¡ EMERSON Y D.F.SARMIENTO.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
ü “El traje del lector y del maestro”. Así anotó un alumno de Ralph Waldo EMERSON (1803-1882) sobre su nueva elección en la vida y en la profesión.
Ése fue el “traje” que, por su parte, eligió Domingo Faustino SARMIENTO (1811-1888) desde muy joven, y el que desempeñó toda su trabajada existencia: siempre, y en todo, fue Maestro de Escuela: “hacer de toda la República una Escuela” fue su lema ejecutivo, su objetivo e ideal de Hacedor.
1.- “The American Scholar”.-
En 1837 el norteamericano pronunció su famoso e influyente discurso “The American Scholar”, donde declaró la Independencia Intelectual de los Estados Unidos y la necesidad de forjar y fundamentar la propia Cultura Nacional.
Coincidentemente en nuestra tierra Marcos Sastre (1808-1887) inaugura el “Salón Literario”, sitio de lecturas, comentarios liberales avanzados sobre la producción intelectual europea, sobre todo francesa, y su influjo en nuestro país, y especialmente la urgencia de fundamentar un saber genuinamente argentino. Acompañado por mentes preclaras de jóvenes anti-rosistas: Echeverría, Gutiérrez, Alberdi, Sarmiento en San Juan, etc., etc.
El sanjuanino funda una filial de la Asociación de Mayo, en su provincia natal, para propagar los nuevos ideales (ver R. H. Castagnino: “Obligaciones del humanista”, en su “Biografía del libro”, Cámara Argentina de Publicaciones, 1992, p. 86-90); “El Salón Literario” edición de F. Wéinberg, Hachette, 1958).
El Humanista americano, sostiene Emerson, ha de actuar como un Guía valeroso, un hombre Libre y preparado en lo ético e intelectual: debe “animar, levantar y guiar a los hombres”. Es Sarmiento mismo el que representa este arquetipo, el que “escribe con la sangre ardiente”, que lleva en sí “todas las esperanzas del futuro”.
Uno y otro, S. y E., representan ese Nuevo Hombre que ellos mismos reclaman para su Nación. Una nueva literatura, una nueva personalidad, emancipadora en sus ideas y acciones: son sus “sermones laicos”, sus conferencias en Concord uno, sus escritos periodísticos y proclamas chilenas el otro.
Un lenguaje propio, una “propia forma de expresarse, una forma nueva” (ver. Walter Allen, “El sueño norteamericano a través de su literatura”, Pleamar, 1976, p. 151 y sig.).
Este radical llamado y camino emersoniano halla su paralelo con el “Camino del Lacio” sarmientino: la Tierra Prometida de organización republicana, luego del desastre inacabable del gobierno del Tirano Juan Manuel de Rosas, durante el período de 1835-1852.
“Nuevos días”, “nuevas esperanzas”, “nuevos acontecimientos”.
S. considera en palabras y conceptos emersonianos, , “el único verdadero maestro” de esta renovación nacional, “es a él a quien el pasado ilumina y el futuro invita” (según la traducción castellana de Magdalena Vicuña, en “Antología de la prosa norteamericana” Albert Harkness Jr., Sur, 1960, p. 164-188).
Ambos simbolizan al Intelectual como Alma Activa, como ser comprometido con su tiempo y país, con el adelanto del ser humano y de acuerdo con su propia experiencia vital.
Manifestándose desde su propia Persona, su centro más auténtico, “su más íntima posesión”.
“Es pensamiento vivo”, “sobrevive, vuela, inspira”. “Lo único de valor en el mundo es el alma activa”, “ve la verdad absoluta y dice su verdad...”.
Reside en el Genio, esa “llama creativa”, esa “lámpara” a la que debemos recurrir en los tiempos oscuros para orientarnos hacia la Aurora.
Sarmiento, evidentemente, por la agudeza impar de sus concepciones y visiones, el vigor intemporal de su mensaje civilizatorio americano, se ha constituido en nuestro Oráculo, nuestra Gran Profeta.
