lunes, 28 de noviembre de 2011

D. F. SARMIENTO  EN   VIDA Y OBRAS DE BERNARDO GONZÁLEZ ARRILI.-

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

Dos Maestros: Domingo Faustino  Sarmiento  (1811-1888) y Bernardo  González  Aeeili (1892-1987).

Y una obra humanística inmensa. En Política educacional y Literaria, principalmente el primero. Historia, Literatura, Enseñanza, Periodismo, el segundo.

 

Señalamos debidamente, subrayamos en Don Bernardo la influencia superior del mensaje sarmientino.

 Presencia constante, esencia y motivo principal de toda su obra: en narrativa, ensayo, en su acción humanitaria.

Pues fue fundador de la Cooperadora del Hospital de Niños (1956), integró numerosas Instituciones Culturales, propició el funcionamiento de muchas de ellas. Enseñó Letras, Historia…durante décadas.

 

Fue Diputado Provincial por Salta, Secretario del Gobernador Joaquín Castellanos (intelectual y político excepcional, 1863-1932; Ejecutivo de la provincia de 1919 a 1921), organizador y conservador de su valioso Archivo Documental.

En el Periodismo  cultural y social fue destacadísimo y dejó una impronta, sarmientina, luminosa, en “La Nación”, “La Prensa”, “El Hogar”, “La Obra”, en Salta, etc.

 

Presidió, ésa fue una de sus Glorias, el Instituto Sarmiento de Sociología e Historia (que había sido creado en 1945). Fue Académico de Letras y de Historia, en Argentina, de su Junta de Estudios Históricos de San José de Flores,  en República Dominicana, en la Real Academia de Cádiz, en la de Cuba,  en el Congreso Internacional Martiano (como Vicepresidente).

 

Transmitió, constante, las normas insobornables, las suyas, de amor al País, al Hombre y a las ideas redentoras de Igualdad y Promoción y Progreso, de dignidad ciudadana y justicia.

 

ü      S. se definió como “Periodista”, en cuanto se consideraba un “predicador político”:

ü       

“Necesitaba vivir de algo, sin robar, matar ni cometer otros pecados. Es tristísima la situación del que piensa, del que escribe, del que se desvela, se priva de todo goce y sólo recibe injurias y desprecio por una vida tan miserable. A veces el que fabrica ideas trabaja apenas para pagar la impresión de su trabajo mental”.

“Con el periodismo el Genio tiene por patria al mundo”.

 

 (en “El Zonda”, ver “Textos recobrados (1828-1840)” 2009,  ed. de Mauricio Meglioli; anteriormente en “Reproducción facsimiliar de ‘El Zonda’”, Academia Nacional de la Historia, 1938).

 

Arrili conserva esa diamantina veta de “diarista”, pero en el área específicamente literaria, educativa, histórica, y desde una plataforma política semejante, de libertad y progreso democráticos.

 

Gustó dn. Bernardo ejercer y afinar más aún su pluma en  Lingüística, Tradiciones Argentinas  del pasado Porteño y del Interior de las Provincias argentinas,  la vida de nuestros Sabios y de las Mujeres Argentinas (vgr. “Mujeres de nuestra Tierra” en 1951, “Buenos Aires 1900”, reeditada varias veces, “Deliciosa Jujuy” en 1926, etc.).

 

Escribió y diseñó Libros de Lectura para la Enseñanza Primaria y Secundaria, confeccionó nutridas Antologías de Historia y de Literatura, seleccionó y prologó a numerosos escritores nuestros (“Mariano Moreno, su vida narrada a la juventud” de 1935,  “Nociones elementales de Historia Argentina”, entre otros).

 

Editó cuidadosamente, y con constante afán docente, documentos, cartas, memorias de José María Paz, Sarmiento, Tomás Guido.

 Quiso entonces ahondar en la intimidad de nuestros Grandes Hombres,  en el trasfondo platónico de sus almas, en los Arquetipos que señalara Ricardo Rojas (1882-1957, primer catedrático de Literatura Argentina y autor de la primera “Historia” de la especialidad, 1917-1922) en su obra  homónima (1922).

 Así escribió “Cómo eran los hombres de la Historia, ó, Retratos a Pluma” (1937), el Prólogo y selección de las “Memorias de la Prisión” del Manco Paz, la acción y personalidad de “Los Hombres de Mayo”, etc.

 

Demócrata y americanista,  representó a la Inteligencia Argentina y su maestría en un amplio sentido nacional y trascendente.

