miércoles, 26 de octubre de 2011

CASTELLANI, EL CURA SARMIENTINO:  EN LA VISIÓN DE HORACIO CAILLET-BOIS.

 

                                               Por Guillermo R. Gagliardi.

 

  • Leonardo Castellani (1899-1981), sacerdote, escritor y maestro de fibra sarmientina. Psicólogo, filósofo, político, teólogo, en todo eminente. Inteligencia suprema, don de la pluma ágil e irónica, saber elevado.

 

También sarmientino en la agresividad de sus polémicas, su prosa enérgica, su alto pensamiento argentino y de calidad universal.

 

  • Domingo Faustino Sarmiento (1811-1888) y el Padre L. C. fueron aletófilos convencidos, amaron la Verdad por ella misma, y contra vientos y mareas, desafiaron  los “mosquitos” teresianos.

  

Sin reparar en consecuencias, habiendo sufrido múltiples castigos, olvidos e    infamias.

                  

“La verdad, una virgen ruda, tan fuerte como un hombre armado”,

        

 sentencia Leonardo, como “Jerónimo del Rey”,  en su “Canciones de Militis” (1945).

 

                       “Y espada se hizo y fuego el verbo en mí”.

 

  • Condiscípulo (en el Colegio  Jesuita de “La Inmaculada”, de Santa Fe), el poeta y destacado hombre público Horacio Caillet-Bois (1898-1968). “Gloria santafesina”,  nuestro religioso le dedica todo un libro panegírico, que publica Ediciones Penca en 1976.

 

Una biografía amical y una antología de verso y prosa del intelectual comprovinciano.

 

En la obra referida,  Castellani transcribe oportunas cartas intercambiadas entre ambos. Nuestro integérrimo cura-poeta revela sus martirios por la incomprensión de sus contemporáneos, la injusticia, el pesar, en toda su crudeza.

 

“He sido perseguido ¡y cuánto!, casi hasta la muerte, por haber defendido denodadamente el derecho a predicar, enseñar y escribir”,

 

Así afirma el santafesino teólogo, en el acento  exacerbado sarmientino, pues, él también

           

                        “Peleó con todos menos con Dios…”.

           

(“Las gafas de C.”, en “hispanismo.org”, www.statveritas.com.ar).

 

Igualmente no quiebra su Fe ciclópea, los Valores peraltados que  sostienen su Personalidad majestuosa, casi  diría la Santidad de sus esfuerzos y su  moral diáfana permanente, entre  “las dificultades más desesperantes” (6 de oct. 1953).

 

  • Caillet-Bois, también de preclara mente, percibe la superioridad  mental y primacía literaria del controvertido  sacerdote, en el ambiente cultural de la Argentina:

 

“Has hecho una vida y un nombre que está llenando una etapa de la vida nacional”.

 

           Equipáralo justamente con el “quijotismo” y la  personalidad “inimitable”

del Gran Sanjuanino, “vocación felina de singularidad” (carta del 19 de agosto, 1953).

 

Miguel de Unamuno  (1864-1936), escritor y pensador español, helenista y profesor,  y D. F. Sarmiento, sólo son comparables a Castellani, juicio de Caillet-Bois, en la originalidad y en la   fuerza expresiva de su literatura, en la voluntad titánica y en posibilidad de discusión y crítica.

 

Define el amigo: 

 

            “Eres una figura discutida, rebelde, drástica y aséptica”.

 

Lo evalúa como un nuevo y firme valor en las Letras argentinas:

 

            “has inyectado oxígeno nuevo, una savia nueva…”.

 

Como don Domingo con su “Facundo” y sus formidables  artículos y polémicas político-literario-pedagógicas,

 

“Me recuerdas a  Unamuno y a Sarmiento. No sé si esta última cita te agradará”…

 

  • C.-Bois considera con justeza la figura proteica de don Domingo, su legado histórico de índole profética, cual un Moisés de nuestra Historia, y un precursor de la Literatura y la Lengua genuinamente argentina:

 

“Yo he leído un Sarmiento magnífico que sabía decir las cosas con la  profundidad de un padre de las Escrituras y la belleza plástica y la inspiración de un poeta dominador de la Lengua”.

 

(páginas 72-73 de la obra citada).

 

Corrobora los juicios de oro sobre el autor de “Recuerdos de Provincia” manifestados por el mismo Castellani, según hemos analizado y definido en mi anterior estudio “Sarmiento y Castellani, ‘siempre en guerra’” (en mi blog “sarmientisimo”, junio 2008; en “BibliotecaSarmiento.org.” y en “Homenaje a José Hernández”, Pegaso-Décima Musa, 2005, p. 34-37).

 

Semejante temperamento belicoso para imponer Ideas de Bien y de Progreso. Puño hercúleo de Civilizador Cristiano, de aguerrido luchador por la mejora de la Patria,

 

“…resuelto y optimista frente a todas las adversidades y encaramado como un profeta sobre tu muralla…”.

 

(hermosa visión bíblica del querido compañero, en carta del 26 de agosto del ‘53; pág. 74 de “Una gloria santafesina”, cit.).

 

  • Por la altura espiritual de ambos personajes parangonados, han de ser conceptuados con una vara diferente a la del resto humano.

 

Gigantes de nuestro país, por su exaltación y vocación Humanista, su escritura y ejemplaridad resplandecientes, la hondura de sus sentimientos y pensamiento, su cerebro portentoso y libre, su pluma fértil. Su constante apología de la Pasión y la Dignidad Humana.

 

Sus afirmaciones vibrantes  “que producen terremotos”, han sacudido las convenciones, aún hoy, y liberan el juicio, y cuestionan determinadas jerarquías y privilegios.

 

Su vena prodigiosa de Humoristas, de gran penetración social y política.

C.-Bois le descubre a nuestro cura, una condición innata de

 

protestante”, “algo de raros y místicos. Mucho de iluminados”.

 

Reveladores impares, temerarios, de la Injusticia y la Vanidad, las persecuciones y fanatismos de nuestra Historia.

 

Domingo y Leonardo, soñadores que emprendieron su gran Batalla Cultural, contra la  Mediocridad, los falsos intereses, las ideas sin consecuencia en hechos, en ejecutividad de valía para la mayoría humana.

 

  • Solía afirmar Castellani, sarmientinamente, que

 

“la educación de las nuevas generaciones es algo que toca a la misma subsistencia de una nación, es decir, a su cabeza”.

 

(“Crimen Nacional”, en “Tiempo político”, 1970, recogido en “Pluma en ristre”, LibrosLibres, 2010, p. 118).

 

Convencidos ambos que la formación del Estadista depende de la consistencia de la Educación, de la Política.

 

                        “Hagamos de toda la República una Escuela”

 

sostenía, sentenciaba,   repetidamente  el autor de “Educación Común”, “Educación Popular”, etc.

Estos hombres encarnaron los “éticamente desarrollados”, a los que se refiere el Padre en sus “Siete teoremas sobre la Historia”.

En ellos 

                       

“la moral se ha vuelto una pasión”.

                        “Son los destinados a dirigir y vivificar”

 

a las Naciones. Las cabezas y brazos mejor pensantes y actuantes.

 

S. y C. representan la “Moral Viviente”,  según este último (en “Dinámica social”, enero 1953, ob. cit.).

 

                        “Son los que fermentan la masa”.

 

 Los fundamentales Hacedores de nuestra Historia, de nuestra Cultura…

 

 

 

 

           

 

           

 


Publicado por leonino1950 @ 14:55
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