ADOLFO PÉREZ ZELASCHI, “Poeta Clásico”.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
I.- Presentación.
Versos y temáticas universales, clásicos, ramas y ritmos clásico, estrofas tradicionales, vocabulario selectos.
Adolfo Pérez Zelaschi nació en 1920, falleció en 2005. Escritor prestigioso, periodista, académico, novelista y poeta. Nacido en Bolívar, provincia de Buenos Aires.
Estamos leyendo su “Obra Poética”, edición fuera de comercio, de 1984.
En su prólogo señala y espera:
“es difícil renunciar a la ilusión de que alguien, alguna vez,
repase estas páginas”.
Esta publicación abarca “Rimas de Fuentecallada”, “Los ríos del otoño”, “Mitos” y “Poesías Numeradas”.
II. Alma y expresión.-
“Fuentecallada” semeja “tu propia vida”, “alfaguara de poesía”, escrita como un romance viejo (ver también “Los romances”, p. 53-64 de este libro).
La muerte, la sombra, el sueño, la vida ultraterrena, la filosofía del transcurrir del tiempo, el amor, ilustran sus ricos sonetos: “Niña dormida”, “Vaso roto” quevedesco.
Introspección y espiritualismo en “Advierte, alma...”, el eterno retorno, simbolismos y tópicos medievales y renancentistas, del Siglo Áureo español, reencarnación y regresos, la memoria como una lámpara persistente (“Si vuelves...”), “Dos canciones del regresante” (1969), “Muchacho que vas cantando” (1960): apología a la perduración del Canto, del amor y la literatura, himno a la fuerza del ansia humana.
Expresa un alma sentidora, con hondura y desde su ser más íntimo:
Quédate, hermana bruma, no te vayas:
fija al suelo tu cúpula indecisa,
aférrate a estos robles y estas hayas;
envuelto en ti puedo creer que tengo
un mundo que, aunque esté hecho de ceniza,
es más mío que aquel de donde vengo”.
(“Niebla en el parque”, 1975).
ü Ubicado críticamente en la Generación Argentina del 40, rica en contenidos y expresión, neorromántica.
Suele señalarse como modelo la particular literatura de Juan Rodolfo Wilcock (1919-1978). Filólogo, narrador, traductor de Shakespeare, Marlowe, Beckett. Ingeniero civil por un tiempo; residente en Italia, excéntrico, misántropo. Poeta filosófico (ej.: “La parola morte”, 1968).
Literatura metafísica, existencial. Meditaciones de la soledad, poesía lírica del mejor cuño hispánico.
Retrata el desamparo del hombre, su ceguera y desnudez (“Afuera llueve...” 1976).
Zelaschi indaga la esencia y humanización del amor, “fuego y beso, y bálsamo y rocío”. también “humo en el cielo...” (en su “Sobre el amor” I, II y III):
“Tú estás segura de que todo es esto:
el tiempo clausurado en la ventana
y tú, y yo, y el amoroso gesto;
mas yo sé que este amor será mañana
como esas nubes donde caza el viento:
humo en el cielo, forma sin sustento”
(1947, ob. cit., p. 18).
Metáfora del amor, antítesis en la naturaleza: “el huerto liso y azul” en contraposición con “sólo lívido deseo / de tu cuerpo”.
III.- Deseos del Poeta.
Todo su mundo, interior y exterior se pinta en coloridos versos:
“este ocre muerto
de junio”
transcurrió desde
“el sol abierto y el clarísimo sur...”.
El ilustre poeta desea “dejar un verso trasparente y simple”,
“como el aire”, “y después de conseguirlo
que largo caiga sobre mí el olvido”.
Una creación anónima, popular y cordial:
“Que pueda trasmitirse en el latido
del corazón de un hombre al de otro hombre,
de todos y de nadie, convertido”.
Humanista y humanísimo (“Simple verso” 1976).
IV.- Influjo dantesco.
Dante Alighieri (1265-1321) y el resplandor de su obra literaria “Divina Comedia” (sexto Círculo, donde los herejes yacen castigados en sepulcros de fuego) aparece también, conmovedora en los sonetos “Dite” I y II (1970) del creador bolivarense:
que del contorno aciago y pantanoso
alza sus muros de granito ardiente”.
