lunes, 19 de septiembre de 2011

                        NUESTROS DOS FAUSTINOS: SARMIENTO Y  WILDE.-

 

                                                                       Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

I.= Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) percibía su vida como la lucha de un Prometeo criollo, un albatros; el Proscripto  Idealista encerrado en la jaula de su excepcionalidad y su circunstancial marginalidad.

 Provocativo, acusador de los males de la tradición Colonial hispánica y la natural inercia nativa (Ojo, no siempre, pues él  también se considera parte de la primera, tal como lo leemos, p. ej., en su “Recuerdos de Provincia”, y es un  decidido apologista y difusor, de la medicina, arquitectura y costumbres de “nuestros padres prehistóricos” , los aborígenes..., según los llama).

 

“...en mi vida tan destituida, tan contrariada, y sin embargo, tan perseverante en la aspiración de un no sé qué elevado y noble...” confiesa el cóndor cuyano (obra citada, cap.”Mi educación&rdquoGuiño.

 

Y nos descubre en ese texto inmortal el nacimiento y desarrollo de una inteligencia peculiar, innovadora, a veces cerril, constante en la penetración, agudeza y sensibilidad humanísimas.

 

II.= Por su parte, Eduardo Faustino Wilde (1844-1913), se constituyó en un particular escritor y hombre público, médico y ciudadano. Singular, impar por sus cualidades, su originalidad expresiva, la acentuación de su escepticismo, su ironía y su piedad, más explícitas que en su maestro, Sarmiento.

 

Destaca el autor de “Aguas abajo” la  pungencia del lenguaje sarmientesco, muchas veces duro e hiriente, también injusto, como “moles de granito movidas por titanes” (“Discurso de 1888 en la inhumación de los restos del sanjuanino).

 

Sumamente culto y perteneciente a una clase acomodada, en ello difiere          de nuestro “Doctor Montonero”, casi sin instrucción sistemática ni posición social, solamente valido como pocos de su cerebro potente y sus manos hacedoras: éstos fueron los instrumentos de su Genialidad de Hombre Público Americano.

 

Wilde, como Ministro de Culto e Instrucción Pública del Presidente Julio Argentino Roca, logra concretar la Ley de Educación Laica, Común y Obligatoria, nº 1420 (en 1884) bajo la ígnea inspiración del autor de “Educación Popular” y “Educar al Soberano”.

 

Ponce justiprecia al médico-escritor como “el Sarmiento del Ministerio”, en esta gloriosa actuación oficial, por la hondura de sus convicciones y la energía de su acción consecuente (Obras Completas de A. P., Cartago, 1974, tomo 1).

 

Integró la eximia Generación del 80. La de aquellos prohombres, muchos de ellos discípulos sarmientinos destacados: “la vejez de Sarmiento” como la denominó Aníbal Ponce (1898-1938) en su libro homónimo, de 1927. Lucio V. López, Miguel Cané, Nicolás Avellaneda y otros.

 

III.- En su “Discurso del 21-9-1888 ante los restos del prócer, W. observó con su habitual lucidez, la relación intelectual profunda entre  el sanjuanino y los grandes de las Letras germanas: “Como los hombres eminentes de la Prusia, comprendió que la educación del pueblo era la palanca poderosa de su engrandecimiento”.

Desde la meridiana ruta sarmientina, Laica y Progresista, W. dicta las Leyes de Educación Laica y de Matrimonio Civil.

 

Don Domingo hizo de la Enseñanza y del Gobierno Republicano, un “ser” y un “hacer”. “Sacralizó” la peraltada función del Educador y del Político: “No acordó solamente a la enseñanza su meditación y su saber: le consagró lo mejor de sus horas...” (ed. Biedma, 1889 de los “Discursos en la inhumación de sus restos”, p. 32-33; también mi “Educación y Estado en Fichte y Sarmiento” por ej., en mi blog “sarmientisimo”, 14-8-2008).

 

En su carta a Felipe Yofré de 1900 (Obras Completas de W., tomo 9, 1935, La Facultad), califica a S. como un ser fundamentalmente dativo, un Iluminador, un Transmisor de Vida, un nobilísimo  Gestor y Generador  de Luz.