Ejerció una dirección formadora de la Conciencia Nacional, con su obra escrita y oral,  y por sobre todo  desde un elevado sentido del Deber y entrega a los más altos Ideales, según el preclaro ejemplo sarmientino.

 

Tuvo su reconocimiento público en numerosos Premios, merecidos y no codiciados por supuesto: el  de “La Nación” 1967, Consagración Nacional 1979, el “Severo Vaccaro” 1970,   Konex de platino 1984, entre muchos más.

 

En su enseñanza socrática genuina, instó, con su propio ejemplo, a la búsqueda de la permanencia esencial de los Valores personales y colectivos.

 

Buscó en sus múltiples ensayos biográficos, la precisa observación sarmientina de “ejercer una judicatura moral” y de acuerdo con André Maurois ( Émile Herzog, 1885-1967), cuyo “Aspectos de la biografía” (1929) tenía en cuenta,  la conjunción de ciencia y arte, la mancomunión de estilo y de conocimientos históricos.

 

Señalo estos textos en la Bibliografía adicional a continuación de este trabajo, y que complementa mi anterior “B. G. A. en mi biblioteca” (en mi blog “sarmientisimo”, 7-enero 2011).

 

Siempre en Don Bernardo, la bondad, la armonía de intereses e inquietudes.

Toda su persona  transmitía esa estrella sarmientina de Laboriosidad, Libertad Responsable, Ética Superior en la esfera Pública y en la Privada…

 Rinde culto a “Eleutheria”, la diosa griega de la Libertad, “Imagen magna para quienes la sueñan liberadora” (en “La Prensa”, 9-2-1977).

 

Puro sentido emotivo  en su escritura, todo corazón y fidelidad a su vocación proteica: la luz que irradiaba en su trato personal. “Cordial y sencillo maestro” lo definió su colega y amigo Juan Antonio Solari (1899-1980) (“Magisterio de escritores”, 1974).

 

La tarea inmensa de difusión de los más altos valores de nuestros personajes históricos fue  encarada por Arrili en plenitud, con la pluma y la palabra fértiles.

Sus narraciones: desde su “Tierra mojada” (1923),  “La Venus Calchaquí” (1924), “El pobre afán de vivir” (1928), “La Virgen de Luján” (1930), hasta “Andasolo” (1969), hondamente arraigadas en la temática nacional.

 

Sus obras históricos, numerosas y en el mejor nivel  estilístico y de investigación: “Vida de Rufino de Elizalde” 1948, “Los indios Pampas” (1960), “La Tiranía y la Libertad” (1970), “Tiempo pasado”, las biografías de San Martín, el Deán Funes, Lavalle, Lisandro de la Torre, Avellaneda, Mister Morris, del mismo Sarmiento, Mitre, Moreno, Chorroarín, Ameghino, Tomás Guido, Belgrano, etc.

 

Encarna al escritor-docente por antonomasia, como paradigma de la tarea  que Sarmiento encumbrara dentro de las intelectuales.

La Biografía entendida como construcción de una sociedad, como instrumento literario para fundar la Nación.

Hasta su culminación en la imprescindible  “Historia de la Argentina según las biografías de sus hombres y mujeres” en 10 tomos, donde une la ponderación de su juicio histórico con la ímproba tarea de despertar vocaciones, la finalidad didáctico-moral, la prosa tersa y cultivada del eximio escritor.

 

Toda esa  obra ingente de Bien, semilla de carácter evangélico,  lleva la marca sarmientina: la  intención educativa, el destaque de los valores positivos en la vida.

 

ü      Renan (1823-1892) habla a menudo de que “El rasgo de las almas grandes es ser incapaces de odiar. Ven el bien por todas partes y aman el bien en todo”. En esta categoría espiritual están instalados los altos espíritus de Arrili y de Sarmiento.

 

Esa gran escritura, extensa e intensa, puede, debe considerarse, una  colosal tarea de Educación, una siembra apostólica.  Nuestro polígrafo encaró desde la médula de su ser magisterial y como uno de los  señalados discípulos del gran Maestro Cuyano.

 

 En casi todos los personajes que el escritor evoca (en prólogos, comentarios, artículos de diario, apostillas, conferencias, discursos, notas, libros, folletos), busca su relación  profunda con Sarmiento, por acción directa o por el alma trasvasada por el Gran Sanjuanino a sus  coetáneos y aún a su posteridad.

 “Hay que volver a sus lemas” se titula uno de sus  incontables artículos periodísticos (ver bibliogr..) y tal merece ser el  núcleo de toda su vida y su obra.