Ciudad sin salida, maldita, cerrada, de aquél que contraría su naturaleza y tuerce su propio destino:
“la Dite triste
de ser aquel que nunca ser quisiste”.
El Poeta, elegíaco y horaciano, consciente en carne viva del paso temporal, de la brevedad del tiempo vital, medita y lamenta (vgr. en “El instante”, ob. cit., p. 30).
V.- El Árbol y la Libertad.
Idealista, pugna contra muros y cierres, siempre en ejemplar lucha de ascenso por el Espíritu, por el Arte, Libertario.
Su símil: “Yo soy tu hermano” lo concreta en el Ciprés y su sed eterna de altura, su empeño de Esperanza, su destino de sueños.
Invoca al árbol, “sus ardimientos de imposibles”:
“subes, subes, subes,
hacia metas perdidas de antemano.
Mi destino es igual...”
(1983).
Se identifica repetidamente con la imagen soberana de los árboles. Así en “Elegía Segunda” (de sus “Once elegías antiguas”):
“Si pudieran, los árboles me dirían hermano;
mi vida verdadera es como el árbol. Tiene
raíz en el solar sellado y el silencio”.
VII.- El romántico.
La ausencia de la amada motiva su “Elegía cuarta”:
“Siento
crecer en el silencio, como un árbol, el frío”.
El particular motivo del “tempus fugit” aparece constante, no en abstracto, sino aplicado en ejemplos, en meditación vital.
Así en su “Canción para el ansioso caminante” (1980) p. ej.
Reflexiona, enuncia sus elevadas morales (“Canción de la alondra perdida”) y su sed soñadora de Infinito, en este orbe finito, en este desierto de multitudes:
“Tengo el alma con sed y busco fuente”.
“Entre los hombres va, no por la arena”.
En la muerte, en el fin, quizás, espera:
cuando llegue a ese límite sombrío
-nocturno manadero, negro río-
detrás del cual no se divisa nada
mas donde toda sed queda saciada”.
VIII.- El memorioso.
·El autor de “”Salvación de las bellas, resplandecientes memorias” es rico en memorias, en “dulces memorias”, que reaviva con sus palabras, en sentidos versos de Arte mayor:
“No tengo, hermano, no poseo otra cosa
que las palabras para salvarlas de los musgos,
los olvidos, las tumbas”.
Concluye:
“Que vuelen hacia ti como una paloma relampagueante,
envueltas en luz,
portadoras de las antorchas de la alegría,
rumbo a tu corazón hermano, hermanos,
ellas, las dulces memorias”.
ü Contrariamente muéstrase escéptico en su “Elegía por Igstarkuruk” (1970), “la ciudad que no existió nunca, pero que es semejante a todas las demás”.
Sintetiza su pensamiento:
/de los hombres;
de las innumerables, casi infinitas hojas del bosque
sólo recordarás, quizás, aquella que al caer te rozó la sien.
Las demás pertenecen, como la gloria de los hombres, al viento
/y al polvo”.
IX.- Filosófico.
Quiere un mundo virginal, volver, alcanzar una existencia Adánica, original, desnudo ante los innúmeros adornos de la Cultura (“Poemas numerados”, VI, ob. cit., p. 111):
“Si pudiera despojarme
de silogismos, referencias, juicios,
........
Quitarme hasta la conciencia de mí mismo,
comenzar de nuevo, otra vez,
como en el día original.
Sólo eso...”.
En el poema XIV de la serie citada (p. 114) insta a desdeñar, al modo Parmenídeo, la superficie mundana, y a elegir las Esencias y lo profundo, lo Permanente y Uno según la doctrina de Zenón el filósofo y político griego de Elea (¿490-430? a. C.), sus ‘aporías’, su negación de la existencia de la pluralidad y movimientos del Ser:
“Rompe los ornamentos y las máscaras,”.
Y en el Poema XVII invoca al Hombre “sordo y ciego” instándolo a que vea y oiga al portador de lo importante y Eterno:
“al invisible ángel
que te llama en silencio...”.
La Esperanza llama en el fin del camino, el “canto de la alondra”, clave y simbólico, toca a las puertas del mar, “en el regazo de la eternidad”.
