jueves, 05 de enero de 2012

       SARMIENTO Y RODÓ: ARIEL-CALIBÁN/ CIVILIZACIÓN-BARBARIE.-

                                                                                              Parte IIª.-

 

                                                                       Por Guillermo R. Gagliardi.

 

 

I.- Rodó equipara  la genialidad de Jean-Jacques Rousseau  (1712-1778) con la de Sarmiento. Cuando se refiere en su “Proteo” a la superioridad de los Autodidactas. El Genio está acompañado  en estos casos ilustres, de la Voluntad rebelde y la tendencia heroica:

 

“La renovación del pensamiento humano (&hellipGuiño debe buenos servicios a los grandes autodidactos”.

 

(ob. cit., cap. LXXV).

                       

                        “Tipo del innovador sin disciplinadas letras es Rousseau”.

 

Original, “semiculto”, “intrépido rebelde”:

 

“Otro tanto podría decirse de Sarmiento en nuestro escenario americano”.

 

Curiosidad inabarcable, dotada intuición, sagaz observación.

Espíritus activos y amplios, personalistas en los cuales

 

                        “el movimiento de renovación (&hellipGuiño es obra real y fecunda”,

 

“mientras permanece en el mundo, aspira y lucha; y de las sugestiones del desencanto y el  hastío adquiere luz con emprender nuevos combates”.

 

((íd., cap. LXXXIV).

 

Espíritu”arielano”, el sarmientino, que

 

                        “anhela expansión y manifiesta una energía voluntaria”

 

y persiste en su magnífica  “integridad individual”, luchando constantemente por

 

“la política que construye y educa”, “como definía y predicaba Sarmiento”.

 

Nota Rodó en el autor de “Viajes” lo “calibanesco”, “abrupto”, lo “desproporcionado”, “inarmónico”, como 

 

“formidable clave de ese Hércules debelador de monstruos y tiranos”.

 

Vehemencia toda, hasta en la contradicción. Carácter pugnativo, encarnizado hasta el exceso…

 

II.- En su escrito “Tucumán” (1910), “En un álbum publicado en ocasión del Centenario de Mayo” señala R. ese barroquismo paradojal de nuestro cuyano:

 

                        “los labios de Sarmiento: que consagra

 

 el beso transfigurador de la provincia tan amada:

 

por aquellos gruesos labios de primitivo que diseminaron a los vientos de América tanta robusta verdad y tanta  estupenda paradoja y tanta desigual belleza”.

 

En su “Facundo o Civilización y Barbarie en las Pampas argentinas”, “matorral bravío”, injerta “entre las agrestes asperezas”, “una página de fragancia exquisita”.

Página de virtudes Clásicas, de “poesía imperecedera”, una de las joyas que relucen en la literatura sarmientina e hispanoamericana.

 

Rodó halla en Juan Montalvo (1832-1889), el libertario y supremo literato ecuatoriano, la síntesis del Escritor Americano entero, completo, sumatoria talentosa de la corriente Neoclásica, doctoral, filológica, del venezolano Andrés Bello (1781-1865) y la tendencia innovadora, libre, desprejuiciada, del argentino Sarmiento.

Su impresionante producción, “atropellada y febril” y la “cultura  inconexa”.

El autor de “Los Siete Tratados”, verbo de fuego, genialidad estilística, conjuga ambas potencias:

 

                        “la minuciosidad sutil del mosaísta y el aliento vulcánico del forjador”.

 

El egotismo montaigneano, su liberalidad y espontaneísmo, y la militancia de Don Quijote.

 

Sólo otro personaje halla R. que se le parece a S. en dotes ejecutivas,

 

“varón insigne”, “el Sarmiento ecuatoriano”,

 

es decir, aclara, pertinente,

 

“la personificación de la energía de gobierno aplicada, con transfiguradora eficacia, a la obra de la Civilización”.

 

Recuerda  Faustino a don Bernardino, Rivadavia (1780-1945), por la acción progresista, absolutamente Ilustrada,  pero más bien efímera, por no haber alcanzado a remover la inercia ancestral  de nuestras gentes.

