Milton y D. F., Sarmiento. Parte II.- Por Guillermo R. Gagliardi.
Palabras y actos de verdad: construyen la epopeya sarmientesca, su Reforma.
Integra esa especial manera de hombres que Dios provee a los pueblos para su mayor y mejor iluminación y adelanto. Tal como Milton lo expone maravillosamente en su “Areopagítica”, de 1644, subtitulada: “A speech of Mr. J. M. for the liberty of unlicensed printing to the Parliament of England”, suprema defensa Liberal contra la Censura, en plena Guerra Civil Inglesa, y en alusión a la Asamblea ateniense del Areópago, que el pensador y político Isócrates (436-338 a. C.) propuso restablecer en un memorable discurso:
“entonces pone en pie para su obra a hombres de raras capacidades y diligencias y más que comunes, (&hellip
para seguir adelante y obtener nuevos pasos llenos de luz…”.
Estos Genios como Sarmiento representan grados del fulgor Divino, que Él dispensa y distribuye. Debemos ser y hacernos dignos de alcanzar su brillo, sus rayos de Bien y Amor, sus desafíos y mandamientos diferentes., las “nuevas posiciones” que ha sido capaz de “administrar y exhibir al mundo”.
Estos seres como el autor de “Facundo”, “rompieron esa triple capa de hielo” del Colonialismo, la oligarquía y el caudillaje, que pretenden aherrojar nuestra mente, proponiendo remedios “nuevos y peligrosos”: la instrucción popular, la vida cívica libre y organizada…
“Voltaire llamaba bárbaro, borracho a Shakespeare, Boileau fanático a Milton…”,
“…y el borracho Shakespeare y el fanático Milton han arrancado el cetro a los que con asco los rechazaban”.
El rebelde, el revolucionario, el hombre demoníaco, satánico, el visto desde los ojos miltoniano y sarmientino, como el que vence resistencias, el que innova y libera, iconoclasta, rompe cadenas. Prometeos, Sísifos de la Modernidad: Paradigma persistente, obsesionante, en sus respectivas literaturas.
Los nuevos valores en Filosofía, en Literatura, en Política, observa el perspicaz argentino, encuentran estas dificultades para imponerse ante lo ya sabido o consagrado, hasta que por la razón y el buen entendimiento y por motivos de la evolución natural de la Cultura y la Sociedad, alcanzan aceptación y vigencia.
Esto afirma y arguye a propósito de sus virulentas polémicas chilenas por la Lengua Castellana y el Romanticismo (“El comunicado del otro Quídam”, en ‘El Mercurio’, 3-6-1842, incl. en el tomo I de sus ‘Obras Completas’, ‘Artículos críticos y literarios&rsquo
:
“¡Viva la polémica!. Campo de batalla de la civilización en que así se baten las ideas como las preocupaciones, las doctrinas recibidas como el pensamiento, o los desvaríos individuales”.
“estoy listo; con curiosidad, pero sin prisa” en la última tarde de su vida, en la Avenida de Quincy’ (‘Obras Completas’ de S., tomo XXII, ‘Discursos Populares II&rsquo
.
“…repitiendo sus favoritos versos de Milton: ‘Not love thy life; nor hate. No os apaguéis a la vida, ni la detesteis”.
“Estas bellas frases me la trasmite ayer la nieta del ilustre Presidente, e hija del Gobernador Quincy”.
Con esos sublimes recuerdos poéticos finaliza su elegía hermosa del político comprovinciano. Pertenece la cita sarmientina al “Paradise Lost”, verso 553, Book XI.
Labor ímproba cumplida en un ambiente irrespirable y agresivo, numeroso en oposiciones e incomprensiones de toda laya…
Y solía Don Domingo huir a su Isla Carapaya (su “Prócida” delteña), a disfrutar de la naturaleza cual un Adán hispanoamericano. En la tragedia de Milton, “Samson Agonistes”, 1671, exclama el protagonista, dolorido de su prisión y sufrimientos:
“Pero aquí me consuelo, donde sopla el fresco aliento del cielo, dulce y puro, con el alba nacido”.
De juvenil coraje, es el hombre de “magnánimas ideas”, el héroe de la Esperanza y la Promesa: síntesis exacta de Sarmiento, y su valor en nuestra Historia.
Como Domingo, también el sufriente, hostigado, tergiversado su mensaje de Bien y de Civismo: una vida heroica y profética de las más elevadas de nuestro pasado.
