SABIA Y NIÑA.
Por Guillermo R. Gagliardi.
Todo me sabe a mi madre.
su beso ternísimo, su mirada,
su dolor, sus penas y alegrías...
Su muerte (18 de mayo de 2010, 23:10,
en Paz).
¡El espanto de su agonía!.
La despedida.
Me revelan el sinsentido
de esta vida, y el inútil sufrimiento:
¡esta laceración inaceptable!.
Descarnada, casi pura, libre,
así murió, en Su Dios, hacia Su Dios.
Lastima hondo
esa lejanía:
ya inconcreta su mirada celeste, anciana,
Inocencia original en su brillo triste...
Ojos de sabia y de niña:
experiencia y desasimiento,
atisbos de Santidad.
Visión recurrente, inolvidable.
¡Una brasa para mí solo ese sentimiento!
Cuando miro mis ojos, el espejo
me refleja los de ella.
Las razones no me convencen.
Su nostalgia: un cáncer.
Desesperación, desconsuelo.
Es la Gran Señora,
nuevamente triunfante,
La Inexplicable...