PERFIL SARMIENTINO DE ALICIA JURADO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
ALICIA JURADO (1922-2011), eximia escritora: narradora, conferencista, traductora, ensayista y académica.
Intentamos subrayar este brillante perfil de su estatura intelectual: su sarmientismo, su adhesión a la figura del Prócer, sus análisis políticos, sociológicos, literarios, desde la peculiar postura de DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888).
Todas estas calificaciones construyen un Testimonio Sarmientino en la Vida y Obra de Alicia Jurado.
Recordamos su particular sensibilidad ante las plantas, flores y animales, del mundo en general y muy especialmente de los nuestros, de los paisajes autóctonos, de las personas sin distinción de clase o estudios, los que siempre valora positivamente en su rica literatura de viajes, sus “Memorias” en 3 tomos.
Como también su postura clara y valiente ante la dictadura, ante la mentira en todos los ámbitos, ante la incultura, la incuria en los gobiernos, la locura del belicismo (el Hombre, “mono con armas&rdquo
y el “chauvinismo”…
También Alicia sostuvo con su verbo y su acción rectilíneos, esta postura femenina como hacedora de los pueblos, formadora y mejoradora de nuestra humanidad: así, por ejemplo, en sus escritos “El camino que falta recorrer” (en revista “Sur”, n’ 320.328, número dedicado a la Mujer, sept. 1970-jun. 1971; “Victoria Ocampo y la condición de la Mujer”, en Boletín de la Academia Argentina de Letras, nro. 175-178, en.-dic. 1980).
Creyeron ambos, fervorosamente, en el poder de la Educación, de la Escuela, como constructora de la República y definitivamente como labor de promoción humana. Tarea ésta, continua e ímproba que el sanjuanino encaró como un sacrificio, casi el Martirio del Magisterio…
Sus descollantes personalidades se desarrollaron a partir de una básica plataforma de Independencia en todos los niveles. El talento de Alicia, el genio de don Domingo.
Espíritus autónomos, siempre en busca de horizontes despejados para fertilizar su cerebro y su corazón.
Y asimismo, la demostración de Autoridad y Responsabilidad. Fortaleza y acero en las determinaciones, en las elecciones de vida. Traducidos en un estilo literario sustantivo, imperativo, pasional.
A través de la acción magisterial de Juana Manso (1819-1875) y la persona de Victoria Ocampo (1890-1979), su influjo cultural, su carácter, “la Sarmienta”, se coordinan las semejanzas humanas y el valor histórico de semejantes personas de nuestro País, con trascendencia americana y mundial.
Según el cuyano progresista y autoritario,
“Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición social de las mujeres”.
Éstas, acentúa Sarmiento “son para la sociedad lo que la sangre para la vida del hombre”.
Definitoria su metáfora femenina de la sangre:
“…ella vivifica todo, está presente en todas partes de la estructura y se hace una condición indispensable para la vida”.
Alicia escribió dos brillantes ensayos sobre este tema: “Sarmiento y la Mujer” (publicado en “Vigencia de S.”, varios autores, Comisión Permanente de Homenaje a S., 1988, p. 61-76) y “Las mujeres de Sarmiento” (en el Boletín de la Academia Argentina de Letras, nro. 229-230, jul.-dic. 1993, p. 353-360).
Como el autor de “Recuerdos de Provincia” (de 1850), la pluma de la escritora de “Revisión del Pasado” (2001) nos sorprende con su vigoroso criterio “more sarmientino”, práctico, neto y firme (v. mi “El mensaje y sentido de la literatura de A. J.”, en “aliciajuradosuobra.blogspot.com” y en mi blog “sarmientisimo”, 11-5-2011; y mi “Diario de mis lecturas.28”, en este último, 4-8-2009).
Ambas Literaturas poseen un acusado valor Liberador, Libertador.
La escritura del “Doctor Montonero”, predica, apostrofa, enuncia, planifica una expulsión de la Barbarie en el ámbito hispanoamericano, del torpe Colonialismo, del nefasto analfabetismo y el Caudillaje, compendio de nuestros males.
La resplandeciente obra de nuestra “Dama de las Letras”, varia y proteica, vigorosa, nos incita con méritos perennes, clásicos, a combatir la incultura, la vida primaria, la ausencia de ideales, de humanismo vital, de energía creadora, de “vida noble” (en el sentido orteguiano) y de riesgo, de “obra” y “esfuerzo” (desde la fuente guardiniana). (Según nuestra hermenéutica en “Vida y cultura en ‘Las despedidas’ de A. J.”, en “aliciajuradosuobra.blogspot.com” y en mi blog “sarmientisimo”, 1-11-2011).
Vida como epopeya en el mensaje sarmientino, junto con la posibilidad real, vitalísima, del “refugio”, del retiro vivificador, nutricio remanso para la encrespada batalla diaria consecuente.
