martes, 18 de enero de 2011

                                     D. F. SARMIENTO  Y LA “PARRHESÍA”.                                                                 

Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

 

  1. Sarmiento desde Michel Foucault.-

 

El Maestro sanjuanino (1811-1888),  tal como explicó Demóstenes (el orador y político ateniense, 384-322 a. C.) en su famosa “Primera Filípica” (contra el rey Filipo II de Macedonia, 350 a. C.), irritaba al adversario, ofendía, se encolerizaba ásperamente, suscitaba violencia en el otro...Así lo analiza el pensador contemporáneo Michel Foucault (1916-1984), en su “El coraje de la verdad” (edición española, 2010, p. 30 p. ej.): “Para que haya ‘parrhesía’ (...) es menester que el sujeto /al decir/ una verdad que marca su opinión, su pensamiento, su creencia, corra cierto riesgo...”

 

Conjunción de “Veritas” y “Libertas” para los latinos. Es, pues, la Verdad, con el peligro de la Violencia; exige, implica Coraje, una fundamental cualidad-virtud-, sarmientesca. (En su “El gobierno de sí y de los otros”, p. 65 y sig.,  el filósofo francés analiza meridianamente el ejemplo de Dión en Plutarco, “Vidas Paralelas”).

 

Afirmación, desafío concreto, sinceridad brutal del discurso, personalismo vital, “vera libertas” o “licentia”: son constantes en la vida del transgresor cuyano; decir irruptivo, oposición  tronante, hasta el borde de  perder la vida . Como la parada del joven Domingo ante el gobernador Nazario Benavides (mandatario de San Juan de 1841 a 1852),  hasta su particular postura ante Rosas, Roca, etc... (Ver “La hermenéutica del sujeto” de Foucault, la figura  de Alcibíades, quien como Sarmiento ante Don Nazario,  aparece altanero, ansioso de acción, tal cual lo presenta  dialógicamente Platón).

 

El autor de “Argirópolis” expresaba crudamente su pensar y lo “sentía” con hondura, amaba las ideas que proponía  efusivamente: “quid sentiam ostendere” según Séneca (4 a. C.- 65) en su “Cartas a Lucilio”, nº 75. Pues “omnia me ille sentire, quae dicerem” e inclusive “nec tantum sentire, sed amare”.

 

Esta sorprendente  y  basamental “parrhesía” sarmientina se constituye en una formidable “paideia”, un conjunto de enseñanzas para nosotros, sus conciudadanos. Luis Franco (1898-1988, “Sarmiento y Martí”, “S. entre dos fuegos”, etc.), el  poeta y ensayista catamarqueño, ha valorizado a las “Obras Completas” del “parrhesiastés” argentino,  como “nuestra verdadera Constitución Nacional”...

 

El “puño lleno de verdades” (1879) de Don Domingo es anti-retórico, se configura acusador directo y exasperado. Efervescente e ilimitado contendiente, se “desespera” por el Bien Público, le duele hasta los tuétanos la mentira, la simulación, la vil hipocresía (expande un “logos etymos”, expresa lo que cree desde su propia convicción y fe, con crudeza y con vigor inclaudicables.

 

Desarrolla un lenguaje verbal o escrito, epistolar, solemne, íntimo, etc., de completa “aletheia” y  de “pistis”, desde el centro bullente de su magno cerebro libertador.

 

  1. El político y la Verdad.-

 

El crítico uruguayo “Lauxar” (Osvaldo Crispo Acosta, 1884-1962) distinguió especialmente en un ensayo de 1914 esta característica sustancial del alma y el estilo de Sarmiento, en su  “D. F. S.”,  de “Motivos de crítica”, Clásicos Uruguayos, t. I, Montevideo, 1965, p. 157-185: “El mayor encanto de su estilo es la ingenuidad candorosa de S., la transparencia de sus intenciones y su espíritu, la revelación patente de sus sentimientos...”, ob. cit., p. 184. “La condición más genuina de su personalidad es el arrebato jovial que desecha toda traba y se da rienda suelta”, “y es verdad que tuvo mucho de alocado en sus genialidades  intempestivas, en la despreocupada naturalidad de sus rarezas, en su franqueza hiriente” (íd., p. 176).