 

III.- Había en Don Domingo “elemento para héroe y para tirano”. Soberbia autoritaria, violencia. Pero asimismo una gran concepción del Estado y un razonamiento cartesiano, sobre cómo concretarla. Desarrollé esta tesis en mi “Sarmiento cartesiano”, en mi blog  “sarmientisimo”, 26-6-2008.-

 

Encrespado e irascible, un “Facundo altivo que tiró para los libros”, un “montonero de la batalla intelectual”,

 

“el antecedente homérico de toda literatura campesina”,

 

escribe R. en el “Prólogo” a “El terruño” de Carlos Reyles, 1916, “Obra Completa” de R., Aguilar, p. 1027.

 

Como Montalvo, Sarmiento concuerda en el concepto rodoniano, “en la actitud de pelear”:

 

“Alma quijotesca”, traspasada por la devoradora vocación de enderezar entuertos…”.

 

Como el otro, Domingo jactábase de su poder de castigo y encauzamiento de los perversos y asociales.

Frontales, con 

 

una acometividad de primitivo”.

 

Áspero y benevolente a la vez,

 

la misma imprecación fulminadora” y

“una como ternura sacerdotal”.

 

La prosa armónica de R. y Montalvo disienten conjuntamente de la a veces imponente, desigual, implacable y  pungente como la sarmientina (R.: “El mirador de Próspero”, ed. Aguilar cit., referencias en p. 589, 590, 599, 603, 619, 621, 624).

 

IV.-  Sarmiento era un “senequista”, observa agudamente R.

Sabía “concordar las palabras con la vida”.

 Unió potente, verídico, artístico, intuitivamente, en su gran “Facundo”, la Poesía pintoresca  americana, y la filosofía y sociología histórica apropiada, una “obra de acusación y propaganda”, que inmortaliza a Quiroga como el “Cantar de Mío Cid” (1140), con prosa “colorida y cruda”, respecto del Campeador burgalés.

La Leyenda, la Transfiguración de la Historia por el Arte.

 

Otros dos ejemplos aporta el humanista montevideano a este arte escultórico-literario, “La Cabaña del Tío Tom” de Harriet Beecher Stowe, publicada en 1852, que redimió la figura del esclavo negro a través de una invención novelesca y su poder conmovedor, sobre el público lector. Y la “Historia de los Girondinos” (1847) de Alphonse de Lamartine.

Este último, preferido de Sarmiento, “encaminó las almas”  por las galas de su estilo, produciendo “el sentimiento que abrió paso a la Democracia de 1848”.

Léase “Juan María Gutiérrez y su época”, en “El mirador…”, ed. cit., p. 691, 709,716, 717, 723, 727, 728, 731 y 734. Y el “Prólogo” de R. a “Narraciones” de Juan C. Blanco Acevedo, de 1898.

 

V.-  Facundo, héroe schilleriano, byroniano. El más libérrimo para constituirse en objeto del más acabado arte según  el filósofo alemán G. W. Hegel (1770-1831).

 Esa personalidad trágica y  satánica  en la calificación de R.: “el más favorable atributo del personaje que ha de ser objeto de adaptación estética”, en su “Arte e Historia”, en la “Revista Nacional de Literatura y Ciencias Sociales”, 1897.

 

El motor del genio sarmientesco obra por el “entheos”, el entusiasmo “de las grandes acciones y los grandes pensamientos”.

Esta  “divinidad interna que enfervoriza el pecho donde habita” (“Proteo”, libro IV, 1909, ed. cit., p. 942).

 

El estímulo nietzscheano, dionisíaco, del Combate, de la concreción de un adelanto para las mayorías latinoamericanas en su vida social y política: imaginación y actividad prodigiosa, utopías hacederas que embriagaban el espíritu del sanjuanino.

Despliegue de una poderosa Personalidad, intensa y briosa, impulso de águila napoleónica (íd., p. 945).

 

VI.- R. toma como lema del Periodismo moderno el “pórtico admirable” del “Facundo”, para definir el género. En su artículo “Cómo ha de ser un Diario” (de “El Telégrafo”, 1914):

 

El mal que aqueja a la República Argentina es la extensión…El mal que aqueja al periodismo moderno es la extensión”.

