HERIDA.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Solísimo, con mi dolor.
Congoja y desconsuelo.
No puedo, no puedo tolerarlos.
Nadie comprende.
Mis lágrimas, un total monólogo.
Los “demás”: todos, no alcanzan ese pozo.
En él remo solitario,
entre hielos y máscaras.
Dios, los libros, quizás, mi madre, velan por mí.
¡Debo aceptar esta gigantesca herida
que me mata, que me mata!.