 

Siempre mancomunados su “logos” y su “ergon”, siempre el mismo, su “máthesis” y su “áskesis: la materia de sus preocupaciones era concebida por este Genio Criollo, junto con  la acción consecuente.

 

Ejercicio de cóndor dinámico y  agresivamente “agonístico”, es  su combate por la organización de la “polis”, a través de su “discurso veraz”: se hace cargo de los asuntos públicos mediante su palabra racional, “polei kai logo khresthai” (Foucault”, “El gobierno de sí y de los otros”, p. 169). V. también “El último Sócrates”,  M. Cabrera, en “El último Foucault” por Tomás Abraham, 1999, p. 17 y sig.

 

La Retórica representa lo opuesto a la Parrhesía. Ésta  entifica una Virtud del “andreios”, del Hombre Valeroso, no una técnica.

Tipifica una  cualidad ética sarmientina, una entidad axiológica. Según explica Foucault: “Es una actitud, una manera de ser que se emparienta con la virtud, una manera de hacer (...), pero es también un rol, un rol útil, precioso, indispensable para la ciudad y los individuos”.

 

Denuncia y fiscalización, el decir veraz sarmientino, principio conductual, público y privado de su vida y obra, es repetidamente la forma altiva de “Profecía”: de iluminación  del futuro, de lo culto, lo útil, a la mayoría de los hombres, Veridicción sobrehumana (Foucault, “Discurso y verdad en la Antigua Grecia”, 2004).

 

Su escritura y oralidad “aletúrgicas” adquieren la forma de prescripciones magistrales, con autoridad y arrojo irreprochables.

La “dynasteia” consiste en su manera de ejercer y entender la Política: como Deber y Misión, como tarea y responsabilidad humano-cívica, instalado en una “dynamis” particular, enérgica, casi hercúlea, sísifica.

 

Su ethos de tranformación hispano.americana presupone una “áskesis”, su verdadero ser se centra en el “decir veraz”.

Sus discursos de “piloto-político”, de “médico-político”, contiene los “khrestikós”, las “ideas útiles y realizables” según él las denomina, que permitirán la fundación de la República.

Son el conjunto instrumental necesario, la “paraskeue”, las “matrices de acción” que debe reactualizarse para levantar esa Fortaleza, ésa, su genial Utopía de Civismo. Los elementos para derrotar la Ignorancia, la Barbarie, el Oscurantismo...

 

Foucault: “...el decir veraz del parresiasta (...), siempre se aplica, cuestiona, apunta a individuos y situaciones para decir lo que son en realidad, decir a los individuos la verdad de sí mismos que se oculta a sus propios ojos, revelarles su situación actual, su carácter, sus defectos, el valor de su conducta y las  consecuencias eventuales de la decisión que tomen” (“La hermenéutica...”, clase del lº de febrero de 1984-primera hora, p. 38).

 

  1. Su Ideal y su Hacer.-

 

La “parrhesía “ sarmientina ha construido principalmente su herencia histórica, su  ejemplo, su impronta, que es urgentísimo retomar...

El odio, la ceguera, la venganza, la hostilidad interesada, el castigo por los privilegios y sacrosantas entidades denunciadas, su incontenibles ira provocadora...

 

Sócrates, también Platón y Demóstenes han observado ese peligro de la Parrhesía Democrática. Sarmiento enunciaba “verdades nobles”, sinceramente concebidas, con  con imperial convencimiento y expresión, y  continúa aun hoy  causando irritación e ira, incomprensión, mezquindad, etc.

