viernes, 09 de diciembre de 2011

      JOHN MILTON  Y  D. F. SARMIENTO La Libertad y la República.

 

                                                            Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

  • JOHN MILTON (1608-1674) / DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888). Visionarios y Proféticos. Discutidores y ególatras. “Mi Defensa” (1843) escribe éste. Aquél, varias “Defensio”, siempre contra alguien o algo (“Defensio Pro Populo Anglicano”, “Defensio Secunda” o elogio de Cromwell y “Defensio Pro Se”, contra los ataques personales de Alexander More, propone un informe sobre sí mismo).

 

 Polémicos, luchadores por la Libertad Individual y Colectiva. S. y M. ostentaron una prosa apasionada y temible por su virulencia y argumentos. Maestros de energías, de furor combativo y de amor a las Buenas Letras, a la Política del Bien...

 

Sus respectivos padres, el notario inglés  amante de las Letras y la Música Mr. John, el arriero José Clemente que le procuraba libros  sobre Historia de la Iglesia al jovencito del Carrascal, aquél al niño de Cheapside cerca de Londres,   procuraron que adquirieran desde niños una sólida cultura y que fuesen sacerdotes; aunque sus temperamentos de fuego torcieron ese rumbo prefijado, con un despliegue fuerte de una vocación libertaria, un infatigable ardor por la  expresión del Pensamiento, un acentuado Humanismo activo.

 

El inglés escribe “Lycidas” (una elegía pastoral, 1637) en honor de su amigo Edward King. Luego su “Epitaphium Damonis”, poema en latín (1639), en honor de Charles Diodate.

Asi también Domingo, con su “Vida de Aberastain” o su “Biografía de Vélez Sársfield”, dos de sus amigos más entrañables; uno sanjuanino, ejecutado después de la batalla de Rinconada del Pocito, en 1861; el otro, jurista cordobés afamado, murió en 1875.

 

  • Combate Milton, en Religión y Política, desde un Protestantismo  no ortodoxo, y edita panfletos militantes: “Of  Reformation”, “The Reason  for Church Government”. Son los tiempos en que Charles I disuelve el Parlamento, comienza la Guerra de los Obispos. 

 

Sarmiento combate el Ultramontanismo, la Prensa Católica y sus popes, instalado en el republicanismo, en el Laicismo.

Exclama el maestro cuyano:

 

“¡Tiranuelos! ¡Perseguidores!. Siempre hay una cuestión de expoliación y de opresión a los débiles en las pretendidas cuestiones religiosas…”.

 

 (“La escuela ultrapampeana”, ver en mi blog “sarmientisimo”, 23-9-2008).

 

Milton propugnaba la Reforma Religiosa, que desconocía  la jerarquía eclesiástica. Dado a las  controversias político-religiosas, refuta hábilmente a sus abundantes contendientes ideológicos, se adelanta al futuro, ve con ojos potentes y críticos: en 1642 es abolida la jerarquía eclesiástica.

 

Defiende el Regicidio y postula los caracteres de un Líder Republicano: moderación, unión con el pueblo, promoción de los derechos y control racional de los deberes de todos, justicia, libertad civil (“El ejercicio de la Magistratura y el Reinado” 1649; “A Treatise of Civil Power” 1659, propone la separación de Estado e Iglesia).

 

En 1649  oficia de Ministro de Lenguas Extranjeras en el Gobierno de Cromwell, censor, redactor de  las Actas Oficiales y defensor riguroso de los ataques literarios a la República.

 

  • Como Renacentista,  el literato inglés  integra la Teología Cristiana con los modelos Clásicos. Relaciona su arte con las Ideas Protestantes de Virtud y Castidad.

 

En el Hombre Renacentista era primordial el culto a la Innovación, el antidogmatismo, la crítica y la Libertad y la  Tolerancia.  Notas fundamentales del genio sarmientino y miltoniano.

 

Al surgir la Nación-Estado, el Ciudadano es el Protagonista de la vida política: el Hombre con Deberes y Derechos.