 

En el tomo 8 de sus magníficas “Obras”, “Artículos de carácter político”, W. retrata a “Don Yo”  valiéndose de adjetivos peculiares a su Genio: “Fue siempre el único de su especie”, “insaturable, impenetrable, inalterable, inigualable, insubordinable, inimitable”. Así, precisamente era la personalidad de “Facundo II”, quizás sin parangón en nuestra historia.

 

Sólo Wilde,  posiblemente Lucio V. Mansilla (1831-1913), se singularizan por su literatura y persona como el autor de “Educación Común” (v. José María Monner Sans, “Prólogo” a “Páginas Escogidas” de W., ed. Estrada). 

 

Escritor nutricio y proteiforme, pleno de gracia y humor, más aristofanesco Sarmiento, más crítico al estilo británico, el galeno-literato. A veces corren la vaguedad y el fragmentarismo en las obras de ambos.

 

Festivo, sorprendente en su escritura, W. puede ser ácido y crítico en extremo (polémicas con Pedro Goyena, con Ricardo Gutiérrez, etc.).

 

Hablando de S. en su artículo “All the same” (en “El Diario”, 9-3-1892, luego recogido en el vol. VIII de sus ‘Obras Completas’, p. 245), W. escribe: “sus mensajes, sus decretos, sus discursos, sus telegramas, todas sus funciones de gobernante, eran ‘Él’ mismo traducido a varias formas. Él era una personalidad junto a la cual no cabía otra”…

Capta como pocos el vigoroso carácter sarmientito, la fuerza de sus Ideas, su ser afirmativo y emprendedor:la Vidacomo empresa, como tarea, como compromiso y pasión, como sacrificio, como cumplimiento de un Destino Superior, como Milicia Civilizatoria.

 

IV.- W. concibe la vida desde un Espiritualismo romántico, desde su exquisita sensibilidad, muchas veces ignorada por sus críticos.

Arturo A. Roig (“El pesimismo de E. W.”, Univ. Nacional de Cuyo, 1970)  observa junto con Ricardo Rojas (en su “Historia de la Literatura Argentina”, ed. Kraft, 1960, tomo 8) que  nada más rico que ese sentido del “vivir” en W., “un hombre superior dentro de su época”, “desde el centro de una personalidad aguda y delicadamente sensitiva”.

 

Aparece S. en otras apreciaciones wildeanas, como un personaje de los dramas schillerianos: el grito “stürmer” de conciencia libre. El Constructor, la voz potente, inconformista, socrática a menudo, casi siempre fiscal y admonitora, catoniana. Representa la Pura Energía destinada al Bien Ciudadano, “su actividad siempre fecunda engendra un conjunto” trascendente y valioso, “pues no hay institución, reforma ni accidente de la vida democrática que no tengan rasgos de genial talento y de su incansable energía”. Wilde pronuncia el mayor elogio sarmientino, la apreciación más calificada en medio de la infinita bibliografía que ha generado  su genio.

 

Mesurado uno, así como desmesurado el otro, desigual y miguelangelesco, en su titanismo histórico, señala el autor de “Tini” las deficiencias de nuestro admirado Domingo: básicamente la ausencia de disciplina universitaria. Lo califica como “el ser más antimetódico que haya existido, precisamente por cuanto su talento tenía vetas de genio y los genios no obedecen a los reglamentos”.

 

V.- Abelardo Castillo, contemporáneo nuestro (en su “Ser escritor”, Perfil, 1997) reflexiona  justamente sobre nuestros  dos Faustinos, con mucha pertinencia y claridad: “Un país donde ha escrito Sarmiento ya puede, sin pudor, hablar de Literatura” y “No haber leído a Wilde en la adolescencia, siendo argentino, es una especie de grave defecto moral”.

 

En 1878 en una recensión sarmientina sobre “Tiempo perdido” de W. “El Nacional” 23-6-1878, acogido en el tomo XLVI, ‘Páginas literarias’ de sus  incompletas ‘Obras Completas&rsquoGuiño, nuestro maestro consagra a su autor como notorio paradigma de inteligencia, por la apertura de su mente, su estilo alacre y su sonrisa necesaria.

Encomia la literatura tan sabiamente ejercida por su pluma: “¡Oh las letras!. ¡La bella literatura, jóvenes!, eso refresca el alma, despierta los buenos sentimientos y predispone el ánimo a la amistad”. Concluye  soberanamente: “¡Cuando la inteligencia sonríe, hay gloria en las alturas y paz en la tierra para los hombres!”.