 

ü      Su bibliografía específicamente sarmientina (según la datamos en nuestro “Testimonios de un hacedor” Gagliardi-Meglioli, 2010, págs. 134-135, reprod. en Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes-Alicante, y en revista “Todo es Historia”, sept. 2011, nº 530, en DVD) es la siguiente:

 

  • “Cap. X. Sarmiento y Elizalde” (en su “Vida de  Rufino de Elizalde. Un constructor de la República”, Colombo, 1948, p. 211-236, también en su “Historia Argentina”, Nobis, 1966).

 

  • “Las discrepancias entre S. y Alberdi” (en su “Historia Argentina”, íd., t. 6, p. 1970-1973).

 

  • “Sarmiento” (1ª ed., Menéndez, 1938; otras eds.: Nobis; y en su “Historia Argentina”, cit., t. 5, p. 1751-1856).

 

  • “Don Federico de la  Barra y su novela ‘La Presidencia’” (en Boletín de la Academia Argentina de Letras, en.-jun. 1973; y en su “Tiempo Pasado”, Academia cit., 1974, p. 51-60).

 

  •  “Epistolario íntimo de S.”, Edic. Culturales Args., 1963; y en “S. Cincuentenario de su muerte”, Acad. Arg. de Letras, 1988,  p. 227-240).

 

  • “Hay que volver a sus lemas” (‘La Prensa’, 11-9-1977).

 

  • “Las ‘cosas’ de S.” (en “El Hogar”, 9 sept. 1937).

 

  • “Las empresas de S.”  (en  su “Renan”, Cajica, 1971; Depalma, 1984).

 

  • “Las guerrilleras de S.” (en su “Historia argentina”, cit.,  t- 5, p.1871-1878).

 

  • “Las sisebutas en la historia” (“Diario Aconcagua”, 20-6-1935).

 

  • “S. y Papini” (“Columna”, 17-8-1938).

 

  • “S. el Civilizador” (“Pampa”, sept. 1944).

 

  • “S. La fundación de una escuela” (‘La Nación’, 15-5-1938).

 

  • “S. Presidente” (“El Monitor de la Educación Común”, nº 738, 1938).

 

  • “S. traductor” (ídem, nº 712, abril 1932).

 

  • “S, y la Casa-Escuela de Catedral al Norte” (1971).

 

  • “S.” (en “Vigencia permanente de S.”, Varios Autores, 1981).

 

  • “Las últimas luchas” (“Caras y Caretas”, 21-5-38).

 

  • “La Siembra”  (‘La Prensa’, 22-10-1972).

 

  • “La camelia y el tala” (en su “Tiempo pasado”, Academia Argentina de Letras, 1974,  cap. “Juan Llerena”, p. 41-42).

 

  • “Ernesto Nelson” (íd.,  su frecuentación de la biblioteca-escritorio-museo de S., p. 447-449).

 

Encuentra ajustadamente la comparación vital, la anécdota sabrosa o la referencia señera en el opus sarmientino, en la  titánica biografía pública o recuerdos íntimos del autor de “Facundo” (así cuando refiere el eco de Ernest Renan en la literatura del cuyano, o la vida de Juana Manso o de Mitre, los sentimientos de Paula Albarracín  a través de los escritos de su hijo, la obra polémica y brillante de Giovanni Papini,  las traducciones de Musset y otros románticos por Don Domingo, la interpretación sarmientesca de la vida militar y familiar del General Paz,  las maestras norteamericanas que  trajo, que intentó y pudo traer; el apoyo concreto a la labor de famosos científicos del país y del extranjero, Burmeister, Gould, Ameghino, el Perito Moreno; las incomprensiones  con Rawson o de Alberdi; la mutua identificación libertaria y sensitiva con José Martí; las luchas políticas, los sentimientos más caros al alma grande del Cuyano alborotador…: la pedagogía pestalozziana, los esfuerzos didácticos de William Morris, la identificación progresista con Rivadavia, la enemistad con los caudillos, &hellipGuiño.

 

En su semblanza sobre Juan Llerena (1823-1900),  original personaje público sanluiseño, político y funcionario, quien había prologado el “Sarmiento” de J. M. Zuviría (Peuser, 1889), el autor de “Tiempo pasado” (1974) se ocupa de la opinión de éste sobre el sanjuanino, quien para él era  un “maniático, solitario, paseandero, buscador de estrellas”, “un grande hombre injertado en un aldeano”, sintetizaba calificando al genio vigoroso y polifacético  de Don Domingo como “una camelia injertada en un tala”.

