compilaciones son muy numerosas; una de las más célebres es la compilación de Eudes de Cheriton,  monje inglés de la primer mitad del siglo XIII.

 

Con respecto a las compilaciones expandidas en España durante la Edad Media, especialmente las latinas: de la lista hecha por G. C. Keidel resulta que para el período antiguo, hasta 1350, no se ha conservado nada, pero de 1350 a 1500 tenemos las menciones de  5 ms. de V. de Beauvais, 3 ms. de W. o L’Anglais, 2 ms. que contienen fábulas latinas (1 en Valencia, otro de 1460, perteneciente a D. A. García de Sta. María de Burgos) y 2 ms. que figuraron  en las bibliotecas del siglo XV (1 en la de Carlos II de Navarra, otra en la de Carlos de Aragón, que contenía fábulas en francés).

 

El Arcipreste no fue el primero en utilizar la tradición esópica en España. Basta mencionar a su contemporáneo el Infante Don Juan Manuel (1282-1348, con su “El Conde Lucanor&rdquoGuiño.

 

Después de Deidel, Reite de Vasconcelos descubrió a un ms. del siglo XV y publicó un Fabulario Portugués.

El ms. De W. L’Anglais había sido ya señalado por Amador de los Ríos, que vio en él la fuente probable de Juan Ruiz, pero no supo identificar su contenido y lo bautizó con el nombre de “Hortulus”; además creyó el ms. más viejo de lo que es realmente. Pero en el fondo  estaba en lo justo...

 

21 de las Fábulas de J. Ruiz son tomadas de la tradición esópica. Sólo la 8ª “El águila y el cazador” aparece  únicamente en el Arcipreste. Las 20 restantes parecen tener como fuente el “Romulus” de W. L’Anglais.

 

J. Ruiz ha sido más atraído por las posibilidades pintorescas de sus apólogos o su interés de acción que por su valor moral, pues buscó con ellas (insertadas en una exposición moral), hacer vivo y colorido lo que por su sequedad pudiera llevar al fastidio.

 

Muchas veces el sentido original de las fábulas es modificado para que encaje en la exposición, otras veces resulta forzado y el mismo Arcipreste da dos o más enseñanzas, como resultado de un apólogo.

 

En el relato del apólogo en sí, en cambio, muestra gran maestría y despliega todas sus posibilidades. Se nota que allí está cómodo. Presenta los personajes y la escena de sus breves comedias.

El desarrollo brillante pero vacío y abstracto del modelo latino deja paso a una narración sostenida por detalles concretos y pintorescos. Los personajes cobran vida y el mundo imaginario se cambia por el mundo cotidiano que bullía en torno al poeta.

 

Es un admirable fresco, rápidamente esbozado, pero magnífico de colorido, que se desarrolla ante nosotros presentándonos la locura, la maldad, la picardía y la vanidad humanas, pero también a veces, la simplicidad conmovedora y la bonhomía campesina.

 

Algunas fábulas quedaron como modelos para siempre. “El ratón campesino y el ratón ciudadano”, “El caballo orgulloso y el asno”, “El zorro y el lobo en proceso ante el simio”, etc.

 

Otro aspecto notable es que, siendo original e independiente, sigue escrupulosamente su modelo. Atrevido en lo que se refiere a la composición, parece, en cambio, que el estilo de su antecesor lo ha seducido hasta seguirlo en su Manierismo.

Precisamente el mérito de W. L’Anglais reside en el estilo, del cual aplica todas las recetas entonces conocidas. Nada hay que pedirle de naturalidad, de verdad profunda, de sensibilidad, tiene un temperamento literario muy superior a su modelo. Sin contar lo que puso de su creación, supo escoger el material que utilizó.