Sus obras, sus discursos, cartas, mensajes, artículos, panfletos, son “concentración de fuego vivo que inflama el corazón”...
2.- Pensamiento y acción “trascendentalistas”.-
Heterodoxo para los mismos Protestantes y el “establishment”, el norteamericano funda el “Trascendentalismo” (1840), con el influjo de la Filosofía Racionalista y Romántica.
Propone y subraya la capacidad de la conciencia individual, sin el recurso de milagrerías ni jerarquías religiosas... (Merle Curti: “El desarrollo del pensamiento norteamericano”, Zamora, 1956, cap. XII: ‘Nuevas corrientes en la teoría y la práctica igualitarias&rsquo
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Vital, optimista, el Ego sarmientino, su carácter constructivo, muestra acabadamente las meditaciones emersonianas sobre “Self-Reliance” (1841), la “Autoconfianza”, o “Carácter” (1844).
Adoctrina E.:
“El sol brilla también ahora. Hay en los campos más lana y lino. Hay nuevas tierras, nuevos hombres, nuevos pensamientos. Reclamemos nuestras propias obras, leyes y religión” .
(“Nature&rdquo
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“Los hombres grandes son aquellos que sienten que lo espiritual es más poderoso que cualquier fuerza material, y que son las ideas las que rigen el mundo”.
Todo ello condensa también el pensamiento “firme y desafiante” de Don Domingo: “dejar el mundo un poco mejor...” sentencian y creen ambos.
ü En los “Viajes” de Sarmiento leemos su carta a Demetrio Peña desde Montevideo, en 1845. Allí su autor trata un tópico emersoniano. El verdadero Poeta, es el que traduce “sílaba por sílaba su país, su época, sus ideas”
Exclama “Hay nuevas tierras, nuevos hombres, nuevos pensamientos” nos persuade coincidentemente Emerson en su “Nature” 1836.
Se pregunta el cuyano
“¿Para qué las ficciones del poeta, si el idilio puede hacerse real, suprimiendo el rancho y creando la casita de Concord...”.
Con ciudadanos instruidos, sanos, trabajadores: es su “Política poética”, positivista, hacedora, Republicana.
Es el “Poema Épico de la Democracia”(según carta a Juana Manso, 1863, ‘Obras compl..’, tomo XXIX).(en mi “Espronceda y D. F. S. Literatura y Política” IIIª parte, blog “sarmientisimo, 26-5-2008).
En el “Facundo” (1845, cap. II) se refirió brillantemente, precursoramente, a la “Originalidad y caracteres argentinos” y a la esencia “poética” del “Ser Argentino” (Echeverría, Hidalgo, etc.). Asevera: “El Cantor” es nuestro “trovador” de la pampa, poesía sentimental, irregular, llena de imágenes de nuestra peculiar vida agreste, testimonio genuino de nuestra Nación.
ü En carta a Aurelia Vélez, de octubre 1863 desde Boston (en sus ‘O. Completas’, tomo XXIX: “Ambas Américas&rdquo
relata S., gozoso, su visita a Concord:
“verdadera aldea, sin alumbrado, y sin embargo bellísima, en medio de la naturaleza de otoño...En esta simple aldea viven algunas reputaciones literarias del país...Waldo Emerson, poeta y filósofo...”.
El maestro sanjuanino conoce al sabio bostoniano en 1865, presentado por Mary Mann (y a otro afamado educador, George H., el hermano de Ralph, “uno de los patriarcas de la educación en Massachussets”. Le obsequia un ejemplar del “Facundo”, en traducción francesa (Guiraud).
“Vive retirado en Concord el poeta W. E., cuyo busto en mármol está en la Universidad de Harvard, como una de sus glorias...”.
(carta del 13-dic. 1865, sin destinatario, en ‘O. Compl..’, tomo XIX).
En “Una aldea norteamericana” (artículo de igual fecha, loc. cit.) vuelve sobre su conocimiento de estos “gigantes” según los considera.