Las mentes se abren a los conocimientos más diversos y sus aplicaciones para el mejoramiento de la realidad humana. (Véase “El hombre del Renacimiento que produjo América en el siglo XIX” de Carlos Keller Sarmiento, versión digital, www.sarmiento.org.ar/conf.; conferencia de 1999 en el Jockey Club).

 

En el sanjuanino, una de las grandes revelaciones en su vida intelectual, fue el asombro ante el “Séptimo Informe del Secretario de Educación de Massachusetts”  (1843) de Horace Mann (1796-1859), que lee en Londres y que le transmite la inmensa Idea de la Escuela Gratuita, Obligatoria y Laica.

 

El autor de “Educación Popular”, “Educación Común”, etc., era él en persona y espíritu, como John Milton, una mente renacentista, pleno de aspiraciones, esperanzas, proyectos, ansias de desarrollo, de expansión, vértigo, sediento de saber y hacer, universalista y activísimo.

 

El argentino, huracán criollo, héroe de nuestra cultura, consideraba su primitivo emprendimiento de la escuelita de San Francisco (San Luis, ca. 1825), por ejemplo,  como una “revolución” en Sudamérica, intento soberano de instrucción popular, gratuita e integral.  Toda apertura de una escuela o una biblioteca elemental adquiría esa significación trascendente en su noble ideario.

 

Su despliegue vital increíble, su voluntad de acero para crear y expresarse,  como la no menos hercúlea de la literatura miltoniana, exhiben dotes de un hombre renacentista.

 Fueron Personas majestuosas que funcionaron desde un centro ígneo de Bien, hacedero de “ideas útiles y realizables”, aspirantes a la Gloria y la Fama.

 

Escribió Sarmiento: 

 

“he recorrido todo lo que hay de civilizado en la tierra y toda la escala de los honores humanos…”.

 

 (Víctor Massuh: “Epílogo sarmientito”, en su “La Argentina como sentimiento” vs. edic.).

 

Encarnó el “gran hombre” que definía Hermann von Keyserling (1880-1946) como el que representa “las más altas intuiciones” y un influjo vivo sobre las almas de sus coetáneos.

 

 Un torrente de ideas, un hacha liberadora de prejuicios, de ataduras socio-político-económico-culturales, para el avance de los pueblos americanos. Un zonda derribador de obstáculos y fertilizador, que vivía instalado en la intensidad de sus convicciones, hasta con asperezas y rudezas y contradicciones y desmesuras…

 

Así Milton se destacó luminosamente por similitud de ideas regeneradoras, libres, laicas, con gran “Vigor y amplitud de mente” (Samuel Johnson, en su ‘Lives of the English Poets&rsquoGuiño, “era de forma natural un pensador independiente”.

 

 

Como William Blake, como Milton, Sarmiento poseía esa firme conciencia de ser el Organizador de la Unión Nacional, el Constructor de un País con fundamentos Republicanos.

Como  auténticos Profetas consideraban Sagrada su  Misión política.

 

“El Camino del Lacio” lo denomina con sentida reminiscencia clásica nuestro Domingo. La senda de la Reconstrucción colectiva: de la nefasta tiranía rosista, al arribo a un Reino de la Libertad y la Nación constitucionalmente estructurada, una Tierra Prometida, cual Moisés de la Modernidad: ése es el contenido de semejante prédica cívica.

Como Jerusalén en los sueños, en los versos blakeanos y miltonianos:

 

                        “No cederé en el combate mental

                        no dormirá la espada en mi mano:

                        hasta que Jerusalén se haya alzado

                        en Inglaterra, sus verdes, felices tierras”.

 

El autor de “Paraíso recobrado” cree, como el nuestro, en el poder de la Razón para desarrollar una Comunidad, para fundar una Nación…

Adverso a las normas de cortesanía y superstición. Como Sarmiento, se erige en otro Moisés, sañudo, intransigente, legócrata, y esgrime un látigo terrible e implacable contra la mentalidad colonial, el error, la hipocresía, la proteica Barbarie.

 

“Elocuencia enérgica y figurada como la de un Profeta” y “en toda ocasión las imágenes y el estilo de la Escritura”.

 

 (escribe aquél  en su “Conflictos…”, tomo XXXVII de sus ‘Obras&rsquoGuiño.

