miércoles, 27 de julio de 2011

       D. F. SARMIENTO  Y  WILHELM DILTHEY: EDUCACIÓN Y NACIÓN.-

 

                                                                       Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

(I). Concepción del Mundo.

 

La Civilización era en el concepto de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888) un proceso de acomodación de la realidad externa a nuestros conceptos e ideas, que exigía el vencimiento de una natural resistencia de esa exterioridad al pensamiento, sentimientos y voliciones del sujeto.

 

Así lo entendía el filósofo alemán WILHELM DILTHEY (1883-1911) entre otros. Éste consideraba al orbe humano como el “Mundo Histórico” y le llevó la vida entera fundamentar un conocimiento válido de esa “realidad” del “hombre entero”, unidad psico-física, desde su “Introducción a las Ciencias del Espíritu” (1883): “La vida espiritual de un hombre es una parte, separable solo por abstracción de la unidad vital psico-física”.

 

Concepto fundamental de su doctrina de las Ciencias de la Realidad Socio-histórica. El mundo humano, la Historia, se presenta como el mundo  de la Libertad; drama humano, tragedia de oposición ente “Impuls” y “Wederstand”. También véase su “Acerca del origen y legitimidad de nuestra creencia en el mundo exterior” 1890 (en su “Obras Completas”, Fondo de Cultura Económica, tomo VI). (Luca Giancristofaro, “El hombre entero. Bases antropológicas de la Teoría del Conocimiento  en Dilthey”, Xº Congreso Internacional de Antropología filosófica, Teruel, 2010; César H. Guerrero: “Sarmiento, pensador”, Depalma, 1979 y “Sarmiento, historiador y biógrafo”, El Ateneo, 1950).

 

El  sabio alemán fue un teórico sólido en diversos campos del  Conocimiento de las Ciencias Humanas (“Geisteswissenschaften”): Pedagogía, Psicología, Historia, Estética, Literatura, Ética, etc., las que emplean el método de la “comprensión” para interpretar  los fenómenos que estudian.

 

El “Destino y el Carácter” junto con “el Azar” jugaron un peso primordial en la figura histórica del gran sanjuanino, usando conceptos diltheyanos (en su “Das Erlebnis die Dichtung”, “Vida y Poesía”), recordados por José Ortega y Gasset /

/1883-1955/ en su “Dilthey y la idea de la vida”, “Obras Completas”, tomo 6, edición Alianza-Revista de Occidente, 1983).

La Historia es producto del Hombre Individual y no, hegelianamente, del Espíritu Absoluto…

 

Para Sarmiento como para el germano, la Vida se desarrolla de modo contraposicional, hacia una estructura, como una lucha de fuerzas (D.: “Teoría de la concepción del mundo”, 1931, ed. castell. 1945).

“Vivencia” (“Erlebnis”, experiencia de vida) consiste en  presión y contrapresión, acción y reacción (“Crítica de la razón histórica”).

Nuestra experiencia consiste en interacción de toda la sociedad, inclusive con el pasado y con las generaciones que vivirán en el futuro.

Ésa es la óptica que ofrece y desde la cual se  posiciona el estadista argentino. El Hombre se entreteje en la vida histórica.

 

Instalado en esta “Weltanschauung”, nuestro Domingo intenta actuar, realizar, Hacer, pues entiende la Vida como empresa, según aclara en general Ortega (loc. cit.).

 Desde ese “idealismo de la Voluntad” parte su axiología, los valores que desea alcanzar en la fragua del Nuevo Mundo. Concepción entonces, voluntarista y racional.

Su “weltbild”, su imagen del cosmos, asociada a su “experiencia”, formantes consecuentemente de su intransferible, heroica y épica vida personal e histórica.

 

A esa interacción social del pasado al futuro, que es la continuidad y supervivencia de las “vivencias” diltheyanas, pareciera aludir inspiradamente el Presidente Sarmiento en 1873 en su magnífico “Discurso  en honor de la Bandera al inaugurar la estatua del General Belgrano” (en tomo XXI de sus ‘Obras Completas’, ‘Discursos Populares I’):

 

“…la especie humana se perpetúa hace mil siglos dejando tras sí, entre el humo de las generaciones que se disipan en el  espacio, una corriente de chispas que brillan un momento y pueden, según su intensidad y duración, convertirse en luminares, en llama viva, en rayos perpetuos de luz, que pasen de una a otra generación, y se irradien de un pueblo a otro, de un siglo a otro siglo, hasta asociarse a todos los progresos futuros de la sociedad y ser parte del alma humana”.