Nunca ejerció la demagogia, la seducción popular, lo que aborrecía. Su verbo  se destaca moral y franco, y ello suele suscitar reacciones negativas, disgustos y enojos, resistencias, resentimientos fatales...

 

Decir ético-republicano, socrático, el de Don Domingo. Implica Profecía, Sabiduría, Enseñanza, Mística y desvelamiento de la Verdad auténtica.  Platón (428-347 a. C.) definió a la “República” (Libro VIII) como el Estado en que reinan la “Eleuthería y la “Parrhesía”.

 

Domingo Quiroga Sarmiento no callaba, no adulaba, no ejercía la Sofística. Practicaba el decir socrático, parrhesíaco, en sentido positivo, hacedor. Una Oratoria, una Escritura, valiente, que apelaba a la atención sería del Ciudadano .

 

Sentía profundamente esa “Misión”, de forjar una Nación. Esa verdad que intentaba  demostrar, se sintetiza en su lema de “Hacer de toda la República una escuela”. Levantaba  ese ‘leit-motiv’ de su Evangelio a la categoría de objetivo Religioso, Trascendente, centro  de su vida. Verdad de toda su acción y Palabra.

 

Promete otro mundo, el de “La escuela, base de la Prosperidad y la República”. Ese orbe de cambios  todavía no ha sido completado, ese “Camino del Lacio” de la Antigua Roma, esa “Tierra Prometida” por nuestro Moisés, otra “catástasis”, utopía americana.

 

Se identificaba en ese oficio  histórico, la verdad como “ergon” y como “logos”.

 

Inmortal ejemplo de Censor y de Quijote libertario,  brinda su última salida, su pelea contra Juárez Celman y la corrupción de su gobierno.

Joaquín Castellanos  (1861-1932, político y literato, de intenso espíritu) en su escrito “S. en erupción” (“Labor dispersa”, 1909, Lausanne, Payot, p. 30 y 52) señala esta nota peculiar del genio impetuoso sarmientino, en el sentido que lo estudia Foucault coincidentemente: “’El Censor’ tendrá los defectos y las cualidades de su redactor: será personal, agresivo; pero franco, neto y valiente”. 

 

Es entonces su parrhesía apostólica,  platónica y también pragmática, su naturaleza cordial y noble predicación, con sólidas miras de utilidad.

      Parecen advertir todos los escritos del Gran Viejo, lo que el mismo Sócrates (470-399 a. C.) a sus jueces: que funden la Virtud, la “epimelesthai aretés” (Platón “Apología de Sócrates”).

 

 

  1. El “Cínico”.-

 

Una representación más de su  coraje cívico, de su “exétasis” y examen de la situación nacional y de su propuesta ética, lo hallamos teorizado por Epicteto  (el estoico de Hiérapolis, 55-135 d. C.) en su “Manual” (cit. por Foucault): “tharrhéin parrhesiázesthai” y “apangelai talethé”, su Anunciación de las cosas ciertas.

 

Epicteto describe en su “Enchyridion” y en sus discursos,  al Filósofo Cínico como un Argos,  el gigantesco vigilante de los cien ojos según la mitología,  que se autovigila y controla a los demás. Así Sarmiento declara disponer de muchas plumas en su tintero, de diversos “látigos” para castigar a los indecentes, violentos, cobardes, etc.

 

Asume y expone sin ambages al conciudadano y simboliza la verdad del coraje y la asunción de una auténtica conciencia republicana y progresista, una lidia heroica,  ya legendaria.  Sarmiento  compone una sinfonía beethoveniana,  una epopeya cidiana..., su “bíos” condice con su “logos”, es lo que dice, lo que escribe; sintonizan contenido y continente, su manera de hacer es su manera de ser.

 

Profeta de la Verdad, como el filósofo  griego Diógenes de Sinope, “el cínico” (142-323 a. C.) según  lo distingue Luciano de Samosata (sirio de escritura griega, 125-181) :“alethimos bíos”, “tekhné tou biou”.