 

Fuentes: “La montaña que bramaba” (Fedro, IV, 23), “El perro y el ladrón” (F., I, 23), “Las ranas que demandaban un rey” (F. I, 2), “El alano y la presa de carne” (también el el “Calila e Dimna”, y F. I, 4). “El caballo y el asno” (una de las más originales J. Ruiz, c. 237-245), “El lobo, la cabra y la grulla” (F., I, 8. Tiene dos morales, la estrofa 256 es la tradicional. “El águila y el cazador” (270-275; La Fontaine, II, 6). “El pavón y la graja” (F., I, 3, a veces corneja, graja o cuervo). “El león y el caballo”. El Arcipreste se aparta de la tradición de “Romulus”, no se presenta como Soberano sino como Médico, no muere del golpe y aprovecha la lección que es distinta, no se reprocha la gula, sino el hacerse pasar por lo que no es. La huída y muerte del caballo no aparecen. “El león que se mató con ira” (F., I, 21; se parta de la tradición, añade al toro y hace morir al león de ira y vanagloria). “El lobo y la zorra en proceso ante el Simio” (desarrollo original, F. I, 10). “El topo y la rana”. “La golondrina y la avutarda”. “El hortelano y la culebra” (F. , IV, 19). “El galgo y su señor” (F., V, 10). “Mur de Montferrando y Mur de Guadalajara” (está en Horacio pero no en Fedro). “El gallo y el zafiro” (F. , II, 12; el Arcipreste introduce la idea que el zafiro pronuncie la moraleja). Pone dos conclusiones: la tradicional (1390) para los que no saben interpretar lo que leen; otra, 1391, de su invención, para los que no saben aprovechar la fortuna que pasa. “El asno y el perrito”. Siendo fiel a sus modelos, es original en la expresión. “El león y la rata”. “La raposa y el cuervo” (F., I, 13). Fábula muy conocida: “Conde Lucanor”, enx.  V de la compilación de Sebastián de Mey, aunque parece seguir otra tradición (el queso es un trozo de carne y el final parece tomado de Apuleyo, de deo Socratis, Prologus, por quien es también narrada la fábula). “Las liebres y la ranas”. En el Romulus y en Walter la actitud de las ranas da coraje a las liebres, en el Arcipreste parece al principio lo mismo; pero luego las invade el temor.

 

Tradición oriental. Dos fábulas provienen de fuentes orientales. Es imposible situarlas con precisión, debemos contentarnos con presentar el lugar que ocupa Juan Ruiz en el conjunto de las versiones; su originalidad y su papel de iniciador o intermediario.

Amalgamando cuentos de origen oriental con otros occidentales no hace más que continuar la tradición en la cultura española que también vemos en “Conde Lucanor”.

 

“La raposa que come las gallinas” c. 1412-1421. El cuento puesto por el Arcipreste a la manera de fábula, pertenece a la tradición oriental del “Libro de los Siete Sabios” y es el enxiembplo 29 del “Conde Lucanor”. “Cuento del asno sin orejas y sin corazón” c. 893-904, se encuentra en la Edad Media en dos formas: oriental (cap. VII del “Calila e Dimna español&rdquoGuiño; el Occidental, Fedro y sus imitadores lo ignoran.  En la oriental la víctima del león es un asno; en la occidental, un ciervo.. J. Ruiz sigue la tradición oriental, sobre todo al principio y en los personajes, pero mezcla elementos occidentales y hace intervenir a la zorra y al lobo.. “El alano y la presa de carne”, esópica. “El hortelano y la culebra”: tiene doble fuente: greco latina y oriental.”El águila y el cazador” es la fábula II, 6 de La Fontaine..

 

Los cuentos de animales: “El reparto del león”, 82-88. Es el tema de la rama XVI del “Roman du Renard”. El Arcipreste debió tomar la fábula de alguna recopilación para predicadores. “El lobo abad” o “De infortunio lupi”, c. 766-789. Fábula misteriosa. Su versión es la más antigua. En colecciones posteriores se la llama “De lupo pedente”, .

 

Juan Ruiz cuentista=

La fábula esópica u oriental y la tradición popular europea no fueron las únicas fuentes de donde Juan Ruiz tomó el tema de sus Cuentos.