 

Asi ocurre con la Carta de Lisandro de la Torre (1868-1939)  a Ordóñez Riera sobre los “homenajes externos”, superficiales e incompletos,  a Sarmiento Educador, que cita completa don Bernardo en su  biografía del rosarino (1940). La transcribo parcialmente en mi “S. y L. de la T.”, blog cit., 25-4-2009).

 

Cuando recuerda a Miguel Cané (1851-1905) transcribe  su juicio sobre S. y la clasicidad y contemporaneidad de su obra formidable: “Leed esos libros, leed esos libros admirables, escritos hace más de medio siglo y que, como las telas de los grandes maestros, conservan en sus líneas y en su color una frescura jamás igualada en el correr de los tiempos”..

 

 

B. G. A. se empeña con agudeza y hábil pluma en penetrar en el Sarmiento Fundamental, horadando su “piel de oso gruñón e inaguantable que le conoce la posteridad” para arribar a la esencia de su Persona (antitéticamente imperial, despótica, tierna, cordial): de superior “calidad humana”: la del “muchachón grande y bondadoso”, “religioso” por su vocación y trabajo cívicos (“B. G.A.: “S.” 1938). “Un gran corazón nacido para servir a todos”.

 

Eligió el Sanjuanino la senda del mayor sacrificio, pleno de espinas, de ingratitudes e incomprensiones, el camino de  los Santos, la Cruzada de los  Mártires  (su Martirologio por la Educación denominó él mismo a su trabajo de Sísifo por la Escuela Popular en América): “escogió el oficio de maestro, porque lo que necesitaba su país en plena barbarie eran escuelas” ( cit. en mi “Comunión de San Pablo y D. F. S.”, en “Letras-Uruguay. Espacio latino.com” y en mi blog “sarmientisimo”, 13-11-2008).

 

Confiaba S. en que en su hora postrera llevaría “el último pasaporte admisible, porque está escrito en todas las lenguas: Servir a la Humanidad” (1853, discurso ante la tumba de Nicolás Rodríguez Peña).

En ello consistió la dimensión teológica, teresiana-ignaciana, de su vida y obra, encarada como Hazaña, como Épica, Aventura Suprema, desbroce de la Selva bárbara (lo he analizado en mi “Dimensión teológica de Sta. Teresa y D. F. Sarmiento”, blog cit., 31-1-2009; también en “Homenaje a F. G. Lorca”, Pegaso-Décima Musa, 2005. B. G. Arrili: “Sta. T. de Jesús” en Boletín de la Academia Argentina de Letras, nº 165-166, jul.-dic. 1977).

 

Exhuma haciendo una particular hermenéutica la novela “La Presidencia” (1868) de Federico de la Barra (1817-1897), destaca la ironía y el humorismo del autor al elaborar el peculiar personaje de “Sarmita”: “toda esta humanidad (...) que debe encerrar dentro de su caparazón buen relleno de calidades morales de alto precio (...), parece (...) el predestinado Noé de aquella arca de esperanzas”, cita significativamente.

 

Memora a Lucio V. López (1848-1918) y su compenetración con el estilo sarmientesco, al punto de que lo reemplazó en el diario “El Nacional”, estando enfermo el sanjuanino y no habiéndose casi notado diferencia en el fervor y la unción ciudadana y en la fortaleza expresiva de los artículos.

 

ü      Arrili considera que “El maestro contagia. No enseña quien no queda, de alguna manera, aunque sea en partículas, dentro del discípulo”. Y don Faustino, evidentemente sobrevive en partes importantes de la obra y  escritos de Wilde, Cané, Avellaneda, y en generaciones posteriores.

 

De tal modo, p. ej., en Juan B. Terán (1880-1938), pensador y educador, el autor de “Espiritualizar nuestra escuela” y una modélica biografía de José M. Paz, entre otros.

A  Don Bernardo,  también lo vemos como un  paradigma de Sócrates, como el mismo Terán, tal  escribe Arrili en su “Tiempo pasado”: “contagiaba por simpatía, descubría posibilidades, incitaba con tesón. Leudaba en el amasijo” (ob. cit., p. 380).

 

El médico-humanista Osvaldo Loudet (1889-1983), amigo y colega  del  meritorio periodista pronunció el discurso de bienvenida a Don Bernardo en la Academia Argentina de Letras en 1972.

Allí resumió tal sobresaliente personalidad ética y literaria: “Desde los diarios, sin ruedo y sin ostentación, le ha dicho a las gentes lo que tenía que decir. Las ha instruido, las ha informado, las ha enseñado”. Siempre escribía para fijar una lección de conducta. (Boletín de la Academia, nro.  145-146).

 

 

 

 

 

 

 

 


Publicado por leonino1950 @ 13:58
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