D. F. SARMIENTO Y GABRIELA MISTRAL, MAESTROS DE AMÉRICA.-
Parte I.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Como Patriarca Republicano, reconocemos al argentino DOMINGO FAUSTINO SARMIENTO (1811-1888), guía y organizador de la Nación, conductor del “Camino del Lacio”, luz y progreso de nuestro pueblo
Ellos fueron “los fervorosos” según el poema de la primera:
“En todos los lugares he encendido
con mi brazo y mi aliento el viejo fuego”.
Entusiastas, activísimos y pródigos. El fuego caudaloso de sus mensajes: Liberador, como en sus versos:
“ya sube en cerrada columna
recta, viva, leal…”.
“mi vieja antorcha, mi jadeada antorcha…”
Sus campañas de Iluminación Ciudadana, dibujan “mi loco ciervo”, sus metas doradas.
Arriesgaron todo en aras de sus Ideales, según el canto mistraliano:
“Yo le supe arrojar mi propio cuerpo”.
Porque
“Cruzarían los hombres con antorchas
mi aldea, cuando fue mi nacimiento”.
En aras de semejante Credo todo lo han inmolado:
“Corro, echando a la hoguera cuanto es mío.
Porque todo lo di…”.
Heroicos luchadores de la Patria Americana. En su poema “La Catedral”, Gabriela parece evocar su patria y la de Sarmiento, siempre inacabadas, sedientas de trabajo de sus hombres más valiosos, “la brava gente”.
Éstas, desde nuestros abuelos, son “eternas”, “tan niñas”, como al niño “todo le falta”:
“Acarren en carros y barcos. Acarren”.
“…hay que salir de nuevo
a partir roca y a labrar maderas”.
Educadores laicos. Consagraron su Misión de Maestros del Pueblo:
“Dame el amor único de mi escuela”.
“Pon en mi escuela democrática el resplandor que se cernía sobre tu corro de niño descalzo”.
exclama Lucila en su “La oración de la maestra”.
Queremos- pedía el joven sanjuanino en 1842 desde “El Mercurio” chileno, una
“literatura nueva, expresión de la sociedad nueva que constituimos; toda de verdad, como es de verdad nuestra sociedad; (&hellip
joven, en fin, como el estado de constituirnos. Libertad en literatura, como en las artes, como en la industria, como en el comercio, como en la conciencia. He aquí la divisa de la época, he aquí la nuestra”.
(“La cuestión literaria”, 25-6-1842).
Comparaba su propia pluma con “un caballo de pelea”:
“hacía galopar mi pluma como un caballo de pelea”.
Siguiendo al romántico-social Mariano J. de Larra (1809-1837), admite:
“Nosotros creemos en el progreso, es decir, creemos que el hombre, la sociedad, los idiomas, la naturaleza misma, marchan a la perfectibilidad”.
(en Arturo Cambours Ocampo, p. ej., “Sarmiento y el lenguaje de América”, reproducido en varias de sus obras, “Lenguaje y Nación”, Marymar, 1983, p. 38-43; antes en su “Verdad y mentira de la literatura argentina”, Peña Lillo, 1962, p. 71-78).
Mucho heredaron, Gabriela y Domingo, de la Santa de Ávila, Teresa de Cepeda y Ahumada (1515-1582). Teresianos su afán hacedor, fundador y reformista. Hermanados con Teresa de Jesús en la honda religiosidad de su literatura.
En el propósito sacramental de su mensaje humanista, de concretar “ideas útiles y realizables” para las mayorías populares. Escuelas, Bibliotecas, santificación de la Infancia y la Alfabetización, exaltación de la Niñez, la Mujer y la Vida Cívica.
Ora Gabriela:
“Haz que haga de espíritu mi escuela de ladrillos. Le envuelva la llamarada de mi entusiasmo..Mi corazón le sea más columna y mi buena voluntad más oro que las columnas y el oro de las escuelas ricas”.
Desde su magisterio rural, sus numerosas, efusivas y concurridas conferencias en todo el mundo, su colaboración en distintas campañas mundiales de carácter humanitario, su valiosa contribución profesional en la Reforma Educativa Mexicana:
“Presidí el Congreso de Maestros misioneros (maestros de indios) y me cogió el corazón la obra, todo el corazón. Me resucitó el espíritu apostólico…” (31-12-1923).
También recordamos sus importantes y sucesivas tareas diplomáticas.
Sus “Lecturas para mujeres”, sus escritos sobre los Libros y Lecturas escolares y su impresionante evocación de la niñez y de la Adolescencia.
Sus múltiples cartas para promover adelantos en diversos países, la gigantesca bibliografía a que ha dado lugar esta titánica obra y su fuerte personalidad.
Don de Profecía, concepción unitaria de la vida americana.
Éticos de la Personalidad. Una nace (1889) cuando el otro fallece (1888). Unidos Argentina y Chile, Paraguay y Estados Unidos: América del Sur y del Norte en un abrazo fraterno.
Temperamentos de montaña, acción y literatura.
Hacha-Tiza, selva-Río torrentoso. Ellos conjugan las virtudes cardinales de Genios Telúricos.
Son nuestros Dioses Tutelares. Sus Altares Cívicos: un libro, un pizarrón.
Siempre nos llaman al Trabajo, a la acción civilizatoria, a la fortificación de la nacionalidad.
Como Moisés, nos muestran su sagrado Decálogo de Maestros. Sus magníficos escritos, poemas, ensayos, en la Mistral.
Cartas y discursos y proyectos pedagógicos y políticos en Domingo.. Desde una sabiduría superior, una altura visionaria incalculable.
