“LAS AVES”, DE ARISTÓFANES.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Poeta y comediógrafo polifacético, vivió entre 450-385: político, moralista, sarcástico, con particular gusto por lo procaz y a su vez lo sutil y delicado.
Un mundo variado y contrastante. Se nutre de la fundamental alegría de vivir.
Heinrich Heine: “La obra de Aristófanes es un árbol maravilloso al que trepan los monos y en el que cantan los ruiseñores” (en “Diccionario Bompiani”, Autores, t. 1, p. 130-132).
Hartos de Atenas, su bullanga, sus leguleyos, sus demagogos, delatores y continuos cambios políticos.
Entrevistan al rey Tereo, mítico rey de Tracia, transformado en abubilla.
Planea construir una ciudad en el aire, a medio camino entre los hombres y los dioses.
Reúnen al pueblo de las aves: Nefelococcigia.
Desfilan, mientras se construyen las murallas, todo tipo de personajes atenienses: el sacerdote, el poeta, el agorero, el agrimensor, el inspector, el vendedor de decretos.
Llegan enviados de la tierra, que desean obtener la ciudadanía de Nefelococcigia.
Los sacrificios de los humanos de ahora en más serían destinados a las aves.
Los Dioses Olímpicos pasan hambre. Heracles cede unas aves que asa Pistetero.. Éste se casa con Basileía (Reina), administradora de los rayos de Júpiter.
Irremediabilidad de la necedad humana.
No hay tan acentuada sátira política como en otras de sus obras.
“Las Aves” es una comedia de temas múltiples y variados, exaltación de la Felicidad. Rabelais aunado con Shelley: burla grotesca y crítica, más una alada fantasía y un hermoso lirismo.
Precursor del romántico John Keats en cantar a las aves.
Poeta rudo y áspero, también sensual y de abierta alegría.
“El inmenso, el sacrosanto, el incomparable Aristófanes” lo llamó Gustave Flaubert.
“Austero sentido de la Poesía y de la forma artística que demuestra, aun bajo fórmulas de apariencia ética” califica B. Croce (en “Diccionario Bompiani”, tomo II, p. 482-493).
En “Las avispas” traza una inmortal caricatura de la manía de pleitear de Atenas en el siglo V. Imitada por Jean Racine en “Litigantes”.
En “Lisístrata” compone una despreocupada protesta contra la Guerra.
En “Las tesmoforiazusas”, se burla de Eurípides y sus tragedias.
En “Las ranas” se transmite un sentido poético: Dionisos desciende al Infierno para traer a la Tierra a Eurípides, pero vuelve con Esquilo, el único y verdadero maestro.
En “La asamblea de las mujeres”, redacta una polémica risueña contra la desigual distribución de la riqueza.
En su “Pluto”, crea una comedia social y de burla.
Con el desastre ateniense, ocurre la catástrofe de Sicilia, el golpe de estado oligárquico en Atenas.
Elevó a la categoría de protagonista al pueblo de Atenas en su quehacer cotidiano.
“Dentro de la aparente intrascendencia satírica, la divertida comedia griega, oculta la semilla disconforme en su intacta dureza. Rebeldía connatural” (autor y lugar citado).
“Somos dependencia de una voluntad igualmente dependiente”. “¿Qué harán los dioses sobrevivientes sin rezos, ofrendas ni abluciones?, las plegarias son el trigo de los cielos” (íd.)
Si desaparece el hombre, desaparecen los Dioses, “de inanición ritual o de vulgar melancolía”.
“Pero a nosotros nos ocurrirá algo mucho peor, gravemente pero. Nuestras almas quedarán sin inmortalidad, sin la bienaventuranza prometida, por el consecuente vaciamiento de los cielos”, continúa Clemente en su espléndido análisis.
El hombre es “homo mensura” (medida protagónica de todas las cosas) y “Homo mensura deorum”: los dioses sin hombres vuelven a pagana conjetura teológica; el hombre es también “medida de los dioses”.
La excelente comedia aristofanesca, hilarante, aguda y profunda a la vez, concluye con un jubiloso Canto de Himeneo.
La una se entrega desinteresadamente a la imaginación, a la alegría de vivir, a las emociones amables, al deseo de ideales sencillos, y confina a veces con el idilio y con la utopía, como en “Las aves” de Aristófanes, y “La Tempestad” de Shakespeare; la otra quiere ser espejo de la vida social y crítica activa de las costumbres, se ciñe a la observación exacta de hábitos y caracteres, y muchas veces se aproxima a la tarea del moralista psicólogo, como Teofrasto o Montaigne.
De ella han gustado genios mayores: Aristófanes y Shakespeare, Lope y Tirso. Los representantes de la otra son artistas más limitados, pero admirables señores de su dominio, cultores finos y perfectos. De su tradición es patriarca Menandro: a ella pertenecen Plauto y Terencio, Ben Jonson, Moliere y su numerosa secuela”.
Pedro Henríquez Ureña: “Figuras. Don J. R. de Alarcón”; en “P. H. U.” Ernesto Sábato, Ediciones Culturales Argentinas, Bs. As., 1967, p. 125).
Aristófanes en mi biblioteca (selección):
“Teatro Griego”, Clásicos E.D.A.F., Madrid, 1970, p. 1281-1982; trad. de F. Baráibar y Zumárraga.
Enrique Anderson Imbert: “’Las aves’ de Aristófanes” (en su “Los domingos del profesor”, Gure, 1972, p. 256).
Alfredo de la Guardia: “Crítica teatral en el teatro. A.” (en su “Visión de la Crítica Dramática” La Pléyade, 1970, p. 21-23).
C. Giner-J. de Hoz: “Comedia Griega. A.” (en “Comentario de textos griegos y latinos” C. Codoñer, coord.., Cátedra, Madrid, 1979, p. 101-137).
Albin Lesky: “La Ilustración y sus adversarios. 5. La comedia política- Aristófanes” (en su “Historia de la Literatura Griega”, Gredos, Madrid, 1968, p. 454-481).
Ezequiel Martínez Estrada: “Volviendo a Aristófanes” (en su “En torno a Kafka y otros ensayos”, Seix Barral, Barcelona, 1967, p. 45-49).
Guillermo Morón: “A. estuvo aquel día” (en su “Libro de los Fragmentos”, Vergara, 1983, p. 36-38).
Alberto J. Vaccaro: “A. y la comedia antigua” (en su “introducción al teatro clásico” Columba, 1971, p. 45-50.
(Gagliardi, G. R.: “Sarmiento desde Aristófanes”, en mi blog “sarmientisimo”, 09-08-2008).