 

(II). La Educación.-

 

Se admiraba el sanjuanino de la paz y armonía de los ámbitos universitarios alemanes, en los que Dilthey fungió evidentemente: nacido  en Biebrich, Renania, estudió en Heidelberg y Berlín; profesó brillantemente en esta última, en Kiel, Breslau (hoy en Polonia), etc.  La visión sarmientina de esta vida estudiantil, es idílica, romántica:

 

“Las bandadas de estudiantes con gorras carmesí, verdes, blancas o amarillas, según las logias a que pertenecen, dánle animación durante el día y los cantos en coro de las bellas canciones alemanas,

ecos gratos a la caída de la tarde”.

 

(Viajes”, Carta a M. Montt, 5-junio, 1847, en su ‘Obras Completas’, tomo V).

Ambiente paradisíaco, proclive al amor a la naturaleza y al cultivo del saber: el pensamiento, la lectura, la investigación:

 

                        “La quietud de la ciudad que reposa en silencio no bien la noche ha

                          tendido su manto de sombras, parece calculada para no distraer

                          catedráticos y alumnos de las arduas tareas de la ciencia…”,

                          

“Hijos del bullicio de las grandes ciudades y sin el aguijón del lujo, estos profesores viven enteramente consagrados a las laboriosas vigilias que engendran las grandes obras del espíritu”.

 

Siempre Domingo consideró y alabó la labor docente en el meollo de su función trascendente: el sacri-ficio, el sagrado oficio de maestro-sacerdote, suprema tarea humana, virtuosa, de áurea consagración:

 

                          “Las  virtudes del claustro, sin sus privaciones forzadas, y la

                            consagración del sabio antiguo a un objeto único, revisten

                            a estos maestros de los prestigios de un sacerdocio científico”.

 

Constante su visión religiosa, ultra-terrena, de las tareas pedagógicas, que en Sarmiento, como en todos los Grandes Educadores de la Humanidad, alcanza alturas místicas, Himno y Bandera de toda su peculiar existencia. Le produce y transmite, una elevación celestial, una grandeza impar.

Confiesa este “carácter profundamente religioso”, su ánimo hondamente “impresionado y absorto, haciéndome levantar involuntariamente los ojos hacia la negra bóveda tachonada de estrellas”.

 

El “bello ideal” sarmientino, su preferente “vivencia del valor y sentido” y su voluntad de acción consiguiente (su “teleología de la acción”), consistía justamente en el “Sistema de instrucción pública de la Prusia”.

Es deudor de ese estado público y privado de lógica, armonía, amor a la sabiduría, cultivo del Arte y la Cultura en general: “con la flema alemana y la dignidad de hombres que se respetan a sí mismos”.

 

Esta consustanciado el biógrafo de “Facundo”, con los preceptos vitalistas diltheyanos de que el trabajo capital de la vida consiste en acercarnos a nuestra meta: al conocimiento de aquello que verdaderamente es valioso para nosotros (ver Gagliardi, Guillermo, blog “sarmientisimo”, “Dilthey y su concepción de la vida”, 29-8-2009).

 

Si queremos ahondar en los fundamentos de la pedagogía sarmientina nos será de suma utilidad, por la precisión de sus consideración, el estudio de Dilthey “Federico el Grande y la Ilustración Alemana” vgr., recogido en su “De Leibniz a Goethe”, 1914, edición española 1945. Allí  se confirman las ideas pedagógico-políticas que expuso y llevó a la práctica la generación sarmientina: el Saber, el Poder, el Estado y la escuela prusiana, la formación del Magisterio.

 

Johannes Heinrich Pestalozzi (1746-1827)  ha sido el mentor de las reformas que anhela y  logra instaurar Sarmiento y que expone con santa pasión en su carta a M. Montt, incluida en “Viajes” y en 1849 su preferida “Educación Popular”.

 

El basamento de la creación de la Primera Escuela Normal por el “Rey Filósofo” y su Reglamento General de Escuelas de 1763… Prusia había establecido el Primer Sistema de Enseñanza Pública, que tanto le interesaba y ocupaba al autor de “Las escuelas, pase de la prosperidad y la República…”.