 

Anticonvencional, reformista en política, fundamentalmente ético, seguro en sus ideales, temible polemista, S. lo ve como “su continuador” en la Política de fines nacionales y libertarios.

 

W. reconocía en el espíritu del cuyano alborotador, “sus pasiones bien acentuadas”, “un cerebro poderoso que tenía dotaciones geniales”. Comparaba su inmensa y rica alma con “un animal antiguo y formidable”, como “un bosque de zona tórrida”: “abundante, vigoroso, semiconfuso, pero fecundo, potente y fertilizador”.

Representaba al Atleta agresivo, resuelto, desafiante, feroz, una figura imponente, “antediluviana”, sobre todo sentidor y batallador.

 

 

 

VI.= Su principal amor a los niños une a S. y W., en lo más auténtico de su espíritu.

El bíblico “Dejad los niños venir a mí” los hermana. Uno , con su preclara vocación magistral, apóstol de la instrucción primaria, inspirador de cientos de instituciones útiles para el país, multiplicado en obras de Pedagogía, sobre la Fe pétrea, entusiasta y entusiasmante, en que las Escuelas son la base de la Prosperidad de las Repúblicas y con el Santo Objetivo de Hacer de la Nación  una Escuela. Consagró su vida enteramente a esta Creencia sencilla, complejísiima en su realización, sostenida constantemente.

 

Su discípulo, el Dr. Wilde, en el en el alma noble, en la doctrina político-social, se constituyó en el mejor escritor de la literatura americana en la década del ’80, en evocar  el mundo infantil, el amor delicado y el sentimiento más  delicado…

 

“El hombre se despojaba –escribe ‘César Tiempo’ sobre W.- de su amable escepticismo, una máscara al fin, para ofrecernos un rostro embellecido por la ternura” (v. su “Protagonistas”, Kraft, 1954, p. 191).

 

Se aduna con el autor de “Recuerdos de Provincia” por la  prístina bondad de corazón, por su cerebro descollante. El numen de S. lo acompañó toda su vida, la admiración y la amistad (no íntima), la fuente de sus preocupaciones en temas de educación pública. (Gastón Gori: “E. W.”, ed. Universidad Nacional del Litoral, 1993, p. 112).

 

 

Otra bibliografía:

 

Bruno, Paula: “Pioneros culturales de la Argentina” (E. W. y otros), Siglo XXI, 2011.

 

Clucellas, María Isabel: “Dickens y dos escritores argentinos de su tiempo. S. y W.” (“The Buenos Aires Dickensians”, 2009,k v. digital).

 

Finochietto, Enrique: “El resentimiento de E. W. Comentario a un aspecto inadvertido de su obra médica” (Boletín de la Academia Nacional de Medicina, Bs. As., mayo 1936).

 

Friera, Silvina: “Las disecciones de un irreverente” (“Página 12”, 12-1-2009).

 

López Grigera, Luisa: “En torno al arte de escribir de E. Wilde (...) (en Anales de Literatura Hispanoamericana, II, nº 2-3, 1973-1974, , p. 378-406).

 

Montero, Belisario: “La filosofía de E. W.” (en Revista de Derecho, Historia y Letras, 1921, tomo 70).

 

Montero, María Luisa: “S. y E. W.” (en IIIas. Jornadas ‘S. y su tiempo&rsquoGuiño.

 

Robira, Enrique: “Dos imágenes de la existencia del cementerio en la ciudad a través de W.  y S-“ (IV Jornadas sobre Identidad Cultural y Política Exterior en Argentina).

 

Solari, Juan Antonio: “Generaciones laicas argentinas” (Bases, 1964). “Nuevas evocaciones” (1967) y “Días y obras de Sarmiento” (Plus Ultra, 1968).

 

Wilde, Eduardo: “S.” (“Obras Completas”, tomo 1).  /Sobre “S. anecdótico” de Augusto Belin Sarmiento/, en ob. cit., ed. 1929-Saint-Cloud, p. XI-XII.  “Cartas del Sr. D. F. S” (en su “Cartas de Presidentes”, Obras Completas, tomo 9, ed. La Facultad, 1935, p. 25-46).


Publicado por leonino1950 @ 12:17
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