WILLIAM BLAKE Y D. F. SARMIENTO, ENTRE EL CIELO Y EL INFIERNO.
Por Guillermo R. Gagliardi.
“¿Y edificóse una Jerusalén
en medio de esos negros, satánicos molinos?.
¡Dadme mi arco de oro ardiente!.
¡Dadme mis flechas de deseo!.
¡Traed mi lanza! ¡Abríos, oh nubes!.
¡Traedme mi carro de llama!.
No cejará en mi espíritu la lucha
ni ha de dormirse en mi mano la espada,
hasta que levantemos otra Jerusalén…”.
(Versión de M. Montand).
Son llameantes versos de WILLIAM BLAKE (poeta, pintor, grabador, místico inglés, 1757-1827), de su poema “Milton” (en su “Nueva Jerusalén”).
“Soldado con la pluma o la espada, combato para poder escribir; que escribir es pensar; escribo como medio y arma de combate, que combatir es realizar el pensamiento”. Esta contundente definición de su genio de Hacedor Sudamericano, lo escribió DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888, político y escritor, maestro argentino)…
Ambos personajes no gozaron demasiado de la simpatía de su tiempo, no obstante nunca desdeñaron “la oportunidad de batir el tambor de la Libertad y la Dignidad” (Esteban Ierardo, “W. Blake. Los caminos de una poesía visionaria”, en “Temakel. com”).
Uno y otro reivindicaron el papel decisivo de la Mujer en la Humanidad, en la formación del Hombre individual y como Ciudadano. P. ej., el inglés en su poema “Visions of the daughters of Albion” (1793) consagra los “derechos /femeninos/ a su autorrealización”.
Don Domingo, en carta a su amiga Mary Mann (“Una aventura amorosa de S.” por Enrique Anderson Imbert, 1968, p. 44-45), traza su propia Apología de la Mujer y de la Belleza, en numerosos discursos y artículos de periódico. “Dios es Fidias, es Rafael”, celebra la vida y el mundo.
Irreverente, contestatario, Blake apoyó ideológicamente las Revoluciones Norteamericana (1776) y Francesa (1789), pues, “radical republicano (…) cree que la Revolución es un nuevo amanecer de la historia” (Ierardo, cit.).
Como artista plástico destácase su arte iluminado, el músculo de sus grabados, su gnosticismo y surrealismo que sobrecogen, su particular religiosidad.
Espiritualista consumado. Esotérico, con el neto influjo, entre otros, del teósofo luterano Jakob Böhme (1575-1624, alemán; autor de “La vida suprasensible”, etc.) y el científico y teólogo sueco Emanuel Swedenborg (1688-1772, escribió “Sobre el cielo y sus maravillas”, “La sabiduría de los ángeles”, etc.).
Nietzscheano, postula una ética anárquica, libre y precursora en su tiempo. Ver Iñigo Sarriugarte: “Las alucinaciones mentales de W. B. como base de su obra literaria y artística: ¿Genialidad o locura?”, en revista electrónica ‘Razón y Palabra’ nº 40, agosto 2010. Nerio Rojas: “Psicología de Sarmiento”, Kraft, ed. 1961).
Como en el pedagogo sanjuanino, la Biblia se constituyó en fuente permanente de inspiración, esencial en su vida.
T. S. Eliot (1888-1965, Premio Nobel 1948, en su “Los poetas metafísicos y otros ensayos sobre teatro y religión” (de sus “Selected Essays 1917-1932”) considera a Blake un ser absolutamente “original, propio”, “se aproximaba a todo con una mente despejada de opiniones corrientes” (ob. cit., Emecé, ed. 1944, p. 405).
De pasmosa sinceridad al modo sarmientesco. Auténtico y personal. “Excéntrico, personalista”. Fáustico y hasta dionisíaco… Porque según W. B.
“…quien la alegría besare en su aleteo
vive en el alba de la eternidad”.
Y “Sarmiento dixit”: “La risa contiene más enseñanza que la nieve… el buen reír es humano y humaniza la contienda” También puede leerse su “Puritanism and drunkness” (“Ambas Américas”, tomo XXIX de sus ‘Obras Completas’).
Para nuestros parangonados, sus “visiones” y sus “ideas” constituían lo fundamental en sus vidas.
Todo este canto de Inocencia y Experiencia, que reflejan su acción y su reflexión, fue concebido desde una marcada “exaltación” y “entusiasmo” (v. Federico Olivero, “El romanticismo inglés” Madrid: edit. América, s. f.).
El autor de “Facundo” y “Recuerdos de Provincia”, como “The Poet”que evoca Ralph W. Emerson (1803-1882, pensador y escritor bostoniano) en sus “Essays second series” (1844), encarna al Hacedor y antes que nada el que “nombra las cosas” americanas, el que, en sus escritos de la vejez, con-sagra Lo Americano (nuestra fauna y flora, la arquitectura y la medicina indígenas, el idioma nacional, el Delta… Véase G.R. Gagliardi, “El otro Sarmiento. El Verdadero” en su blog “sarmientisimo”, 17-8-2008; E. Anderson Imbert, “Genio y figura de S.” Eudeba, 1967, 2ª ed. 1988; “S. entre dos fuegos” Luis Franco, Paidós, 1967).
Como en los “Horton Poems” (de John Milton, 1608-1674), “cada villorrio parece frecuentado por pies sagrados”: “The Namer of Things” pronuncia “Palabras de Locura” por el Progreso social y educativo, una “sensación de maravilla” ante el paisaje y el adelanto humano en estas tierras.