 

En su “El Estado como educador”, incl. en “De Leibniz”, cit.) Dilthey  señala: “En las nuevas escuelas técnicas palpitaba ya el espíritu de la época, en ellas se abría paso el ideal de la cultura humana y el desencadenamiento de las fuerzas espirituales al servicio de las necesidades de la vida”.

 

El  escritor  argentino creía fervientemente en el Ideal Iluminista, que sintetiza el alemán en el inicio de su magistral estudio citado (p. 177): “Si el saber es poder, es evidente que aumentando los conocimientos al campesino, del comerciante, del industrial, se incrementarán también los rendimientos de la agricultura, de la industria y del comercio”.

Ello orienta por ejemplo, en el mismo sentido integral, el sarmientino “Plan combinado de silvicultura, de educación común e industria pastoril aplicable al Estado de Buenos Aires” (tomo XXIII de sus Obras Completas).

 

A la “cultura de la tierra” ha de combinarse la  “del ganado” y la “Cultura del Hombre”, expone en esta obra valiosísima. “La base del proyecto de educación común que propongo parte del presentimiento de esta transformación…”. Él mismo la califica de “obra colosal”, “tan grande”.

Cultivo de la tierra, formación del maestro, constitución de la Quinta Agrícola…Todo planifica su genial inteligencia. La difusión de libros, su traducción al castellano.

Por ello propone una colaboración con otros estados sobre la provisión de libros. Y reconoce como ejemplo:

 

“La Alemania (…) se compone de estados diversos, a quienes no liga    

entre sí sino el idioma”,

“ha llevado el último grado de perfección este sistema de permutas y generalización de los libros”.

 

“Publicado uno o en vía de publicarse, en Prusia, el librero pasa circulares anunciando a sus cofrades la obra, para que cada uno pida los ejemplares que quiera…”.

 

El Presidente  Sarmiento en 1871, en la recepción del Ministro del Imperio Alemán, expresa:

 

“En las profundas transformaciones que las sociedades modernas   

experimentan, para mejorar y conformar sus instituciones a las ideas o necesidades de la época, la Prusia principalmente, y la Alemania en general, han respondido mejor que otros pueblos de Europa (…) a la suprema exigencia de nuestro siglo, la educación de las grandes mayorías…”.

 

(Obras Completas de S., tomo LI, “Papeles del Presidente”II). Consúltese  G. R. Gagliardi, “Sarmiento y Spranger, educadores”,en “Odiseo. Revista electrónica de Pedagogía”, Querétaro, México. a. II, nº 16; y en  blog “sarmientisimo”, Iª y IIª partes, 20-enero-2009.

 

El mérito principal de la civilización germana, es a los ojos sarmientinos “la educación universitaria y popular y el espíritu investigador y crítico de sus grandes pensadores. Alemania, la denomina “la patria de las ciencias y de la libertad”.

 

El pensamiento de Dilthey en mucho pertenece más aun al porvenir que al presente. Filósofo fragmentario y asistemático, según recuerda Francisco Romero (1891-1962, español, residente en Argentina, cultor de su filosofía y traductor de algunos de sus textos), en “Anotación sobre D.” y en su “La estructura de la historia de la filosofía”. Puede buscarse en G. R. Gagliardi, “W. Dilthey, mi bibliografía en su Centenario”, blog “sarmientisimo”, 22-7-2011.

 

Un pensamiento y una acción “porvenirista” el sarmientino, en vocabulario orteguiano.

La empresa teorética de Dilthey en un caso y la pedagogía-política de Don Faustino, en el otro. Su alcance, su aporte, permanecen esenciales y vigentes. Exponen materiales, ofrecen su compromiso, alientan el trabajo posterior, contribuyen sobre la sociología, la teología, el historicismo, la ética, etc. En el caso del alemán. Y sobre educación, civismo, constitución, municipio, el otro..

 

Producen, dan de sí, inteligencias dativas, sólidas, positivas. Trabajaban como si encarnaran a varios investigadores a la vez.. Legaron su obra, incompleta y desestructurada, a sus discípulos, para conectarla y afianzarla.

La organización coherente de tan ingente tarea humanista requería una labor de varios y de un tiempo que los supera.

