viernes, 21 de octubre de 2011

                               DON  FAUSTINO SARMIENTO, WILDEANO.

 

                                                           Por  Guillermo R.  Gagliardi.

 

 

Garcilaso sanjuanino.

 

El Sarmiento auténtico, se nos revela Lírico garcilasiano en sus disquisiciones psicológico-literarias, así p. ejemplo, en su  destacado comentario de “Tiempo Perdido” de Eduardo Faustino Wilde (1844-1913).

 

Escribe en ese trabajo publicado en “El Nacional”, 23 de Junio de 1878, luego recogido en el tomo XVI de sus “Obras Completas”: “Páginas literarias”:

 

“…la propensión del porteño a ser poeta le viene de que todo en la  naturaleza, y en el arte es poesía para él, y no realidad. Tiene que imaginarse cómo corre el agua triscando por entre guijas!.

¿Cómo será el murmullo de la fuente?.

Como el gemido de la tórtola, o el cantar matutino de las aves, o los lamentos del aire en la selva?”.

 

Concibe una analogía entre el ciudadano del Puerto de Buenos Aires y el  pastor de la Arcadia renacentista. Hermana una evocación eglógica de la Literatura Áurea, clásica, con una del Ochenta argentino.

 

 Pretende elaborar su “zampoña ruda”  plena “d’ornamento y gracia”.

 Entre Garcilaso (1503 ? / 1536) y Wilde, entre el siglo XVI y el XIX, la contemplación y el éxtasis, la magia poética de la naturaleza (“en soledad amena…toda de hiedra revestida y llena…el agua baña el prado con sonido&rdquoGuiño.

 

Sarmiento al revés, no el épico luchador, ni el belicoso ideólogo de la Civilización a toda costa: Don Faustino “cuando no se propone decir nada!. ¡Es entonces cuando se le toma sustancia!”.

 Cuando su Programa Político-Pedagógico se transmuta en “otium”, en Bucolismo….

 

Dos Faustinos, originales y creadores.

 

El Faustino  del Zonda se burla hasta de sí mismo, de su ademán de estatua, de su propio monumento: de su “entrecejo fruncido” y su “puño crispado”, de su polémica constante en la Prensa o en el Parlamento, echa como él mismo escribe: “un balde de agua  en los lomos de estos políticos furiosos”, entre los que se reconoce.

 

Como el romántico que era en lo más profundo de su ser, se expresa siempre pasional, maestro de una ética elevada, álacre, de raíz helénica:

 

“Oh! Las letras! La bella literatura, jóvenes!, eso refresca el alma, despierta los buenos sentimientos y predispone el ánimo a la amistad”.

 

Concluye esa fina escritura, de luminosidad renaniana:

 

“Cuando la inteligencia sonríe, hay gloria en las alturas y paz en la tierra para los hombres!”.

 

Su fórmula de político es completamente Humanista, no siempre entendida ni calibrada en toda su Universalidad, ni por sus contemporáneos ni por su posteridad.

Enunciada categóricamente en prosa de oro, que denota toda la grandeza de su mente, con reminiscencias del espíritu erasmista y rabelesiano, la fundamental característica de su pensamiento y acción:

 

“La política, la maldita política, ha echado a perder el carácter y el genio argentino; pelear pero riendo; burlesco sin ofensa; y siempre y eternamente alegre y social”.

 

Pareciera querer aconsejarnos que no leamos a él, ni a otros políticos “hirvientes”, “erizados” o amenazantes. Que saboreemos la literatura wildeana, “genial y traviesa”, rica  y  dulce, humana, ligera cuando no descarnada y honda (de “Tiempo perdido”, además de “Prometeo y cía.”, “Viajes y observaciones”, etc.).

 

“Yo le ayudaré también, que soy aficionado…” se define don Faustino, petrarquesco, e invita con hermosa galanura:

 

“Si alguna vez tiene tiempo que perder, doctor Wilde, véngase por acá, y a ratos perdidos, tiéndase a la bartola en esta butaca y déjese ir…”.

 

Éste constituye para nosotros el mejor Sarmiento, genuino y espontáneo. Irónico y libérrimo, se erige en un Anti-Mito, al que reivindicamos, el artista, carnal, sensible, vital.

El auténtico, el verdadero, “q’hará parar las aguas del olvido” (‘Égloga III’ de G.).

 

 

 

 


Publicado por leonino1950 @ 17:34
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