El manantial juradiano, “contemplatio” de paz y armonía (vgr. “El Valle de la Luna y otros silencios”, 2009), se une con el viaje periódico sarmientino al paisaje selvático del Delta:
“el refugio en las calamidades, la fuerza necesaria para sobrellevar la desconsoladora realidad que nos envuelve o nos acecha”
define Alicia, y configura el paraíso de Don Domingo, ese “sentirse divinamente bruto” del político hacedor, que se transforma en un contacto civilizador, casi antitético con el arte y la espiritualidad en la sabia escritora, pero igualmente reparador y personalísimo.
Como escribe en “Los hechiceros de la tribu” (edición 1981, cap. IX) respecto de un personaje de esa novela sobre los escritores y la literatura:
“el campo de la provincia de Buenos Aires le era tan familiar y tan querido que resultaba difícil resistirse a introducir una escena, cuando menos, donde se reflejase su belleza...”.
Suele enumerar especies naturales de cada zona, las describe amorosamente.
“Provincia sin alardes, mansa, verde, fértil, apacible, con su luz vibrante, su luna que se vierte sin obstáculos y su ancho cielo donde brillan todas las estrellas. Cada laguna, un alboroto de aves acuáticas, y el cisne de cuello negro que pasea como un príncipe entre las especies plebeyas - patos, teros, gallaretas- sin más rival para su estampa aristocrática que la erguida figura heráldica de la garza blanca. Cada monte, un regocijo de pájaros que trabajan de sol a sol, …”.
El adjetivo justo, el preciso sustantivo, como un hallazgo estilístico. (Léase su “Nuestro idioma español”, en el Boletín de la Academia Argentina de Letras, nro. 273-274, 2004).
Vivos registros de Literatura nacional auténtica, abundan en su obra, muy especialmente en sus premiados relatos, novelas y ensayos. Ejemplarizan, modelan nuestro mejor arte literario. Reflejan a la perspicaz científica, Doctora en Ciencias Naturales, y a la artista-pensadora, sentidora, en grado sumo.
También ejerce su saber crítico en sus propias creaciones: emite acertados juicios, pungentes opiniones sobre los más grandes escritores y músicos del Arte universal. Entre sus preferidos, Aldous Huxley, Virginia Woolf, Shakespeare, Robert Cunninghame Graham, William Henry Hudson, Sarmiento…Bach, Mozart, Wagner…Acoge a la lectura como una actividad fundamentalmente gozosa, borgeanamente: así lo expone en su “El placer de la lectura”, aparecido en el tomo colectivo de la Academia “Reflexiones sobre la lectura”., 2003; luego en el Boletín de la misma, nro. 291-292, 2007).
Trasunta perpetuamente el encanto, la magia de lugares, objetos, personas, casas, climas, libros y músicas y agradece emocionadamente a la Vida tanta Belleza.
“Estaba en una sierra de las primeras estribaciones del Comechingones, cerca de un arroyo y no lejos de un caserío…Lo demás era monte bajo, seco y espinosa, de hojas reducidas y aspecto sufriente, cuya fealdad (&hellip
siempre había oprimido el corazón…”.
“Pero entre esas especies desgraciadas, manojo retorcido de ramas ralas y desparejas, una se salvaba de la desarmonía general: el algarrobo. Corpulento, coposo y umbrío, ponía de vez en cuando en el paisaje una nota de nobleza…”.
Pero suele encantar ese ambiente con la varita mágica de su pluma dotada, de su ojo exquisito y su ritmo entre clásico y barroco:
“Los espinillos en flor parecían empolvados con oro; los chañares, también de fiesta, contrastaban sus troncos lisos y verdes con el amarillo de sus ramas colmadas; de la tierra brotaban mil florecitas de vida efímera y suaves colores. El cielo límpido era de un azul profundo en el día y de noche se cuajaba de unas estrellas que parecían faroles”.
Nos memora la prosa sarmientina de “Mis Pajaritos”, “El Poema del Agua Dulce”, las barrocas descripciones del Brasil o de Pompeya en sus “Viajes” (1849).
El escritor que describe los crepúsculos más dramáticos de América Hispánica (tomo XXVI de sus “Obras Completas”: “Camino del Lacio&rdquo
o en sus años finales el apologista de nuestra flora y fauna, el revalorizador desconocido de nuestra Arquitectura prehistórica, de la Medicina Indígena y de valiosos personajes de nuestra Historia como Francisco J. Muñiz, José María Paz, científicos como Florentino Ameghino, Eduardo Holmberg, el Perito Moreno y otros.
(Cons. nuestro “Los otros ‘amores’ de Sarmiento”, o “El otro Sarmiento, el Verdadero”, en mi blog cit., 20-06 y 17-08- 2008 resp.).