Gonzalo Rojas 1917-2011), “Gabriela”, en “G. Mistral. Real Academia Española, 2010, ‘Antología’, p. XIII y sigs., destaca la tensión de lenguaje abrupto, y la desmesura, la veracidad y el rigor como constantes gabrielinos.
“la conmovida
lengua que en tierras de oro mi vieja madre canta”.
canta ella en su “Desolación”.
Algunas de sus obras se transforman en Evangelios de su propia vida, en sus plumas consagratorias: los “Sonetos de la Muerte”, por el suicidio de su primer amor, el joven, Romelio Ureta (en Coquimbo, 1909).
“Vida de Dominguito” (1885), por la muerte de su hijo Domingo Fidel en Curupaytí (1866), Guerra del Paraguay.
Ofrendas culturales de su dolor hondo, omnipresentes en vidas tan trajinadas.
1845 y 1923: uno con el “Facundo”, ella con “Desolación”, editan su libro basamental, de consagración en el medio intelectual de la época.
1845 y 1924 sus respectivos viajes al mundo, reveladores, de enseñanza y conocimiento fundamentales.
En un texto de 1942 sobre Victoria Ocampo (1890-1979), Gabriela sintetiza el genio sarmientino, su original americanidad, al señalar que en su diestra llevaba la criolledad, “ese tesoro pardo y sobajeado”.
Sarmiento era un “Argentinazo”, que “acogió, aceptó y trabajó” esa tradición oriunda.:
“Y la razón de su éxito fue (&hellip
el dar crédito a su contorno (&hellip
en escribirl/o/ concediéndole valor, hermosura y honra”.
“Del lado izquierdo”, “Sarmiento el bueno”, “llevaba su biblioteca que nunca se le volvió frazada ahogadora”.
. Hermosa y valedera imagen de cuño clásico, eterno:
“del /lado/ derecho llevaba su Pampa Argentina o su mina chilena o su escuela golpeando el costado, era su amor, su hijo casi todo”.
(“G. Mistral- V. Ocampo: ‘Esta América Nuestra”, 2008, p. 295).
Nos legaron una Literatura con base Escrituraria, Novo y Vétero-Testamentaria, lucida con innumerables imágenes y metáforas bíblicas, correspondientes a sus numerosas lecturas, su instrucción religiosa cristiana y la particular Mística de sus vidas..
Su alegría vital, su Cristocentrismo, su gozo en el trabajo, su constante oración por la elevación material y espiritual de sus conciudadanos, la Barbarie de su tiempo y países, la hipocresía, la pequeñez mental y mezquindad moral que los ha mordido fiera y numerosa, hoy señalan un “Martirologio” público y privado de naturaleza metafísica, y su Destino trascendente en las Letras, en la Política y en la Educación.
“¡Biblia, mi noble Biblia, panorama estupendo,
en donde se quedaron mis ojos largamente,
tienes sobre los Salmos las lavas más ardientes
y en su río de fuego mi corazón enciendo!”.
(G. M., “Mis libros&rdquo
. Léase también su “”Mi experiencia de la Biblia”.
En el caso de Sarmiento, puede consultarse mis “Indagaciones sobre el Cristianismo de S.” y “Más indagaciones…”, en mi blog “sarmientisimo”, 15-5-2008.
“Sabemos que el Mal existe y tenemos la Religión del Bien Absoluto”, confiesa extraordinariamente el sanjuanino.
“Preciso es que lo sepáis, mucho he sufrido a causa de la educación del pueblo”.
(‘Obras Completas de Sarmiento”, tomo XXI p. ej.).
Éste concibió a las Escuelas como Templos, y al Maestro como Sacerdote, que al introducir al educando en la Civilización, semeja una bendición del Espíritu Santo.
Toda su ingente obra escrita compendia su “Cristianismo Constitucional”, su permanente anhelo de elevación ciudadana:
“Mi vida tan destituida, tan contrariada y sin embargo tan perseverante en la aspiración de un no sé qué de elevado y noble…”.
sugiere en el capítulo “Mi Educación” de su inmortal “Recuerdos de Provincia” 1850.
Su elevada significación de la Vocación y la Profesión, su fortaleza impar, la altura vibratoria de su gran espíritu, su humanidad resplandeciente y Arquetípica.
Los días sarmientinos narran una Épica, una Gesta de Amor a la Cultura.
“¿Qué había de pedir él que no fuese una escuela?. Llevaba a la escuela más que a Facundo atravesada en el pensamiento”.
(G. M.: “Sarmiento en Aconcagua”, en “Sarmiento. Cincuentenario de su muerte”, tomo II-‘Discursos y escritos’, p. 99 y sigs.).
Parécese el sanjuanino en la imagen gabrielina, al Hércules del historiador Jules Michelet (1798-1874), laborioso y “dispuesto a toda cosa, y por libre de remilgos, viril”.
Figura mitológica en su grandeza, Taurina, ciclópea.
También lo compara con una tigre bravío por su “salto” “sobre el malo o el adormilado” en la asamblea, el orador ejecutivo y temible, “un maestro vital, amigo de la escuela-palacio”.
Referencia mistraliana esta última, a don Domingo como inspirador de la monumentalidad de la escuela primaria, de su arquitectura.
En el ilustre deseo del “Sinite parvulos ad me”, reside la clave de la persona y acción mistraliana y sarmientina.
La ignorancia como madre de males, la barbarie de la infravida de nuestros pueblos. La necesidad de despertar de ese letargo de siglos de nuestra raza, de sembrar la Luz del Alfabeto, del Adelanto integral, la inclusión entre las naciones ilustradas del mundo, la siembra del saber a través de su apostolado transformador, la evolución del ser americano.