Conoció también, como todos sus contemporáneos, recopilaciones de Historias Edificantes, cómicas o eruditas, que pasaban de generación en generación y de comarca en comarca, y que, incesantemente rehechas, recopiadas, contaminados, adaptadas o traducidas, no cesaron en toda la Edad Media de seducir y proveer las imaginaciones de un público fácil de contentar en materia de demostraciones morales, de distracciones pasajeras.

Agrupamos tres clases: cuentos morales o enxiemplos (“El ermitaño que bebió” 529-543), “El ladrón que vendió su alma al diablo” 1453-1479; Cuentos para reír: “Dos perezosos que querían casar con una dueña” 457-467. “Aventura de Doib Pitas Payas” 474-485; “El garçon que quería casar con tres mujeres” 189-196 y “Disputa entre el doctor griego y el ribaldo romano” 46-63. Cuentos eruditos: “Horóscopo del rey Alcaraz” 128-139, “Virgilio encantador” 261-269, único donde no hablan personajes.

 

Juan Ruiz doctrinal=

 

Temas morales y teológicos:

  1. Los Siete pecados capitales (217-387) y las Armas del Cristiano (1579-1605). Vulgarizan los conocimientos, bien común de la Cristiandad entera. “Los siete pecados” forma la parte esencial del violento reproche que en la primera mitad de su poema el autor dirige al Amor.

 

Le reprocha ser el principal motivo de esos enemigos del alma. Ello está claramente indicado en 217 a, es difícil de determinar hacia el fin qué le pertenece exactamente. Es una de las imprecisiones de composición más graves de la obra.

El número de pecados no es el tradicional de 7, sino el de 8. El orden de los mismos en el primer desarrollo eran: codicia, soberbia, avaricia, lujuria, envidia, gula, vanagloria, ira, pereza (orden tradicional está en “Rimado de Palacio” y en “El Corbacho&rdquoGuiño. El Arcipreste enriquece su enumeración con la Codicia, cupiditas: apetito.

 

Esto nace en el autor de la costumbre medieval de simbolizar la procedencia y relación de los diferentes pecados entre sí, por un árbol, cuyo tronco o raíz representa el pecado esencial capaz de producir los otros, y las ramas, las infinitas derivaciones de ese pecado inicial.

Esta imagen  aparece por primer vez en el “De fructibus carnis et spiritus” de Hugues de Saint Victor (1096-1141) donde se describe el árbol del Mal o del Viejo Adán que tiene por raíz el orgullo y 7 ramas.

 

El orgullo cede su lugar inicial a la Codicia.

 

Juan Ruiz agrupa pecados habitualmente separados: cólera y vanagloria, deseo de la gloria terrestre, aparentemente no tienen relación, pero aparecen juntos en la fábula del león que amando sólo el poder terrestre, al verse viejo y débil, se mata con ira.

 Es posible que la idea del suicidio haya sido el puente que pudo relacionar la cólera con la vanagloria .

 

Las Armas del Cristiano: Esquema de exposición:

Introducción, 4 estrofas, 1579-1582.

Adversarios, pecados mortales (1583), mundo, carne, diablo (1587). Aliados: obras de misericordia, dones del Espíritu, Santo, sacramentos, obras de piedad: virtudes (1585); largo desarrollo, a cada pecado, dos estrofas: presenta a nuestros aliados (1586-1601).

Resumen, 1602.

Recuerdo los tres enemigos, 1603-1604. Plegaria a Dios, 1605.

 

Este esquema nos hace pensar en un trozo sólidamente compuesto pero desgraciadamente, la estructura se deshace por el error ya señalado de falta de correspondencia determinado por el aumento del número de vicios a 8.

 

Todo el artificio de la exposición radica sobre una serie de correspondencias septenarias: a 7 pecados, 7 virtudes, 7 sacramentos, 7 dones del Espíritu Santo, 7 obras de Misericordia.

 

Como enumera 8 pecados, al fin le queda 1 (la pereza) que no permite correspondencia.

Por negligencia o falta de interés, no vio la idea esencial que daba al conjunto su carácter específico. Esta negligencia se revela igualmente en detalles de exposición donde orden y rigor son más aparentes que reales.

 

 

 


Publicado por Desconocido @ 12:18
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