Como la Jurado, asciende a la evocación de los monumentos más antiguos del arte europeo hasta los montículos más modestos, pero significativos, de la escultura indígena. Don Faustino se “argentiniza”, en temas y lengua, y se hace aún más grande para nosotros. Más humano, más rico e inmortal su arte.
Sarmiento sensibilízase ante los defectos de nuestra aluvional inmigración, devastadora de nuestras más genuinas tradiciones y puras esencias de la Argentinidad.
En consonancia con el Gran Sanjuanino, evocándolo y exaltándolo en su sencilla y efectiva didáctica, la académica responde en un trabajo sobre “La educación y los medios”, 1981, dirigido al entonces Presidente de la Academia Argentina de Letras, el ensayista Bernardo Canal Feijóo:
“Para mejorar la educación nacional habría que empezar otra vez como lo hizo Sarmiento, a formar maestras, conseguir que aprendan a escribir sin faltas de ortografía para que no se las transmitan a sus educandos y que sean capaces de enseñar a los niños el respeto al prójimo y las normas elementales de la moral (...) a fin de que salga de la escuela con sentido de responsabilidad, corrección, honestidad, cortesía y todas las cualidades que en el “ser argentino” de esta época brillan por su ausencia”.
(breve, sintético e intenso informe recogido en su “Revisión...” cit.).
Escribe la eximia intelectual:
“Es increíble la cantidad de palabras inútiles que se oyen y se dicen al cabo del día. Y si les sumamos las que invaden desde la radio y la televisión que algunos tienen funcionando casi de sol a sol: la cantidad de sandeces, de trivialidades, de chistes estúpidos, de noticias insignificantes, de canciones pueriles dirigidas a los adultos, de propagandas idiotas ¡qué sé yo!; si sumamos todo eso, el resultado es verdaderamente espeluznante. Es como un proceso de imbecilización cósmica, que empieza a actuar sobre los chicos desde que gatean…”.
“Dentro de un siglo, el mundo va a estar poblado por retardados, manejados por unos cuantos canallas que se habrán encaramado al poder”. (cap. XIII, ob. cit.).
La razón más crítica, la profecía sensata, la advertencia del sabio, presiden sus ideas más caras.
Y en sus escritos armonizan la intelección más pura y el deleite estético: la lógica más severa junto con la manifestación de su hechizo o deslumbramiento ante la Naturaleza o la Obra de Arte auténtica (incluso la artesanía, el folklore musical o literario, las costumbres populares y los vocablos tradicionales, etc.).
Diferénciase del maestro Faustino, en quien la exuberancia, el énfasis pedagógico o la severidad del fiscal argentinísimo se notan supremos.
El admirado Sarmiento se consideraba maravillosamente un guerrero devenido en intelectual, de una época homérica, de titanes épicos:
“sucedía que los guerreros se tornasen en escritores, cambiando la espada en punzante buril y dejando a veces páginas que valían batallas, como si sembraran ideas regeneradores…”.
Concluía su concepto helénico de nuestra épica de la Independencia y Organización:
“Este es el carácter distintivo de aquellas guerras civiles que principiaron por matanzas y acabaron por razonamientos” (“Memorias”, Obras Completas, tomo XLIX).
En la misma novela “Los hechiceros…” (cap. XVI), Horacio, un personaje, se pregunta y se admira y teoriza:
“¿cómo se te ocurre que vas a ilustrar a las masas, que no leen (&hellip
?. Lo único eficaz sería enseñarles a pensar en la escuela primaria, cosa que ningún gobierno se atreve a hacer, ni siquiera el mejor intencionado, de miedo a que después cuestionen los principios mismos en que se basa la nación, o la burocracia que maneja el poder y se identifica con ella. Si en vez de inculcarles emociones les enseñan a manejar ideas, ninguno se va a quedar galvanizado con palabras como ‘soberanía’, ‘honor nacional’ y todos esos conceptos que llevan a las guerras y la infelicidad general para servir a la ambición o al desvarío de los que tienen el mando”.
Y advierte y adelanta contundentemente:
“Esto viene sucediendo en todas las latitudes desde el principio de la historia, con ligeras variantes de vocabulario. En cuanto a tus masas, ya verás que, después de todo lo que ha pasado, siguen y seguirán siendo iguales y caerán en manos de cualquier otro demagogo que las sepa halagar”.
El sanjuanino concluía su “Informe sobre Educación” (incl. en el tomo XLIV de sus “Obras Completas) en 1881:
“Cuesta persuadirse de que no nos será dado difundir la educación primaria por ser invencible la resistencia que la masa de barbarie opone”..
Agrega y finaliza nuestro Moisés:
“…No hemos difundido la educación sino por momentos, y como por oleadas, para que al soplo de vientos contrarios baje su nivel”.
“…Una ley de Educación Común para la República y la vida de millares consagrada a ejecutarla, he aquí un buen programa para un pueblo republicano”.