“Entre los hombres notables en la educación pública, aquí está el viejo Emerson, que fue uno de los cinco que emprendieron hace treinta años mejorar las escuelas y elevarlas al rango a que han llegado hoy”.
“Es ahora un monumento público, este hombre a quien rodea como una aureola la veneración pública. En larguísimas conferencias que hemos tenido sobre material que tanto nos interesa a ambos, me han hecho una observación que quiero transmitir aquí, para que la tengan presente. En cuarenta años de trabajos en la difusión de la enseñanza, me dijo, en ocho que formó parte del Consejo de Educación de Massachussets, un hecho se ha presentado constante en todas partes”. Siempre hay un filántropo, un colaborador desinteresado que enciende ese fuego sagrado de la Instrucción del Pueblo”.
(lo reitera en su “Biblioteca de San Fernando, 1878”, en su ’Educar al Soberano’, ‘O. Compl..’, tomo XLVII).
Aún adolescente, S. enseñó al pueblo vocacionalmente, p. ej., en la escuela de San Francisco en el monte sanluiseño y estudió ahincadamente Historia, Religión, Latín, con su tío el Cura Oro, o solo, con los librotes que le proveía su padre José Clemente.
Así también Ralph con su tío Samuel en Waltham, ofició de maestro. Luego ayudó a su hermano William, al que luego reemplazó como Director, en una Escuela de Señoritas y fundó su propia Escuela en Chelmsford, siempre en Massachussets. Después ofició de Miembro del Comité de la Enseñanza en Boston, pastor y conferenciante muy destacado.
Embelesado quedaba el Sanjuanino de su providencial visita a Concord, donde residía también su “Ángel Viejo”, Mary Tyler Peabody Mann (Mrs. Horace Mann, 1806-1887) y el mismo Emerson: éste,
“poeta y autor de varias obras filosóficas que lo revelan pensador profundo, y los que le acusan de metafísico le reconocen sin embargo, genio”,
según escribe en su “Las escuelas base de la prosperidad y la República en los Estados Unidos” (tomo XXX de sus ‘Obras Completas&rsquo
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ü En su “Lectura sobre Bibliotecas Populares” de 1883 (en el tomo XXII de sus ‘Obras Completas’, Luz del Día, ‘Discursos Populares&rsquo
el sanjuanino inmortal recuerda a Emerson y su conocida teoría de los “Representative Men”, él mismo encarnación viviente, aún vive, de éstos.
Porque, escribe el cuyano, “un grande hombre (...) imprime su porte a los que lo tienen como modelo”. Pues, piensa el yanqui, como Milton, como Moisés, nuestro Domingo , “hablaron lo que pensaban ellos, no lo que pensaban la gente”. Fueron los auténticos Guías, los Héroes de la Civilización, auténticos, y memorables. Desplegaron su rica personalidad a partir de la Catequesis, de la Enseñanza oral y escrita incansable.
Benjamín Franklin (1706-1790) se constituyó desde temprano en la vida sarmientina, en uno de sus ídolos, conformando la fisonomía del bostoniano típico. El buen yanqui elevó el “buen sentido frankliniano” a institución y título de nobleza en los Estados Unidos y “su espíritu se ha encarnado en una nación entera” reflexiona S. rindiendo culto a la teoría emersoniana.
También consagró repetidamente en sus escritos la afirmación del autor de “Nature” de que “la nieve contiene mucha educación”. Frase polémica, que convalida las ideas sarmientinas sobre la Cultura como el ámbito de la familia, de la convivencia y el mutuo diálogo entre padres e hijos en el hogar, como verdadero sentido de la Cultura y como principal agente educativo.
No obstante las críticas de “macaneo”, “superstición científica”, etc., que Arturo Jauretche entre otros, lanzaron contra la misma (v. su “Manual de zonceras argentinas”, “Zoncera nº 10”, Peña Lillo, 1968; Sarmiento, p. ej., “Dedicatoria-Prólogo” en “Conflicto y armonías de las Razas en América” 1883; E. Carilla”Las amistades de S. Emerson”, en su “”El Embajador S.”, Univ. Nac. del Litoral, 1962, p. 104 y sig.; A. Palcos, “S. y una reflexión de E.”, ‘La Prensa’, 22-12-1946).