 

Ese “Martirologio” en que consistió su agitada y controvertida vida política y personal, según él mismo lo reconoce, nos recuerda la concepción del “martyron aletheias” que refiere San Gregorio Nacianceno (330-390 a. C.), testigo y guardián de la verdad, a propósito del asceta y filósofo cristiano Máximo (“Homilía” 25 de aquél), según explica Foucault en sus  luminosas clases del Collége de France. Los prudentes Consejos a su hija de “armarse de una coraza para enfrentar las responsabilidades y dificultades de la vida” y las máximas a su nieto Augusto Belin.

 

  1. Libertad y Autoridad.-

 

Foucault trata desde la veridicción, la concepción que observamos desarrollada en Sarmiento, de una Ética y de una Estética de la Existencia. Considera haber “labrado” (esculpido, creado desde su especial estética, cósmica, americana, criolla), “como las orugas mi tosco capullo”.

 

Alcanzó la Gloria  ocupando los cargos más eminentes en su país, “una existencia brillante, una existencia memorable”, concordante con su “parrhesía política”, con su “enfrentamiento valeroso” ante  las dificultades para construir una Nación.

 

Combatido, resistido, polémico, excedido a veces, encarnó el Sócrates de su tiempo como lo admite uno de sus ilustres discípulos, y secretario, Adolfo Saldías (1849-1914), en su “Discurso de Homenaje en el Centenario de su nacimiento” (incluido en sus “Páginas Políticas”, La Facultad, 1912, p. 189): “Si la cicuta hubiese estado en moda, a él le habría tocado en lote glorioso”. Su nombre continúa  hoy sublevando pasiones.

 

La espada de su verbo libertario se conjugaba con su estilo de vida: austeridad, sacrificio, laboriosidad, privaciones, misticismo del progreso y la educación de los pueblos, su honradez superlativa en los asuntos públicos y privados.

 

Tal como la ha estudiado la Filosofía Cínica, Sarmiento se encuadra en esta doctrina de vida y pensamiento, “el decir veraz como norma de vida, testimonio de la verdad”, “sin pedir permiso a la policía” reflexionaba Don Domingo.

Sus preceptos  condicen con los principios básicos del pensar cínico y estoico de la Antigüedad: lo no convencional, lo espontáneo e independiente. (v. Foucault, “La hermenéutica...”,). La vida Soberana del “self made man” argentino.

 

Aclara el  filósofo francés que este tipo de “aprendizaje de resistencia de combate, (...) bajo la forma de una  armazón dada para la existencia, caracteriza a la enseñanza cínica”.

Y recuerda, a Heracles (Hércules entre los romanos), hijo de Zeus, que elige la vida de la resistencia, la dura y militante. Sarmiento, heracliano, elige “el camino arduo”. “es un hombre que ha recibido una misión” de toro de lidia, la de “limpiar” el mundo americano, del mal de la Barbarie, “morderlo como un perro, acecharlo y azuzarlo”.

 

El sanjuanino inmortal , siempre en guerra, pensador en acción,  simboliza el “ponounta” y “el agonizómenon” del Héroe griego: el sufriente y el combatiente.

 

Su obra  la analogamos a las Hazañas de Hércules, por su grandeza, por su esfuerzo, las dificultades y energía poderosas, por su gloriosa “ascesis” y su mística  de Civilizador.

 

Representa el “episkopein” que analiza Foucault en su “La hermenéutica del sujeto”, p. 169 y ss.).

 

Apertura del corazón y del cerebro exige el estudio sarmientino.

Sociólogo de la realidad americana, el fiscal que en perpetua  Inspección y Función Normativa, controla los Deberes y Derechos Ciudadanos.

 

Y se consagra con suprema fuerza a convencer y demostrar al Soberano el poder transformador integral del Progreso...

 

 

 

 

 

 


Publicado por leonino1950 @ 5:35
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