D. F. SARMIENTO EN “EL LIBRO DE LAS ORACIONES” DE L. CASTELLANI.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Se me ofrece, noble y luminoso, “El Libro de las Oraciones” (2ª edición, Dictio, 1978) del Padre Leonardo Castellani (1899-1981).
Su fibra y culto Teresianos brillan desde el comienzo de la obra: “Parte 1º: ‘Devoción a Santa Teresa’”. Comparte sus ideales activos, misionales…”hermana mía”, “mi dulce hermana”.
La Santa de la “histórica proeza”, “tu como llama”, “tu llave conductora mía”, “soy admirador esclavo eterno”.
El Padre Leonardo, altura de Fe y mirada de vida, canta:
“Desde la cuna y la nana
afanosamente voy
buscando un cierto mañana
que sea mejor que el hoy”
(de su “Exilio”, p. 139, obra y ed. cit.).
Compárase con el albatros, como símbolo del Idealismo:
“Vencedor imposible no se deja vencer
y prosigue su viaje sin término ni escala
hacia un mañana sin ayer”.
(1942, “Comparaciones”, p. 144).
Y también la Locura noble, el Quijotismo, los ideales de Fray Girolamo Savonarola (1452-1498), (“terrible hermano de mi mente”, “violento y casto”, “yo sé de esos amores y furores y esos sueños de gloria…”):
“Pues todo aquel que vive sin locura
es menos cuerdo que lo que él se piensa…”.
(1943, ob. cit., p. 151).
Pero semejante asimismo a un petrel, que lo guía en el proceloso mar de la vida:
“un increíble esfuerzo la sostiene
un fuego la alimenta y determina…”.
(“En el mar”, íd., p. 180).
Camino a la concreción de sus Ideales positivos: “hacia un sueño de amor inmenso”. Poseídos de “la sed que nunca apaga” “y la tormenta que incesante arrostro”.
Mensaje de despertar americano, Sarmiento es el héroe anti-rutinario, conmovedor en su brazo pedagógico. Maestro-guerrero, Don Quijote de las Escuelas, de la Instrucción Popular.
A uno como al sacerdote, como la de Ávila, le apasionaba “trabajar con la tinta”, “contra un pantano fenomenal”. Escribir sarmientino y leonardesco como un huracán, un Zonda, para liberar, , para fundamentar la República…
En la “Oración de San Ignacio por la obediencia” de Castellani (ob. cit., p. 97) advertimos esa coincidencia espiritual entre los tres: la Mística, el fuego de los “Ejercicios Espirituales” y la vida comprometida en una superior Fe e Ideales:
“¿qué otra cosa soy sino una espada:
derecha y limpia voluntad de acero?”.
Forjáronse Sarmiento, Castellani y San Ignacio, soldados y héroes de la Cultura, un escudo
“noble, dentro, chapado recio en fierro y roble…”.
“Signos más bien bélicos” definen su conducta en la Historia, “pura llama y osadía”.
El Creador les instó a luchar leoninamente: la “Fe, cual una roca dura”,
“Ora levántate como un león
y ve a luchar tus luchas con tesón…”.
(“Diálogo del Criador y la Criatura”, ob. cit., p. 170).
El canto leonardesco, “con pecho fiero” y sangre ardiente, cubrirá el bramido de la Barbarie “y el tremendo espanto”. Hizo retroceder con fuego “el daño y el tormento” del Infierno de la Colonia.
Cada escuela o biblioteca que Don Domingo propone o funda o inspira a establecer, constituye un fogoso Acto de Fe, una Dación entera de su doctrina del Bien Público, de su Aspiración a la Unión Nacional, de su fuerte Promesa de Civilización, “fidelísimo y potente en prometer”, como escribe el cura polémico en su poema “El acto de esperanza” (ob. cit., p. 41).
Porque cree el autor de “Educar al Soberano” en “la vida trascendente / ebria de propagarse” en “el germinar eterno de la mente” (íd.).
Como en otro poema leonardiano, “Salmo 118” el cuyano puso”el hombro al mensaje” del Progreso y en la cruenta lucha contra el caudillaje “protervo y acerbo”.
El maestro materializó ese “salto mortal” (poema homónimo, ob. cit., p. 55): “Sea bendito el riesgo”.
Combatió, sintió la herida de la Oligarquía y el clavo del Caudillaje, “el abismo insano”. Estos elementos integraron, integran, el ejército injusto e infame de “mis enemigos que me odiaron gratis / fuertes se han hecho ellos…”, “quieren que vuelva lo que no he robado / y que confiese donde no hay pecado”, según Castellani en su “Psalmo LXIX” (traducción, 1948), ob. cit., p. 59).
Este anti-sarmientismo, “su injusticia y mis enojos”, su furia,, que busca “que…me ahogue” equivale a las “aguas hambrientas como azogue”, “Perros grandes me han atacado, me han cercado leones ”(Castellani, íd.).
