CONDICIÓN HUMANA.
Por Guillermo R. Gagliardi.
La transitoriedad,
la triste corrupción de la carne,
no justifica el ardor y esfuerzos de esta vida.
Tanta ocupación
solo remata en la obra
de la Muerte, segura, fatal.
Doña Muerte sí, la Voraz,
todo anula y destruye,
y pudre y borra y olvida.
Por más gasto de sangre y tiempo,
todo tiende a un crepúsculo,
decae, agoniza y se apaga, ¡implacablemente!.
¡Qué espanto, inexplicable, doloroso,
esta condición
con la que nacemos y vivimos y morimos…
¡Quiero luchar,
me rebelo contra Ella!.