ALEJANDRA PIZARNIK (1936-1972) “EN EL CORAZÓN DE LO QUE
EXISTE”.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
ü Una sorprendente escritora. En cuya obra-vida reinan la muerte, lo negro, el pájaro del miedo, “la magistral sapiencia de lo oscuro”, “el cálido roce de la muerte”. Una conciencia en combate consigo misma, “mordida por los perros del desconsuelo”.
ü Un temperamento, una expresión cortante, sutil, original, diferente, “heredera de todo jardín prohibido”.
ü Poesía de altísima intensidad existencial. “Escribo contra el miedo, contra el viento con garras que se aloja en mi respiración” (de su “Ojos primitivos” 1971, incluido en “El infierno musical).
ü La noche de sus huesos, el llanto de sus huesos, brillan lunarmente en su pluma. “Tal vez la noche sea la vida y el sol la muerte. / Tal vez la noche es nada / y las conjeturas sobre ella nada / y los seres que la viven nada. / Tal vez las palabras sean lo único que existe / en el enorme vacío de los siglos / que nos arañan el alma con sus recuerdos” (de su “Las aventuras perdidas”, 1958).
ü Todo sucede en su orbe literario como pérdida vital y ganancia del viento, de la noche, amenazantes: “hago la noche. Toda la noche escribo”.
ü Delirio, cultiva a veces el tema de la Belleza, al revés... Entonces explota una imagen, una escena, un movimiento, absolutamente hermosos: “un agujero en la noche, / súbitamente invadido por un ángel”, “un golpe del alba en las flores...”, “...en sus plegarias había sonido de manos enamoradas de la niebla”.
ü En su estilo tenso y diáfano, recurren espejos y nostalgias, aislamiento y magia. “Presiento un lugar que nadie más que yo conoce”.
ü El amor es invocado con selecto lenguaje: “Que tu cuerpo sea siempre / un amado espacio de revelaciones”. “Recibe este amor que te pido. / Recibe lo que hay en mí que eres tú”.
ü Galaxia contrastante la de su literatura: entre “naufragios y muertes” navegan “ceremonias adorables”, “piedra preciosa” junto a la “negra noche”. Crispa al lector, “un sabor amargo”, “una grieta en un muro”, “esta pequeña lluvia que me acompaña”; mientras sube su canto, “pájaro enamorado”.
ü Su verso dispersa un perfume irrepetible, atesora “palabras muy puras / para crear nuevos silencios”.
ü La desesperación, la violencia, la suelen visitarla: “Alguien apuñala la almohada / en busca de su imposible / lugar de reposo” (en “Los ojos abiertos”, de su “Los trabajos y las noches”, 1965).
ü Una biografía marcada por la exasperación, la soledad y el vacío. “...una es extranjera / una es de otra parte, / ellos se casan, / procrean, / veranean, / tienen horarios / no se asustan por la tenebrosa / ambigüedad del lenguaje” (escribió durante su internación en el Hospital Pirovano, 1971, poema “Sala de Psicopatología”).
ü Percibe con poder sobrehumano “el gemido lunar de las cosas / significando ausencia”. Aspira sólo a “dormir / en la respiración / de un animal que sueña”.
ü “Niña desdichada”, elige morar “en la sed de siempre”, “en la tristeza de un niño”, entre “los recintos viscosos donde se oculta / la piedra de la locura”. Porque siempre es ella misma, “una niña densa de música ancestral” (“Fragmentos para dominar el silencio I”, de su “Extracción de la piedra de la locura”, 1968). Porque “para herirme la vida toma formas tan extrañas”.
ü El color y la flor lila, aparecen constantes, destruidos por el cruel viento, “el agua lila, en el parque. Oh tan antiguo”. “Un ahorcado se balancea en el árbol marcado con la cruz lila”. “Y es siempre el jardín de lilas del otro lado del río”. “Un cuadrado negro con un círculo de música lila en su centro”.
ü Desde su arte casi incomparable, sus visiones oníricas, surrealistas, testimonian su vida dolorosa de búsqueda, y nos advierte “cuidado con las palabras”, “tienen filo”, “cortarán la lengua”. Nos previene de las desgracias visibles e invisibles del existir humano.
ü En medio de ese cosmos de “luz negra”, intenta “construir, reparar, reconstruir”, “algo parecido a una mirada humana / a un poema de hombre / a un canto lejano del bosque”.
ü Siente como pocos, metafísicamente, “los bordes de silencio de las cosas / lo callado que recorre la presencia de las cosas”.
ü “Ella es un interior” medita entre el particular encanto de su obra literaria, “su desengaño vital, su agonía”. “Murieron ya los sueños / sagrados de la infancia / y la naturaleza también, / la que amaba” (1972).
ü Lamenta, endiosa: “Que me dejen con mi voz nueva, desconocida. No, no me dejen sombría, como un ‘golem’ la infancia se ha ido, y la gracia y la disipación de mis dones”.