, describe un paisaje en Mendoza entre los contrastes del sol y la oscuridad, que le lleva a recordar los miltonianos:
“Despuntó el sol y fue para peor, porque iluminaba a los jinetes por la espalda, y la luz hacía más confusa la confusión, por no plagiar a Milton y sus tinieblas, luminosas lo bastante como para ser vistos los condenados”.
Es Sarmiento evidentemente muy sensible al colorido especial de la escena, los movimientos y brillos, el juego mágico de luces y sombras en una pintura peculiar, casi infernal, al original modo del escritor inglés.
“el que destruye un buen libro mata la razón misma”.
En su importante “Areopagítica” exclama:
“…los libros no son en absoluto cosas muertas, sino que contienen un potencial de vida en ellos que los hace tan activos como el alma de la cual provienen”.
(Léase G. R. Gagliardi: “Sarmiento bibliotecario: I. El libro y la Lectura”, en blog “sarmientisimo”, 22-1-2009).
A propósito de los “self-made-men” que se han educado y desenvuelto su razón como él mismo, con la lectura de los buenos libros, y se han transformado en genuinos factores de Progreso para la Humanidad.
Genios fertilizados por el libro:
“se educan en los libros, y se elevan a las alturas de las nubes en el cielo para arrancarles sus secretos o a las cumbres sociales para desembarazar en la llanura a los débiles de sus cadenas”.
Lo escribe Milton en su “Areopagítica”:
“As good almost kill a
man as kill a good book.
Who kills a man
kills a reasonable it self,
kills the image of God,
as it were in the eye..”.
Pues
“Un buen libro es preciosa sangre de vida de un espíritu magistral, embalsamado, y atesorado con el propósito de dar vida más allá de la vida”.
Ello asienta Sarmiento en su artículo chileno “Exámenes del Colegio de la Sra. Mayo”, 1841 (en tomo XXVIII de sus ‘Obras’; ‘Ideas Pedagógicas&rsquo
.
El texto citado es de Milton, del “Paraíso Perdido”, libro VIII. Exaltación del valor y virtudes de la Mujer en la Historia de la Humanidad, reconocimiento de la altura de su mente y su corazón al par de los hombres.
La Civilización, el desarrollo lógico de la Educación Popular, ha disipado la niebla de desmerecimiento de la mujer, en aras de su natural enaltecimiento, su igualdad con el hombre, de acuerdo con la Ley Divina, el mandato sagrado de la Creación. Así lo profesan Milton y nuestro Faustino Valentín.
Profesa un sentimiento cultual, litúrgico, sacramentado, de la Función Pública.
Un ideal Libertario, Cívico, sostiene sus acciones políticas, de organización ciudadana, de mejoramiento humano.
Genio pugnativo contra las opresiones de toda índole, el retraso civilizatorio, el analfabetismo y otras denigrantes maneras de Barbarie individual y social.
La Razón, el Progreso de la mano y el cerebro de cada habitante sostienen sus Mandamientos del Civismo y lo insta a actuar
“en las agitaciones del foro, de la tribuna, de la prensa y del campo de batalla”
(carta a Bartolomé Mitre, 1853; vid. “El linaje espiritual de S.” por Alfredo Orgaz, en Boletín Sarmiento, nº 2, Instituto Sarmiento de Sociología e Historia, 1965 y en su “Tres ensayos sarmientinos”, Universidad Nacional de Córdoba, 1967).
Cuestionador de tradiciones recibidas, como don Domingo, reñidor y problematizador. Superioridad de su talento y ambición intelectual, en relación con su medio.
Lectores omnívoros, sedientes, estudiosos intensivos.
Activismo en Política, Sus convicciones religiosas fueron contrarias con las de su tiempo y ambiente. Heterodoxos, personalistas.
El sanjuanino concebía el Cristianismo desde el sublime símbolo de la Caridad Constitucional. Sobresalientes en la ira y la amenaza de castigo, se parecen también en su afán combativo omnipresente y su gran contracción a los problemas educativos.
Coincidieron en la primacía del Yo, consideraban que su vida estaba sostenida por la fe en Dios y la nobleza de su tarea pública.
Con una exaltada imaginación, un estilo frecuentemente magnífico, un poder intelectual impar, ambos ostentaron un Yo segurísimo, una gran fortaleza de espíritu como sus países y sus tiempos necesitaban.-