Así fue la calumnia y la hipocresía que celó, exilió e hizo sufrir a nuestro cura (“…soporto la ignominia y el escarnio”, “a mis hermanos soy extraño”, “llovieron sobre mí males sin tasa”, “hasta el fin las fatídicas arañas”), igualmente el autor de “Recuerdos de Provincia”:
“No me azga el remolino
no me engulla el abismo pavoroso”.
No obstante ejercen una soberana militancia: intelectual y religiosa, el teólogo, cuentista, psicólogo y poeta santafesino; político-pedagógica, el cuyano; “dando siempre rienda / al que se mata por un sueño honrado” (tal lo expresa aquél en su “Oración por nosotros los vencidos”, ob. cit., p. 82).
El magno ser que representaron estas dos figuras señeras del intelecto argentino, se agranda ante las numerosas dificultades de su ruta terrena; el terrible “ímpetu” que ostentan y que “el enemigo puede golpear”, incesante.
Poseídos por el ansia inacabable de Sabiduría Celestial nuestro Leonardo, y Faustino, por el afán de Educar al Pueblo, “de una sed enfermo más ardiente que el vino, / necesaria que el agua”.Grito de desesperación, “furia del trabajo /, “andar solo abriendo picada es mi destino” (ob. cit., poema “Dios”, p. 157 y sig., también p. 185).
Vivió “en esfuerzo y utopía”, buscando “del libro del saber lo intonso / y lo que no se sabe todavía” (“Soneto CDXI”, “Palinodia”, “esta ensoñación perenne mía”, que parece retratar el destino de Sarmiento:
“Pues tendrás que pagarlo, eso se paga
no vivir en su tiempo y en su espacio
lujo es que cuesta caro, y la patente
de profeta ha subido enormemente…
Eso es fatal, hay que aceptar la plaga
de chocar contra el sórdido presente
para vivir con Teresa y con Ignacio”.
(Castellani, ob. cit., 1947).
Uno de los principales lemas sarmientino-castellanianos lo traduce éste libremente de Rudyard Kipling (1865-1936), “Si…”:
“Si puedes, hijo, siempre ser tu dueño
y próspera o adversa la fortuna
no perder los perfiles de tu ensueño…”.
Dogma yoico de Personalidad e Ideales sin sobornos. Declara el sanjuanino en 1873 su devoción por “la sinceridad aun en el error y la honradez del propósito” (en tomo LI de sus “Obras Completas”).El poeta y religioso: “Y yo vivo diverso y diferente”, “de vivir la verdad hasta la muerte” (“Plegaria”, ob. cit., p. 341). “Pues caduco es caduco y yo diverso..” enfatiza en su “Vita poesis”, 1949, cit., p. 411).
En sus tercetos de “Lo mismo” el poeta sarmientino canta:
“¡Siempre luchar! Del hombre es el destino
y al que impávido lucha, con fe ardiente
le da la gloria su laurel divino”
(cit., p. 289).
Esencia de Cides y Quijotes, exhiben nuestros Leonardo y Domingo, “descansan en permanente guerra”, pues como el segundo afirma, saben qué es el Bien y cómo hacerlo… Coinciden en reciedumbre y alta Inteligencia, en cerrilidad y en originalidad.
El padre literato monologa en su “Soneto CDXV”, pareciera aludir al quijotismo sarmientesco, a su identificación transitoria en lo político con el centralismo porteño. En su ancianidad Don Faustino se “sarmientiza” y surge el manantial imperecedero de su Genio americano: su sentir y pensar nacional: léanse sus últimos escritos, apología impar de nuestra Literatura, la fauna autóctona, la cultura indígena, el ataque fortísimo a la política fenicia, desde 1880 a 1890, especialmente, de J. A. Roca y M. Juárez Celman, a la contaminación de nuestro Idioma y la Enseñanza por el aporte inmigratorio, a los privilegios oligárquicos y eclesiásticos, etc., etc.
“En el foso fatal de los leones
¿quién te mandó meterte?.
Quién te empujó desnudo inerme inerte
a entrar en el cubil de los mandones?.
….
Todo lo que te pasa por Quijote
te está bien…
Ahora te tienen ellos del cogote
…
¿Cómo incurriste en tal majadería?”.
Leonardo Luis y Faustino Valentín se lanzaron
“a remo
con mal sextante y brújula quimérica
y tragar agua amarga ya no temo
pues llevo más de una panzada homérica”.
Como testimonió el mismo autor de “Facundo”, no deseó más que instruir al pueblo y organizar la República con bases sólidas, habiendo “disfrutado de la vida sólo a hurtadillas”.
Pues también Leonardo, el “santo salvaje”, expresa su deseo en su “Nada” (cit., p. 345), maravillosamente equiparados en sus almas:
“que pueda hacerme una simiente
que caiga en tierra y muera y rinda ciento”.-