 

Estas figuras  estelares del siglo XIX “se aproximan a nosotros, cobran cada día más acusado perfil” afirma Romero en sus “Tres lecciones sobre G. D. “ de 1933 (ver Juan Carlos Torchia Estrada, “F. Romero…”, en “Cuyo. Anuario de Filosofía Argentina y Americana”, nº 20, 2003).

 

La Historia adquiere en D., la categoría de su radical pasión, su destino, el objetivo primordial y más profundo de sus inquisiciones intelectuales, el motivo de su escritura y la razón de sus luminosas clases universitarias.

 

(III). La “romanidad” del Genio.

 

Así en S., la Historia, su construcción, su progreso y  humanización, la República letrada, ha constituido la razón de sus esfuerzos como Hombre Público y como amante del Saber y del Hacer. Éste, Hacedor y  reflexivo de la Historia. Aquél, grandiosa concepción histórica, con su monumental “crítica de la razón histórica”.

 

Así como el sabio alemán busca iluminar la  médula del alma germana, el cuyano retrata por vez primera el alma argentina en “Facundo” de 1845; ubícase ideológicamente en la corriente romana, occidental, alimentaria de la Edad Moderna, con sus motivos de la voluntad de dominio y eficacia, paradigma práctica y jurídico de la “Romanidad”, en sus relaciones de Libertad, Ley, Derecho, la constitución de la “res-publica”, “la limitación mutua de las voluntades individuales en el orden jurídico de la ley como regla de esta limitación…”.

 

Eugenio Imaz (1900-1951, traductor y pensador español) señaló en su ensayo “G. Dilthey” (recogido en su “Luz en la caverna”, 1951, p. 33-37) que el pensador ha sido  un hombre que ha entregado su vida “con un afán pantagruélico” al “saber de cosas humanas, al conocimiento del hombre”.

Y de modo paralelo afirmamos que nuestro  Sarmiento consagró sus días a una obra ciclópea, al mejoramiento ciudadano, al afán de Reforma, de Civilización (v. también de Imaz, su “Prólogo acerca de D.”, p. 119-120, ob. cit.).

 

Leyendo en su “Hombre y Mundo en los siglos XVI y XVII”, 1914 (edición  en español, 1947) D. nos lleva a distinguir la base romana del genio sarmientesco: “El centro de la vida romana estaba constituido por la voluntad que somete al mundo exterior en la propiedad, en el contrato, en el derecho público y en el orden administrativo”; así podemos comprender esta “relación entre dominio, libertad, ley, derecho y obligación”.

 Léase parecido juicio, original y pungente, en Nicolás Rosa (muerto en 2006), su reeditado “El arte del olvido”, 1991, 2004 (más detalles en  G. R. Gagliardi-M. Meglioli, “Testimonios de un hacedor. Bibliografía sobre D. F. S.”, 2010).

 

Asimismo comparamos el busto de Don Domingo con el de Escipión el Africano, que refiere Dilthey (loc. cit., p. 19): “el aspecto macizo y el vigor de una auténtica voluntad…”.  Notas de autoridad, dignidad soberana del Yo, la acción política sólida. Toda la fuerza de su pensamiento, “trata de fijar reglas, de tener conciencia de los principios directivos”: entendimiento sarmientito  en que en palabras del filósofo, “la vida se impregna de utilidad, interés, sentido práctico”.

 

Conclusión.-

 

El autor de “Conflictos y armonías de las razas en América” aseméjase a Martín Lutero (1483-1546), el religioso heterodoxo, “una fuerza solitaria”, “un poder superior y extraño” de acuerdo con la evocación  de Dilthey, erudita y penetrante.

 

“Había nacido para obras y para mandar” observa en su “Hombre y Mundo…”, sugiriéndonos nítidamente a nuestro Domingo. (Como he procurado demostrar en

mi “Fray Martín y Don Domingo”, blog sarmientisimo, 31-7-2008).

Retrata el alma del predicador agustino, “un hombre sin miedo”, enérgico y extra-ordinario.

Como el maestro cuyano, en su capacidad dionisíaca de creación y  de profecía, junto con la de “un alma sencilla”. “una naturaleza tan simple, y al mismo tiempo tan rica”.

 

Definitivamente un manantial, las más de las veces, una catarata fértil, como pocas, para el suelo hispanoamericano.

 

                            

 


Publicado por leonino1950 @ 14:50
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