CUANDO MUERA.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Ya llegará el momento,
el principal escenario
de la total renuncia.
Dejar libros, músicas,
alguna persona,
cierto lugar o aroma.
Los pocos placeres,
los varios dolores,
las pequeñas obligaciones.
¿Cómo será ese después?.
Esa despedida.
El adiós a lo poco que resta.
A las leves inquietudes
y chicas ambiciones:
leer, escribir,
poseer un libro.
Conocer, saber,
¡eso sí extrañaré!:
todos mis años fértiles,
ocupados, destinados
a esa Sed. Quizás solo a ella.
Pero…posiblemente,
ascienda a otros paisajes deleitosos.
Posiblemente.
Pues lo que viene después,
No tiene fin, es eterno.
¿Viviré en esa esfera celeste,
en la contemplación
de lo Bueno y lo Bello?.
No sufriré la quemante
sensación del tiempo,
del éxito, el error o el fracaso,
el acoso, lo insoluble o inevitable.
¿Ya no seguiré
con mis mezquindades
y codicias (literarias, modestamente pensantes).
O, tal vez, permanezca
en interminables diálogos monocordes
sobre mis temas predilectos
y siempre en la ignorancia
soberana de gigantescos asuntos de la vida,
terrenal y de la otra.