Canta álacre a la Danza de la bailarina, a la vitalidad y realidad, al cosmos heraclíteo, cambio y variación de los “álamos, que vibran, nítidos, ahí” frente a las palabras que significan “máscara, corteza, mortaja” (“Poemas numerados” IV, p. 110: “Zenón: Heráclito ha vencido” (íd., XVI, p. 119).
Desdeña la “sed de simetrías” del hombre, en un mundo en el que reinan “el azar y la indeterminación del caos”.
X.- Concepción poética.
La Poesía significa para nuestro artista, Iluminación, Trascendencia, máxima Realización y elevación personal.
Fuente de pureza, “claro hilo de agua...”, “luz que colma”, “la vida misma”, el encuentro con uno mismo.
El verso “como flecha o pájaros”, también “mis versos: como opacas, sordas piedras”.
Su arte poético, grave, meditante, asimismo sonríe en la danza, y hasta en la gozante ebriedad, y, dionisíaca, instalada en el “Gay Vivir”, brilla en la descripción de una antigua escultura o en el retrato de sus sueños o de sí mismo, o de una antigua escultura (p. ej., “A Thania”, “Rosa al amanecer”), “con sus sendas, bordeadas de geranios y rosas”.
La sagaz evocación histórica (“César, o la Décima Legión”), sus preceptos éticos, su “Cívica” I y II, con ironía e imágenes grotescas, crítica de la Civilización, del mundo de todas las épocas.
XI.- Conclusiones.
Definitivamente, el autor de “Cantos de labrador y marinero”, no quiere “renunciar a la ilusión de que alguien, alguna vez, repase estas páginas..” escribe en el prólogo a “Obra Poética”, pues aspira a que
“aunque solo sea para tenerlas como testimonio de una vocación tenaz y tal vez inútil”.
Mi Bibliografía:
Sobre el autor:
1. Castagnino, Raúl H. – Arman, Horacio- A. P. Z.: “Recepción del Académico de Número A. P. Z.” (en boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 213-214, jul.-dic. 1989, p. 289-323).
2. Contribución a la bibliografía de A. P. Z.” (en Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 277-278, tomo LXX, enero-abril 2005).
3. Gagliardi, Guillermo R.: “A. P. Z., “Poeta Clásico” (en su blog “sarmientisimo”, 24-3-2011).
4. Pickenhayn, Jorge Oscar: “A. P. Z.” (en su “Literatura siglo XX en el Río de la Plata”, Plus Ultra, 1984, p. 255-261).
5. Soler Cañás, Luis: en su “La Generación poética del 40” (Ediciones Culturales Argentinas, 1981, tomo II, p. 219-224).
Del autor:
-- Consideraciones acerca de la inutilidad de las letras mudas” (en “IIIer. Congreso Internacional de la Lengua Española”, Academia Argentina de Letras, 2006).
--“Las cuatro cartas de Jorge Sobral” (en rev. “Sur”, nº 164-165, jun.-jul. 1948).
--“Apuntes sobre el nombre de los personajes en las obras literarias” (en Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 249-250, jul.-dic. 1998, vol. LXIII).
--“Epístola a Don Alonso Quijano el Bueno” (en “Lecturas Cervantinas”, varios autores, Academia Argentina de Letras, 2005, p. 51-56).
Escribió una extensa y reconocida obra literaria: “Los Montiel” novela de 1931;
“Hombres sobre la Pampa”, cuento de 1941; “Cantos de labrador y marinero”, poesías de 1944; “Más allá de los espejos, cuento de 1949; “El terraplén”, novela de 1954; “El caso de la muerte que telefonea” narración de 1966; “Presidente en la mira”, novela de 1969; “Canto fragmentario de Newpolis”, poesías de 1975; “De los pequeños y los últimos”, cuento de 1976; “Divertimento para revólver y piano”, novela de 1981; “Nicolasito”, novela de 1981; “La ciudad”, novela de 1982; cuento “El barón polaco” de 1985; “Los mejores cuentos policiales”, antología de 1989; “Cien cuentos para 100 días” de 1998; coautor de “Régimen legal del Periodista”...