Manifestación de su admiración por las “ideas sanas y realizables”, adhesión cordial e intelectual, emoción y lógica, por la Moral y el Pensamiento (v. Olivero, ob. cit., p. 36).
Agregada una fundamental vocación Romántica por el Misterio, lo Místico y la Espiritualidad y el Profetismo (un humanismo apocalíptico en el londinense, un Iluminismo pedagógico en el cuyano).
“Sombra terrible de Facundo, voy a evocarte”…, entre la potencia luminosa blakeana y la tenebrosidad características. Fulgores y oscuridades sugestivas, evocadas enérgicamente, símbolos trágicos, alegorías de cuño romántico.
Fervor épico en Sarmiento, lírico en el inglés.
El argentino encarna “un esfuerzo sincero por expresar una nueva emoción” (v. F. Olivero, ob. cit.): su lucha cruenta, encendida, grandiosa y memorable por el Adelanto Republicano.
“Blake canta cuando lo asalta la embriaguez del canto, canta como un pájaro entre el rocío del alba” (Olivero, loc. cit., p. 38). Me evoca la neta “parrhesía” sarmientina, su veracidad asombrosa, su estilo socrático, el sostenimiento catoniano de sus verdades y postulados radicalmente cívicos..
Su escritura, los “prophetics books” sarmientinos, revelan una gran fuerza, una “sangre original aún llena de fervor”.
Un ser adánico, primitivo.. Su modo de escritura bíblica, acentúa el relieve profético de su figura en nuestra Historia, en sus cartas como lanzas, en sus proclamas marciales, donde “pesa el aviso del Futuro”, en llamaradas de “furia clamorosa, en su tonante ímpetu”.
Trasunto permanente de su peculiar fuerza, indómita y salvaje, que llegó a la Barbarie y la violencia de tigre, casi tan inquietante como la de sus enemigos ideológicos (léase p. ej., G. R. Gagliardi, “Sarmiento, nuestro Moisés”, blog ‘sarmientisimo’, 26-8-2008).
Cielo – Infierno / Civilización – Barbarie. En esta instalación conceptual y espiritual se encuentra el arte de Blake primero, esplendoroso, sugestivo, adelantado a su época, y el pensamiento político-educacional del maestro sanjuanino, después.
Como ha observado Alberto C. Blasetti (en su artículo “Monarca de la noche”, La Prensa, 31-8-1980), el soberano artista inglés se basa en la oposición referida, a la que consideraba, precursoramente jaspersiano, definitivamente como “situaciones límite”.
Define Blake:
“Without Contraries is no Progression. Attraction and Repulsion, Reason and Energy, Love and Hate, are necessary, to Human existence”.
Continúa en “The Marriage…”:
“De estos contrarios sale lo que el religioso llama el Bien y el Mal”. El Bien obedece a la Razón.
Como nuestro Domingo, William solía percibir los mundos sutiles del Espíritu, Dialogaba con su “daimon socrático”, tal como el londinense tenía visiones divinas o fantasmagóricos y confesaba hablar con las almas insignes de Voltaire, de Milton, y de su propio hermano Robert (Ver Pablo Mañé Garzón, “Prólogo” a “Poesía Completa” de W. B., 1980, p. 8).
Individualistas irreductibles, creían firmemente en “Su Misión” metafísica, correctora de la Sociedad.
Sus escritos, su acción, la admonición mosaica en uno, el dibujo miguelangelesco en el otro, su norte predominantemente didáctico-moral y libertario en esencia (concebía la palabra y el dibujo con la persuasiva fortaleza de la Revelación, afirma M. Garzón).
Rugen “sacudiendo los puños en el aire cargado”, tal cual expresa el autor de “Las bodas del Cielo y el Infierno” (ca. 1790).
Nuestro maestro erigía sus ideas modernizadoras y las concretaba desde su acendrada Pasión Civilizadora, su Religión del Bien Público. Su férrea mística, su vital amor positivo.
“Roses are planted where thorns grow.
And on the barren heath
sing the honey bees”.
Configuran estos versos la utopia sarmientesca, descripta por Blake en su “Las Bodas…”, 1ª parte: “The Argument”.
Sostiene éste que la mayor virtud se alcanza en el despliegue pleno de nuestra personalidad.
Agustinianamente ambos entendían el Mal como la irrealización del Ser (léase R. Squirru, “W. B.” ‘La Nación’, 27-1-1991).
Poder y Deber Ser: su omisión, su ausencia es el Verdadero Pecado.
En su “Proverbios del Infierno” sentencia Blake que “La Perfección traza caminos rectos, pero los torcidos y sin perfeccionar son los Caminos del Genio”.
Padecieron como auténticos Genios, mentes superiores a sus circunstancias, a los ataques numerosos de muchos de sus contemporáneos (los “satánicos molinos”…).
“Su espada no cayó de su mano hasta el final” concluye el crítico Squirru.
En sus postreros años, W. B. creó algunos grabados para la magna “Commedia” dantesca, donde retrató el círculo del Infierno, perteneciente a los funcionarios del gobierno, amorales y traidores a su mandato y a sus gobernados.
Así Faustino escribió, atacó, con su habitual fervor y convicciones, la candidatura Presidencial de Miguel Juárez Celman (gobernante desde 1886 hasta 1890), en el diario catoniano que funda “El Censor” (1885).
Fueron las últimas salidas de dos Quijotes de su tierra, dos Jueces formidables de la ética de sus días.