JOSÉ MANUEL ESTRADA, SARMIENTINO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
ü 1847-1894. Un kantiano en su pensamiento ético. “Ved ahí la felicidad” dice el magistral orador: en el “imperativo categórico” que enunció el filósofo de Königsberg.
Pensador, escritor, orador solemne cuando no arrebatado, educador y político siempre cristiano y Humanísimo.
Teórico y práctico de la Virtud en la Persona y en las relaciones Sociales.
“La Virtud es una oración continua, una adoración perpetua al Dios de donde venimos” (conferencia “Virtud y Laboriosidad”, 7-06-1863).
ü Profesa con Don Domingo Faustino Sarmiento (1811.1888) la “Religión del Bien Absoluto”: “De la idea absoluta del bien emana la moral, aplicable a la raza humana...Abraza toda la esfera de su actividad” (“La moral y la democracia”, en el tomo I de su “Miscelánea”, 1903).
El sanjuanino lo había designado Jefe del Departamento de Escuelas de Buenos Aires. Como él, considera el Trabajo y la Educación agentes principalmente “Humanizadores”, auténtica fragua para la formación de una sociedad, en definitiva, de una República sólida.
“El único medio de cegar las fuentes del crimen –postula Estrada- es extinguir las de la ignorancia y las de la vagancia”.
Por cada Escuela o Biblioteca que se abre y organiza, hay un garito que se cierra. Por cada libro que se recorre, menor es la tentación del vicio o la holgazanería, advierten uno y otro. Ambos maestros los consideran Pilares de su pensar, “los términos de la más pura filosofía filantrópica”.
Constituye el Idealismo de la Ilustración de la Masa, al que adhirieron: la virtud, la acción productiva dignifica al individuo y fundamenta la existencia de los pueblos, los cohesiona con firmeza.
“Nuestro enemigo se llama pasión y se llama barbarie” (Estrada, “Discurso”, 24-6-1864 y sus “Educación Común”, 1873, “Gobierno de la Educación”, en su “Miscelánea”, t. II).
“La anarquía y los caudillos tienen su explicación: la barbarie tiene su remedio: la educación. El sable es impotente para extirparlos. Son como un tumor fungoso, contra el cual nada puede la cirugía; destruido hoy, reaparece mañana” (E.: “Política y Educación” 1878 y “Artículos sobre educación primaria” 1883, en “Miscelánea” t. 3).
ü Idólatra y propulsor de la “Virtud Cívica”: el Rector del Colegio Nacional de Buenos Aires, 1876-1888, instalado fervorosamente en su Catolicismo sincero, y militante, consagra en su prédica el magisterio y la preeminencia de la Libertad en Democracia.
“El ideal Heroico ha terminado” reflexiona y sentencia. Necesitamos erigir la República sobre el suelo de la Justicia y la armonía de la Unión Naciónal, combatiendo el Caudillismo sectario, cruel, primitivo, odioso de la Cultura.
Como el autor de “Facundo”, Estrada se propone concretamente pelearlo, desde las imágenes, y metáforas médicas: “En vano será vencer el caudillaje si no se purifica el elemento que le dio vida, modificando su carácter con instituciones niveladores y democráticas. La enfermedad no está en la erupción, está en la alteración del temperamento” (“De la virtud democrática”, 9-7-1866).
Coincide con las postulaciones sarmientinas de “Cristianismo Constitucional”, de “Legocracia” y Racionalismo y seguramente desde un acendrado pensamiento Católico Romano, Apostólico, y en una oratoria clásica y apasionada; Sarmiento, “doctor montonero”, desde un furor constructor republicano, ejecutivo...
“Creo que el triunfo definitivo del espíritu (de la “Ley de Tierras Públicas” de don Nicolás Avellaneda), desmontará al gaucho y pondrá en vías de solución el tremendo problema social de la República”. Léase su retrato humano y parlamentario en “Siluetas Parlamentarias”, 1886, del Diario “El Nacional”.
Recordemos que Sarmiento será defraudado por la Legislatura de su época, al no poder implementar la Reforma de nuestro agro tan inteligente y precursoramente como lo propusiera, y que felizmente pudo llevar a cabo en Chivilcoy... Difundió y bregó perseverantemente sus ideas y propuestas pragmáticas durante muchos años y por diversos medios...
Por ello, como anunciándonos el batallar sarmientino por su política agraria, Estrada enuncia : “Piensan y sienten como buenos los que van al fondo de la sociedad en busca del provenir, consultando el corazón, guía infalible que jamás nos extravía”.
ü “Constituyamos el hogar... eduquemos al ciudadano”. Coinciden ambos héroes cívicos: “Así se encadena la labor de las generaciones y el crecimiento de los pueblos”.