ü El 26-6-1882 escribe Sarmiento en “El Nacional” el artículo “Emerson. ¡Los Dioses se van!” (en el tomo XLV de sus ‘Obras Completas’: ‘Aberastain-Dominguito-Necrologías&rsquo
, ante la muerte del sabio intelectual: “el poeta filósofo de los Estados Unidos” (el crítico y poeta victoriano Matthew Arnold –1822-1888, evaluaba la prosa del norteamericano como la más lograda del siglo XIX, como nosotros consideramos, de igual rango, a la escritura sarmientina):
“!Decíase de Emerson, que era una cabeza griega sobre cuadradas espaldas yankees...”,
“él ha tenido la dirección de los espíritus en Norte América”.
“por la pasión y el interés de la humanidad y del progreso”.
Sus palabras configuran un homenaje “que va con conciencia y amor”.
Un genio por “los trabajos que afectan la especie humana entera para su mejora”.
3.- Libertad Espiritual.-
Podemos afirmar como Ralph Leslie Rusk en su biografía emersoniana que Sarmiento también “siempre ha significado algo extraordinario para nosotros”. “La permanente dignidad del hombre como hombre” (en “Literatura Contemporánea”, F. Brown compil., Sur, 1957, p. 211-216).
Asimismo señalamos con el crítico mencionado, que “el libre vuelo de su mente es una de sus cualidades primordiales”.
Hay que ensanchar considerablemente nuestros órganos de percepción e intelecto para esas claves del difícil e intrépido genio sarmientino.
Sorprenden nuestros parangonados por ese riquísimo Liberalismo. Ondulantes y variables, aéreos, temperamentos accesibles a lo Nuevo, enemigos de credos anquilosados, de dogmas petrificados. Fueron astros de múltiples aperturas espirituales.
El único Dogmatismo que profesaron fue el del Bien Absoluto, expresado y practicado místicamente.
Sus mares sin orillas, su firmamento ilimitado, su inmensurable ambición de propagar, sus “ramas ambiciosas y la raíz “, tal como escribe bellamente Rusk (ob. cit.), nos arroja luz sobre el autor de “Educación Popular”; su “alegre valentía” y “su afirmación de la vida” (Emerson: “On the Uses of Great Men”, en su “Hombres Representativos”, 1850).
ü Sintieron magníficamente que “el Pensamiento no tiene patria”. Sostuvieron una constitución yoica poderosa, una defensa absoluta del Individuo, una originalidad en la historia, provocativa, en la historia intelectual americana, un optimismo indoblegable.
Sarmiento considera a estos norteamericanos próceres bajo una lente religiosa, los creadores de la Educación Común.
“Son influencias humanas que tiene por centro los cerebros en acción, los que descienden a las masas populares por caminos y alambres invisibles, por ondulaciones o vibraciones etéreas”..
Los ubica en un rango metafísico, con una categoría sacra (v. “Educar al Soberano”: ‘Exposición al Congreso Nacional’ 1884).
ü “Ese alto caballero americano”, según la evocación borgesiana (poema “Emerson&rdquo
, pareciera anunciar los conceptos orteguianos de “la barbarie de la especialización”, la idea del Hombre como un ser integral y también los postulados de la “Razón Vital” y la no cosificación de la Persona, que evidentemente nuestro Sarmiento ilustra acabadamente con su vida y obras, sus luces y sombras (Ortega y Gasset, 1883-1955, en “El tema de nuestro tiempo” de 1923 y “La rebelión de las masas” 1929).
“El hombre se ha convertido en cosa insignificante(...). El hombre en el mundo de la actualidad es una sabandija, una cosa, y se le llama ‘la masa’ y ‘el rebaño”.
“En cada centuria, en cada milenio, surgen uno o dos hombres”.
