viernes, 30 de abril de 2010

                                       EL ROMANCERO TRADICIONAL ESPAÑOL.-

 

                                                                                    Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

 

  • El Romance es una composición épico-lírica, con número indefinido de versos octosílabos, rima asonante en los versos pares y libres los impares.

 

Comprenden Romances viejos, del siglo XV. Y Romances nuevos, de mediados del siglo XVI. Aquéllos, obras anónimas. Éstos,  por autores.

 

Son una de las más sobresalientes y personalísimas manifestaciones del arte literario popular y nacional español.

 

Con la decadencia de los Cantares de Gesta, el gusto popular retuvo sólo los episodios notables.

Según esta teoría los Romances son fragmentos breves de la Épica, que fueron retenidos por la memoria y enriquecidos por las gentes.

 

De transmisión oral; la autoría se le debe adjudicar al pueblo que los conservó en sus cantos, de generación en generación: tradición oral (Menéndez Pidal).

Es Poesía Tradicional que vive en variantes, refundiciones colectivas= Neotradicionalismo.

 

Para otros, primero fueron los Romances, que agrupados temáticamente formaron los Cantares de Gesta (Romanticismo).

 

El gusto seleccionó por intensidad expresiva, sólo se conservó lo narrativo esencial y se agregó lo lírico, lo sugestivo-intuitivo, lo sentimental-subjetivo.

 

Sustituyen la visión narrativa-discursiva de la Épica, por una visión directa, viva, rápida, del suceso que tratan.

 

Agilidad de los asuntos y la métrica (hemistiquios desprendidos del verso épico).

Fragmentarismo: carácter poético. Comienzo brusco,”in medias res”, final trunco, sugestivo.

 

Clases: viejos (tradicionales – juglarescos. Artísticos (novelescos, líricos –ambos de temas sentimentales, moriscos, carolingios, bretones).

 

Fina elegancia que armoniza lo popular con una expresión poética del más fino valor estético.

Movimiento dramático de rápidos diálogos, captación instantánea de escenarios e intenciones personales, parquedad de adjetivación.

Inmediata aproximación a la realidad, descripciones de tremenda fuerza plástica.

 

El Romancero será revivido genialmente por Lope de Vega (1562-1635).

 

  • Romances moriscos:

 

Se reanima la Guerra de Granada, con nuevos ataques a Baeza y a Jaén en 1407. Entonces vemos iniciada la tendencia romancística a contemplar desde el campo moro los éxitos de las armas cristianas.

 

Algunos están  vistos desde el campo enemigo. Por ejemplo, repulsa de Granada a rendirse. 

 

  • Texto: “Romance de Abenámar y el Rey Don Juan”:

 

Milá supone que  el “Romance de Abenámar y el Rey Don Juan” pueda ser obra de un moro latinado.

Según M. Pidal, desde antiguo revelan los romances influjo, a veces muy fuerte, de ideas y sentimientos moros, simpatía hacia el pueblo enemigo, pero no traducción de originales árabes.

 

Coetaneidad. Fronterizo (morisco). Descripción-Narración-Diálogo.

Estilo directo.

Es un romance de tema y motivo moro, pero castellano en su lengua.

Escrito durante la última etapa de la Reconquista.

Lirismo (sentimiento).

 

Seis interlocuciones, 46 octosílabos.

El Rey Don Juan llega a la vista de Granada, acompañado de Abenámar, a quien ha prometido  nombrarlo  Rey y le señala Abenámar los deslumbrantes edificios de la ciudad a la que  requiebra como un enamorado.

 

Romance-diálogo.

Paralelismos expresivos.

Maurofilia, simpatía por lo árabe.

 

No exponen una serie de sucesos complicada y completa, sino que se limitan a desarrollar una escena, una situación, un momento.

 

Lo corriente es que la narración se anima y actualice mezclando buena parte de diálogo sin que tampoco abarque una sucesión larga de sucesos, sino un evento único, aunque desenvuelto en incidentes varios.

 

En los romances-diálogo la narración era suprimida y la escena o la situación se desarrollaba toda en forma de diálogo, serie de discursos directos.

Todo rastro de narración es suprimido para dar más viveza a la escena El verso introductor es narración.

 

Escena o situación presentado: no se narra objetiva y discursivamente, sino que se actualiza ante los ojos.

Descripción dinámica, junto con la acción.

Descripción circunstanciada, en forma fugaz.

 

Actualización: a veces se sugiere una representación a los oyentes mediante un apóstrofe encabezado con el verbo “ver”.

 

“Ya”: también es usado a la cabeza de una narración para así actualizarla y darle viveza.

El lirismo se introduce en el relato empleando la exclamación.

 

A veces el comienzo  consiste en el artificio de convertir la narración en apóstrofe impersonal.

 

Se utiliza una imagen propia de la Literatura Árabe, considerando a una ciudad como novia  pretendida: Granada dialoga con el rey Don Juan II.

 

Se prescinde de preliminares, incidentes y desenlaces, para destacar sólo una situación elegida, o una rápida serie de sucesos nuclearios.

 

Se niega a dar antecedentes de los personajes que presenta.

 

Muchos comienzan y se componen de sólo un discurso anónimo iniciatorio.

 

La tendencia a dotar los romances truncos de un final explicativo es muy débil. Actúa sobre los romances épicos. “Rey don Sancho...” (aviso del Caballero Zamorano).

 

Reiteración: exclamativa, narrativa= lírico.

 

El Romancero olvida así el carácter nacional y religioso de la Reconquista; se desnacionaliza en parte, para ganar universalidad.

 

                                 “-¡Abenámar, Abenámar,      moro de la morería,

                                 el día que tú naciste              grandes señales había!

                                 Estaba la mar en calma, la luna estaba crecida:

                                  moro que en tal signo nace no debe decir mentira.

                                 -No te la diré, señor,    aunque me cueste la vida.

                                 -Yo te la diré, señor,   aunque me cueste la vida.

                                 ¿Qué castillos son aquéllos?      ¡Altos son y relucían!

                                 -El Alambra era, señor,      y la otra la mezquita;

                                 los otros los Alixares,       labrados a maravilla.

                                 El moro que los labraba,    cien doblas ganaba al día,

                                Y el día que no los labra    otras tantas se perdía;

                                desque las tuvo labradas       el rey le quitó la vida

                                porque no labre otros tales       al rey del Andalucía.

                               el otro Generalife,     huerta que par no tenía.

                               Hablara allí el rey don Juan,    bien oiréis lo que decía:

                               -Si tú quisieras, Granada,     contigo me casaría;

                              daréte en arras y dote     a Córdoba y a Sevilla.

                             -Casada soy, rey don Juan,    casada soy, que no viuda;

                                 el moro que a mi  me tiene     muy grande bien me quería.

                              Hablara allí el rey don Juan,   estas palabras decía:

                              -Échenme acá mis lombardas     doña Sancha y dona Elvira;

                             tiraremos a lo alto,     lo bajo ello se daría.

                             El combate era tan fuerte     que grande temor ponía”.

                          

                           

 

                                

 


Publicado por Desconocido @ 21:05
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