 

La complejidad de la vida globalizada contemporánea, las mayores exigencias de la Cultura hodierna y de los lectores más curiosos y deseosos de más detallada información,“todo parece concurrir a aumentar indefinidamente la extensión y capacidad de los diarios”.

 

En la evolución del Periodismo es necesaria una mayor concentración: postula “mantener la sustancia de los hechos y del comentario con superior densidad, eliminando lo prolijo, lo vano, lo superfluo”.

La economía de estilo y de atención y tiempo es la que ha de prevalecer, “define bien el ideal de la forma peculiar al diarismo”.

 

La lectura rápida del diario entre las múltiples actividades del trabajo cotidiano y la “condición efímera de lo que se lee” es lo primero que  debe ser considerado.

En cuanto a los diarios especializados, lo mismo que en la educación profesional, han de mantener vivo el interés general, que permita al trabajador y al profesional específico,  conservar una universalidad de cultura, un humanismo totalizador que no lo barbarice ni ampute sus dotes de hombre que siente y piensa en totalidad, a la idea de conjunto de la sociedad a la que pertenece, “nadie puede permanecer absolutamente ajeno sin desmedro de su cultura y de su misma eficacia profesional”.

 

Función utilitaria en primer lugar, Información. Pero también Interpretación, Comentario.  Un superior “cometido de comunicación y simpatía social”.

Función educativa, integradora de la Persona en la Comunidad, como agente formador ha de incorporarse a la enseñanza, al diseño curricular en todos los niveles.

 

Las ideas sarmientinas y rodonianas sobre el periódico, integran parte importante de su entera  “paideia”, de su Ideario Pedagógico-Político en general. Toda América, toda su historia, está vinculada en su  pensamiento, con el orbe de la Antigüedad, y sobre todo con la Enseñanza-Aprendizaje, tal como lo expone, v.gr. Oscar Caeiro en su “La ‘paideia’ de Rodó”, La Prensa, 16-2-1991, o Ricardo Rojas, en su “El Profeta de la Pampa”,1945.

Para el uruguayo la idea del Diario contiene la instrucción de todas las edades, la intercomunicación entre las comunidades, la base de la actividad política y socio-económica, y la posibilidad de difundir sus ideas humanistas de alto cuño. Asimismo le significó la posibilidad de hacer conocer al pueblo  la calidad de sus lecturas, la manifestación de sus juicios críticos, etc.

 

El Periodismo constituye en S. parte basamental, un arma de combate de las Ideas, de Lucha y Expresión de anhelos de Civilización o de Polémica, muchas veces encarnizada, crudelísima, siempre constante en su larga y trabajada vida política.

 

Constituyó principal columna de su eminente lugar en nuestra Educación, en la Institucionalización y Constitucionalismo, en su brega por las Libertades religiosas y jurídicas,  manifestación literaria, denuncia social.

 

Para el maestro cuyano, el Diario vincula el Poder con la Escritura:

 

“preciso es que el ‘diarismo’ descienda a las costumbres y sea una necesidad ordinaria de la vida, abrazando todas las ramificaciones de la sociedad, y  formando el cartel de todas las opiniones de todos los intereses y de todas las necesidades del individuo”.

 

Profesa un concepto vitalista, totalizador, del Periodismo. Condensa la suprema Idea de Libertad y Desarrollo del Individuo y de la Sociedad. Magnifica  precursoramente la entidad política, social, pedagógica de la actividad periodística. Lo expuso  en sus artículos de 1841 “El Diarismo”.

También  en “Recuerdos de Provincia” (1850) expone una modernísima  perspectiva, globalizadora, macluhaniana, universalista:

 

“Las publicaciones periódicas son en nuestra época como la respiración diaria”…

 

Entregó su genio en aras de la Prensa militante. Sarmiento no puede entenderse sin esta base, desde que restablece la memoria de San Martín en América hasta, última salida de quijote, cuando combate el gobierno, la corrupción de Juárez Celman, desde el “Zonda” (1839)  hasta “El Censor” (1885), corre su sangre hirviente en tinta de Diario.

 

 


Publicado por leonino1950 @ 15:41
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