“Ahora bien, ¿cuál es el medio de desenvolver la moral y darle su imprescriptible jerarquía respecto del hombre, en su capacidad personal y social?. Educar”.
“...es la educación popular la única esperanza...” (1868).
En esos días de estas importantes reflexiones, asume Sarmiento su Presidencia histórica, y Estrada finaliza su escrito citado: “Va a asumir las funciones del Ejecutivo Nacional un ciudadano que ha consagrado largos años y hermosas tareas a fomentar la educación del pueblo...Tenemos razón al abrigar esperanzas en su gobierno...” (“La educación Común en la provincia de Buenos Aires” 1870, en su “Miscelánea” tomo I, p. 94-95).
Ese amor sarmientino por la Instrucción Popular, vigorosa, aguzada “con una intensidad de acción penetrante”, de “robusta solidez, de convicciones, una forma de vida superior”, nuestra “ley de amor y de verdad” constituye una fuerza y un Destino.
Adquiere la adjetivación exaltada de “Mística”: “Una alma está impregnada por una idea dominante y por un amor supremo”.
ü Sarmiento y Estrada creen con pasión en el poder expansivo y glorioso de la “Perfectibilidad del Hombre”, según la define este último: “Es aquella tendencia expansiva y creadora que diariamente agranda el dominio de la criatura sobre cuanto lleva en sí el reflejo de lo bueno, de lo verdadero y de lo bello” (“La Educación”, 19-abril-1867).
“El Educador es ministro del Altísimo”.
También como el autor de “Las escuelas, base de la prosperidad y la República en los Estados Unidos”, declara: “mi esperanza sólo reposa en la educación, que transforme la sociedad y filtre la luz y la savia de los elementos primitivos y nuevos de la nación” (íd.).
Y aclara su concepción pan-pedagógica de la labor del político moderno y cristiano: “Eso es mucho, pero no todo. Hablo del acrecentamiento continuo de las fuerzas por medio del trabajo, del sacrificio y del amor, que abrazan toda nuestra vida, la fecundan y la ennoblecen”. (“El Catolicismo y la Democracia”, en sus ‘Obras Completas’, tomo 1; “Curso de Instrucción Cívica”, en “Revista Argentina”, 1868-1872).
ü Pensamos en Sarmiento (1811-1888) cuando Estrada en su Discurso de 1871 sobre la “Libertad de Enseñanza” entiende al Genio como “profundo misterio metafísico”, “predisposición orgánica”, “al cabo es una fuerza”, “toda fuerza inteligente es libre”.
Siempre hemos de destacar el Esencialismo y la Contemporaneidad de los conceptos estradianos, tal lo nota Tomás Casares en el estudio preliminar de la edición de los “Discursos” de Estrada, (tomo I, 1946).
Estrada en 1884 reseña el sentido de su oficio “sacro” de Educador, su propio “Martirologio” como lo entendiera don Domingo: “Ha sido para mí la enseñanza un altísimo ministerio social a cuyo desempeño he sacrificado el brillo de la vida y las solicitudes de la fortuna; el tiempo, el reposo, la salud, y en momentos amargos, mi paz y la alegría de mi familia”,
ü Declara Estrada su vocación kantiana superior: el deber ante todo, como mandato y vector de todas sus acciones.
Arquetipo moral del Apóstol de la Enseñanza de adolescentes y jóvenes. El 17 de Septiembre fue consagrado justamente Día del Profesor, en homenaje a su tarea como tal, en la fecha de su muerte, en Paraguay:
“Todo, menos /la conciencia/, he inmolado por la juventud. ¡Todo, señores!”, confiesa en la “Despedida” a sus alumnos de la Facultad de Derecho el 21- de junio de 1884. “Os deseo Maestros que os amen como os he amado, y os sirvan con la misma sinceridad!”.
ü Hoy Sarmiento pensaría hondamente en las meditaciones estradianas sobre “El Olvido” (1873, en tomo II de su “Miscelánea”, 1904), que reflejan su atención y su preocupación de todas las horas, sobre “La Gloria”, la supervivencia en los tiempos: “Nada es perder las lumbres de la vida: lo horroroso es morir en la memoria de los hombres. Al borrar de la mente el recuerdo de los que se van, les matamos dos veces”.
Próceres significativos de nuestra Inteligencia. Pertenecen a la raza estoica y paradigmática, que Estrada dibujó como “Los de alma grande, los de corazón magnánimo, los que prefieren, en el compuesto vertiginoso de la existencia, lo serio a lo fútil, lo austero, a lo blando, los deberes al placer” (íd.).
Sentencia el magno Profesor: “El muerto olvidado es lámpara sin resplandor. Los vivos que le olvidan son tristes egoístas, que se condenan a viajar solitarios entre el nacer y el morir”.