Sarmiento ha sido uno de ellos, un “fuego central” en nuestra Historia y según Borges: “el paradójico apóstol del porvenir” (en su “Prólogo y Notas” a “Recuerdos de Provincia”, Emecé, 1944), y que creía ”como Emerson, que en el centro del hombre está su destino...” (íd.).
ü El Canto Sarmientino, su obra completa y la vibración espiritual excepcional que transmite, golpea las cuerdas con fuerza y violencia, “rudely and hard” (como postula Emerson que debe sonar la Poesía Nueva,en su “Merlín”, 1845). Y tal como menciona Borges en su poema a S., nuestras retóricas de homenaje no mellan “su rústica realidad”.
Don Domingo tuvo las dotes desmesuradas del hombre “práctico” y del “especulativo”, el “hombre completo” para quien “la acción le es esencial”, un Héroe activo, de “sangre vigorosa”, “the wild blood” y “a fiery thought”.
Su obra ha sido, es, siembra de vida, expansión útil.
“Las perlas y los rubíes de su palabra” están instalados en su persistente llamado a la Libertad, al Progreso.
Su invocación de tigre para la realización como Persona y como Comunidad
“Construid vuestro propio mundo” –exhorta Emerson. Y desde y hacia allí desplegarán S. y E. las “colosales proporciones” de su homilía patriótica tan valiosa (v. W. Allen, ob. cit., p. 155).
“Marcharemos sobre nuestros propios pies; trabajaremos con nuestras propias manos, diremos lo que nosotros mismos pensamos”.
(íd., cap. 24, ob. cit.).
ü “El Carácter es más importante que el Intelecto”.
“Un alma grande tendrá la fuerza de vivir así como también la fuerza de pensar”.
Los “actos” sarmientescos fueron desde esta perspectiva emersoniana, “actos totales”, expresión altamente pasional y también racional, de su Persona, de su Experiencia, de sus cogitaciones más hondas: un alma indómita, de gran voltaje, “el gigante que ha de construir lo nuevo”, con sus ansias renovadas de organización social, política, educativa.
Como poetizó Jorge Luis Borges (en su “Sarmiento”, ‘La Nación’, 12-2-1961), el “Profeta de la pampa” “ve nuestra infamia y nuestra gloria”, sigue combatiendo por su quijotescos ideales, “sigue soñándonos”.
Pero, tal como el mismo sanjuanino observó crudamente, deberá atravesar muchas cruces, “viñedos trepadores” de todo calibre, en semejante cruzada por la Escuela Popular, su Martirologio Público.
“...toma la cruz- escribe justamente Emerson- de su propia ruta...”, “la abierta hostilidad”, la soledad y espinas.
Porque él
“es el hombre que se levanta por encima de las consideraciones privadas para respirar y vivir de los pensamientos ilustres y públicos”,
comunica “sentimientos heroicos”, nobleza, esfuerzo, nociones de unidad y fraternidad hispanoamericana.
S. es nuestro hombre “libre y valiente”, el que hace una Nación, tal como la ve E. en su conferencia célebre.
(v. “’The portable Emerson’, comp. por Mark van Doren” Clipton Fadiman, en “Panorama de la Cultura de los Estados Unidos”, comp.. por Eric. Larrabee, Sur, 1958, p. 113; “R. W. E., en “Dos siglos de Poesía Norteamericana”, selección, traducción y presentación A. Casey, Zamora, 1969, p. 59 y sig.).).
El consagrado poeta Robert Frost (1875-1963) publicó en 1959 que debía a Emerson más que nadie por sus inquietas ideas acerca de la Libertad· (“Prosa de R. F.”, H. Coz y E. C. Lathem, Troquel, 1969, p. 129 y ss.). .
“¿Para qué ha nacido el hombre- se preguntaba Emerson- si no para ser un Reformador...”.
Su fe esencial es la del Cambio, en la Naturaleza y en la Sociedad, según señala Curti (ob. cit., cap. XV: ‘Nuevas metas para la democracia&rsquo
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Y de allí parte el Iluminismo de Sarmiento, su cardinal creencia en el perfeccionamiento del Hombre por la Educación.