 

  • Ambos, influidos fuertemente por la Cultura de la Antigüedad Clásica y la Cristiana (Griegos y Romanos, y la Biblia) y el sentido histórico de la Reforma, y su utilización para el análisis de su época. Influencia en sus obras, en su estilo de escritura: vigor y rigor mosaico, solemnidad profética, advertencias morales, adjetivos sublimes, monumentalidad y sonoridad magníficas.

 

Conmovedora hasta para el lector actual la grandeza de las imágenes bíblicas que utilizaron en su escritura:

 

“¡Y tú, oh Espíritu fecundo, que prefieres a todos los templos un corazón recto y puro, instrúyeme con tu saber!.

Tú estabas presente en el primer instante; con tus poderosas alas

desplegadas, cual paloma cubriste el inmenso abismo y le hiciste fecundo”.

 

(trad. de Antonio Fuster,  versión en prosa del Libro I, de “El Paraíso Perdido”, Barcelona: Iberia, 1968).

 

Estremece la imponencia de las figuras infernales en Milton, el lenguaje elevado, los colores trágicos, y es frecuente la invocación del Caos y la Luz, el dolor y el llanto, junto con el gozo y el espanto, la alegría y el gigantismo de personajes y escenas colectivas: huestes de ángeles serafines, cohorte de demonios, etc.

 

También don Domingo suele estremecernos con sus Escatologías,  al evocar la “Sombra terrible” de Facundo Quiroga (en 1845), o una visita al Cementerio de la Recoleta en el día de los Muertos de 1885, o imaginar al Progreso de nuestros pueblos, su utopía más amada,  como el Espíritu Divino deslizándose majestuosamente sobre las aguas de nuestros ríos (p. ej., su Discurso de 1871 en la Exposición Industrial en Córdoba).

 

“Actualizan” los temas de la Tradición Escrituraria y de los Clásicos Antiguos, “analogizan” la Historia Sagrada Vétero y Novo Testamentaria  con la Historia Patria, “Providencializan” los hechos temporales, los “Idealizan”, adaptándolos a los asuntos, grandes y pequeños, de la Historia de su época, de sus propias biografías. (Léase v.gr. mi “San Agustín y D. F. Sarmiento, cristocéntricos”, en blog cit., 3-2-2009).

 

Cita Sarmiento a  Thomas Henry Buckle (1821-1862) sobre la condición intelectual de los Puritanos en la Inglaterra miltoniana:

 

Eran no solo hombres que pensaban, sino que sentían con toda la intensidad del pensamiento”.

 

Retrata de tal manera, su propia persona y la del poeta londinense (en “Conflicto y Armonías de la Razas en América”, tomo XXXVII, cap. VI: ‘Migraciones sintéticas hacia América. Los Puritanos’,  de sus ‘Obras Completas&rsquoGuiño.

 

Exclama el poeta:

 

“Creo ver una noble y potente Nación despertando como un hombre fuerte después del sueño y sacudiendo sus cabelleras invencibles; creo verla como un águila gritando su poderosa juventud… Si se desea saber la causa inmediata de toda esta libertad para escribir y hablar, ella no puede ser asignada a  una verdad mayor  que vuestro gobierno atemperado, humano y libre; es la nodriza de todos los grandes ingenios; esto es lo que ha refinado e iluminado a nuestros espíritus como si fuera la influencia del cielo; esto es lo que ha libertado, engrandecido y elevado nuestras percepciones varios grados sobre sí mismas”.

 

Reclama en esta inmortal Apología de la Libertad, entusiasta e idealista, definitoria:

 

“Dadme el derecho a saber, hablar y discutir libremente de acuerdo a mi conciencia por sobre todos los derechos”.

 

La Ley de la Razón, el Imperio de la Verdad, traen el avance del Espíritu Humano, el Progreso material y moral de los pueblos. Esa es la biblia del pensamiento miltoniano y sarmientino.

 

 Declaración de encendida Fe en la República, en los instrumentos de la Democracia. Inspiración, la más profunda, en los conceptos y acciones sarmientinas.


Publicado por leonino1950 @ 9:45
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