SOBRE LOS CONCIERTOS PARA CLAVE DE J. S. BACH,
BWV 1053, 1061 y 1063.-
Por Guillermo R. Gagliardi.
Quiere el venerado autor alemán (1685-1750), sensibilizarnos, armonizar nuestras tendencias espirituales.
Magnificencia del sonido, el clave en suprema ejecución.
Claro, barroco. Perfilado en volutas, repeticiones cálidas, ritmo constante.
En otros movimientos, todo dinamismo en unos; pero también el ‘lento’, la meditación, la orquesta ‘en frío’.
Vuelve el ‘calor’ de la orquesta. Total coherencia.
Música absoluta. Unas pocas notas se repiten, pero como ecos, trazando un pensamiento, simétrico.
Todo tiende al dibujo geométrico, perfecto. No se diluye en vaguedades.
En su fijeza, es controlado, delineado.
Un tono en general levantado, pleno. Suma de perfecciones y conclusiones.
Espiral limitada. Caracol musical que requiere, llama, ordena nuestra atención.
Exige paz en el auditor para captar, para recibir, las variantes en que se basa esa tela sin espacios vacíos.
Música ‘penserosa’, plástica, plana. Transmite mensajes varios.
Uno es hilo conductor, que nos sugiere el caminante eterno, el ‘homo viator’, a quien suele iluminarlo la Luz Divina, Guía, Norma.
El conjunto parece a menudo unirse en comunión para cantar una Alabanza conmovedora y promesante a esta Luz superior.
Otras veces nos hace sentir nuestra pequeñez, transitoriedad, ante tanta grandeza.
Exaltación. Vibran exultantes los virtuosos instrumentos.
Siempre, siempre, ‘con-ciertan’.
Suponen un Mundo más limpio, un aire más suave y liviano…
Definitivamente, ante la oscuridad e incoherencia de nuestro Orbe actual, Bach ejemplifica un mundo Mejor. Alecciona, sugiere.
¡Y…, quizás, nos advierte!